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INTERNACIONAL
Magdi Cristiano Allam: «Me libero del oscurantismo y me
uno a la auténtica religión»
La
Razón
«Mi mente se libera del oscurantismo de una ideología
que legitima la mentira y el disimulo, la muerte
violenta que induce al homicidio y al suicidio, la ciega
sumisión a la tiranía, permitiéndome unirme a la
auténtica religión de la Verdad, de la Vida y de la
Libertad». Con esta claridad y contundencia explicaba
ayer su conversión el conocido periodista italiano Magdi
Allam, que fue bautizado por Benedicto XVI durante la
Vigilia Pascual. Allam, que hasta ahora era musulmán no
practicante, es subdirector del «Corriere della Sera»
donde ayer publicaba una carta en la que agradecía «el
gesto histórico y valiente» al aceptar ser él mismo
quien le impartiera los sacramentos de la iniciación
cristiana.
De
esta forma, afirma Allam, el Pontífice «ha dado un
mensaje explícito y revolucionario a una Iglesia que
hasta ahora ha sido muy prudente en la conversión de los
musulmanes, absteniéndose de hacer proselitismo en los
países de mayoría islámica y callando sobre la realidad
de los conversos en los países cristianos». Una actitud
motivada por «el miedo de no poder tutelar a los
convertidos ante su condena a muerte por apostasía y el
miedo de las represalias a las relaciones de los
cristianos residentes en los países islámicos», añade
Allam.
El
periodista también explicaba que «el encuentro más
extraordinario y significativo en la decisión de
convertirme ha sido con el Papa Benedicto XVI, al que he
admirado y defendido como musulmán por su maestría a la
hora de exponer el ligamen indisoluble entre la fe y la
razón como fundamento de la auténtica religión y de la
civilización humana».
«Desde ayer me llamo ?Magdi Cristiano Allam?», afirma el
periodista que confiesa que el sábado «fue el día más
bello de mi vida». Con su bautismo, Allam concluye un
largo proceso de conversión, «vivido en el sufrimiento y
la alegría, entre la profunda e íntima reflexión y la
consciente y manifiesta exteriorización». Nacido en El
Cairo en 1952, fue corresponsal en Egipto de «Repubblica».
Desde hace 35 años vive en Roma, donde se convirtió en
el experto en cuestiones islámicas del citado diario.
Las amenazas de muerte que ha recibido tras denunciar el
integrismo islámico le han obligado a vivir con escolta
desde hace cinco años. En ese tiempo, explica en su
carta, se ha interrogado por qué alguien como él, «que
ha luchado con convicción y hasta la extenuación por un
?islam moderado?, asumiendo la responsabilidad de
exponerse en primera persona en la denuncia del
extremismo, acabe siendo condenado a muerte en nombre
del islam y sobre la base de una legitimación coránica».
De esta forma, llegó a la conclusión de que «la raíz del
mal es inherente en un islam que es fisiológicamente
violento e históricamente conflictivo».
El
periodista, que hace tres años fue nombrado subdirector
del «Corriere della Sera», es consciente de que su
conversión al cristianismo le supondrá la «enésima y
mucho más grave condena a muerte por apostasía», pero
afirma que afrontará su «suerte con la cabeza alta, la
espalda recta y la solidez interior de quien tiene la
certeza de su propia fe». Allam también quiere que su
acto sirva para poner fin «a la violencia de los
musulmanes que no respetan la libertad de elección
religiosa». Según el periodista, en Italia hay miles de
convertidos «que viven serenamente su fe», pero otros la
ocultan por miedo a ser asesinados por los extremistas.
«Si en la cuna del catolicismo, nuestra casa, no somos
capaces de garantizar a todos la libertad religiosa,
¿cómo tendremos credibilidad cuando denunciamos las
violaciones de esa libertad en el mundo?», concluye.
¡Aleluya! es invitación a la alabanza que debe
inscribirse en el corazón, dice el Papa
ACIDIGITAL, IBLNEWS
El
Papa Benedicto XVI dirigió al mediodía de hoy (hora de
Roma) el rezo del Regina Caeli, oración que reemplaza al
habitual Ángelus durante el tiempo de Pascua. En esta
oración el Santo Padre destacó que el canto del Aleluya
es una invitación a vivir la alegría y la alabanza que
debe inscribirse en los corazones de todos.
