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Beatificación de 498 mártires
del siglo XX en España.
«Las raíces cristianas de Navarra»
Diario de Navarra
El
arzobispo de Pamplona insiste en el «perdón», en «que el
amor vence al odio» y en que el hecho de que entre los
498 mártires haya 16 navarros «expresa las raíces
cristianas» de esta tierra.
el
amor vence al odio, y el perdón se une a la
misericordia, tal es el pacto de misericordia que
proclaman estos beatos. Es lo que siento. Que entre los
498 haya 16 navarros expresa las raíces cristianas que
hay en Navarra», explicaba el arzobispo de Pamplona,
Francisco Pérez, en Roma, sin estar ajeno a la polémica
suscitada desde sectores críticos con estas
beatificaciones.
Ayer
en la plaza de San Pedro estaba claro cuál era el sentir
generalizado con el reconocimiento a la sangre derramada
por estos mártires beatificados, pese a la presencia
absolutamente minoritaria pero ruidosa de símbolos de
carácter político ajenos a la ceremonia religiosa.
«¿Estaría bien que la Iglesia no pudiera beatificar a
sus mártires, algo que viene haciendo desde el siglo
primero. Además, todos ellos murieron pidiendo perdón
para sus verdugos», explicaba José Luis Mena Irigaray,
arguedano que lleva dos parroquias en Albacete.
Jesús
Ustardoy Ciordia, de Pamplona, sabía la polémica que se
«iba a levantar. La otra parte no quiere reconocer los
desastres que hicieron, y que parezca que sólo fue una
la que los hizo». «Hay que buscar el origen de todo
esto», concluía.
En
este sentido, Carmelo Ortigosa, párroco de Ermitagaña,
precisaba: «Es importante que a los que tuvieron la
valentía de morir fieles a su fe y especialmente a su
sacerdocio, nosotros les recordemos con alegría».
«Amor
y perdón»
Está
claro que ayer en Roma sólo unos pocos buscaban algo más
que la ceremonia puramente religiosa. Se trataba de
vibrar con una realidad puramente religiosa. No
obstante, Jesús Ataun, de Lorca, tampoco era ajeno a la
polémica montada. «No intento entrar en política»,
decía. «Incluso, voy un poquico al otro lado. Pero
considero que hay motivos suficientes para hacer estas
beatificaciones. Lo que sucedió ahí está. Probablemente
también lo merecieran personas del otro lado. Pero cada
uno, en este caso la Iglesia, tiene lo suyo», precisaba.
Por
su parte, el arzobispo de Pamplona quería zanjar la
polémica: «Esto se ha hecho muchas veces en la Iglesia,
yo he asistido a muchas. Es una forma de exaltar la vida
que Cristo da a aquél que ama. Así lo definiría».
Para
Monseñor Francisco Pérez González, la cosa está muy
clara: «Estas beatificaciones son una expresión de
aquello que la Iglesia exalta para manifestar que el
amor y el perdón es lo más digno que debe tener el
corazón humano. Al mismo tiempo, hay que proclamar que
esto es importante y el que se recree siempre tiene la
fraternidad como fin, cuando hay amor».
«Se te pone la carne de gallina». Los navarros, que partieron de sus
hoteles a las siete de la mañana, vivieron la ceremonia
«con devoción y reconocimiento» a los mártires
Diario de Navarra
AHORA
hay 40.000 personas, pero al momento del Ángelus serán
100.000 en la plaza» aseguraba un carabinieri desde la
terraza de la columnata de Bernini. Acertó de pleno. La
ceremonia de beatificación, aun perteneciendo a la
Iglesia universal, fue un acto para los 30.000 españoles
-incluidos los más de doscientos navarros- venidos a
Roma para participar en ella. Entre tanto, Roma en
general y el Vaticano en particular, seguían su ritmo
habitual de vida.
Como
dato significativo, a la hora del comienzo de la
ceremonia en la plaza vaticana, la cola para entrar a
los Museos Vaticanos llegaba, al igual que el sábado,
hasta la misma puerta de Santa Ana, con la diferencia de
que ayer último domingo de mes la entrada es gratuita y
la cola más espesa, de casi 20.000 personas. Pero
enfrente de la imponente fachada de San Pedro, en el
mundo no había nada más para los alrededor de 40.000
fieles allí reunidos. En cambio, el taxista que operaba
en la plaza preguntaba qué había ocurrido allí.
