RESUMEN DE PRENSA

 

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Lunes, 29 de octubre de 2007

 

 

 

Beatificación de 498 mártires del siglo XX en España.

 

«Las raíces cristianas de Navarra»

 

Diario de Navarra

 

El arzobispo de Pamplona insiste en el «perdón», en «que el amor vence al odio» y en que el hecho de que entre los 498 mártires haya 16 navarros «expresa las raíces cristianas» de esta tierra.

 

el amor vence al odio, y el perdón se une a la misericordia, tal es el pacto de misericordia que proclaman estos beatos. Es lo que siento. Que entre los 498 haya 16 navarros expresa las raíces cristianas que hay en Navarra», explicaba el arzobispo de Pamplona, Francisco Pérez, en Roma, sin estar ajeno a la polémica suscitada desde sectores críticos con estas beatificaciones.

 

Ayer en la plaza de San Pedro estaba claro cuál era el sentir generalizado con el reconocimiento a la sangre derramada por estos mártires beatificados, pese a la presencia absolutamente minoritaria pero ruidosa de símbolos de carácter político ajenos a la ceremonia religiosa. «¿Estaría bien que la Iglesia no pudiera beatificar a sus mártires, algo que viene haciendo desde el siglo primero. Además, todos ellos murieron pidiendo perdón para sus verdugos», explicaba José Luis Mena Irigaray, arguedano que lleva dos parroquias en Albacete.

 

Jesús Ustardoy Ciordia, de Pamplona, sabía la polémica que se «iba a levantar. La otra parte no quiere reconocer los desastres que hicieron, y que parezca que sólo fue una la que los hizo». «Hay que buscar el origen de todo esto», concluía.

 

En este sentido, Carmelo Ortigosa, párroco de Ermitagaña, precisaba: «Es importante que a los que tuvieron la valentía de morir fieles a su fe y especialmente a su sacerdocio, nosotros les recordemos con alegría».

 

«Amor y perdón»

 

Está claro que ayer en Roma sólo unos pocos buscaban algo más que la ceremonia puramente religiosa. Se trataba de vibrar con una realidad puramente religiosa. No obstante, Jesús Ataun, de Lorca, tampoco era ajeno a la polémica montada. «No intento entrar en política», decía. «Incluso, voy un poquico al otro lado. Pero considero que hay motivos suficientes para hacer estas beatificaciones. Lo que sucedió ahí está. Probablemente también lo merecieran personas del otro lado. Pero cada uno, en este caso la Iglesia, tiene lo suyo», precisaba.

 

Por su parte, el arzobispo de Pamplona quería zanjar la polémica: «Esto se ha hecho muchas veces en la Iglesia, yo he asistido a muchas. Es una forma de exaltar la vida que Cristo da a aquél que ama. Así lo definiría».

 

Para Monseñor Francisco Pérez González, la cosa está muy clara: «Estas beatificaciones son una expresión de aquello que la Iglesia exalta para manifestar que el amor y el perdón es lo más digno que debe tener el corazón humano. Al mismo tiempo, hay que proclamar que esto es importante y el que se recree siempre tiene la fraternidad como fin, cuando hay amor».

 

  

«Se te pone la carne de gallina». Los navarros, que partieron de sus hoteles a las siete de la mañana, vivieron la ceremonia «con devoción y reconocimiento» a los mártires

 

Diario de Navarra

 

AHORA hay 40.000 personas, pero al momento del Ángelus serán 100.000 en la plaza» aseguraba un carabinieri desde la terraza de la columnata de Bernini. Acertó de pleno. La ceremonia de beatificación, aun perteneciendo a la Iglesia universal, fue un acto para los 30.000 españoles -incluidos los más de doscientos navarros- venidos a Roma para participar en ella. Entre tanto, Roma en general y el Vaticano en particular, seguían su ritmo habitual de vida.

 

Como dato significativo, a la hora del comienzo de la ceremonia en la plaza vaticana, la cola para entrar a los Museos Vaticanos llegaba, al igual que el sábado, hasta la misma puerta de Santa Ana, con la diferencia de que ayer último domingo de mes la entrada es gratuita y la cola más espesa, de casi 20.000 personas. Pero enfrente de la imponente fachada de San Pedro, en el mundo no había nada más para los alrededor de 40.000 fieles allí reunidos. En cambio, el taxista que operaba en la plaza preguntaba qué había ocurrido allí.

