RESUMEN DE PRENSA

 

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Domingo, 28 de octubre de 2007

 

 

 

Beatificación de 498 mártires del siglo XX en España.

 

 

Benedicto XVI habla de los 498 mártires de España. Sus palabras antes y después del Ángelus

 

Ecclesia       

 

Antes del Ángelus

 

Esta mañana, aquí en la plaza de San pedro, han sido proclamados beatos 498 mártires asesinados en España en los años treinta del siglo. Agradezco al cardenal José Saraiva Martins, prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, que ha presidido esta celebración y dirijo mi cordial saludo a los peregrinos congregados para esta circunstancia.

 

La inscripción que acaba de realizarse en el  Libro de los Beatos de un tan gran grande número de mártires demuestra que el supremo testimonio de la sangre no es una excepción  solamente a algunas personas, sino una eventualidad real para el entero Pueblo de Dios. Se trata, en fin, de hombres y de mujeres de diversa edad, vocación y condición social  que han pagado con la vida su fidelidad a Cristo y a la  Iglesia. 

 

En este contexto se insertan bien las expresiones de San Pablo, que han resonado en la liturgia de este domingo: “Yo estoy a punto –escribe el Apóstol a Timoteo– de ser sacrificado y el momento de mi partida es inminente. He combatido bien el combate, he corrido bien la carrera, he conservado la fe” (2 Tm 4,6-7). Pablo, detenido en Roma, ve aproximarse la muerte y  traza un balance pleno de reconocimiento y de esperanza. Es en la paz de Dios desde que él mismo afronta’ serenamente la muerte, con la conciencia di haber dedicado toda la vida sin ahorro alguno en el servicio del Evangelio.

 

El mes de octubre, dedicado de modo particular al compromiso misionero, se cierra así con el luminoso testimonio de los mártires españoles,  que  se suman a los mártires  Albertina Berkenbrock, Emmanuel Gómez Gonzáles y Adilio Daronch, y Franz Jägerstätter, proclamados beatos en los días pasados en Brasil y en Austria. Mediante su ejemplo testimonian que el bautismo compromete a los cristianos a participar con ánimo en la difusión del Reino de Dios, cooperando, si es necesario, con el sacrificio de su propia vida.

 

Ciertamente no todos están llamados al martirio cruento. Pero es también un martirio incruento no menos significativo el de Celina Chludzińska Borzźcka, esposa, madre de familia, viuda y religiosa, beatificada ayer en Roma Roma: es el testimonio silencio y heroico de tantos cristianos che viven el Evangelio, cumpliendo su deber y dedicándose generosamente al servicio de los pobres.

 

Este martirio de la vida ordinaria es un testimonio tanto más importante  en la sociedad  secularizada de nuestro. Es la pacífica batalla del amor que todo cristiano, como Pablo, debe incansablemente  cursar; la carrera por difundir el Evangelio, que nos compromete hasta la muerte.

Que en  nuestro cotidiano testimonio nos asista la Virgen María, Reina de los Mártires y Estrella de la Evangelización.,

 

Después del Ángelus

 

Saludo con afecto a los fieles de lengua española. En particular, saludo a mis Hermanos Obispos de España, a los sacerdotes, religiosos, religiosas, seminaristas y fieles que habéis tenido el gozo de participar en la beatificación de un numeroso grupo de mártires del pasado siglo en vuestra Nación, así como a los que siguen esta oración mariana a través de la radio y la televisión. 

 

Damos gracias a Dios por el gran don de estos testigos heroicos de la fe que, movidos exclusivamente por su amor a Cristo, pagaron con su sangre su fidelidad a Él y a su Iglesia. Con su testimonio iluminan nuestro camino espiritual hacia la santidad, y nos alientan a entregar nuestras vidas como ofrenda de amor a Dios y a los hermanos. Al mismo tiempo, con sus palabras y gestos de perdón hacia sus perseguidores, nos impulsan a trabajar incansablemente por la misericordia, la reconciliación y la convivencia pacífica. 

 

Os invito de corazón a fortalecer cada día más la comunión eclesial, a ser testigos fieles del Evangelio en el mundo, sintiendo la dicha de ser miembros vivos de la Iglesia, verdadera esposa de Cristo. 

 

Pidamos a los nuevos Beatos, por medio de la Virgen María, Reina de los Mártires, que intercedan por la Iglesia en España y en el mundo; que la fecundidad de su martirio produzca abundantes frutos de vida cristiana en los fieles y en las familias; que su sangre derramada sea semilla de santas y numerosas vocaciones sacerdotales, religiosas y misioneras. ¡Que Dios os bendiga!

 

Saludo de Mons. Ricardo Blázquez a los peregrinos en la Basílica de San Pablo

 

Análisis Digital

 

 La Iglesia de Roma conserva los sepulcros de los apóstoles Pedro y Pablo como “trofeos” de su fidelidad a Jesucristo y como acreditación de la autoridad apostólica de la Sede de Roma. Estamos reunidos donde Pablo, en la vía ostiense, fue decapitado, culminando el testimonio de fe y amor a Jesucristo, que lo llamó a su seguimiento y al apostolado en el camino de Damasco. Saludo a los peregrinos venidos de lejos y de cerca para participar en la gozosa celebración de la beatificación de 498 mártires de nuestras diócesis: Señores obispos, religiosos y religiosas de las congregaciones a las que pertenecieron y enaltecieron los mártires, hermanos y hermanas de todos los rincones de la Iglesia en España. Saludo con respeto y afecto al señor embajador de España ante la Santa Sede. Agradezco, en nombre de la Conferencia Episcopal Española, la hospitalidad que en esta basílica emblemática de Roma nos ofrece el arcipreste de la misma Card. Andrea Cordero Lanza de Montezemolo.

