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Beatificación de 498 mártires
del siglo XX en España.
Benedicto XVI habla de los 498 mártires de España. Sus
palabras antes y después del Ángelus
Ecclesia
Antes del Ángelus
Esta mañana, aquí en la plaza de San pedro, han sido
proclamados beatos 498 mártires asesinados en España en
los años treinta del siglo. Agradezco al cardenal José
Saraiva Martins, prefecto de la Congregación para las
Causas de los Santos, que ha presidido esta celebración
y dirijo mi cordial saludo a los peregrinos congregados
para esta circunstancia.
La
inscripción que acaba de realizarse en el Libro de los
Beatos de un tan gran grande número de mártires
demuestra que el supremo testimonio de la sangre no es
una excepción solamente a algunas personas, sino una
eventualidad real para el entero Pueblo de Dios. Se
trata, en fin, de hombres y de mujeres de diversa edad,
vocación y condición social que han pagado con la vida
su fidelidad a Cristo y a la Iglesia.
En
este contexto se insertan bien las expresiones de San
Pablo, que han resonado en la liturgia de este domingo:
“Yo estoy a punto –escribe el Apóstol a Timoteo– de ser
sacrificado y el momento de mi partida es inminente. He
combatido bien el combate, he corrido bien la carrera,
he conservado la fe” (2 Tm 4,6-7). Pablo, detenido en
Roma, ve aproximarse la muerte y traza un balance pleno
de reconocimiento y de esperanza. Es en la paz de Dios
desde que él mismo afronta’ serenamente la muerte, con
la conciencia di haber dedicado toda la vida sin ahorro
alguno en el servicio del Evangelio.
El
mes de octubre, dedicado de modo particular al
compromiso misionero, se cierra así con el luminoso
testimonio de los mártires españoles, que se suman a
los mártires Albertina Berkenbrock, Emmanuel Gómez
Gonzáles y Adilio Daronch, y Franz Jägerstätter,
proclamados beatos en los días pasados en Brasil y en
Austria. Mediante su ejemplo testimonian que el bautismo
compromete a los cristianos a participar con ánimo en la
difusión del Reino de Dios, cooperando, si es necesario,
con el sacrificio de su propia vida.
Ciertamente no todos están llamados al martirio cruento.
Pero es también un martirio incruento no menos
significativo el de Celina Chludzińska Borzźcka, esposa,
madre de familia, viuda y religiosa, beatificada ayer en
Roma Roma: es el testimonio silencio y heroico de tantos
cristianos che viven el Evangelio, cumpliendo su deber y
dedicándose generosamente al servicio de los pobres.
Este martirio de la vida ordinaria es un testimonio
tanto más importante en la sociedad secularizada de
nuestro. Es la pacífica batalla del amor que todo
cristiano, como Pablo, debe incansablemente cursar; la
carrera por difundir el Evangelio, que nos compromete
hasta la muerte.
Que en nuestro cotidiano testimonio nos asista la
Virgen María, Reina de los Mártires y Estrella de la
Evangelización.,
Después del Ángelus
Saludo con afecto a los fieles de lengua española. En
particular, saludo a mis Hermanos Obispos de España, a
los sacerdotes, religiosos, religiosas, seminaristas y
fieles que habéis tenido el gozo de participar en la
beatificación de un numeroso grupo de mártires del
pasado siglo en vuestra Nación, así como a los que
siguen esta oración mariana a través de la radio y la
televisión.
Damos gracias a Dios por el gran don de estos testigos
heroicos de la fe que, movidos exclusivamente por su
amor a Cristo, pagaron con su sangre su fidelidad a Él y
a su Iglesia. Con su testimonio iluminan nuestro camino
espiritual hacia la santidad, y nos alientan a entregar
nuestras vidas como ofrenda de amor a Dios y a los
hermanos. Al mismo tiempo, con sus palabras y gestos de
perdón hacia sus perseguidores, nos impulsan a trabajar
incansablemente por la misericordia, la reconciliación y
la convivencia pacífica.
Os
invito de corazón a fortalecer cada día más la comunión
eclesial, a ser testigos fieles del Evangelio en el
mundo, sintiendo la dicha de ser miembros vivos de la
Iglesia, verdadera esposa de Cristo.
Pidamos a los nuevos Beatos, por medio de la Virgen
María, Reina de los Mártires, que intercedan por la
Iglesia en España y en el mundo; que la fecundidad de su
martirio produzca abundantes frutos de vida cristiana en
los fieles y en las familias; que su sangre derramada
sea semilla de santas y numerosas vocaciones
sacerdotales, religiosas y misioneras. ¡Que Dios os
bendiga!
Saludo de Mons. Ricardo Blázquez a los peregrinos en la
Basílica de San Pablo
Análisis Digital
La Iglesia de Roma conserva los sepulcros de los
apóstoles Pedro y Pablo como “trofeos” de su fidelidad a
Jesucristo y como acreditación de la autoridad
apostólica de la Sede de Roma. Estamos reunidos donde
Pablo, en la vía ostiense, fue decapitado, culminando el
testimonio de fe y amor a Jesucristo, que lo llamó a su
seguimiento y al apostolado en el camino de Damasco.
Saludo a los peregrinos venidos de lejos y de cerca para
participar en la gozosa celebración de la beatificación
de 498 mártires de nuestras diócesis: Señores obispos,
religiosos y religiosas de las congregaciones a las que
pertenecieron y enaltecieron los mártires, hermanos y
hermanas de todos los rincones de la Iglesia en España.