Desde su residencia de Castel Gandolfo, adonde llegó
ayer por la tarde para un breve periodo de reposo, el
Pontífice afirmó que "en la solemne Vigilia pascual, ha
vuelto a entonarse, después de los días de la Cuaresma,
el canto del Alleluia, palabra hebrea universalmente
conocida que significa "Alabado sea el Señor". En los
días del tiempo pascual, esta invitación a la alabanza
pasa de boca en boca, de corazón en corazón. Hace esta
invitación desde un acontecimiento totalmente nuevo: la
muerte y resurrección de Cristo".
En
esta oración del "Lunes del Ángel", como se conoce al
lunes de la Octava de Pascua, el Santo Padre también se
dirigió a los miles de fieles reunidos en la Plaza de
Pedro, gracias a una conexión de audio y video. En ella
recordó que "el alleluia fue cantado en el corazón de
los primeros discípulos y discípulas de Jesús en aquella
mañana de Pascua, en Jerusalén".
"Casi parece oír sus voces: la de María Magdalena, que
vio primera al Señor resucitado en el jardín cerca del
Calvario; las de las mujeres, que lo encontraron
mientras corrían, sin miedo y felices; a dar a los
discípulos el anuncio de la tumba vacía; las voces de
los discípulos, que estaban de camino a Emaús con el
corazón triste y que a la noche volvieron a Jerusalén
llenos de alegría por haber escuchado su palabra y
haberlo reconocido 'al partir el pan'; las voces de los
once Apóstoles, que en esa misma noche lo vieron
aparecer en medio de su cenáculo, mostrarles las heridas
de los clavos y la lanza y decirles '¡La paz con
vosotros!'. ¡Esta experiencia ha inscrito una vez y para
siempre el alleluia en el corazón de la Iglesia!"
"De esta misma experiencia se deriva también la oración
que recitamos este día y cada día del tiempo pascual en
lugar del Ángelus: la antífona mariana Regina Caeli. El
texto es breve y tiene la forma directa de un anuncio:
es como una nueva 'anunciación' a María, hecha esta vez
no por un ángel, sino por los cristianos que invitan a
la Madre a alegrarse porque su Hijo, que ha llevado en
su vientre, ha resucitado como había prometido",
prosiguió.
Tras explicar que "en efecto, 'alégrate' fue, en
Nazaret, la primera palabra que la Virgen escuchó del
mensajero celeste", el Papa precisó que el sentido de
esta expresión era el siguiente: "Alégrate María, porque
el Hijo de Dios está por hacerse hombre en ti. Ahora,
después del drama de la Pasión, resuena una nueva
invitación a la alegría: 'Gaude et laetare, Virgo Maria,
alleluia, quia surrexit Dominus vere, alleluia' – '¡Goza
y alégrate, Virgen María, aleluya, porque el Señor ha
resucitado verdaderamente, aleluya!'"
"Queridos hermanos y hermanas, dejemos que el aleluya
pascual se imprima profundamente también en nosotros,
para que no sea solo una palabra, sino la expresión de
nuestra misma vida: la existencia de personas que
invitan a todos a alabar al Señor y lo hacen con el
comportamiento de 'resucitados'. 'Ruega al Señor por
nosotros', le decimos a María para que Quien, en la
resurrección de su Hijo, nos ha dado la alegría al mundo
entero, nos conceda gozar de esta alegría ahora y en la
vida sin fin", concluyó.
Al
finalizar el rezo del Regina Caeli, el Papa saludó a los
fieles en distintos idiomas. En su breve alocución en
español, el Santo Padre invitó a "alegraros y a
regocijaros con la Virgen María, porque el Señor Jesús
resucitó de entre los muertos y reina para siempre. Él
intercede por vosotros y os alienta a vivir de acuerdo
con la fe que profesáis. Feliz tiempo de Pascua".