 

Queridos peregrinos, hemos custodiado como un tesoro la memoria de nuestros mártires, que nos han precedido con la antorcha de la fe y de la santidad. Son un don precioso de Dios que recibimos con gratitud; estamos dispuestos con la fuerza del Señor a proclamar la fe y a vivir con fidelidad, alentados por su testimonio sublime, en las situaciones concretas de nuestra historia. El martirio de estos hermanos nos une con el Señor y nos dignifica a todos.

 

Los mártires situados ante la alternativa, no buscada ni provocada por ellos, de renegar de la fe cristiana y así salvar la vida, o de mantenerse adheridos al Señor y así perderla, prefirieron en un gesto admirable entregar la vida temporal y recibir la Vida eterna, recordando las palabras del Maestro: “Quien pierde su vida por mí y por el Evangelio, la salvará” (Mc 8,35). “Nadie tiene amor más grande que el que da su vida por sus amigos” (Jn 15,13). Los mártires recibieron de Jesús la gracia de su amistad, y ellos le devolvieron viviendo y muriendo por El la misma amistad. ¡Qué elocuente se hace el Evangelio en la proximidad de los mártires!

 

En el proceso de los mártires se ha concentrado la fidelidad a Dios a través de unos gestos expresivos de la totalidad. Como muchos mártires de la Iglesia en los primeros siglos murieron aclamando a Jesús como el Señor (Iesus Kýrios), así también los mártires que van a ser beatificados mañana murieron aclamando con los labios y el corazón: ¡Viva Cristo Rey! A algunos el rosario los identificó como cristianos y en la hora suprema supieron que era una señal decisiva. Unos murieron porque participaban en la Eucaristía; y otros por el hecho de ser sacerdotes, frailes o monjas. Los que tuvieron la oportunidad se unieron en el martirio a aquéllos con los que habían compartido su fe, la profesión religiosa y los trabajos apostólicos.

 

Los mártires han rubricado con su sangre un mensaje que queremos recibir hondamente en estos extraordinarios días. Su muerte martirial glorifica el poder de Dios que hace de la fragilidad de los hombres su propio testimonio. Todo lo pudieron en Aquel que les dio fuerza (cf. Fil 4,13; 2 Cor 12,9-10; Col 1,29). ¡Que importante es la fe en Dios que orientó la vida y decidió la muerte de sus fieles! En nuestro tiempo estamos llamados a mostrar que para la vida personal, familiar y social no es indiferente creer en Dios que no creer en El. Todo cambia con la luz y la fuerza que emite la fe en nuestro Señor Jesucristo. Los mártires nos preguntan hoy sobre la valentía de nuestra fe. Los hermanos mártires nos estimulan a ser fieles, a confiar en Dios que nunca defrauda y no abandona ni siquiera en la persecución. Con la autoridad que les confiere su muerte por el Señor nos recuerda una exhortación evangélica: Si ellos murieron perdonando, debemos nosotros recorrer los caminos del perdón, de la reconciliación y de la paz. Su actitud ante la muerte es una fuerte invitación a la convivencia respetuosa en la pluralidad.

 

Queridos peregrinos, deseo a todos unos días de gracia del Señor; que la proximidad al sucesor de Pedro, el papa Benedicto XVI, nos fortalezca en la unidad de la fe y del amor.

 

Los 498 mártires «murieron perdonando y nos invitan a perdonar», afirma Blázquez

 

ABC

 

Al pie de la tumba del apóstol Pablo de Tarso, el presidente de la Conferencia Episcopal, Ricardo Blázquez, resumió ayer ante una multitud de peregrinos españoles la enseñanza central de los 498 mártires: «Si ellos murieron perdonando, también nosotros debemos recorrer los caminos del perdón, de la reconciliación y de la paz». Insistiendo en esa idea fundamental, el obispo de Bilbao añadió que «su actitud ante la muerte es una fuerte invitación a la convivencia respetuosa en la pluralidad».

 

La ceremonia de acogida en la basílica de San Pablo Extramuros incluyó también una intervención breve del cardenal arzobispo de Sevilla. En una alocución muy sobria y a la vez poética, Carlos Amigo Vallejo subrayó que «los mártires son patrimonio ejemplar de la Iglesia. Su testimonio conmueve y arrastra al conocimiento de Cristo».

 

«Entregar la vida»

 

El primer acto de la peregrinación a Roma resultó emocionante, entre otros motivos porque, como recordó monseñor Blázquez, «estamos reunidos en la Vía Ostiense, en el lugar donde Pablo fue decapitado, culminando el testimonio de fe y amor a Jesucristo, que lo llamó a su seguimiento y al apostolado en el camino de Damasco». El caso de Pablo ilustra mejor que ningún otro la complejidad de las decisiones que se toman en la vida, pues antes de ser «apóstol y mártir» como reza la rudimentaria inscripción sobre su modestísima tumba, era fogoso perseguidor y encarcelador de cristianos.