 

Curiosamente, en el Pontificado de Benedicto XVI ha subido un veinte por ciento el turismo religioso en Roma, sobre todo gracias a los germanos, y especialmente los fines de semana. En ellos, la cifra de personas -a cualquier hora del día- ha pasado de 25.000 a entre 35.000 y 40.000 personas.

 

Sin el Gobierno de Navarra

 

En cuanto a la representación de autoridades, encabezada por el Ministro español de Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, y el embajador ante el Vaticano Francisco Vázquez, cabe destacar a otros dos altos cargos gubernamentales, una docena de representantes de Comunidades Autónomas -ninguno de la Comunidad foral de Navarra-, nueve representantes de partidos políticos y grupos parlamentarios -entre ellos Jaime Ignacio del Burgo con su señora, Blanca Azpíroz-, y medio centenar de representantes municipales.

 

Además, 71 obispos, entre ellos el arzobispo de Pamplona, concelebraron, y también lo hicieron, entre un millar de sacerdotes, los navarros Carmelo Ortigosa, Óscar Azcona, Jairo Díaz, Pedro José Hernández, Francisco José Silanes, y el dominico Esteban Urriza.

 

No fue por tanto un día de aglomeraciones. Pese a los lógicos temores que animaron a los navarros a partir a las siete de la mañana, hora en que saliron de los hoteles en los que se alojaban, la entrada en los lugares acotados para la ceremonia resultó muy fluida, Aunque hubo que esperar al comienzo, la excelente temperatura soleada ayudó a ello. Los navarros se situaron, grosso modo, en dos zonas: en el primer cuadrante a la izquierda del altar, los maristas; la expedición diocesana lo hacía en el segundo de la derecha.

 

Después, la ceremonia oficiada por el cardenal José Saraiva Martins, prefecto de la Congregación para la Causa de los Santos, siguió la pauta en este tipo de ceremonias, y levantó aplausos en dos ocasiones: la primera cuando terminó de enunciar la resumida nómina de 498 mártires y, después, al término de la homilía al señalar que la fiesta de los nuevos mártires será el 6 de noviembre.

 

Emoción contenida

 

Durante la ceremonia, y dada la " controlable" cifra de asistentes, todo funcionó a la perfección. A modo de ejemplo, toda persona que quiso ir al water pudo hacerlo con toda la comodidad del mundo, como en un día cualquiera. No obstante, por encima de los detalles materiales de la ceremonia, las emociones iban por dentro. Como expresaba José Mari Ataun, de Lorca, «después de un acto así tienes una emoción contenida, pero estás radiante». «Tenía interés en conocer Italia y ha sido una buena ocasión. He hecho una peregrinación», añadió. «Nunca había asistido a una beatificación, ni había estado en Roma. Se pone la carne de gallina», añadía su hermano Jesús. En semejantes términos se manifestaba Jesús Ustardoy Ciordia, de Pamplona, «mitad romero y mitad turista», que quiso estar «por devoción y reconocimiento a los mártires».

 

Más expresivo resultó Carmelo de Santiago, que se apuntó a la expedición navarra desde Calahorra. «Muy bien, me encuentro satisfecho y muy emocionado. Estoy aquí con mi tío mártir, y con todos los demás, por cómo vivieron y lo mucho que sufrieron». Conchita Galbete Agudo era más efusiva: «Una mañana emocionantísima, al ver cómo tantos paisanos nuestros han subido a los altares después de haber dado la vida por Cristo. Impresionante». «Siento emoción de pensar que están en los altares 498 españoles y que yo lo he visto», añadía su hermana Carmen.

 

«Una maravilla, beatificamos a todos nuestros santos, y especialmente nosotros a los navarros» concluía su amiga Josefina Rodríguez de Azcárate. «Increíble haber podido estar aquí», concluía Francisco Javier Lacunza, navarro argentino, llegado desde el otro lado del Pacífico.

 

 

La Iglesia lleva a los altares a 498 mártires del 36. El Papa llama a la reconciliación en La beatificación más numerosa de la historia 

 

Diario de Noticias

 

Unas 40.000 personas asisten al acto y el Gobierno eleva el nivel de su delegación oficial para desligarlo de la Ley de Memoria 

 

Un total de 498 españoles, asesinados en 1934 y 1936-39 (durante la Segunda República y la Guerra Civil), "mártires del siglo XX", fueron beatificados ayer en nombre del Papa, quien dijo que con sus "gestos de perdón hacia sus perseguidores impulsan a trabajar por la reconciliación y la convivencia pacífica".