Miles de fieles siguen bajo la lluvia la Misa de
Resurrección del Papa en la Plaza San Pedro
La
Razón
Después de celebrar la Santa Misa del Domingo de
Resurrección en la Basílica de San Pedro en Roma, el
Papa Benedicto XVI impartió su tradicional mensaje
pascual y la bendición «urbi et orbi». En su mensaje a
los cristianos de todo el mundo, el Papa condenó el
egoísmo como el azote de la humanidad y llamó a la
moderación y el perdón. Benedicto XVI recordó el
tormento que viven millones de personas atrapadas en
conflictos en varias partes del mundo.
El
Papa señaló que se deben buscar soluciones que
salvaguarden la paz y el bien común en el Tíbet, en el
«martirizado» Medio Oriente, especialmente en Tierra
Santa, en Irak, Líbano y en algunas partes de Africa
como Darfur y Somalia.
En
su mensaje, el Papa se refirió a las «llagas de la
humanidad, abiertas y dolientes en todos los rincones
del planeta», que según indicó, son producto de las
relaciones egoístas, la injusticia, el odio y la
violencia que caracterizan las relaciones entre los
seres humanos y los pueblos.
Benedicto XVI señaló que esas llagas que son ignoradas
«desgarran el alma y el cuerpo de innumerables hermanos
y hermanas nuestros». El Papa también tuvo palabras
para aquellos que se comprometen a trabajar activamente
por la justicia y llevan esperanza a aquellos lugares
donde la dignidad humana es vulnerada.
Miles de fieles participaron en la ceremonia en la Plaza
de San Pedro, bajo una persistente lluvia. Con su
mensaje, el Papa dio por terminados los actos de la
Semana Santa.
Messori: "sin la Resurrección, los evangelios serían
sólo una curiosidad judeo-helénica"
ABC
Si
Cristo no ha resucitado, vana es vuestra fe, y también
aquellos que han muerto en Cristo se han perdido. Si
tenemos esperanza en Él solamente para esta vida, somos
los más desgraciados de todos los hombres». Tal es el
célebre escrito de Pablo a la comunidad de Corinto.
No
es casualidad que la Pascua sea el centro del calendario
cristiano: toda la fe está en vilo sobre el sepulcro de
Jerusalén. Todo el edificio cristiano se desmoronaría
como las Torres Gemelas si desaparecieran los cimientos,
es decir, la convicción de que al tercer día el
Crucificado salió de aquella tumba transfigurado por la
luz de la resurrección.
El
cristianismo no es un esquema ideológico independiente
de los hechos concretos. Por el contrario, es el anuncio
de un preciso acontecimiento histórico: «Aquel Jesús que
acabó vergonzosamente sobre la cruz de los esclavos,
sepultado en una tumba que le prestaron por caridad,
salió de ella habiendo vencido a la muerte y mostrando
de ese modo que era el Mesías anunciado por los profetas
de Israel».
Tampoco es casualidad que Evangelio signifique
«noticia», la «buena noticia» por excelencia: informa de
hecho que ha sucedido algo que nos atañe directamente,
porque ese Resucitado nos ha abierto el camino de la
vida inmortal.
De
aquí tanto la fuerza como la vulnerabilidad del
cristianismo: dudar de la verdad histórica de aquel
hecho significa despedirse de la fe. Si realmente los
historiadores pudieran convencernos de que el evento de
Pascua es solamente un mito, una leyenda, una ilusión,
sería el fin de las Iglesias cristianas, digan lo que
quieran ciertos teólogos actuales que querrían
desvincular la fe de los datos de la historia.
Y
digan lo que digan ciertas sabidurías new age,
interesadas por lo cósmico y alérgicas a la crónica.
Ésta es la simple y en el fondo dramática realidad: si
el sepulcro de José de Arimatea se quedó cerrado, o
vacío sólo porque el cadáver se lo llevaron los
discípulos, el Evangelio queda degradado de Palabra de
Dios a curioso testimonio de la literatura popular judeo-helenística.
Puesto que la fe no es una propuesta intelectual que
haya de ser examinada con objetividad aséptica, sino que
es una realidad que interpela a cada uno en lo profundo,
es preciso hablar aquí en primera persona.