 

En su saludo, monseñor Blázquez recordó que la mayor parte de los 498 mártires se vieron ante la alternativa de «renegar de la fe cristiana y así salvar su vida, o bien mantenerse adheridos al señor y así perderla». De modo admirable, y a veces incomprensible para una sociedad cómoda y cobarde, «prefirieron entregar la vida temporal y recibir la vida eterna, recordando las palabras del Maestro: «Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos».

 

La presencia de muchos familiares de los mártires españoles acrecentaba la intensidad emotiva del primer acto de homenaje a las 498 personas que hoy serán elevadas a los altares, entre los que hay dos obispos, 24 sacerdotes diocesanos, 462 religiosos y religiosas, un diácono, un subdiácono, un seminarista y siete laicos. Aunque proceden de casi toda España hay un claro predominio de mártires de las diócesis de Madrid y de Toledo, representadas en Roma por sus respectivos cardenales, Antonio María Rouco Varela, quien intervendrá en la misa de Beatificación que hoy preside el cardenal José Saraiva Martins, y Antonio Cañizares, quien tomará la palabra en la misa de acción de gracias del lunes, presidida por el cardenal Tarcisio Bertone, secretario de Estado.

 

Igual que las calles de Roma están llenas de peregrinos españoles, la prensa italiana comienza a descubrir la tremenda extensión y virulencia de la persecución religiosa en la España violenta y mayoritariamente analfabeta de aquellos trágicos años 30. Aparte del elevado número de mártires -más de 10.000- y del extraordinario tamaño de esta Beatificación, la más numerosa de la historia de la Iglesia católica, llama la atención la juventud de muchas de las víctimas. Otilia Alonso González, religiosa dominica de la Anunciata, era una asturiana de 19 años. Federico Cobo Sanz, un aspirante salesiano de Valladolid, tenía 16 años cuando unos milicianos le sacaron de su casa y le dieron muerte en Madrid.

 

La celebración de hoy eleva a 559 los beatos proclamados por Benedicto XVI en 36 ceremonias, de las cuales 5 han tenido lugar en el Vaticano y el resto en una veintena de países de todo el mundo. La última, hace sólo dos días en Austria, fue la del agricultor Franz Jägerstätter, decapitado en 1943 por negarse a servir en el ejército de Hitler.

 

Quiénes son los beatos navarros. Se trata de trece religiosos y tres religiosas que, cuando fueron ejecutados, tenían edades comprendidas entre los 18 y los 72 años

 

Diario de Navarra

 

La guerra civil originó en sus primeros meses una oleada de violencia y asesinatos en la retaguardia de los dos bandos enfrentados. En esta ceremonia, la Iglesia beatifica a víctimas de la persecución religiosa que se desató en la parte de España controlada por la República.

 

La Conferencia Episcopal Española ha preferido no señalarles como «mártires de la Guerra Civil» por considerar que es un término inexacto cronológica y técnicamente. Entiende la organización episcopal que las guerras tienen caídos en uno y en otro bando; que las represiones políticas tienen víctimas, sean de uno o de otro signo; y, sobre todo, que sólo las persecuciones religiosas tienen mártires, sean de una o de otra ideología, de una o de otra preferencia -o pertenencia- política o incluso de distintas confesiones religiosas.El término mártir se ha aplicado históricamente, desde la primera época de la Iglesia, sólo a quienes han muerto por la fe. O, como dice el diccionario de la Academia de la Lengua, mártir es la «persona que padece muerte por amor de Jesucristo y en defensa de la religión cristiana».

 

Los beatos navarros. La solemne celebración de la beatificación tendrá lugar en la plaza de San Pedro, en el Vaticano. La misa será presidida por el cardenal claretiano portugués José Saraiva Martins, prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos. Como se sabe, Benedicto XVI, a diferencia de su antecesor, no preside las beatificaciones, aunque sí las canonizaciones.  

 

Entre los prelados concelebrantes estará el nuevo arzobispo de Pamplona, Francisco Pérez González.

 

 

Los 16 mártires navarros que van a ser beatificados son:

 

La carmelita de la Caridad-Vedruna Apolonia Lizarraga y Ochoa de Zabalegui del Santísimo Sacramento (de nombre religioso, Apolonia del Santísimo Sacramento), de Lezáun.

 

Los dominicos Bernardino Irurzun Otermin, de Egiarreta; José María García Tabar, de Lumbier; e Higinio Roldán Iriberri, de Ollogoyen.

 

Las adoratrices esclavas del Santísimo Sacramento y Caridad Emilia Echeverría Fernández (de nombre religioso, Máxima de San José), de Dicastillo; y Juana Francisca Pérez de Labeaga García (Blasa de María), de Desojo.