Curiosamente, en el Pontificado de Benedicto XVI ha
subido un veinte por ciento el turismo religioso en
Roma, sobre todo gracias a los germanos, y especialmente
los fines de semana. En ellos, la cifra de personas -a
cualquier hora del día- ha pasado de 25.000 a entre
35.000 y 40.000 personas.
Sin
el Gobierno de Navarra
En
cuanto a la representación de autoridades, encabezada
por el Ministro español de Exteriores, Miguel Ángel
Moratinos, y el embajador ante el Vaticano Francisco
Vázquez, cabe destacar a otros dos altos cargos
gubernamentales, una docena de representantes de
Comunidades Autónomas -ninguno de la Comunidad foral de
Navarra-, nueve representantes de partidos políticos y
grupos parlamentarios -entre ellos Jaime Ignacio del
Burgo con su señora, Blanca Azpíroz-, y medio centenar
de representantes municipales.
Además, 71 obispos, entre ellos el arzobispo de
Pamplona, concelebraron, y también lo hicieron, entre un
millar de sacerdotes, los navarros Carmelo Ortigosa,
Óscar Azcona, Jairo Díaz, Pedro José Hernández,
Francisco José Silanes, y el dominico Esteban Urriza.
No
fue por tanto un día de aglomeraciones. Pese a los
lógicos temores que animaron a los navarros a partir a
las siete de la mañana, hora en que saliron de los
hoteles en los que se alojaban, la entrada en los
lugares acotados para la ceremonia resultó muy fluida,
Aunque hubo que esperar al comienzo, la excelente
temperatura soleada ayudó a ello. Los navarros se
situaron, grosso modo, en dos zonas: en el primer
cuadrante a la izquierda del altar, los maristas; la
expedición diocesana lo hacía en el segundo de la
derecha.
Después, la ceremonia oficiada por el cardenal José
Saraiva Martins, prefecto de la Congregación para la
Causa de los Santos, siguió la pauta en este tipo de
ceremonias, y levantó aplausos en dos ocasiones: la
primera cuando terminó de enunciar la resumida nómina de
498 mártires y, después, al término de la homilía al
señalar que la fiesta de los nuevos mártires será el 6
de noviembre.
Emoción contenida
Durante la ceremonia, y dada la " controlable" cifra de
asistentes, todo funcionó a la perfección. A modo de
ejemplo, toda persona que quiso ir al water pudo hacerlo
con toda la comodidad del mundo, como en un día
cualquiera. No obstante, por encima de los detalles
materiales de la ceremonia, las emociones iban por
dentro. Como expresaba José Mari Ataun, de Lorca,
«después de un acto así tienes una emoción contenida,
pero estás radiante». «Tenía interés en conocer Italia y
ha sido una buena ocasión. He hecho una peregrinación»,
añadió. «Nunca había asistido a una beatificación, ni
había estado en Roma. Se pone la carne de gallina»,
añadía su hermano Jesús. En semejantes términos se
manifestaba Jesús Ustardoy Ciordia, de Pamplona, «mitad
romero y mitad turista», que quiso estar «por devoción y
reconocimiento a los mártires».
Más
expresivo resultó Carmelo de Santiago, que se apuntó a
la expedición navarra desde Calahorra. «Muy bien, me
encuentro satisfecho y muy emocionado. Estoy aquí con mi
tío mártir, y con todos los demás, por cómo vivieron y
lo mucho que sufrieron». Conchita Galbete Agudo era más
efusiva: «Una mañana emocionantísima, al ver cómo tantos
paisanos nuestros han subido a los altares después de
haber dado la vida por Cristo. Impresionante». «Siento
emoción de pensar que están en los altares 498 españoles
y que yo lo he visto», añadía su hermana Carmen.
«Una
maravilla, beatificamos a todos nuestros santos, y
especialmente nosotros a los navarros» concluía su amiga
Josefina Rodríguez de Azcárate. «Increíble haber podido
estar aquí», concluía Francisco Javier Lacunza, navarro
argentino, llegado desde el otro lado del Pacífico.
La
Iglesia lleva a los altares a 498 mártires del 36. El Papa llama a la
reconciliación en La beatificación más numerosa de la
historia
Diario de Noticias
Unas
40.000 personas asisten al acto y el Gobierno eleva el
nivel de su delegación oficial para desligarlo de la Ley
de Memoria
Un
total de 498 españoles, asesinados en 1934 y 1936-39
(durante la Segunda República y la Guerra Civil),
"mártires del siglo XX", fueron beatificados ayer en
nombre del Papa, quien dijo que con sus "gestos de
perdón hacia sus perseguidores impulsan a trabajar por
la reconciliación y la convivencia pacífica".