Aunque cueste hacerlo, aquí es necesario decir «yo». Por
lo que diré que, para mí, sería particularmente
hipócrita fingir una mesurada neutralidad. Hace ya más
de treinta años que reflexionando sobre las razones de
la fe no hago más que investigar precisamente sobre la
verdad del acontecimiento pascual. Le he dedicado
gruesos libros, pero en el fondo, en casi todo lo que he
escrito me he preguntado sobre la posibilidad de aceptar
ese fundamento de la fe.
El
pasado domingo, la madre de cualquier otro domingo,
recité con particular emoción con quienes estaban a mi
lado el versículo del Credo sobre el que se funda todo:
« murió y fue sepultado. Y resucitó al tercer día según
las Escrituras».
Desde luego que no son pocos los que me preguntan cómo
puede tomarse en serio una afirmación del género, un
hombre que tiene algunos estudios, que no ha dado signos
visibles de desequilibrio mental, que incluso ha
mostrado que no carece de un sentido crítico normal. No
me sorprendo. Es más, comprendo bien una perplejidad que
yo también tuve. Todavía ahora no hay una Misa en la
que, al llegar al Credo, no me pregunte: pero en el
fondo, ¿de verdad lo creo?
Por supuesto que sí, lo digo con claridad, con la
humildad de quien sabe bien que no tiene en ello ningún
mérito, con el temor de quien sabe que «lleva tesoros en
vasos de barro», con la conciencia dolorosa de quien
mide la distancia entre su fe y su vida.
Desde luego que sí, me atreveré a decirlo: al igual que
cualquiera que se diga cristiano, estoy convencido de
que cuanto refieren los evangelios coincide con lo que
sucedió, que Jesús había muerto realmente y que
realmente salió vivo del sepulcro, pasando luego
cuarenta días con los discípulos antes de ascender al
Cielo.
Yo
también estoy entre los extravagantes que comparten una
certeza que ahora parece minoritaria: la Pascua no
conmemora un mito sino que recuerda un hecho.
Todos saben que para intentar motivar semejante
convicción, existen enormes bibliotecas. Pero, ¿cómo
responder a quien forzando las cosas quisiera obligar a
una síntesis extrema? Puesto con la espalda en la pared,
cada creyente tendría sus respuestas. Por lo que a mí
respecta, aventuraría la «prueba de la vida».
Al
inicio del Evangelio de Juan, a quienes le preguntan
quién es, Jesús no les responde con un «manifiesto»
ideológico sino que, pragmático, les replica: «Venid y
veréis». Como puede confirmar cualquiera que haya
aceptado la invitación, seguirle puede significar el
descubrimiento de una luz que arroja significado sobre
cualquier circunstancia de la existencia.
Por eso no hay cotidianidad de creyente que no esté
atravesada, al menos a ráfagas, por el gozo de quien
intuye el sentido de lo que de otro modo permanece
dolorosamente inexplicable, y por la alegría de quien
descubre que es amado, perdonado y esperado en una
eternidad que sólo con que se quiera puede ser
infinitamente feliz.
Igual que el movimiento se muestra simplemente
caminando, la verdad del Evangelio se constata con la
misma simplicidad, viviéndolo: la profundidad insondable
de una enseñanza expresada con palabras tan elementales
no tiene mejor verificación que la de la vida. A esta
«prueba» existencial se refería Pablo al constatar «sé
en quién he creído».
Siguiendo sobre el mismo nivel de lo concreto, tampoco
he olvidado lo que me dijo una vez el cardenal Ratzinger:
«No hay argumento apologético más eficaz que la santidad
y el arte: la belleza de las almas y la belleza de las
cosas que la fe ha plasmado, sin interrupciones, desde
hace ya veinte siglos. Ahí está, créamelo, la fuerza
misteriosa del Resucitado».
Pero como es obvio, añadiría a estas que, parafraseando
a Pascal, llamaría «razones del corazón», las «razones
de la razón» hacia las que, sobre todo, he dirigido mi
investigación. ¿Cómo reducir a la médula las infinitas
argumentaciones que, página tras página, he tratado de
acumular? Como un policía inglés podría pasar revista a
todas las posibles respuestas a la pregunta «si
excluimos la hipótesis de los creyentes, ¿qué otra cosa
pudo suceder en Jerusalén aquel 9 de abril del año 793
de la fundación de Roma, el año 30 según el calendario
cristiano?».