 

Los maristas Trifón Nicasio Lacunza Unzu (de nombre religioso, Virgilio), de Ciriza; Fermín Latienda Azpilicueta (de nombre religioso, Felipe José ), de Iruñela; Félix Ayúcar Eraso (Félix León), de Estella; Feliciano Ayúcar Eraso (Ramón Alberto), de Estella, hermano del anterior; Serafín Zugaldía Lacruz (Santiago), nacido en el Señorío de Echálaz (Egüés); Florentino Redondo Insausti (Leopoldo José), de Cárcar; Lucio Zudaire Aramendía (Teódulo), de Echávarri; Ismael Nicolás Ran Goñi (Ismael), de Cirauqui; y Pedro Ciordia Hernández (de nombre religioso, Baudilio), de Cárcar.

 

Y el salesiano Juan Larragueta Garay, de Arrieta (valle de Arce).

 

Entre los 16 navarros se encuentran dos hermanos estelleses, ambos maristas, y dos religiosos naturales de Cárcar, asimismo maristas. Son trece hombres y tres mujeres que, al ser ejecutados, tenían edades comprendidas entre los 18 y los 72 años; concretamente, cinco tenían menos de 30 años, otros siete no llegaban a los 50 y los cuatro restantes superaban esta edad.  

 

Del total, tres eran religiosas, una de ellas, además, la Superiora General de su congregación; las otras dos, realizaron labores domésticas en su convento; doce eran Hermanos, de los que nueve se dedicaban a la enseñanza y los otros tres a diversos trabajos al servicio de sus respectivas comunidades y uno era seminarista.

 

En las páginas siguientes pueden leerse los rasgos biográficos de cada uno de los 16 mártires. Están basados fundamentalmente en las biografías que aparecen publicadas en el libro Quiénes son y de dónde vienen. 498 mártires del siglo XX en España, de la editorial Edice (Madrid, 2007) de la Conferencia Episcopal Española, y en la obra póstuma de José Antonio Marcellán Los mártires navarros, de inminente publicación.

 

Un diputado a Cortes. Además de los navarros de nacimiento, entre los 498 mártires que van a ser beatificados mañana, día 28, se encuentran algunos que tuvieron alguna relación con Navarra. Entre todos ellos destaca, por la relevancia pública que alcanzó, el dominico asturiano José Gafo Múñiz, que fue diputado a Cortes representante de los Sindicatos Católicos por Navarra (en el periodo 1933-1936).

 

En la relación aparecen los también dominicos Vicente Álvarez Cienfuegos, que trabajó en la restauración de la Orden, fue prior provincial, y participó en la fundación de una escuela apostólica en Villava; Vidal Luis Gómara, docente y escritor de Los dominicos y el arte, intervino en la fusión de las dominicas de Villava con la Congregación de la Sagrada Familia fundada en Canarias; José Manuel Julián Mauro Gutiérrez Ceballos, que fue superior en Pamplona; y Juan Mendibelzúa Ocerin, que ejerció de cantor en el convento de Santiago, de Pamplona.

 

Vinculado a Navarra también figura el carmelita descalzo Eufrasio Barredo Fernández (Eufrasio del Niño Jesús), que estudió en el Colegio Teresiano de los PP. Carmelitas (Villafranca).

 

Asimismo los maristas José Cesari Mercadal (de nombre religioso, Dionisio Martín), que ejerció la docencia en Villafranca; Aniceto Falgueras Casellas (Anselmo), docente en Pamplona; Victoriano Gómez Gutiérrez (Salvio), que residió en Pamplona; Segismundo Hidalgo Martínez (Gabriel Eduardo), docente en Villafranca; Jerónimo Messegué Ribera (Leónides), Leoncio Pérez Gómez (Porfirio), Ángel Roba Osorno (Licarión) y Leocadio Rodríguez Nieto (Miguel Ireneo); estos cuatro últimos ejercieron su labor de docentes en Pamplona.

 

Y, por último, las adoratrices del Santísimo Sacramento Luisa Pérez Adriá (Luisa de la Eucaristía), que residió en el convento de Pamplona, y Teresa Vives y Missé (Casta de Jesús), que estuvo en el convento de Pamplona.

 

 

«Venimos en son de paz»

 

ABC

 

 Sin revanchismo, sin resentimiento y sin rencor, pero con espíritu de reconciliación y de alegría porque hoy se reconoce que «el valor de la fe hace que hoy no vivamos con enfrentamiento, sino con perdón». Así vivieron ayer los peregrinos españoles el prólogo de la gran celebración que les ha traído a la Ciudad Eterna.

 

Inundaron las calles de Roma y las convirtieron en una gran fiesta con acento español, donde en cada esquina de los lugares más emblemáticos: la Fontana di Trevi, la Plaza de España, la Plaza Navona y, como no, la Plaza de San Pedro, siempre había un grupo, una familia, algún religioso de las numerosas congregaciones, ciudades o parroquias a las que pertenecían los 498 mártires, que forman parte de esta marea humana de católicos que quieren participar hoy en la ceremonia de beatificación.

 

Los españoles tomaron ayer Roma con sus banderas, con sus pañuelitos colgados al cuello con la foto de los mártires, con sus chapas y símbolos del martirio de sus conocidos, de aquellos sobre los que alguien les contó que dieron su vida por Cristo. Algunos los conocieron, muchos son familiares que les recuerdan y que ayer sentían un orgullo especial y otros ni siquiera conocían a ningún mártir, pero sentíamos «la necesidad de estar hoy aquí».