"Con
su testimonio iluminan nuestro camino espiritual hacia
la santidad, y nos alientan a entregar nuestras vidas
como ofrenda de amor a Dios y a los hermanos. Con sus
palabras y gestos de perdón hacia sus perseguidores, nos
impulsan a trabajar incansablemente por la misericordia,
la reconciliación y la convivencia pacífica", afirmó
Benedicto XVI tras la ceremonia, que no presidió.
Tras
ser elegido Papa, Joseph Ratzinger retomó la tradición
de los pontífices de no presidir beatificaciones, pero
sí las canonizaciones. La Iglesia reserva al beato el
culto local, mientras que al santo el culto universal.
El
Papa advirtió que, además del de la sangre, "existe otro
tipo de martirio incruento, que no es menos
significativo" y que es el llamado "martirio de la vida
ordinaria", especialmente presente hoy en día, en que
los cristianos deben hacer frente cotidianamente a una
sociedad "secularizada".
Los
498 "mártires del Siglo XX en España", según la
denominación dada por la Iglesia, fueron proclamados
beatos en la ceremonia de beatificación más
multitudinaria de la historia de la Iglesia, celebrada
en la plaza de San Pedro del Vaticano, a las que
asistieron unos 40.000 españoles, según fuentes
vaticanas, entre ellos 2.500 familiares.
toque
de atención a zapatero El cardenal José Saraiva Martins,
prefecto de la Congregación para la Causa de los Santos,
que los beatificó en nombre del Papa, exhortó en la
homilía a los cristianos españoles a defender la vida
desde la concepción hasta la muerte natural y la familia
basada en el matrimonio entre un hombre y una mujer, lo
que fue interpretado por fuentes del PP como un toque de
atención a la política social del Gobierno.
Saraiva resaltó que los 498 -entre los que se incluyen a
dos mexicanos, un cubano y dos franceses- "derramaron su
sangre por la fe durante la persecución religiosa en
España", que el más joven tenía 16 años y el mayor 71 y
que antes de morir "perdonaron a quienes les perseguían
y rezaron por ellos".
Saraiva Martins leyó en español la Carta Apostólica con
la que el Papa los ha inscrito en el libro de los
beatos, así como el ritual de la proclamación, que
normalmente se hace en latín. Los nuevos beatos fueron
proclamados en medio de los aplausos y ondear de
banderas españolas y el sonido de música sacra. Un tapiz
de gran tamaño con la foto de todos los beatos, sobre
las que está el logotipo de la beatificación, que tiene
en el centro una cruz roja, fue descubierto en el balcón
de la logia central de la basílica vaticana.
Ponentes de PSOE y PP A la ceremonia asistió una
delegación oficial española encabezada por el ministro
de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, entre la
que se encontra el diputado socialista Juan Andrés
Torres Mora -ponente de este partido para el proyecto de
Ley de la Memoria Histórica y sobrino-nieto de uno de
los mártires beatificados-. También entre los ocho
parlamentarios del PP que acudieron al acto estaba el
ponente popular en la citada Ley, Jorge Fernández Díaz.
El
Gobierno trató de desligar la beatificación de la
aprobación de la citada ley y evitar, asimismo, el
protagonismo del PP dando a su representación en el
Vaticano una carácter institucional, con la presencia
del titular de Exteriores. De acuerdo con las normas
protocolarias la representación española podría haber
corrido a cargo de un secretario de Estado y de hecho,
Felipe González, siempre rebajó durante su mandato el
nivel de la representación en estas ceremonias, con
enfado de Roma.
Según
datos de la Iglesia, los mártires de los años 1934 y
1936-39 pueden ser unos diez mil y están ya en marcha
otros 2.000 procesos de beatificación. Además, con la
ceremonia de ayer, el actual Pontífice ha beatificado de
una vez a más mártires españoles que Juan Pablo II
durante los 27 años de su Pontificado. Karol Wojtyla
beatificó a 479 mártires entre 1978 y 2005, según los
datos del Vaticano, de los que 11 fueron proclamados
santos. En total, la Iglesia ya ha beatificado a 977.
>efe
El
tormento de 16 navarros
De
los nuevos beatos 16 eran navarros: la carmelita de la
Caridad Apolonia Lizarraga y Ochoa de Zabalegui, de
Lezáun (serrada viva y sus restos arrojados a los
cerdos); los dominicos Bernardino Irurzun Otermin, de
Egiarreta y José María García Tabar, de Lumbier (ambos
arrojados al mar atados de pies y manos en la bahía de
Santander); e Higinio Roldán Iriberri, de Ollogoyen.