 

"Con su testimonio iluminan nuestro camino espiritual hacia la santidad, y nos alientan a entregar nuestras vidas como ofrenda de amor a Dios y a los hermanos. Con sus palabras y gestos de perdón hacia sus perseguidores, nos impulsan a trabajar incansablemente por la misericordia, la reconciliación y la convivencia pacífica", afirmó Benedicto XVI tras la ceremonia, que no presidió.

 

Tras ser elegido Papa, Joseph Ratzinger retomó la tradición de los pontífices de no presidir beatificaciones, pero sí las canonizaciones. La Iglesia reserva al beato el culto local, mientras que al santo el culto universal.

 

El Papa advirtió que, además del de la sangre, "existe otro tipo de martirio incruento, que no es menos significativo" y que es el llamado "martirio de la vida ordinaria", especialmente presente hoy en día, en que los cristianos deben hacer frente cotidianamente a una sociedad "secularizada".

 

Los 498 "mártires del Siglo XX en España", según la denominación dada por la Iglesia, fueron proclamados beatos en la ceremonia de beatificación más multitudinaria de la historia de la Iglesia, celebrada en la plaza de San Pedro del Vaticano, a las que asistieron unos 40.000 españoles, según fuentes vaticanas, entre ellos 2.500 familiares.

 

toque de atención a zapatero El cardenal José Saraiva Martins, prefecto de la Congregación para la Causa de los Santos, que los beatificó en nombre del Papa, exhortó en la homilía a los cristianos españoles a defender la vida desde la concepción hasta la muerte natural y la familia basada en el matrimonio entre un hombre y una mujer, lo que fue interpretado por fuentes del PP como un toque de atención a la política social del Gobierno.

 

Saraiva resaltó que los 498 -entre los que se incluyen a dos mexicanos, un cubano y dos franceses- "derramaron su sangre por la fe durante la persecución religiosa en España", que el más joven tenía 16 años y el mayor 71 y que antes de morir "perdonaron a quienes les perseguían y rezaron por ellos".

 

Saraiva Martins leyó en español la Carta Apostólica con la que el Papa los ha inscrito en el libro de los beatos, así como el ritual de la proclamación, que normalmente se hace en latín. Los nuevos beatos fueron proclamados en medio de los aplausos y ondear de banderas españolas y el sonido de música sacra. Un tapiz de gran tamaño con la foto de todos los beatos, sobre las que está el logotipo de la beatificación, que tiene en el centro una cruz roja, fue descubierto en el balcón de la logia central de la basílica vaticana.

 

Ponentes de PSOE y PP A la ceremonia asistió una delegación oficial española encabezada por el ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, entre la que se encontra el diputado socialista Juan Andrés Torres Mora -ponente de este partido para el proyecto de Ley de la Memoria Histórica y sobrino-nieto de uno de los mártires beatificados-. También entre los ocho parlamentarios del PP que acudieron al acto estaba el ponente popular en la citada Ley, Jorge Fernández Díaz.

 

El Gobierno trató de desligar la beatificación de la aprobación de la citada ley y evitar, asimismo, el protagonismo del PP dando a su representación en el Vaticano una carácter institucional, con la presencia del titular de Exteriores. De acuerdo con las normas protocolarias la representación española podría haber corrido a cargo de un secretario de Estado y de hecho, Felipe González, siempre rebajó durante su mandato el nivel de la representación en estas ceremonias, con enfado de Roma.

 

Según datos de la Iglesia, los mártires de los años 1934 y 1936-39 pueden ser unos diez mil y están ya en marcha otros 2.000 procesos de beatificación. Además, con la ceremonia de ayer, el actual Pontífice ha beatificado de una vez a más mártires españoles que Juan Pablo II durante los 27 años de su Pontificado. Karol Wojtyla beatificó a 479 mártires entre 1978 y 2005, según los datos del Vaticano, de los que 11 fueron proclamados santos. En total, la Iglesia ya ha beatificado a 977. >efe

 

El tormento de 16 navarros

 