 

La Plaza de San Pedro continuó ayer siendo lugar de encuentro. Las colas para visitar la Basílica alcanzaron a primera hora de la mañana dimensiones parecidas a las de la tarde del viernes y es el mejor lugar para pulsar el qué y el por qué de esta peregrinación.

 

«Estamos aquí en un ambiente de normalidad, de agradecimiento a Dios para que siga fortaleciéndonos en la fe», comenta el sacerdote José Manuel Llario, mientras espera para acceder a la Basílica junto a un grupo de Ciudad Real, entre los que se encuentran familiares de los mártires Santos Cejudo, una nieta de éste, Justo Arévalo y Mora y del sacerdote diocesano Félix González Busto. Los peregrinos no quieren entrar en polémica, pero desde el grupo se levanta una voz: «¿Por qué molestamos los católicos?», cuando otro de ellos afirma que «han querido ver enfrentamiento dónde no lo hay y la polémica la crea quien quiere que exista. Aquí hay un clima muy bueno y nadie viene a reivindicar nada».

 

Entre el inmenso gentío de la Plaza de San Pedro, un grupo de cinco o seis mujeres enarbolan todas sus banderas de España, ya sea en la mano o a modo de lazo colgada de la chaqueta. Son de Vizcaya y «organizamos el viaje sin saber que teníamos una beata en el pueblo, creímos que debíamos estar aquí porque ellos no murieron con armas, ni con ideas políticas, sino por amor a Dios. De revanchismo, nada». La religiosa adoratriz Micaela Arriola Uranga es un motivo más de ilusión para este viaje «maravilloso, pero no sé hasta que punto los católicos españoles nos damos cuenta de lo importante que es esta beatificación».

 

El ambiente festivo de la Plaza de San Pedro tenía su réplica en todas las calles de Roma. En el Corso Vittorio Emanuele, una amplia representación de los doscientos jóvenes de la Juventud Misionera de los Legionarios de Cristo se dirigían al encuentro con los obispos. No han venido para estar junto a un mártir determinado, consideran que es «necesario hacerse presente aquí en este momento importante que atraviesa España», comenta con cierta seriedad uno de los sacerdotes que los acompaña.

 

Pero si ayer había un lugar español ese era la Plaza de España. La comunidad salesiana, con 520 peregrinos, tomó prácticamente por asalto las emblemáticas escalinatas que identifican esta plaza.

 

«Acto de fe»

 

Pero esta multitud añadía, quizás, más alegría a una mañana, en la que los familiares de los religiosos salesianos Virgilio y Francisco Edreira Mosquera, expresaban su satisfacción «porque los procesos de beatificación hayan terminado con buen fin». La familia Velasco Edreira afirmaba que se encontraban en Roma «con mucha ilusión. Venimos con espíritu de reconciliación, esto es un acto de fe». Una sobrina carnal de los mártires los recordaba de niño y afirmaba sentirse «muy orgullosa» de ellos.

 

Orgullosa y feliz también se sentía la alcaldesa de Castilfalé en León, Purificación del Valle, sobrina del carmelita descalzo Nazario del Valle. Ayer, en la Fontana de Trevi, junto a unos cuarenta peregrinos de una localidad de 95 habitantes, recordaba como en «casa de mi padre aprendí a vivir sin rencor y, sin rencor estamos hoy aquí». Precisamente, porque su padre no ha podido estar, ha venido con la «alegría de que la Iglesia reconozca el compromiso con la fe, con la palabra dada. Venimos en son de paz, de alegría y de reconciliación».

 

 

Saludo de Benedicto XVI a los fieles españoles

 

 Análisis Digital

 

Saludo con afecto a los fieles de lengua española. En particular, saludo a mis Hermanos Obispos de España, a los sacerdotes, religiosos, religiosas, seminaristas y fieles que habéis tenido el gozo de participar en la beatificación de un numeroso grupo de mártires del pasado siglo en vuestra Nación, así como a los que siguen esta oración mariana a través de la radio y la televisión. Damos gracias a Dios por el gran don de estos testigos heroicos de la fe que, movidos exclusivamente por su amor a Cristo, pagaron con su sangre su fidelidad a Él y a su Iglesia. Con su testimonio iluminan nuestro camino espiritual hacia la santidad, y nos alientan a entregar nuestras vidas como ofrenda de amor a Dios y a los hermanos. Al mismo tiempo, con sus palabras y gestos de perdón hacia sus perseguidores, nos impulsan a trabajar incansablemente por la misericordia, la reconciliación y la convivencia pacífica. Os invito de corazón a fortalecer cada día más la comunión eclesial, a ser testigos fieles del Evangelio en el mundo, sintiendo la dicha de ser miembros vivos de la Iglesia, verdadera esposa de Cristo. Pidamos a los nuevos

 

Beatos, por medio de la Virgen María, Reina de los Mártires, que intercedan por la Iglesia en España y en el mundo; que la fecundidad de su martirio produzca abundantes frutos de vida cristiana en los fieles y en las familias; que su sangre derramada sea semilla de santas y numerosas vocaciones sacerdotales, religiosas y misioneras. ¡Que Dios os bendiga! 