Asimismo, fueron beatificadas las adoratrices esclavas
del Santísimo Sacramento y Caridad Emilia Echeverría
Fernández, de Dicastillo; y Juana Francisca Pérez de
Labeaga García, de Desojo (con 72 años, la más anciana).
Otros nuevos beatos son los maristas Trifón Nicasio
Lacunza Unzu, de Ciriza (salvó a 117 estudiantes tras
pagar a la FAI); Fermín Latienda Azpilicueta, de Iruñela;
Félix Ayúcar Eraso y su hermano Feliciano, de Estella;
Serafín Zugaldía Lacruz, de Egüés; Florentino Redondo
Insausti, de Cárcar; Lucio Zudaire Aramendía, de
Echávarri; Ismael Nicolás Ran Goñi, de Cirauqui; y Pedro
Ciordia Hernández, de Cárcar; y por último el salesiano
Juan Larragueta Garay, nacido en Arrieta.
Una beatificación histórica . España cuenta ya con 498 nuevos beatos .
El cardenal Saraiva destaca el «mensaje de fe y amor» de
los mártires en el acto de beatificación
LA
RAZÓN
España cuenta desde ayer con 498 nuevos beatos,
asesinados por no renunciar a su fe. La ceremonia fue
presidida por el cardenal José Saraiva Martins, prefecto
de la Congregación para las Causas de los Santos, quien
destacó el mensaje de «fe y de amor» de estos mártires
de la persecución religiosa en nuestro país. El cardenal
Saraiva, delegado del Papa para esta celebración,
tampoco dejó pasar la oportunidad de pedir a los
católicos que, «en un diálogo informado por la caridad»,
muestren sus convicciones en cuestiones como el aborto,
la eutanasia, el matrimonio y la familia y la educación.
Aspectos que a lo largo de la actual legislatura han
supuesto un enfrentamiento entre la Iglesia católica y
el Gobierno socialista.
En
contra de los augurios de quienes habían intentado
levantar una polémica con esta celebración, la
beatificación discurrió con absoluta normalidad. La
esencia de la ceremonia respondió al mensaje que la
Iglesia española ha intentado transmitir durante todo el
periodo de preparación. Se trataba de exaltar a 498
católicos que «manifestaron hasta el martirio su amor a
Jesucristo, su fidelidad a la Iglesia católica y su
intercesión ante Dios por el mundo», destacó Saraiva al
inicio de su homilía, quien recordó que todos «antes de
morir perdonaron a quienes los perseguían».
A
partir de su comentario a los pasajes de la carta de
Pablo a Timoteo que se leía ayer en la liturgia de la
Palabra («He combatido bien mi batalla, he corrido hasta
la meta, he mantenido la fe»), el cardenal Saraiva
intentó acercar el ejemplo de los mártires a la
actualidad. «Vivimos en una época en la cual la
verdadera identidad de los cristianos está
constantemente amenazada y esto significa que ellos o
son mártires o tienen que adaptarse», dijo el purpurado.
En
este sentido también recordó un texto en el que Juan
Pablo II reivindica la importancia que tiene para la
Iglesia la memoria de sus mártires. «Si se perdiera la
memoria de los cristianos que han entregado su vida por
confesar su fe, el tiempo presente perdería una de sus
características más valiosas, ya que los grandes valores
humanos y religiosos dejarían de estar corroborados por
un testimonio concreto inscrito en la historia», explicó
Saraiva con palabras del anterior Pontífice.
«Cristianos coherentes»
La
parte de la homilía que recibió un mayor respaldo del
público a través de los aplausos fue cuando el cardenal
Saraiva explicó que el mensaje de los mártires, de fe y
amor, también debe manifestarse «heroicamente en nuestra
vida». Una heroicidad que requiere «cristianos
coherentes» que no deben inhibirse en su «deber de
contribuir al bien común y moldear la sociedad siempre
según la justicia, defendiendo -en un diálogo informado
por la caridad- nuestras convicciones».