Podría hacerlo, llegando a la conclusión imprevista de
que, al final, lo más razonable podría ser la aceptación
de un misterio que supera a la razón pero sin
contradecirla. Podría recordar que, a diferencia del
fundador de cualquier otra religión, «Jesús, desde el
inicio de la Historia, ha sido anunciado o adorado»: y
es que, en efecto, la anomalía del cristianismo reside
en ser la aceptación de un Mesías, fundada sobre el
anuncio de ese mismo Mesías.
El
árbol cristiano no sea apoya en el vacío, sino que hunde
sus profundas raíces en el antiguo Israel. Podría
mostrar cómo las mismas travesías que marcan la historia
de la Iglesia pueden, paradójicamente, mostrar la
filigrana de la presencia y la asistencia del espíritu
del Resucitado. Incluso podría lanzarme a analizar la
extraordinaria reserva de lo milgaroso que, desde
siempre, acompaña la marcha de la fe a lo largo de la
historia, y que sólo el prejuicio puede rechazar a
priori.
Podría hacer todo esto. Por lo demás, es lo que he
intentado hacer siempre. Aunque sin ilusionarme con
convencer a todos. Sea cual sea la calidad y la cantidad
de las razones puestas sobre la mesa, el creyente
siempre chocará con la incredulidad. ¿Motivo para dudar
de la fuerza de las argumentaciones de la fe? Todo lo
contrario, un motivo de confirmación: en Jerusalén todo
vieron al Crucificado, pero sólo los discípulos vieron
al Resucitado.
La
tutela de la libertad del hombre ha quedado confiada al
claroscuro en el que Jesús envolvió su Pascua,
admitiendo por decirlo de nuevo con Pascal «suficiente
luz para creer», pero dejando «suficiente sombra para
poder dudar». El resplandor de la mañana de Pascua puede
iluminar el camino de quien esté dispuesto a dejarse
guiar. El corazón del Evangelio no es un autoritario «tú
debes», sino un afectuoso «si tú quieres”.
Cardenal Cipriani: No reemplazar esperanza en Reino de
Dios por el "reino del hombre"
ACI
El
Arzobispo de Lima, Cardenal Juan Luis Cipriani Thorne,
señaló que a la humanidad contemporánea le cuesta
trascender a lo espiritual, y por eso muchas veces
"desarrollan la esperanza de la instauración de un mundo
perfecto que pareciera poder lograrse gracias a los
conocimientos de la ciencia" y así "la esperanza bíblica
del Reino de Dios tantas veces es reemplazada por la
esperanza del reino del hombre".
En
una Misa por Domingo de Resurrección, el Purpurado
indicó que en esa celebración el Cristo "nos ofrece la
salvación y con ello se nos ha dado la esperanza" pero
hay que buscar "una esperanza que vaya más allá" que
alimente las esperanza cotidianas "esas esperanzas que
nos llevan día a día a buscar lo mejor en nuestras
familias, trabajos, a llevar un momento de esperanza a
los que no la tienen".
Hay que "buscar caminos de esperanza que no brotan de
esos pensamientos puramente temporales, sino que se
alimentan de ese don de la esperanza y de la fe que el
Señor nos da a nosotros seres humanos y nos dice:
trabaja con tus talentos, haz producir lo que te he
dado", acotó.
Tras asegurar que hoy más que nunca la gente tiene sed
de "que los llevemos a ese mundo maravilloso que el
Señor tiene pensado para cada uno", el Cardenal Cipriani
subrayó que la esperanza que el Señor nos trae con su
Pasión, Muerte y Resurrección "nos habla de una
esperanza que trasciende, es hoy, fue ayer, y será
mañana, será eterna".
Hay que buscar "una esperanza que nos comprometa" y
"este momento de la Resurrección incorpora esa grandeza
y al mismo tiempo esa humildad del ser humano. Mi
grandeza, Señor es ser tu hijo; y, al serlo, participar
como heredero de tu luz, sabiduría, estado de ánimo,
perdón y fuerza", aseveró.