De los nuevos beatos 16 eran navarros: la carmelita de la Caridad Apolonia Lizarraga y Ochoa de Zabalegui, de Lezáun (serrada viva y sus restos arrojados a los cerdos); los dominicos Bernardino Irurzun Otermin, de Egiarreta y José María García Tabar, de Lumbier (ambos arrojados al mar atados de pies y manos en la bahía de Santander); e Higinio Roldán Iriberri, de Ollogoyen. Asimismo, fueron beatificadas las adoratrices esclavas del Santísimo Sacramento y Caridad Emilia Echeverría Fernández, de Dicastillo; y Juana Francisca Pérez de Labeaga García, de Desojo (con 72 años, la más anciana). Otros nuevos beatos son los maristas Trifón Nicasio Lacunza Unzu, de Ciriza (salvó a 117 estudiantes tras pagar a la FAI); Fermín Latienda Azpilicueta, de Iruñela; Félix Ayúcar Eraso y su hermano Feliciano, de Estella; Serafín Zugaldía Lacruz, de Egüés; Florentino Redondo Insausti, de Cárcar; Lucio Zudaire Aramendía, de Echávarri; Ismael Nicolás Ran Goñi, de Cirauqui; y Pedro Ciordia Hernández, de Cárcar; y por último el salesiano Juan Larragueta Garay, nacido en Arrieta.

 

 

Una beatificación histórica . España cuenta ya con 498 nuevos beatos . El cardenal Saraiva destaca el «mensaje de fe y amor» de los mártires en el acto de beatificación

 

LA RAZÓN

 

España cuenta desde ayer con 498 nuevos beatos, asesinados por no renunciar a su fe. La ceremonia fue presidida por el cardenal José Saraiva Martins, prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, quien destacó el mensaje de «fe y de amor» de estos mártires de la persecución religiosa en nuestro país. El cardenal Saraiva, delegado del Papa para esta celebración, tampoco dejó pasar la oportunidad de pedir a los católicos que, «en un diálogo informado por la caridad», muestren sus convicciones en cuestiones como el aborto, la eutanasia, el matrimonio y la familia y la educación. Aspectos que a lo largo de la actual legislatura han supuesto un enfrentamiento entre la Iglesia católica y el Gobierno socialista.

 

   En contra de los augurios de quienes habían intentado levantar una polémica con esta celebración, la beatificación discurrió con absoluta normalidad. La esencia de la ceremonia respondió al mensaje que la Iglesia española ha intentado transmitir durante todo el periodo de preparación. Se trataba de exaltar a 498 católicos que «manifestaron hasta el martirio su amor a Jesucristo, su fidelidad a la Iglesia católica y su intercesión ante Dios por el mundo», destacó Saraiva al inicio de su homilía, quien recordó que todos «antes de morir perdonaron a quienes los perseguían».

 

   A partir de su comentario a los pasajes de la carta de Pablo a Timoteo que se leía ayer en la liturgia de la Palabra («He combatido bien mi batalla, he corrido hasta la meta, he mantenido la fe»), el cardenal Saraiva intentó acercar el ejemplo de los mártires a la actualidad. «Vivimos en una época en la cual la verdadera identidad de los cristianos está constantemente amenazada y esto significa que ellos o son mártires o tienen que adaptarse», dijo el purpurado.

 

   En este sentido también recordó un texto en el que Juan Pablo II reivindica la importancia que tiene para la Iglesia la memoria de sus mártires. «Si se perdiera la memoria de los cristianos que han entregado su vida por confesar su fe, el tiempo presente perdería una de sus características más valiosas, ya que los grandes valores humanos y religiosos dejarían de estar corroborados por un testimonio concreto inscrito en la historia», explicó Saraiva con palabras del anterior Pontífice.

 

   «Cristianos coherentes»

   La parte de la homilía que recibió un mayor respaldo del público a través de los aplausos fue cuando el cardenal Saraiva explicó que el mensaje de los mártires, de fe y amor, también debe manifestarse «heroicamente en nuestra vida». Una heroicidad que requiere «cristianos coherentes» que no deben inhibirse en su «deber de contribuir al bien común y moldear la sociedad siempre según la justicia, defendiendo -en un diálogo informado por la caridad- nuestras convicciones».