En
la misma línea de pensamiento que Benedicto XVI, quien
en la «Sacramentum Caritatis» recordaba a políticos
católicos que existen una serie de «valores
innegociables», el cardenal destacó una serie de
problemáticas ante las que los católicos deben mantener
una posición firme y clara. De forma especial hizo
hincapié en las convicciones «sobre la dignidad de la
persona, sobre la vida desde su concepción hasta su
muerte natural, sobre la familia fundada en la unión
matrimonial una e indisoluble entre un hombre y una
mujer, sobre el derecho y deber primarios de los padres
en lo que se refiere a la educación de los hijos».
Precisamente son los puntos en que las diferencias entre
el Ejecutivo socialista y la Conferencia Episcopal han
sido más significativas durante la actual legislatura.
Los cardenales y obispos españoles tuvieron un especial
protagonismo en la ceremonia. El cardenal arzobispo de
Madrid, Antonio María Rouco, a cuya diócesis pertenecen
el mayor numero de mártires fue el encargado de pedir
oficialmente la beatificación. El ministro de
Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, como representante
del Gobierno encabezó la delegación oficial, acompañado
por el embajador de España cerca de la Santa Sede,
Francisco Vázquez.
Más
de 550 beatos en sólo dos años
En
sólo dos años y medio de pontificado, Benedicto XVI ya
ha proclamado catorce santos y 559 beatos, incluidos los
498 que subieron ayer a los altares en la que fue la
ceremonia más numerosa de la historia de la Iglesia
católica. De hecho, el actual Pontífice ha superado de
una sola vez el número de mártires españoles
beatificados por Juan Pablo II en sus 26 años de papado.
El antecesor de Benedicto XVI beatificó a 479 mártires
españoles entre 1978 y 2005, según los datos del
Vaticano, de los que once fueron posteriormente
proclamados santos. Por su parte, ayer se subió a los
altares a 494 mártires españoles, ya que los otros
cuatro-hasta formar la cifra total de 498- no nacieron
en nuestro país: dos eran mexicanos, uno francés y otro
cubano. De las 39 ceremonias de beatificación que se han
celebrado en estos dos años y medio, doce han tenido
lugar en Italia y otras 19 en las diócesis de origen de
otras partes del mundo donde vivieron los respectivos
Siervos de Dios.
Desde
los cuatro puntos cardinales
Con
toda propiedad se puede decir que la beatificación de
ayer fue una fiesta para toda la Iglesia de España. Casi
todas diócesis españolas estaban relacionadas con alguno
de los 498 mártires, bien por ser su lugar de
nacimiento, por el de su muerte, o por haber
desarrollado allí su labor pastoral. Cinco de las
veintitrés causas se abrieron en Barcelona, cuatro en
Toledo, dos en Oviedo, dos en Madrid, y una en las
diócesis de Burgos, Cartagena, Ciudad Real, Cuenca,
Gerona y Santander. Las otras cuatro causas se llevaron
a cabo de forma conjunta entre varias diócesis. Del
mismo modo también estaban representadas buena parte de
las órdenes religiosas. Los Agustinos son la
congregación con más mártires, seguidos de los
Dominicos, Salesianos, Hermanos de La Salle, Maristas,
Carmelitas Descalzos, Franciscanos, Adoratrices, Orden
del Carmen, Trinitarios y Trinitarias, Dominicas,
Sagrados Corazones, Marianistas, Carmelitas Misioneras,
Misioneras del Corazón del Corazón de María, Hijas de la
Misericordia, Vedrunas, además de dos obispos, varios
seminaristas y diáconos y siete laicos. En definitiva,
no hay rincón de España que no esté afectado de alguna
manera por esta gran beatificación.
Un mar de emoción y recuerdos en San Pedro
ABC
Nunca pudo imaginar Ana Caldés, sobrina de los ya
beatos hermanos de La Salle, Valeriano Luis y Eliseo
Vicente de Benicarló, que la razón por la que lloraba su
madre hace ya setenta años, «porque han matado a mis
hermanitos», se convertiría, mucho tiempo después, en el
motivo principal para celebrar en Roma estas muertes
prematuras.
La
Plaza de San Pedro de Roma estaba ayer llena de emotivas
historias familiares, de recuerdos difuminados en el
tiempo, de retazos de la memoria, que ayer se hicieron
más presentes que nunca, y que muchos, con lágrimas en
los ojos, narraban sin apenas poder articular palabra.