Saludo con respeto y afecto al señor embajador de España
ante la Santa Sede. Agradezco, en nombre de la
Conferencia Episcopal Española, la hospitalidad que en
esta basílica emblemática de Roma nos ofrece el
arcipreste de la misma Card. Andrea Cordero Lanza de
Montezemolo.
Queridos peregrinos, hemos custodiado como un tesoro la
memoria de nuestros mártires, que nos han precedido con
la antorcha de la fe y de la santidad. Son un don
precioso de Dios que recibimos con gratitud; estamos
dispuestos con la fuerza del Señor a proclamar la fe y a
vivir con fidelidad, alentados por su testimonio
sublime, en las situaciones concretas de nuestra
historia. El martirio de estos hermanos nos une con el
Señor y nos dignifica a todos.
Los mártires situados ante la alternativa, no buscada ni
provocada por ellos, de renegar de la fe cristiana y así
salvar la vida, o de mantenerse adheridos al Señor y así
perderla, prefirieron en un gesto admirable entregar la
vida temporal y recibir la Vida eterna, recordando las
palabras del Maestro: “Quien pierde su vida por mí y por
el Evangelio, la salvará” (Mc 8,35). “Nadie tiene amor
más grande que el que da su vida por sus amigos” (Jn
15,13). Los mártires recibieron de Jesús la gracia de su
amistad, y ellos le devolvieron viviendo y muriendo por
El la misma amistad. ¡Qué elocuente se hace el Evangelio
en la proximidad de los mártires!
En
el proceso de los mártires se ha concentrado la
fidelidad a Dios a través de unos gestos expresivos de
la totalidad. Como muchos mártires de la Iglesia en los
primeros siglos murieron aclamando a Jesús como el Señor
(Iesus Kýrios), así también los mártires que van a ser
beatificados mañana murieron aclamando con los labios y
el corazón: ¡Viva Cristo Rey! A algunos el rosario los
identificó como cristianos y en la hora suprema supieron
que era una señal decisiva. Unos murieron porque
participaban en la Eucaristía; y otros por el hecho de
ser sacerdotes, frailes o monjas. Los que tuvieron la
oportunidad se unieron en el martirio a aquéllos con los
que habían compartido su fe, la profesión religiosa y
los trabajos apostólicos.
Los mártires han rubricado con su sangre un mensaje que
queremos recibir hondamente en estos extraordinarios
días. Su muerte martirial glorifica el poder de Dios que
hace de la fragilidad de los hombres su propio
testimonio. Todo lo pudieron en Aquel que les dio fuerza
(cf. Fil 4,13; 2 Cor 12,9-10; Col 1,29). ¡Que importante
es la fe en Dios que orientó la vida y decidió la muerte
de sus fieles! En nuestro tiempo estamos llamados a
mostrar que para la vida personal, familiar y social no
es indiferente creer en Dios que no creer en El. Todo
cambia con la luz y la fuerza que emite la fe en nuestro
Señor Jesucristo. Los mártires nos preguntan hoy sobre
la valentía de nuestra fe. Los hermanos mártires nos
estimulan a ser fieles, a confiar en Dios que nunca
defrauda y no abandona ni siquiera en la persecución.
Con la autoridad que les confiere su muerte por el Señor
nos recuerda una exhortación evangélica: Si ellos
murieron perdonando, debemos nosotros recorrer los
caminos del perdón, de la reconciliación y de la paz. Su
actitud ante la muerte es una fuerte invitación a la
convivencia respetuosa en la pluralidad.
Queridos peregrinos, deseo a todos unos días de gracia
del Señor; que la proximidad al sucesor de Pedro, el
papa Benedicto XVI, nos fortalezca en la unidad de la fe
y del amor.
Los 498 mártires «murieron perdonando y nos invitan a
perdonar», afirma Blázquez
ABC
Al
pie de la tumba del apóstol Pablo de Tarso, el
presidente de la Conferencia Episcopal, Ricardo
Blázquez, resumió ayer ante una multitud de peregrinos
españoles la enseñanza central de los 498 mártires: «Si
ellos murieron perdonando, también nosotros debemos
recorrer los caminos del perdón, de la reconciliación y
de la paz». Insistiendo en esa idea fundamental, el
obispo de Bilbao añadió que «su actitud ante la muerte
es una fuerte invitación a la convivencia respetuosa en
la pluralidad».
La
ceremonia de acogida en la basílica de San Pablo
Extramuros incluyó también una intervención breve del
cardenal arzobispo de Sevilla. En una alocución muy
sobria y a la vez poética, Carlos Amigo Vallejo subrayó
que «los mártires son patrimonio ejemplar de la Iglesia.
Su testimonio conmueve y arrastra al conocimiento de
Cristo».
«Entregar la vida»
El
primer acto de la peregrinación a Roma resultó
emocionante, entre otros motivos porque, como recordó
monseñor Blázquez, «estamos reunidos en la Vía Ostiense,
en el lugar donde Pablo fue decapitado, culminando el
testimonio de fe y amor a Jesucristo, que lo llamó a su
seguimiento y al apostolado en el camino de Damasco». El
caso de Pablo ilustra mejor que ningún otro la
complejidad de las decisiones que se toman en la vida,
pues antes de ser «apóstol y mártir» como reza la
rudimentaria inscripción sobre su modestísima tumba, era
fogoso perseguidor y encarcelador de cristianos.