 

   En la misma línea de pensamiento que Benedicto XVI, quien en la «Sacramentum Caritatis» recordaba a políticos católicos que existen una serie de «valores innegociables», el cardenal destacó una serie de problemáticas ante las que los católicos deben mantener una posición firme y clara. De forma especial hizo hincapié en las convicciones «sobre la dignidad de la persona, sobre la vida desde su concepción hasta su muerte natural, sobre la familia fundada en la unión matrimonial una e indisoluble entre un hombre y una mujer, sobre el derecho y deber primarios de los padres en lo que se refiere a la educación de los hijos». Precisamente son los puntos en que las diferencias entre el Ejecutivo socialista y la Conferencia Episcopal han sido más significativas durante la actual legislatura.

 

   Los cardenales y obispos españoles tuvieron un especial protagonismo en la ceremonia. El cardenal arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco, a cuya diócesis pertenecen el mayor numero de mártires fue el encargado de pedir oficialmente la beatificación. El ministro de Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, como representante del Gobierno encabezó la delegación oficial, acompañado por el embajador de España cerca de la Santa Sede, Francisco Vázquez.

  

Más de 550 beatos en sólo dos años 

 

En sólo dos años y medio de pontificado, Benedicto XVI ya ha proclamado catorce santos y 559 beatos, incluidos los 498 que subieron ayer a los altares en la que fue la ceremonia más numerosa de la historia de la Iglesia católica. De hecho, el actual Pontífice ha superado de una sola vez el número de mártires españoles beatificados por Juan Pablo II en sus 26 años de papado. El antecesor de Benedicto XVI beatificó a 479 mártires españoles entre 1978 y 2005, según los datos del Vaticano, de los que once fueron posteriormente proclamados santos. Por su parte, ayer se subió a los altares a 494 mártires españoles, ya que los otros cuatro-hasta formar la cifra total de 498- no nacieron en nuestro país: dos eran mexicanos, uno francés y otro cubano. De las 39 ceremonias de beatificación que se han celebrado en estos dos años y medio, doce han tenido lugar en Italia y otras 19 en las diócesis de origen de otras partes del mundo donde vivieron los respectivos Siervos de Dios.

 

Desde los cuatro puntos cardinales 

 

Con toda propiedad se puede decir que la beatificación de ayer fue una fiesta para toda la Iglesia de España. Casi todas diócesis españolas estaban relacionadas con alguno de los 498 mártires, bien por ser su lugar de nacimiento, por el de su muerte, o por haber desarrollado allí su labor pastoral. Cinco de las veintitrés causas se abrieron en Barcelona, cuatro en Toledo, dos en Oviedo, dos en Madrid, y una en las diócesis de Burgos, Cartagena, Ciudad Real, Cuenca, Gerona y Santander. Las otras cuatro causas se llevaron a cabo de forma conjunta entre varias diócesis. Del mismo modo también estaban representadas buena parte de las órdenes religiosas. Los Agustinos son la congregación con más mártires, seguidos de los Dominicos, Salesianos, Hermanos de La Salle, Maristas, Carmelitas Descalzos, Franciscanos, Adoratrices, Orden del Carmen, Trinitarios y Trinitarias, Dominicas, Sagrados Corazones, Marianistas, Carmelitas Misioneras, Misioneras del Corazón del Corazón de María, Hijas de la Misericordia, Vedrunas, además de dos obispos, varios seminaristas y diáconos y siete laicos. En definitiva, no hay rincón de España que no esté afectado de alguna manera por esta gran beatificación.

 

 

Un mar de emoción y recuerdos en San Pedro

 

ABC

 

 Nunca pudo imaginar Ana Caldés, sobrina de los ya beatos hermanos de La Salle, Valeriano Luis y Eliseo Vicente de Benicarló, que la razón por la que lloraba su madre hace ya setenta años, «porque han matado a mis hermanitos», se convertiría, mucho tiempo después, en el motivo principal para celebrar en Roma estas muertes prematuras.

La Plaza de San Pedro de Roma estaba ayer llena de emotivas historias familiares, de recuerdos difuminados en el tiempo, de retazos de la memoria, que ayer se hicieron más presentes que nunca, y que muchos, con lágrimas en los ojos, narraban sin apenas poder articular palabra. «Recuerdo cuando mi madre lloraba y yo le preguntaba ¿por qué lloras tanto?, y ella me decía: porque han matado a mis hermanitos». Lo contaba Ana Caldés minutos antes de la ceremonia de beatificación de los 498 mártires españoles, reivindicando la dignidad de sus familiares, pero admitiendo que esta ceremonia es la del «perdón y de la reconciliación porque nos va a hacer renovar la fe a todos los cristianos». A Ana difícilmente se le puede contener en el relato de su historia, quiere que se sepa más y como ejemplo de ese perdón que está dispuesta a practicar desvela que «la mujer del hombre que denunció a mis tíos vino un día a mi casa llorando, y le pidió a mi padre que lo sacaran de la cárcel», y lo sacó.