«Recuerdo cuando mi madre lloraba y yo le preguntaba
¿por qué lloras tanto?, y ella me decía: porque han
matado a mis hermanitos». Lo contaba Ana Caldés minutos
antes de la ceremonia de beatificación de los 498
mártires españoles, reivindicando la dignidad de sus
familiares, pero admitiendo que esta ceremonia es la del
«perdón y de la reconciliación porque nos va a hacer
renovar la fe a todos los cristianos». A Ana
difícilmente se le puede contener en el relato de su
historia, quiere que se sepa más y como ejemplo de ese
perdón que está dispuesta a practicar desvela que «la
mujer del hombre que denunció a mis tíos vino un día a
mi casa llorando, y le pidió a mi padre que lo sacaran
de la cárcel», y lo sacó.
Respetuoso silencio
Como
Ana, otros muchos iban con su historia dentro, accedían
a la plaza de San Pedro y se situaban en las cuarenta
mil sillas que se desplegaron, todas ellas cubiertas por
familiares, amigos y seguidores de los mártires. Además,
muchos peregrinos se quedaron en pie en los laterales.
En total, unos cincuenta mil en esta soleada mañana
festiva en Roma.
Desde
antes de las ocho de la mañana, la plaza de San Pedro
estaba rodeada de un cinturón humano que abrazaba las
emblemáticas columnatas de Bernini que identifican el
lugar. Miles de españoles madrugaron para tener el mejor
sitio y se apostaron frente a las numerosas puertas de
acceso para poder conseguir la mejor visión de la
ceremonia.
Los
autobuses llenos de peregrinos se asomaban por
cualquiera de las vías cercanas a la Basílica provocando
larguísimas colas que sólo el eficaz servicio de
seguridad del Vaticano permitió que se disolvieran con
agilidad. La espera permitió a los más jóvenes
amenizarla con cánticos y gritos de «¡Viva España!» y
«¡Viva el Papa!».
Junto
a los pañuelitos identificativos de la congregación o
del mártir que venían a beatificar, los peregrinos
españoles trajeron a Roma, de forma masiva, la enseña
nacional, junto a otras de las distintas comunidades
autónomas. Pero de poco sirvieron en la ceremonia, ya
que, instantes antes de su inicio, desde megafonía se
instó a la gente a que no las exhibieran, sino que se
recogieran, por un sólo motivo: permitir la visión.
Nadie protestó por la recomendación, aún más, hubo
aplausos, y sólo volvieron a ondearse al finalizar la
Eucaristía.
El
cumplimiento estricto de las recomendaciones y el
silencio fueron las notas dominantes de la ceremonia.
Hubo menos manifestaciones de júbilo que en otras
beatificaciones y más recogimiento por parte de los
presentes. Algunos rezaban y otros, como Milagros
González Pacheco, sobrina del mártir Félix González
Busto, lloraba recordando a su familiar: «Mi padre
siempre dijo que era un santo y esto es muy emocionante
para mí».
Un
modelo de comportamiento cívico que echó por tierra el
argumento de quienes sostenían que las beatificaciones
iban a constituir un acto de revancha de una parte de
España contra la otra. No hubo ninguna salida de tono,
ningún mal gesto y, como decía Carmen Gómez de Pablo,
sobrina de fray Félix de la Virgen del Carmen, que
«nadie pretenda ver otra cosa que un reconocimiento de
sus vidas».
El
recuerdo de Juan Pablo II
Aunque en la Plaza de San Pedro ya hacía calor antes de
las ocho de la mañana, la masiva presencia de peregrinos
había hecho subir unos grados más la temperatura humana
del lugar, el sol empezó a hacerse fuerte a medida que
avanzaba la ceremonia. Como prólogo de la misma, se
recordaron unas palabras de Juan Pablo II sobre el
perdón y la reconciliación, con motivo de una de las
numerosas ceremonias de beatificación que presidió:
«Debemos estar dispuestos a defender a Cristo delante de
los hombres», pidiendo «perdón, paz, concordia y mutuo
respeto». Sonaron así los primeros aplausos de la
jornada, que no volvieron a repetirse hasta que se
produjo el momento de la beatificación.
«Esto
ha sido el no va más, ha sido una ceremonia emocionante
y bonita», comenta un familiar del beato Lucio
Zudaire,mientras abandonaba la Plaza de San Pedro. Su
peregrinación estaba a punto de finalizar, pero este día
ha sido para muchos una «catequesis ocasional de cómo
los cristianos tenemos que perdonar», dice María del
Carmen Gómez de Pablo, sobrina del beato fray Félix de
la Virgen del Carmen.
Felices de saber que el sacrificio de los suyos no fue
en vano, los peregrinos españoles abandonaban el
Vaticano no sin recordar que «este es el momento
oportuno para su beatificación, ahora, cuando dicen que
la fe no sirve para nada. Esto no es revanchismo, que
nadie pretenda ver otra cosa que reconocer sus vidas».