En
su saludo, monseñor Blázquez recordó que la mayor parte
de los 498 mártires se vieron ante la alternativa de
«renegar de la fe cristiana y así salvar su vida, o bien
mantenerse adheridos al señor y así perderla». De modo
admirable, y a veces incomprensible para una sociedad
cómoda y cobarde, «prefirieron entregar la vida temporal
y recibir la vida eterna, recordando las palabras del
Maestro: «Nadie tiene amor más grande que el que da la
vida por sus amigos».
La
presencia de muchos familiares de los mártires españoles
acrecentaba la intensidad emotiva del primer acto de
homenaje a las 498 personas que hoy serán elevadas a los
altares, entre los que hay dos obispos, 24 sacerdotes
diocesanos, 462 religiosos y religiosas, un diácono, un
subdiácono, un seminarista y siete laicos. Aunque
proceden de casi toda España hay un claro predominio de
mártires de las diócesis de Madrid y de Toledo,
representadas en Roma por sus respectivos cardenales,
Antonio María Rouco Varela, quien intervendrá en la misa
de Beatificación que hoy preside el cardenal José
Saraiva Martins, y Antonio Cañizares, quien tomará la
palabra en la misa de acción de gracias del lunes,
presidida por el cardenal Tarcisio Bertone, secretario
de Estado.
Igual que las calles de Roma están llenas de peregrinos
españoles, la prensa italiana comienza a descubrir la
tremenda extensión y virulencia de la persecución
religiosa en la España violenta y mayoritariamente
analfabeta de aquellos trágicos años 30. Aparte del
elevado número de mártires -más de 10.000- y del
extraordinario tamaño de esta Beatificación, la más
numerosa de la historia de la Iglesia católica, llama la
atención la juventud de muchas de las víctimas. Otilia
Alonso González, religiosa dominica de la Anunciata, era
una asturiana de 19 años. Federico Cobo Sanz, un
aspirante salesiano de Valladolid, tenía 16 años cuando
unos milicianos le sacaron de su casa y le dieron muerte
en Madrid.
La
celebración de hoy eleva a 559 los beatos proclamados
por Benedicto XVI en 36 ceremonias, de las cuales 5 han
tenido lugar en el Vaticano y el resto en una veintena
de países de todo el mundo. La última, hace sólo dos
días en Austria, fue la del agricultor Franz
Jägerstätter, decapitado en 1943 por negarse a servir en
el ejército de Hitler.
Quiénes son los beatos navarros. Se trata de trece
religiosos y tres religiosas que, cuando fueron
ejecutados, tenían edades comprendidas entre los 18 y
los 72 años
Diario de Navarra
La
guerra civil originó en sus primeros meses una oleada de
violencia y asesinatos en la retaguardia de los dos
bandos enfrentados. En esta ceremonia, la Iglesia
beatifica a víctimas de la persecución religiosa que se
desató en la parte de España controlada por la
República.
La
Conferencia Episcopal
Española ha preferido no señalarles como «mártires de la
Guerra Civil» por considerar que es un término inexacto
cronológica y técnicamente. Entiende la organización
episcopal que las guerras tienen caídos en uno y en otro
bando; que las represiones políticas tienen víctimas,
sean de uno o de otro signo; y, sobre todo, que sólo las
persecuciones religiosas tienen mártires, sean de una o
de otra ideología, de una o de otra preferencia -o
pertenencia- política o incluso de distintas confesiones
religiosas.El término mártir se ha aplicado
históricamente, desde la primera época de la Iglesia,
sólo a quienes han muerto por la fe. O, como dice el
diccionario de la Academia de la Lengua, mártir es la
«persona que padece muerte por amor de Jesucristo y en
defensa de la religión cristiana».
Los beatos navarros. La solemne celebración de la
beatificación tendrá lugar en la plaza de San Pedro, en
el Vaticano. La misa será presidida por el cardenal
claretiano portugués José Saraiva Martins, prefecto de
la Congregación para las Causas de los Santos. Como se
sabe, Benedicto XVI, a diferencia de su antecesor, no
preside las beatificaciones, aunque sí las
canonizaciones.
Entre los prelados concelebrantes estará el nuevo
arzobispo de Pamplona, Francisco Pérez González.
Los 16 mártires navarros que van a ser beatificados son:
La
carmelita de la Caridad-Vedruna Apolonia Lizarraga y
Ochoa de Zabalegui del Santísimo Sacramento (de nombre
religioso, Apolonia del Santísimo Sacramento), de Lezáun.
Los dominicos Bernardino Irurzun Otermin, de Egiarreta;
José María García Tabar, de Lumbier; e Higinio Roldán
Iriberri, de Ollogoyen.
Las adoratrices esclavas del Santísimo Sacramento y
Caridad Emilia Echeverría Fernández (de nombre
religioso, Máxima de San José), de Dicastillo; y Juana
Francisca Pérez de Labeaga García (Blasa de María), de
Desojo.