 

Respetuoso silencio

Como Ana, otros muchos iban con su historia dentro, accedían a la plaza de San Pedro y se situaban en las cuarenta mil sillas que se desplegaron, todas ellas cubiertas por familiares, amigos y seguidores de los mártires. Además, muchos peregrinos se quedaron en pie en los laterales. En total, unos cincuenta mil en esta soleada mañana festiva en Roma.

 

Desde antes de las ocho de la mañana, la plaza de San Pedro estaba rodeada de un cinturón humano que abrazaba las emblemáticas columnatas de Bernini que identifican el lugar. Miles de españoles madrugaron para tener el mejor sitio y se apostaron frente a las numerosas puertas de acceso para poder conseguir la mejor visión de la ceremonia.

Los autobuses llenos de peregrinos se asomaban por cualquiera de las vías cercanas a la Basílica provocando larguísimas colas que sólo el eficaz servicio de seguridad del Vaticano permitió que se disolvieran con agilidad. La espera permitió a los más jóvenes amenizarla con cánticos y gritos de «¡Viva España!» y «¡Viva el Papa!».

 

Junto a los pañuelitos identificativos de la congregación o del mártir que venían a beatificar, los peregrinos españoles trajeron a Roma, de forma masiva, la enseña nacional, junto a otras de las distintas comunidades autónomas. Pero de poco sirvieron en la ceremonia, ya que, instantes antes de su inicio, desde megafonía se instó a la gente a que no las exhibieran, sino que se recogieran, por un sólo motivo: permitir la visión. Nadie protestó por la recomendación, aún más, hubo aplausos, y sólo volvieron a ondearse al finalizar la Eucaristía.

 

El cumplimiento estricto de las recomendaciones y el silencio fueron las notas dominantes de la ceremonia. Hubo menos manifestaciones de júbilo que en otras beatificaciones y más recogimiento por parte de los presentes. Algunos rezaban y otros, como Milagros González Pacheco, sobrina del mártir Félix González Busto, lloraba recordando a su familiar: «Mi padre siempre dijo que era un santo y esto es muy emocionante para mí».

 

Un modelo de comportamiento cívico que echó por tierra el argumento de quienes sostenían que las beatificaciones iban a constituir un acto de revancha de una parte de España contra la otra. No hubo ninguna salida de tono, ningún mal gesto y, como decía Carmen Gómez de Pablo, sobrina de fray Félix de la Virgen del Carmen, que «nadie pretenda ver otra cosa que un reconocimiento de sus vidas».

 

El recuerdo de Juan Pablo II

Aunque en la Plaza de San Pedro ya hacía calor antes de las ocho de la mañana, la masiva presencia de peregrinos había hecho subir unos grados más la temperatura humana del lugar, el sol empezó a hacerse fuerte a medida que avanzaba la ceremonia. Como prólogo de la misma, se recordaron unas palabras de Juan Pablo II sobre el perdón y la reconciliación, con motivo de una de las numerosas ceremonias de beatificación que presidió: «Debemos estar dispuestos a defender a Cristo delante de los hombres», pidiendo «perdón, paz, concordia y mutuo respeto». Sonaron así los primeros aplausos de la jornada, que no volvieron a repetirse hasta que se produjo el momento de la beatificación.

 

«Esto ha sido el no va más, ha sido una ceremonia emocionante y bonita», comenta un familiar del beato Lucio Zudaire,mientras abandonaba la Plaza de San Pedro. Su peregrinación estaba a punto de finalizar, pero este día ha sido para muchos una «catequesis ocasional de cómo los cristianos tenemos que perdonar», dice María del Carmen Gómez de Pablo, sobrina del beato fray Félix de la Virgen del Carmen.