 

 

«Cada uno tiene derecho a cultivar su memoria» . Blázquez matiza que la Iglesia no quiere «reabrir heridas en absoluto»

 

LA RAZÓN

 

Perdón y reconciliación. El mensaje con el que la Iglesia española ha preparado la ceremonia con la que hoy beatificará a los 498 mártires de la persecución religiosa del siglo XX ha calado hondo en los treinta mil peregrinos que invaden las calles de Roma. Ante cualquier pregunta, incluso con las malintencionadas, su respuesta siempre tiene la misma dirección: recordar el ejemplo de los mártires que murieron perdonando a sus asesinos. En este ambiente, se desarrolló ayer la ceremonia de bienvenida en la basílica de San Pablo Extramuros, el primer acto oficial de esta beatificación. Poco antes de su inicio, el presidente de la Conferencia Episcopal Española (CEE) y obispo de Bilbao, Ricardo Blázquez, incidía también en este objetivo de reconciliación, en el curso de una improvisada rueda de prensa a las puertas de la basílica.

 

   Ante las preguntas de los periodistas, Blázquez desvinculó la beatificación de cualquier «planteamiento político», e incidió en que «no se trata de beatificar a los que murieron en un bando o en otro». El presidente de los obispos explicó que al conocer las historias concretas de los mártires que hoy serán beatificados, le había llamado la atención que antes de su muerte sus asesinos los pusieran «ante la alternativa de renegar de la fe y salvar la vida o profesar su adhesión a Jesucristo y entregar la vida». «Esta alternativa supera toda cuestión de carácter político», insistió.

 

   Blázquez aseguró que «cada grupo humano tiene derecho a cultivar su memoria», y entre ellos hizo referencia a «los partidos políticos, los sindicatos, las ideologías» y «también la Iglesia». «Nosotros tenemos derecho a cultivar la memoria de nuestra historia, pero no lo hacemos contra nadie, ni polémicamente», sino «en convivencia», especificó. Blázquez añadió que «comprende que otros quieran hacer algo parecido a lo que nosotros hacemos», pero explicó que la Iglesia no quiere «reabrir heridas en absoluto».

 

   Ceremonia «histórica». Con Blázquez coincidió ayer el ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, quien recordó -como ya hiciera la CEE- que la beatificación «no va contra nada ni contra nadie», sino que pretende «fomentar la reconciliación». Así lo señaló en la cena de honor que ofreció en la Embajada de España a los representantes de la curia vaticana y de la Iglesia española, donde destacó también la importancia de esta ceremonia «histórica», «no sólo para la comunidad de fieles, sino para la sociedad española en su conjunto».

 

   Blázquez negó también que la ceremonia sea una respuesta de la Iglesia a la Ley de Memoria Histórica, ya que los procesos se iniciaron hace décadas y el Papa firmó los decretos de beatificación el pasado verano. «La Ley de Memoria Histórica ha venido mucho más tarde, y que haya coincidido no depende de la Iglesia», aseguró. Sumándose al ambiente que estos días se respira en Roma, Blázquez condensó el significado del multitudinario acto que hoy se celebrará en recuerdo del «testimonio admirable» que dieron los mártires, que «murieron perdonando». Por esta razón, el ejemplo de los futuros beatos se convierte en «fermento» para «la convivencia, la paz, el respeto mutuo y la reconciliación entre todos», reiteró. Un testimonio de reconciliación que se puso de manifiesto más tarde cuando, en la ceremonia de acogida a los peregrinos, se leyeron las cartas que el futuro beato Bartolomé Blanco dirigió a sus familiares el día antes de ser asesinado, y que el pasado miércoles adelantó LA RAZÓN. «Perdón, perdón, perdón». Las palabras con las que el joven de 21 años pedía a sus familiares que perdonaran a quienes le iban a fusilar resonaron con una emotiva fuerza en la basílica de San Pablo. En el acto de ayer participó también el cardenal de Sevilla, Carlos Amigo, quien afirmó que «los mártires son patrimonio ejemplar de la Iglesia, murieron por su fe en el Dios que se había revelado en Jesucristo y por la libertad de conciencia de llevar la fidelidad a Jesucristo hasta las últimas consecuencias».

 

 

Moratinos califica de "histórica" la beatificación de los mártires españoles

 

Análisis Digital

 

Miguel Ángel Moratinos calificó ayer como “histórica” la beatificación de los mártires españoles en Roma, resaltando el hecho de que “nunca hasta ahora habían sido beatificadas tantas personas en una misma ceremonia”.

 

El ministro de Asuntos Exteriores y Cooperación, Miguel Ángel Moratinos, que encabeza la delegación española que asistirá hoy a la beatificación de los mártires españoles. calificó este hecho de histórico, asegurando que esta decisión “no va contra nada ni nadie”, sino que pretende “fomentar la reconciliación”.

 

Moratinos declaró, asimismo, durante un brindis ofrecido en el Palacio de España en Roma, que la relación existente en la actualidad entre el Estado español y la Santa Sede es "buena". El ministro quiso resaltar igualmente “el clima de confianza mutua, comunicación fluida y colaboración efectiva” que, según el representante español, reina entre ambas instituciones.