Los maristas Trifón Nicasio Lacunza Unzu (de nombre
religioso, Virgilio), de Ciriza; Fermín Latienda
Azpilicueta (de nombre religioso, Felipe José ), de
Iruñela; Félix Ayúcar Eraso (Félix León), de Estella;
Feliciano Ayúcar Eraso (Ramón Alberto), de Estella,
hermano del anterior; Serafín Zugaldía Lacruz
(Santiago), nacido en el Señorío de Echálaz (Egüés);
Florentino Redondo Insausti (Leopoldo José), de Cárcar;
Lucio Zudaire Aramendía (Teódulo), de Echávarri; Ismael
Nicolás Ran Goñi (Ismael), de Cirauqui; y Pedro Ciordia
Hernández (de nombre religioso, Baudilio), de Cárcar.
Y
el salesiano Juan Larragueta Garay, de Arrieta (valle de
Arce).
Entre los 16 navarros se encuentran dos hermanos
estelleses, ambos maristas, y dos religiosos naturales
de Cárcar, asimismo maristas. Son trece hombres y tres
mujeres que, al ser ejecutados, tenían edades
comprendidas entre los 18 y los 72 años; concretamente,
cinco tenían menos de 30 años, otros siete no llegaban a
los 50 y los cuatro restantes superaban esta edad.
Del total, tres eran religiosas, una de ellas, además,
la Superiora General de su congregación; las otras dos,
realizaron labores domésticas en su convento; doce eran
Hermanos, de los que nueve se dedicaban a la enseñanza y
los otros tres a diversos trabajos al servicio de sus
respectivas comunidades y uno era seminarista.
En
las páginas siguientes pueden leerse los rasgos
biográficos de cada uno de los 16 mártires. Están
basados fundamentalmente en las biografías que aparecen
publicadas en el libro Quiénes son y de dónde vienen.
498 mártires del siglo XX en España, de la editorial
Edice (Madrid, 2007) de la Conferencia Episcopal
Española, y en la obra póstuma de José Antonio Marcellán
Los mártires navarros, de inminente publicación.
Un
diputado a Cortes. Además de los navarros de nacimiento,
entre los 498 mártires que van a ser beatificados
mañana, día 28, se encuentran algunos que tuvieron
alguna relación con Navarra. Entre todos ellos destaca,
por la relevancia pública que alcanzó, el dominico
asturiano José Gafo Múñiz, que fue diputado a Cortes
representante de los Sindicatos Católicos por Navarra
(en el periodo 1933-1936).
En
la relación aparecen los también dominicos Vicente
Álvarez Cienfuegos, que trabajó en la restauración de la
Orden, fue prior provincial, y participó en la fundación
de una escuela apostólica en Villava; Vidal Luis Gómara,
docente y escritor de Los dominicos y el arte, intervino
en la fusión de las dominicas de Villava con la
Congregación de la Sagrada Familia fundada en Canarias;
José Manuel Julián Mauro Gutiérrez Ceballos, que fue
superior en Pamplona; y Juan Mendibelzúa Ocerin, que
ejerció de cantor en el convento de Santiago, de
Pamplona.
Vinculado a Navarra también figura el carmelita descalzo
Eufrasio Barredo Fernández (Eufrasio del Niño Jesús),
que estudió en el Colegio Teresiano de los PP.
Carmelitas (Villafranca).
Asimismo los maristas José Cesari Mercadal (de nombre
religioso, Dionisio Martín), que ejerció la docencia en
Villafranca; Aniceto Falgueras Casellas (Anselmo),
docente en Pamplona; Victoriano Gómez Gutiérrez
(Salvio), que residió en Pamplona; Segismundo Hidalgo
Martínez (Gabriel Eduardo), docente en Villafranca;
Jerónimo Messegué Ribera (Leónides), Leoncio Pérez Gómez
(Porfirio), Ángel Roba Osorno (Licarión) y Leocadio
Rodríguez Nieto (Miguel Ireneo); estos cuatro últimos
ejercieron su labor de docentes en Pamplona.
Y,
por último, las adoratrices del Santísimo Sacramento
Luisa Pérez Adriá (Luisa de la Eucaristía), que residió
en el convento de Pamplona, y Teresa Vives y Missé
(Casta de Jesús), que estuvo en el convento de Pamplona.
«Venimos en son de paz»
ABC
Sin revanchismo, sin resentimiento y sin rencor, pero
con espíritu de reconciliación y de alegría porque hoy
se reconoce que «el valor de la fe hace que hoy no
vivamos con enfrentamiento, sino con perdón». Así
vivieron ayer los peregrinos españoles el prólogo de la
gran celebración que les ha traído a la Ciudad Eterna.
Inundaron las calles de Roma y las convirtieron en una
gran fiesta con acento español, donde en cada esquina de
los lugares más emblemáticos: la Fontana di Trevi, la
Plaza de España, la Plaza Navona y, como no, la Plaza de
San Pedro, siempre había un grupo, una familia, algún
religioso de las numerosas congregaciones, ciudades o
parroquias a las que pertenecían los 498 mártires, que
forman parte de esta marea humana de católicos que
quieren participar hoy en la ceremonia de beatificación.
Los españoles tomaron ayer Roma con sus banderas, con
sus pañuelitos colgados al cuello con la foto de los
mártires, con sus chapas y símbolos del martirio de sus
conocidos, de aquellos sobre los que alguien les contó
que dieron su vida por Cristo. Algunos los conocieron,
muchos son familiares que les recuerdan y que ayer
sentían un orgullo especial y otros ni siquiera conocían
a ningún mártir, pero sentíamos «la necesidad de estar
hoy aquí».