Felices de saber que el sacrificio de los suyos no fue en vano, los peregrinos españoles abandonaban el Vaticano no sin recordar que «este es el momento oportuno para su beatificación, ahora, cuando dicen que la fe no sirve para nada. Esto no es revanchismo, que nadie pretenda ver otra cosa que reconocer sus vidas».

 

«Nos impulsan a trabajar por la reconciliación y la convivencia»

 

ABC

 

Visiblemente conmovido por el entusiasmo de los peregrinos españoles, Benedicto XVI manifestó ayer que los 498 mártires «nos impulsan, con sus palabras y los gestos de perdón hacia sus perseguidores, a trabajar incansablemente por la misericordia, la reconciliación y la convivencia pacifica». El Papa repitió «muchas gracias» en varias ocasiones y se despidió de los peregrinos españoles con un vigoroso «¡Que Dios os bendiga!». La fiesta de los nuevos beatos es el 6 de noviembre.

 

Ni el Papa ni el cardenal José Saraiva Martins, que presidió la misa de Beatificación, se refirieron en ningún momento a la Guerra Civil, la República o al mínimo esbozo de política sino a «los mártires del siglo XX», un período de extrema violencia que se cerró con el mayor número de mártires en la historia del cristianismo.

 

La delegación del Gobierno, presidida por el ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, incluyó al embajador de España ante la Santa Sede, Francisco Vázquez; el subsecretario de Asuntos Exteriores, Luis Calvo, y la directora general de Asuntos Religiosos, Mercedes Rico Godoy. Asistieron además representantes de siete Comunidades Autónomas y numerosos municipios.

 

El Parlamento estuvo representado por un diputado socialista -Juan Andrés Torres Mora, ponente de la Ley de Memoria Histórica y sobrino nieto de uno de los mártires, Juan Duarte, un diácono malagueño de 24 años que fue rociado con gasolina y quemado vivo-, y ocho parlamentarios del PP presididos por Jorge Fernández Díaz.

 

La Beatificación de ayer, bajo un sol brillante y un cielo azul intenso, fue la más numerosa que jamás ha celebrado la Iglesia católica. En sus primeras palabras desde su ventana, Benedicto XVI subrayó que «un número tan elevado de mártires demuestra que el testimonio supremo de la sangre no es una excepción reservada solamente a algunos individuos sino una posibilidad realista para todo el pueblo cristiano».

 

Dirigiéndose en castellano a los peregrinos, el Papa afirmó que los 498 mártires «iluminan con su testimonio nuestro camino a la santidad y nos alientan a entregar nuestras vidas como ofrenda de amor a Dios y a los hermanos». Implorando ya su ayuda, el Santo Padre invitó a pedir «que intercedan por la Iglesia en España y en el mundo; que la fecundidad de su martirio produzca abundantes frutos de vida cristiana en los fieles y en las familias». La plaza de San Pedro desbordaba de júbilo, después de los momentos de emoción durante la Eucaristía.

 

Defender la vida humana

Al comienzo de la ceremonia, el cardenal Antonio María Rouco Varela pidió la declaración de beatos para los 498 mártires, algunos de cuyos nombres fueron leídos por los obispos de las diócesis en que se pusieron en marcha los 23 procesos de beatificación. La misa fue concelebrada por 71 obispos españoles así como los superiores generales de las diversas órdenes religiosas a las que pertenecían 462 de los 498 mártires.

 

En su homilía, el cardenal Saraiva Martins, prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, mencionó que «entre los mártires hay obispos, sacerdotes, religiosos, religiosas y fieles laicos, mujeres y hombres. Tres de ellos tenían 16 años y el mayor 78 años».

 

El delegado del Papa concluyó con un mensaje muy específico para los fieles españoles: «Ser cristianos coherentes exige contribuir al bien común y moldear la sociedad siempre según justicia». Ese objetivo se traduce, en la práctica, en defender «la dignidad de la persona, la vida humana desde la concepción hasta la muerte natural, la familia fundada en la unión matrimonial una e indisoluble entre un hombre y una mujer, el derecho y deber primario de los padres en la educación de los hijos, y tantas otras cuestiones que surgen en la sociedad en que vivimos».

 

 

El secretario de la CEE considera un “éxito” la Beatificación y destaca la “profunda religiosidad” de los asistentes

 

(VERITAS)

 

 El secretario general de la Conferencia Episcopal Española (CEE), padre Juan Antonio Martínez Camino, compareció hoy, lunes 29 de octubre, en una rueda de prensa celebrada en la Sala Stampa de la Santa Sede, para hacer balance de la ceremonia de Beatificación de los 498 mártires de la persecución religiosa del siglo XX en España.