 

El ministro se refirió finalmente a la “Alianza de Civilizaciones” impulsada por las Naciones Unidas, y que, en sus propias palabras “refleja el compromiso de diálogo y dl respeto, la voluntad de concertación y de acercamiento y, en definitiva, la promoción internacional de la tolerancia mediante el enriquecimiento

 

 

El cardenal Rouco recuerda que “cualquier persona de buena voluntad es consciente de que los mártires son modelos de vida y de verdadera humanidad”

 

Análisis Digital

 

El cardenal Arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco Varela, presidió ayer una Eucaristía de bienvenida y preparación a la beatificación del los 498 mártires españoles, que se celebra hoy en la Plaza de San Pedro del Vaticano. Durante su homilía, el Arzobispo de Madrid, recordó que “los mártires son un gran don de Dios, son hijos de la Iglesia” ya que “han dado su vida por Cristo”.

 

Acompañado en la iglesia de San Lorenzo in Damaso por sus obispos auxiliares, Monseñores César Franco y Fidel Herráez, el deán de la catedral de Madrid, Antonio Astillero, miembros del cabildo catedral, vicarios, y medio centenar de sacerdotes de la archidiócesis de Madrid, el cardenal señaló que la Eucaristía que presidía era un acto de preparación en la que la presencia de los peregrinos asistentes tenía un valor vicario o de símbolo “de todos los peregrinos que el domingo se acercarán a la gran ceremonia de beatificación”.

 

Durante su homilía el cardenal subrayó el papel fundamental de todas aquellas personas que han contribuido a la beatificación de los 498 mártires españoles, entre los que se encuentran los distintos delegados de las causas de los santos y, en último término, el Santo Padre.

 

“Los mártires son, al mismo tiempo, modelos e intercesores para nosotros, los cristianos del año 2007. Madrid ha tramitado el número mayor de las causas, que son 176. Ellos son mártires para nuestra vida contemporánea y ellos se fiaron de Dios, como el mismo Abraham, como el mismo Isaac” aseveró.

 

Al mismo tiempo, el Arzobispo de Madrid, recordó el amor misericordioso que los mártires tuvieron con aquellos que acabaron con sus vidas, llegando a amar a sus enemigos y pedir por ellos. Fue entonces, cuando señaló que “cualquier persona de buena voluntad es consciente de que los mártires son modelos de vida y de verdadera humanidad”. “Por eso, si tenemos que hacer memoria, la más ejemplar es la de Dios” añadió.

 

Acompañado de más de 300 peregrinos, el cardenal también aludió a todos aquellos que ponen toda su confianza en los bienes y goces de este mundo, ya que “el que pone todo su ser en gozar de este mundo, fracasa, pero quien regala su vida a Dios, tiene éxito, como el mismo Señor nos dijo: El que pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará”. 

 

Finalmente, para cerrar su homilía, Monseñor Rouco Varela recordó los últimos momentos de muchos de los que mañana serán nuevos beatos de la Iglesia, cómo murieron perdonando, rezando el rosario o lanzando vivas a Cristo Rey. “Las vidas de los nuevos beatos fueron vidas marianas, llenas de un infinito amor a la Virgen”.

 

Cardenal Saraiva: “Los mártires nos dicen que todos estamos llamados a la santidad, todos, sin excepción”

 

VERITAS

 

El Prefecto de la Congregación para la Causa de los Santos, Cardenal José Saraiva Martins, ha resaltado que “los mártires se comportaron como buenos cristianos y, llegado el momento, no dudaron en ofrendar su vida de una vez, con el grito de “¡Viva Cristo Rey!” en los labios. A los hombres y a las mujeres de hoy nos dicen en voz muy alta que todos estamos llamados a la santidad, todos, sin excepción”. El cardenal ha pronunciado estas palabras durante la homilía de la Eucaristía celebrada con motivo del acto de beatificación de 498 mártires del siglo XX en España que ha tenido lugar hoy, 28 de octubre, en la Plaza de San Pedro del Vaticano.

 

El Rito de Beatificación comenzó con unas breves palabras del arzobispo de Madrid, cardenal Rouco Valera, con las que solicitaba al Papa Benedicto XVI que inscribiese en el número de los Beatos a los que van a ser beatificados.

 

Tras la intervención del cardenal Rouco, los obispos enumeraron la causa de Beatificación de cada una de sus diócesis por el orden que corresponde a la fecha de introducción de las Causas. Finalmente el Cardenal Saraiva Martins ha dado lectura a la Carta Apostólica del Papa Benedicto XVI de Beatificación.

 

Ya durante la homilía el cardenal Saraiva ha hecho hincapié en que “tal y como se expone en el Catecismo de la Iglesia Católica, el martirio es el supremo testimonio de la verdad de la fe” y apostilló que “en efecto, seguir a Jesús, significa seguirlo también en el dolor y aceptar las persecuciones por amor del Evangelio”.

 

El cardenal Saraiva ha recalcado la importancia de la coherencia de vida de los cristianos así como el deber de contribuir en la construcción del bien común. El purpurado exhortó a que los cristianos defendamos “nuestras convicciones sobre la dignidad de la persona, sobre la vida desde la concepción hasta la muerte natural, sobre la familia fundada en la unión matrimonial una e indisoluble entre un hombre y una mujer, sobre el derecho y sobre tantas otras cuestiones que surgen en la experiencia diaria de la sociedad en que vivimos".