La
Plaza de San Pedro continuó ayer siendo lugar de
encuentro. Las colas para visitar la Basílica alcanzaron
a primera hora de la mañana dimensiones parecidas a las
de la tarde del viernes y es el mejor lugar para pulsar
el qué y el por qué de esta peregrinación.
«Estamos aquí en un ambiente de normalidad, de
agradecimiento a Dios para que siga fortaleciéndonos en
la fe», comenta el sacerdote José Manuel Llario,
mientras espera para acceder a la Basílica junto a un
grupo de Ciudad Real, entre los que se encuentran
familiares de los mártires Santos Cejudo, una nieta de
éste, Justo Arévalo y Mora y del sacerdote diocesano
Félix González Busto. Los peregrinos no quieren entrar
en polémica, pero desde el grupo se levanta una voz:
«¿Por qué molestamos los católicos?», cuando otro de
ellos afirma que «han querido ver enfrentamiento dónde
no lo hay y la polémica la crea quien quiere que exista.
Aquí hay un clima muy bueno y nadie viene a reivindicar
nada».
Entre el inmenso gentío de la Plaza de San Pedro, un
grupo de cinco o seis mujeres enarbolan todas sus
banderas de España, ya sea en la mano o a modo de lazo
colgada de la chaqueta. Son de Vizcaya y «organizamos el
viaje sin saber que teníamos una beata en el pueblo,
creímos que debíamos estar aquí porque ellos no murieron
con armas, ni con ideas políticas, sino por amor a Dios.
De revanchismo, nada». La religiosa adoratriz Micaela
Arriola Uranga es un motivo más de ilusión para este
viaje «maravilloso, pero no sé hasta que punto los
católicos españoles nos damos cuenta de lo importante
que es esta beatificación».
El
ambiente festivo de la Plaza de San Pedro tenía su
réplica en todas las calles de Roma. En el Corso
Vittorio Emanuele, una amplia representación de los
doscientos jóvenes de la Juventud Misionera de los
Legionarios de Cristo se dirigían al encuentro con los
obispos. No han venido para estar junto a un mártir
determinado, consideran que es «necesario hacerse
presente aquí en este momento importante que atraviesa
España», comenta con cierta seriedad uno de los
sacerdotes que los acompaña.
Pero si ayer había un lugar español ese era la Plaza de
España. La comunidad salesiana, con 520 peregrinos, tomó
prácticamente por asalto las emblemáticas escalinatas
que identifican esta plaza.
«Acto de fe»
Pero esta multitud añadía, quizás, más alegría a una
mañana, en la que los familiares de los religiosos
salesianos Virgilio y Francisco Edreira Mosquera,
expresaban su satisfacción «porque los procesos de
beatificación hayan terminado con buen fin». La familia
Velasco Edreira afirmaba que se encontraban en Roma «con
mucha ilusión. Venimos con espíritu de reconciliación,
esto es un acto de fe». Una sobrina carnal de los
mártires los recordaba de niño y afirmaba sentirse «muy
orgullosa» de ellos.
Orgullosa y feliz también se sentía la alcaldesa de
Castilfalé en León, Purificación del Valle, sobrina del
carmelita descalzo Nazario del Valle. Ayer, en la
Fontana de Trevi, junto a unos cuarenta peregrinos de
una localidad de 95 habitantes, recordaba como en «casa
de mi padre aprendí a vivir sin rencor y, sin rencor
estamos hoy aquí». Precisamente, porque su padre no ha
podido estar, ha venido con la «alegría de que la
Iglesia reconozca el compromiso con la fe, con la
palabra dada. Venimos en son de paz, de alegría y de
reconciliación».
Saludo de Benedicto XVI a los fieles españoles
Análisis Digital
Saludo con afecto a los fieles de lengua española. En
particular, saludo a mis Hermanos Obispos de España, a
los sacerdotes, religiosos, religiosas, seminaristas y
fieles que habéis tenido el gozo de participar en la
beatificación de un numeroso grupo de mártires del
pasado siglo en vuestra Nación, así como a los que
siguen esta oración mariana a través de la radio y la
televisión. Damos gracias a Dios por el gran don de
estos testigos heroicos de la fe que, movidos
exclusivamente por su amor a Cristo, pagaron con su
sangre su fidelidad a Él y a su Iglesia. Con su
testimonio iluminan nuestro camino espiritual hacia la
santidad, y nos alientan a entregar nuestras vidas como
ofrenda de amor a Dios y a los hermanos. Al mismo
tiempo, con sus palabras y gestos de perdón hacia sus
perseguidores, nos impulsan a trabajar incansablemente
por la misericordia, la reconciliación y la convivencia
pacífica. Os invito de corazón a fortalecer cada día más
la comunión eclesial, a ser testigos fieles del
Evangelio en el mundo, sintiendo la dicha de ser
miembros vivos de la Iglesia, verdadera esposa de
Cristo. Pidamos a los nuevos
Beatos, por medio de la Virgen María, Reina de los
Mártires, que intercedan por la Iglesia en España y en
el mundo; que la fecundidad de su martirio produzca
abundantes frutos de vida cristiana en los fieles y en
las familias; que su sangre derramada sea semilla de
santas y numerosas vocaciones sacerdotales, religiosas y
misioneras. ¡Que Dios os bendiga!
«Cada uno tiene derecho a cultivar su memoria» .