 

Para Martínez Camino la ceremonia ha sido un “éxito” y destacó la “gran piedad y profunda religiosidad” de los asistentes. Según el secretario de la CEE la Beatificación servirá para “revitalizar la fe e impulsar la paz y la reconciliación”.

 

Según destacó el portavoz, el evento constituye un “patrimonio de futuro para la sociedad española en su conjunto”, al tiempo que consideró que su significado “no se ha puesto todavía en valor”.

 

Asimismo valoró la presencia del ministro de Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, en representación del Gobierno español, una presencia que calificó de “muy cualificada, tal y como correspondía a una ceremonia tan extraordinaria”.

 

Durante la rueda de prensa también participó la directora de la Oficina para la Causa de los Santos, María Encarnación González, y el director de la Sala de prensa del Vaticano, Federico Lombardi, que expresó el “gran aprecio” que habían querido mostrar el Santo Padre, Benedicto XVI y el secretario de Estado, cardenal Tarcisio Bertone, ante la numerosa participación de la “casi totalidad de los obispos españoles”. Según Lombardi, el Santo Padre estaba “muy impresionado”.

 

 

50.000 peregrinos asistieron a la Beatificación en Roma de los 498 mártires del siglo XX en España

 

(VERITAS)

 

 La Oficina de Prensa de la Conferencia Episcopal Española (CEE) dio a conocer hoy algunos datos de la Beatificación de 498 mártires del siglo XX en España que tuvo lugar ayer, domingo 28 de octubre en Roma, que hablan del interés que esta celebración religiosa suscitó en la Iglesia, especialmente en la que peregrina en España.

 

Algunos de los datos ya conocidos son que a la ceremonia de Beatificaicón –que presidió el cardenal José Saraiva, prefecto de la Congregación para la Causa de los Santos– asistieron 71 obispos españoles; 1.300 sacerdotes concelebrantes; 2.500 familiares de los beatos; y aproximadamente 50.000 peregrinos (35.000 sillas habilitadas), más de 30.000 desplazados desde España en algún tipo de viaje organizado.

 

Otros números hablan del interés que despertó la Beatificación: casi 60.000 visitas al especial sobre las Beatificaciones realizado para la página web de la CEE (30.000 de ellas entre el sábado 27 y el domingo 28 de octubre) y 534.000 telespectadores siguiendo en directo la Ceremonia de Beatificación, según datos oficiales de SOFRES para Televisión Española.

 

Del libro “Quiénes son y de dónde vienen. 498 mártires del siglo XX en España” se han vendido hasta el momento 8.000 ejemplares. La segunda edición está ya en las librerías.

 

 

El cardenal Bertone afirma que “para comprender el sentido cristiano del martirio, debemos dejar que hablen los propios mártires”

 

 (VERITAS)

 

El secretario del Estado Vaticano, cardenal Tarscio Bertone, presidió esta mañana en la Basílica de San Pedro, la Misa de Acción de Gracias por los 498 mártires del siglo XX en España, que fueron beatificados ayer, domingo 28 de octubre, en la Plaza de San Pedro del Vaticano. Al comienzo de la Santa Misa, el arzobispo de Toledo, cardenal Antonio Cañizares, dirigió un saludo y palabras de agradecimiento al Santo Padre por los nuevos beatos.

 

El cardenal Bertone dijo durante la homilía (puede leerse íntegra en la sección ”Documentos” de Veritas), que la vida de los mártires se ha convertido “para nosotros, y para el pueblo de Dios que peregrina en España y en otros países, en un potente foco de luz y en una apremiante invitación a vivir el Evangelio radicalmente y con sencillez, dando testimonio público y valiente de la fe que profesamos”.

 

“Para comprender mejor el verdadero sentido cristiano del martirio debemos, pues, dejar que hablen los propios mártires. Ellos, con su ejemplo, nos han confiado un testamento que a veces no nos atrevemos a abrir. En cambio, si les prestamos atención, sus vidas nos hablarán sin duda de fe, de fortaleza, de generosa valentía y de ardiente caridad, frente a una cultura que trata de apartar o menospreciar los valores morales y humanos que nos enseña el propio Evangelio”, afirmó.