 

El Papa afirma que los mártires “con su testimonio iluminan nuestro camino espiritual hacia la santidad" 

 

VERITAS

 

Los mártires “con su testimonio iluminan nuestro camino espiritual hacia la santidad, y nos alientan a entregar nuestras vidas como ofrenda de amor a Dios y a los hermanos”. El Papa Benedicto XVI, ha pronunciado estas palabras durante el rezo del Ángelus de, hoy domingo, 28 de octubre, en el que ha ofrecido un saludo especial a los españoles asistentes con motivo del Acto de Beatificación de 498 mártires del siglo XX en España.

 

El Papa ha afirmado que ”damos gracias a Dios por el gran don de estos testigos heroicos de la fe que, movidos exclusivamente por su amor a Cristo, pagaron con su sangre su fidelidad a Él y a su Iglesia”.

 

Benedicto XVI ha resaltado que el testimonio de estos mártires nos invita a “fortalecer cada día más la comunión eclesial, a ser testigos fieles del Evangelio en el mundo, sintiendo la dicha de ser miembros vivos de la Iglesia, verdadera esposa de Cristo”.

 

El Papa ha concluido su saludo a la Iglesia en España con una exhortación a que “pidamos a los nuevos Beatos, por medio de la Virgen María, Reina de los Mártires, que intercedan por la Iglesia en España y en el mundo; que la fecundidad de su martirio produzca abundantes frutos de vida cristiana en los fieles y en las familias; que su sangre derramada sea semilla de santas y numerosas vocaciones sacerdotales, religiosas y misioneras”.

 

 

Roma celebra la beatificación más numerosa de la historia. Los 498 mártires asesinados en España, «un mensaje de fe y de amor»

 

ZENIT

 

Cincuenta mil peregrinos participaron este domingo en la plaza de San Pedro del Vaticano en la beatificación más numerosa de la historia, protagonizada por 498 mártires asesinados durante la persecución religiosa que tuvo lugar en España durante los años treinta del siglo XX.

 

«El mensaje de los mártires es un mensaje de fe y de amor», afirmó en la homilía el cardenal José Saraiva Martins, prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, representante del Papa, en una radiante mañana de sol.

 

A diferencia de la nueva práctica introducida por Benedicto XVI, que subraya el carácter local de la beatificación, esta ceremonia ha tenido lugar en el Vaticano, como lugar de encuentro de las 15 diócesis implicadas en el proceso, como sede de las 23 causas. 

 

Por otra parte, los mártires proceden de casi todo el territorio español, así como de Cuba, Francia y México (en la plaza de San Pedro, había varios centenares de peregrinos de este país).

 

Varios centenares de los peregrinos presentes eran familiares de los mártires. La delegación oficial española estaba presidida por el ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, acompañado, entre otros, por representantes de siete comunidades autónomas.

 

Después de que el cardenal Antonio María Rouco Valera, arzobispo de Madrid, diócesis a la que pertenece el mayor número de mártires, pidiera al Papa su inscripción en el número de los beatos, el cardenal Saraiva Martins dio lectura a la carta apostólica de beatificación de Benedicto XVI. 

 

El documento anuncia que la fiesta de los nuevos beatos se celebrará anualmente el día 6 de noviembre. 

 

A las 10 y 20 minutos, entre las notas del «Chistus vincit», se desveló en la fachada de la basílica vaticana la imagen con los rostros de los 498 nuevos beatos y el logotipo oficial de la beatificación. 

 

«¿Qué mensaje transmiten los mártires a cada uno de nosotros aquí presentes?», se preguntó el cardenal Saraiva Martins. «Debemos examinarnos con valentía, y hacer propósitos concretos, para descubrir si esa fe y ese amor se manifiestan heroicamente en nuestra vida», respondió.

 

«Ser cristianos coherentes nos impone no inhibirnos ante el deber de contribuir al bien común y moldear la sociedad siempre según justicia», afirmó el purpurado portugués. 

 

Esto implica, añadió, defender «la dignidad de la persona», «la vida desde la concepción hasta la muerte natural», «la familia fundada en la unión matrimonial una e indisoluble entre un hombre y una mujer», «el derecho y deber primario de los padres en lo que se refiere a la educación de los hijos».

 

Con estos mártires, la Iglesia católica ya ha proclamado casi mil beatos (exactamente, 977, entre los cuales, 11 santos), martirizados durante la persecución religiosa que tuvo lugar en España en los años treinta del siglo pasado.

 

Según ha informado el secretario de la Conferencia Episcopal de ese país, el padre Juan Antonio Martínez Camino S.J., son todavía muchos los casos susceptibles de ser reconocidos en el futuro. De unos dos mil están ya en marcha los procesos. 

 

Según esta fuente, se podrían proponer hasta una decena de miles de mártires de ese período histórico en ese país.

  

 

"Beatos para el mundo de hoy". En fiesta de fe son beatificados 498 mártires españoles en Roma

 

ACI

 

El Cardenal José Saraiva Martins, Prefecto de la Congregación para la Causa de los Santos, calificó de “histórica” la beatificación más numerosa de la historia de la Iglesia, luego de proclamar beatos de la Iglesia  a 498 “mártires del Siglo XX en España”.