Blázquez matiza que la Iglesia no quiere «reabrir
heridas en absoluto»
LA RAZÓN
Perdón y reconciliación. El mensaje con el que la
Iglesia española ha preparado la ceremonia con la que
hoy beatificará a los 498 mártires de la persecución
religiosa del siglo XX ha calado hondo en los treinta
mil peregrinos que invaden las calles de Roma. Ante
cualquier pregunta, incluso con las malintencionadas, su
respuesta siempre tiene la misma dirección: recordar el
ejemplo de los mártires que murieron perdonando a sus
asesinos. En este ambiente, se desarrolló ayer la
ceremonia de bienvenida en la basílica de San Pablo
Extramuros, el primer acto oficial de esta
beatificación. Poco antes de su inicio, el presidente de
la Conferencia Episcopal Española (CEE) y obispo de
Bilbao, Ricardo Blázquez, incidía también en este
objetivo de reconciliación, en el curso de una
improvisada rueda de prensa a las puertas de la
basílica.
Ante las preguntas de los periodistas, Blázquez
desvinculó la beatificación de cualquier «planteamiento
político», e incidió en que «no se trata de beatificar a
los que murieron en un bando o en otro». El presidente
de los obispos explicó que al conocer las historias
concretas de los mártires que hoy serán beatificados, le
había llamado la atención que antes de su muerte sus
asesinos los pusieran «ante la alternativa de renegar de
la fe y salvar la vida o profesar su adhesión a
Jesucristo y entregar la vida». «Esta alternativa supera
toda cuestión de carácter político», insistió.
Blázquez aseguró que «cada grupo humano tiene derecho a
cultivar su memoria», y entre ellos hizo referencia a
«los partidos políticos, los sindicatos, las ideologías»
y «también la Iglesia». «Nosotros tenemos derecho a
cultivar la memoria de nuestra historia, pero no lo
hacemos contra nadie, ni polémicamente», sino «en
convivencia», especificó. Blázquez añadió que «comprende
que otros quieran hacer algo parecido a lo que nosotros
hacemos», pero explicó que la Iglesia no quiere «reabrir
heridas en absoluto».
Ceremonia «histórica». Con Blázquez coincidió ayer el
ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos,
quien recordó -como ya hiciera la CEE- que la
beatificación «no va contra nada ni contra nadie», sino
que pretende «fomentar la reconciliación». Así lo señaló
en la cena de honor que ofreció en la Embajada de España
a los representantes de la curia vaticana y de la
Iglesia española, donde destacó también la importancia
de esta ceremonia «histórica», «no sólo para la
comunidad de fieles, sino para la sociedad española en
su conjunto».
Blázquez negó también que la ceremonia sea una respuesta
de la Iglesia a la Ley de Memoria Histórica, ya que los
procesos se iniciaron hace décadas y el Papa firmó los
decretos de beatificación el pasado verano. «La Ley de
Memoria Histórica ha venido mucho más tarde, y que haya
coincidido no depende de la Iglesia», aseguró. Sumándose
al ambiente que estos días se respira en Roma, Blázquez
condensó el significado del multitudinario acto que hoy
se celebrará en recuerdo del «testimonio admirable» que
dieron los mártires, que «murieron perdonando». Por esta
razón, el ejemplo de los futuros beatos se convierte en
«fermento» para «la convivencia, la paz, el respeto
mutuo y la reconciliación entre todos», reiteró. Un
testimonio de reconciliación que se puso de manifiesto
más tarde cuando, en la ceremonia de acogida a los
peregrinos, se leyeron las cartas que el futuro beato
Bartolomé Blanco dirigió a sus familiares el día antes
de ser asesinado, y que el pasado miércoles adelantó LA
RAZÓN. «Perdón, perdón, perdón». Las palabras con las
que el joven de 21 años pedía a sus familiares que
perdonaran a quienes le iban a fusilar resonaron con una
emotiva fuerza en la basílica de San Pablo. En el acto
de ayer participó también el cardenal de Sevilla, Carlos
Amigo, quien afirmó que «los mártires son patrimonio
ejemplar de la Iglesia, murieron por su fe en el Dios
que se había revelado en Jesucristo y por la libertad de
conciencia de llevar la fidelidad a Jesucristo hasta las
últimas consecuencias».
Moratinos califica de "histórica" la beatificación de
los mártires españoles
Análisis Digital
Miguel Ángel Moratinos calificó ayer como “histórica” la
beatificación de los mártires españoles en Roma,
resaltando el hecho de que “nunca hasta ahora habían
sido beatificadas tantas personas en una misma
ceremonia”.
El
ministro de Asuntos Exteriores y Cooperación, Miguel
Ángel Moratinos, que encabeza la delegación española que
asistirá hoy a la beatificación de los mártires
españoles. calificó este hecho de histórico, asegurando
que esta decisión “no va contra nada ni nadie”, sino que
pretende “fomentar la reconciliación”.
Moratinos declaró, asimismo, durante un brindis ofrecido
en el Palacio de España en Roma, que la relación
existente en la actualidad entre el Estado español y la
Santa Sede es "buena". El ministro quiso resaltar
igualmente “el clima de confianza mutua, comunicación
fluida y colaboración efectiva” que, según el
representante español, reina entre ambas instituciones.