«Nos impulsan a trabajar por la reconciliación y la convivencia»
ABC
Visiblemente conmovido por el entusiasmo de los
peregrinos españoles, Benedicto XVI manifestó ayer que
los 498 mártires «nos impulsan, con sus palabras y los
gestos de perdón hacia sus perseguidores, a trabajar
incansablemente por la misericordia, la reconciliación y
la convivencia pacifica». El Papa repitió «muchas
gracias» en varias ocasiones y se despidió de los
peregrinos españoles con un vigoroso «¡Que Dios os
bendiga!». La fiesta de los nuevos beatos es el 6 de
noviembre.
Ni el
Papa ni el cardenal José Saraiva Martins, que presidió
la misa de Beatificación, se refirieron en ningún
momento a la Guerra Civil, la República o al mínimo
esbozo de política sino a «los mártires del siglo XX»,
un período de extrema violencia que se cerró con el
mayor número de mártires en la historia del
cristianismo.
La
delegación del Gobierno, presidida por el ministro de
Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, incluyó al
embajador de España ante la Santa Sede, Francisco
Vázquez; el subsecretario de Asuntos Exteriores, Luis
Calvo, y la directora general de Asuntos Religiosos,
Mercedes Rico Godoy. Asistieron además representantes de
siete Comunidades Autónomas y numerosos municipios.
El
Parlamento estuvo representado por un diputado
socialista -Juan Andrés Torres Mora, ponente de la Ley
de Memoria Histórica y sobrino nieto de uno de los
mártires, Juan Duarte, un diácono malagueño de 24 años
que fue rociado con gasolina y quemado vivo-, y ocho
parlamentarios del PP presididos por Jorge Fernández
Díaz.
La Beatificación
de ayer, bajo un sol brillante y un cielo azul intenso,
fue la más numerosa que jamás ha celebrado la Iglesia
católica. En sus primeras palabras desde su ventana,
Benedicto XVI subrayó que «un número tan elevado de
mártires demuestra que el testimonio supremo de la
sangre no es una excepción reservada solamente a algunos
individuos sino una posibilidad realista para todo el
pueblo cristiano».
Dirigiéndose en castellano a los peregrinos, el Papa
afirmó que los 498 mártires «iluminan con su testimonio
nuestro camino a la santidad y nos alientan a entregar
nuestras vidas como ofrenda de amor a Dios y a los
hermanos». Implorando ya su ayuda, el Santo Padre invitó
a pedir «que intercedan por la Iglesia en España y en el
mundo; que la fecundidad de su martirio produzca
abundantes frutos de vida cristiana en los fieles y en
las familias». La plaza de San Pedro desbordaba de
júbilo, después de los momentos de emoción durante la
Eucaristía.
Defender la vida humana
Al
comienzo de la ceremonia, el cardenal Antonio María
Rouco Varela pidió la declaración de beatos para los 498
mártires, algunos de cuyos nombres fueron leídos por los
obispos de las diócesis en que se pusieron en marcha los
23 procesos de beatificación. La misa fue concelebrada
por 71 obispos españoles así como los superiores
generales de las diversas órdenes religiosas a las que
pertenecían 462 de los 498 mártires.
En su
homilía, el cardenal Saraiva Martins, prefecto de la
Congregación para las Causas de los Santos, mencionó que
«entre los mártires hay obispos, sacerdotes, religiosos,
religiosas y fieles laicos, mujeres y hombres. Tres de
ellos tenían 16 años y el mayor 78 años».
El
delegado del Papa concluyó con un mensaje muy específico
para los fieles españoles: «Ser cristianos coherentes
exige contribuir al bien común y moldear la sociedad
siempre según justicia». Ese objetivo se traduce, en la
práctica, en defender «la dignidad de la persona, la
vida humana desde la concepción hasta la muerte natural,
la familia fundada en la unión matrimonial una e
indisoluble entre un hombre y una mujer, el derecho y
deber primario de los padres en la educación de los
hijos, y tantas otras cuestiones que surgen en la
sociedad en que vivimos».
El secretario de la CEE considera un “éxito” la Beatificación y destaca
la “profunda religiosidad” de los asistentes
(VERITAS)
El
secretario general de la Conferencia Episcopal Española
(CEE), padre Juan Antonio Martínez Camino, compareció
hoy, lunes 29 de octubre, en una rueda de prensa
celebrada en la Sala Stampa de la Santa Sede, para hacer
balance de la ceremonia de Beatificación de los 498
mártires de la persecución religiosa del siglo XX en
España.