El
ministro se refirió finalmente a la “Alianza de
Civilizaciones” impulsada por las Naciones Unidas, y
que, en sus propias palabras “refleja el compromiso de
diálogo y dl respeto, la voluntad de concertación y de
acercamiento y, en definitiva, la promoción
internacional de la tolerancia mediante el
enriquecimiento
El cardenal Rouco recuerda que “cualquier persona de
buena voluntad es consciente de que los mártires son
modelos de vida y de verdadera humanidad”
Análisis Digital
El
cardenal Arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco
Varela, presidió ayer una Eucaristía de bienvenida y
preparación a la beatificación del los 498 mártires
españoles, que se celebra hoy en la Plaza de San Pedro
del Vaticano. Durante su homilía, el Arzobispo de
Madrid, recordó que “los mártires son un gran don de
Dios, son hijos de la Iglesia” ya que “han dado su vida
por Cristo”.
Acompañado en la iglesia de San Lorenzo in Damaso por
sus obispos auxiliares, Monseñores César Franco y Fidel
Herráez, el deán de la catedral de Madrid, Antonio
Astillero, miembros del cabildo catedral, vicarios, y
medio centenar de sacerdotes de la archidiócesis de
Madrid, el cardenal señaló que la Eucaristía que
presidía era un acto de preparación en la que la
presencia de los peregrinos asistentes tenía un valor
vicario o de símbolo “de todos los peregrinos que el
domingo se acercarán a la gran ceremonia de
beatificación”.
Durante su homilía el cardenal subrayó el papel
fundamental de todas aquellas personas que han
contribuido a la beatificación de los 498 mártires
españoles, entre los que se encuentran los distintos
delegados de las causas de los santos y, en último
término, el Santo Padre.
“Los mártires son, al mismo tiempo, modelos e
intercesores para nosotros, los cristianos del año 2007.
Madrid ha tramitado el número mayor de las causas, que
son 176. Ellos son mártires para nuestra vida
contemporánea y ellos se fiaron de Dios, como el mismo
Abraham, como el mismo Isaac” aseveró.
Al
mismo tiempo, el Arzobispo de Madrid, recordó el amor
misericordioso que los mártires tuvieron con aquellos
que acabaron con sus vidas, llegando a amar a sus
enemigos y pedir por ellos. Fue entonces, cuando señaló
que “cualquier persona de buena voluntad es consciente
de que los mártires son modelos de vida y de verdadera
humanidad”. “Por eso, si tenemos que hacer memoria, la
más ejemplar es la de Dios” añadió.
Acompañado de más de 300 peregrinos, el cardenal también
aludió a todos aquellos que ponen toda su confianza en
los bienes y goces de este mundo, ya que “el que pone
todo su ser en gozar de este mundo, fracasa, pero quien
regala su vida a Dios, tiene éxito, como el mismo Señor
nos dijo: El que pierda su vida por mí y por el
Evangelio, la salvará”.
Finalmente, para cerrar su homilía, Monseñor Rouco
Varela recordó los últimos momentos de muchos de los que
mañana serán nuevos beatos de la Iglesia, cómo murieron
perdonando, rezando el rosario o lanzando vivas a Cristo
Rey. “Las vidas de los nuevos beatos fueron vidas
marianas, llenas de un infinito amor a la Virgen”.
Cardenal Saraiva: “Los mártires nos dicen que todos
estamos llamados a la santidad, todos, sin excepción”
VERITAS
El
Prefecto de la Congregación para la Causa de los Santos,
Cardenal José Saraiva Martins, ha resaltado que “los
mártires se comportaron como buenos cristianos y,
llegado el momento, no dudaron en ofrendar su vida de
una vez, con el grito de “¡Viva Cristo Rey!” en los
labios. A los hombres y a las mujeres de hoy nos dicen
en voz muy alta que todos estamos llamados a la
santidad, todos, sin excepción”. El cardenal ha
pronunciado estas palabras durante la homilía de la
Eucaristía celebrada con motivo del acto de
beatificación de 498 mártires del siglo XX en España que
ha tenido lugar hoy, 28 de octubre, en la Plaza de San
Pedro del Vaticano.
El
Rito de Beatificación comenzó con unas breves palabras
del arzobispo de Madrid, cardenal Rouco Valera, con las
que solicitaba al Papa Benedicto XVI que inscribiese en
el número de los Beatos a los que van a ser
beatificados.
Tras la intervención del cardenal Rouco, los obispos
enumeraron la causa de Beatificación de cada una de sus
diócesis por el orden que corresponde a la fecha de
introducción de las Causas. Finalmente el Cardenal
Saraiva Martins ha dado lectura a la Carta Apostólica
del Papa Benedicto XVI de Beatificación.
Ya
durante la homilía el cardenal Saraiva ha hecho hincapié
en que “tal y como se expone en el Catecismo de la
Iglesia Católica, el martirio es el supremo testimonio
de la verdad de la fe” y apostilló que “en efecto,
seguir a Jesús, significa seguirlo también en el dolor y
aceptar las persecuciones por amor del Evangelio”.
El
cardenal Saraiva ha recalcado la importancia de la
coherencia de vida de los cristianos así como el deber
de contribuir en la construcción del bien común. El
purpurado exhortó a que los cristianos defendamos
“nuestras convicciones sobre la dignidad de la persona,
sobre la vida desde la concepción hasta la muerte
natural, sobre la familia fundada en la unión
matrimonial una e indisoluble entre un hombre y una
mujer, sobre el derecho y sobre tantas otras cuestiones
que surgen en la experiencia diaria de la sociedad en
que vivimos".
El Papa afirma que los mártires “con su testimonio
iluminan nuestro camino espiritual hacia la santidad"
VERITAS
Los mártires “con su testimonio iluminan nuestro camino
espiritual hacia la santidad, y nos alientan a entregar
nuestras vidas como ofrenda de amor a Dios y a los
hermanos”. El Papa Benedicto XVI, ha pronunciado estas
palabras durante el rezo del Ángelus de, hoy domingo, 28
de octubre, en el que ha ofrecido un saludo especial a
los españoles asistentes con motivo del Acto de
Beatificación de 498 mártires del siglo XX en España.
El
Papa ha afirmado que ”damos gracias a Dios por el gran
don de estos testigos heroicos de la fe que, movidos
exclusivamente por su amor a Cristo, pagaron con su
sangre su fidelidad a Él y a su Iglesia”.
Benedicto XVI ha resaltado que el testimonio de estos
mártires nos invita a “fortalecer cada día más la
comunión eclesial, a ser testigos fieles del Evangelio
en el mundo, sintiendo la dicha de ser miembros vivos de
la Iglesia, verdadera esposa de Cristo”.
El
Papa ha concluido su saludo a la Iglesia en España con
una exhortación a que “pidamos a los nuevos Beatos, por
medio de la Virgen María, Reina de los Mártires, que
intercedan por la Iglesia en España y en el mundo; que
la fecundidad de su martirio produzca abundantes frutos
de vida cristiana en los fieles y en las familias; que
su sangre derramada sea semilla de santas y numerosas
vocaciones sacerdotales, religiosas y misioneras”.
Roma celebra la beatificación más numerosa de la
historia. Los 498 mártires asesinados en España, «un
mensaje de fe y de amor»
ZENIT
Cincuenta mil peregrinos participaron este domingo en la
plaza de San Pedro del Vaticano en la beatificación más
numerosa de la historia, protagonizada por 498 mártires
asesinados durante la persecución religiosa que tuvo
lugar en España durante los años treinta del siglo XX.
«El mensaje de los mártires es un mensaje de fe y de
amor», afirmó en la homilía el cardenal José Saraiva
Martins, prefecto de la Congregación para las Causas de
los Santos, representante del Papa, en una radiante
mañana de sol.
A
diferencia de la nueva práctica introducida por
Benedicto XVI, que subraya el carácter local de la
beatificación, esta ceremonia ha tenido lugar en el
Vaticano, como lugar de encuentro de las 15 diócesis
implicadas en el proceso, como sede de las 23 causas.
Por otra parte, los mártires proceden de casi todo el
territorio español, así como de Cuba, Francia y México
(en la plaza de San Pedro, había varios centenares de
peregrinos de este país).
Varios centenares de los peregrinos presentes eran
familiares de los mártires. La delegación oficial
española estaba presidida por el ministro de Asuntos
Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, acompañado, entre
otros, por representantes de siete comunidades
autónomas.
Después de que el cardenal Antonio María Rouco Valera,
arzobispo de Madrid, diócesis a la que pertenece el
mayor número de mártires, pidiera al Papa su inscripción
en el número de los beatos, el cardenal Saraiva Martins
dio lectura a la carta apostólica de beatificación de
Benedicto XVI.
El
documento anuncia que la fiesta de los nuevos beatos se
celebrará anualmente el día 6 de noviembre.
A
las 10 y 20 minutos, entre las notas del «Chistus
vincit», se desveló en la fachada de la basílica
vaticana la imagen con los rostros de los 498 nuevos
beatos y el logotipo oficial de la beatificación.
«¿Qué mensaje transmiten los mártires a cada uno de
nosotros aquí presentes?», se preguntó el cardenal
Saraiva Martins. «Debemos examinarnos con valentía, y
hacer propósitos concretos, para descubrir si esa fe y
ese amor se manifiestan heroicamente en nuestra vida»,
respondió.
«Ser cristianos coherentes nos impone no inhibirnos ante
el deber de contribuir al bien común y moldear la
sociedad siempre según justicia», afirmó el purpurado
portugués.
Esto implica, añadió, defender «la dignidad de la
persona», «la vida desde la concepción hasta la muerte
natural», «la familia fundada en la unión matrimonial
una e indisoluble entre un hombre y una mujer», «el
derecho y deber primario de los padres en lo que se
refiere a la educación de los hijos».
Con estos mártires, la Iglesia católica ya ha proclamado
casi mil beatos (exactamente, 977, entre los cuales, 11
santos), martirizados durante la persecución religiosa
que tuvo lugar en España en los años treinta del siglo
pasado.
Según ha informado el secretario de la Conferencia
Episcopal de ese país, el padre Juan Antonio Martínez
Camino S.J., son todavía muchos los casos susceptibles
de ser reconocidos en el futuro. De unos dos mil están
ya en marcha los procesos.
Según esta fuente, se podrían proponer hasta una decena
de miles de mártires de ese período histórico en ese
país.
"Beatos para el mundo de hoy". En fiesta de fe son
beatificados 498 mártires españoles en Roma
ACI
El
Cardenal José Saraiva Martins, Prefecto de la
Congregación para la Causa de los Santos, calificó de
“histórica” la beatificación más numerosa de la historia
de la Iglesia, luego de proclamar beatos de la Iglesia
a 498 “mártires del Siglo XX en España”.
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