Para
Martínez Camino la ceremonia ha sido un “éxito” y
destacó la “gran piedad y profunda religiosidad” de los
asistentes. Según el secretario de la CEE la
Beatificación servirá para “revitalizar la fe e impulsar
la paz y la reconciliación”.
Según
destacó el portavoz, el evento constituye un “patrimonio
de futuro para la sociedad española en su conjunto”, al
tiempo que consideró que su significado “no se ha puesto
todavía en valor”.
Asimismo valoró la presencia del ministro de Exteriores,
Miguel Ángel Moratinos, en representación del Gobierno
español, una presencia que calificó de “muy cualificada,
tal y como correspondía a una ceremonia tan
extraordinaria”.
Durante la rueda de prensa también participó la
directora de la Oficina para la Causa de los Santos,
María Encarnación González, y el director de la Sala de
prensa del Vaticano, Federico Lombardi, que expresó el
“gran aprecio” que habían querido mostrar el Santo
Padre, Benedicto XVI y el secretario de Estado, cardenal
Tarcisio Bertone, ante la numerosa participación de la
“casi totalidad de los obispos españoles”. Según
Lombardi, el Santo Padre estaba “muy impresionado”.
50.000 peregrinos asistieron a la Beatificación en Roma de los 498
mártires del siglo XX en España
(VERITAS)
La
Oficina de Prensa de la Conferencia Episcopal Española
(CEE) dio a conocer hoy algunos datos de la
Beatificación de 498 mártires del siglo XX en España que
tuvo lugar ayer, domingo 28 de octubre en Roma, que
hablan del interés que esta celebración religiosa
suscitó en la Iglesia, especialmente en la que peregrina
en España.
Algunos de los datos ya conocidos son que a la ceremonia
de Beatificaicón –que presidió el cardenal José Saraiva,
prefecto de la Congregación para la Causa de los Santos–
asistieron 71 obispos españoles; 1.300 sacerdotes
concelebrantes; 2.500 familiares de los beatos; y
aproximadamente 50.000 peregrinos (35.000 sillas
habilitadas), más de 30.000 desplazados desde España en
algún tipo de viaje organizado.
Otros
números hablan del interés que despertó la
Beatificación: casi 60.000 visitas al especial sobre las
Beatificaciones realizado para la página web de la CEE
(30.000 de ellas entre el sábado 27 y el domingo 28 de
octubre) y 534.000 telespectadores siguiendo en directo
la Ceremonia de Beatificación, según datos oficiales de
SOFRES para Televisión Española.
Del
libro “Quiénes son y de dónde vienen. 498 mártires del
siglo XX en España” se han vendido hasta el momento
8.000 ejemplares. La segunda edición está ya en las
librerías.
El cardenal Bertone afirma que “para comprender el sentido cristiano
del martirio, debemos dejar que hablen los propios
mártires”
(VERITAS)
El
secretario del Estado Vaticano, cardenal Tarscio Bertone,
presidió esta mañana en la Basílica de San Pedro, la
Misa de Acción de Gracias por los 498 mártires del siglo
XX en España, que fueron beatificados ayer, domingo 28
de octubre, en la Plaza de San Pedro del Vaticano. Al
comienzo de la Santa Misa, el arzobispo de Toledo,
cardenal Antonio Cañizares, dirigió un saludo y palabras
de agradecimiento al Santo Padre por los nuevos beatos.
El
cardenal Bertone dijo durante la homilía (puede leerse
íntegra en la sección ”Documentos” de Veritas), que la
vida de los mártires se ha convertido “para nosotros, y
para el pueblo de Dios que peregrina en España y en
otros países, en un potente foco de luz y en una
apremiante invitación a vivir el Evangelio radicalmente
y con sencillez, dando testimonio público y valiente de
la fe que profesamos”.
“Para
comprender mejor el verdadero sentido cristiano del
martirio debemos, pues, dejar que hablen los propios
mártires. Ellos, con su ejemplo, nos han confiado un
testamento que a veces no nos atrevemos a abrir. En
cambio, si les prestamos atención, sus vidas nos
hablarán sin duda de fe, de fortaleza, de generosa
valentía y de ardiente caridad, frente a una cultura que
trata de apartar o menospreciar los valores morales y
humanos que nos enseña el propio Evangelio”, afirmó.
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