A
la Eucaristía, concelebrada por el Nuncio Apostólico en
el Perú, Mons. Rino Passigato; el Obispo Auxiliar de
Lima, Mons. Adriano Tomasi y sacerdotes de la
Arquidiócesis de Lima, asistieron el Presidente del
Perú, Alan García Pérez; y algunos Ministros de Estado.
Regina Coeli: el Papa recuerda a los "misioneros
mártires" muertos en 2007 y manifiesta su cercanía a los
enfermos de tuberculosis
RV
El
canto del Aleluya y la oración del Regina Coeli ha sido
los temas centrales que ha abordado Benedicto XVI en su
alocución antes de la oración mariana, en este Lunes de
la octava de Pascua. El Santo Padre se encuentra desde
ayer por la tarde en el Palacio Apostólico de
Castelgandolfo, residencia veraniega del Pontífice en
las afueras de Roma, para pasar unos días de descanso
después de las intensas celebraciones que presidió antes
y durante el triduo pascual.
Hablando desde patio interior del Palacio, Benedicto XVI
se ha referido al canto del aleluya, que significa
“Alabar al Señor”, y que después de los días de la
Cuaresma volvió a resonar en la vigilia pascual..
“En los días del tiempo pascual, esta invitación a la
alabanza pasa de boca en boca, de corazón en corazón.
Resuena a partir de un acontecimiento absolutamente
nuevo: la muerte y resurrección de Cristo”.
Este aleluya que floreció en los primeros discípulos y
discípulas de Jesús, ha sido recordado por el Papa en la
voz de María Magdalena, la primera que vio al Señor
resucitado en el jardín del Calvario; en las voces de
las mujeres que lo encontraron cuando corrían asustadas
y felices a dar la noticia a los discípulos de que la
tumba estaba vacía; en las voces de los dos discípulos
que se habían encaminado hacia Emmaús con el rostro
triste y que volvieron en la tarde llenos de alegría
después de haber escuchado su palabra y haberlo
reconocido partiendo el pan; y también en las voces de
los once apóstoles, que esa misma noche lo vieron
aparecer entre ellos en el Cenáculo, mostrando las
heridas de los clavos y de la lanza y diciéndoles: Paz a
vosotros. Tras recordar cada uno de estos pasajes el
Papa ha afirmado que es esta experiencia la que
inscribió de una vez y para siempre el aleluya en el
corazón de la Iglesia.
Benedicto XVI ha subrayado a continuación que de esa
experiencia se deriva también la oración que desde hoy y
durante todo el tiempo pascual dedicamos a María, en
lugar del Ángelus, es decir, la antífona del Regina
Coeli. Este breve texto, ha dicho el Papa, es como una
nueva anunciación a María, esta vez hecha no por un
ángel sino por los cristianos que la invitan a alegrarse
porque su Hijo, ha resucitado como había prometido.
En
efecto, alégrate fue en Nazaret la primera palabra
dirigida a la Virgen por el mensajero celeste: Y el
sentido era el siguiente: Alégrate, María porque el Hijo
de Dios esta por hacerse hombre en ti. Ahora, después
del drama de la Pasión, resuena una nueva invitación a
la alegría: Alégrate Virgen María, aleluya, por que el
Señor resucitó de verdad, aleluya.
Invitando a los fieles a dejar que el aleluya pascual
nos impregne en profundidad, y que no sea solo una
palabra más, sino la expresión de nuestra existencia
misma, el Papa ha pronunciado la oración del Regina
Coeli pidiendo a María que rece por nosotros para que el
Señor, que en la resurrección de su Hijo, ha dado la
alegría al mundo entero, nos conceda gozar de esta
alegría ahora y en la vida sin fin. Y tras el rezo
mariano, Benedicto XVI ha recordado que este lunes, 24
de marzo, se celebra la Jornada de oración y de ayuno
por los misioneros mártires.
Recordar y rezar por estos nuestros hermanos y hermanas
–obispos, sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos-
caídos a lo largo del 2007, mientras desarrollaban su
servicio misionero es un deber de agradecimiento para
toda la Iglesia y un estímulo para cada uno de nosotros
para testimoniar de manera cada vez más valiente nuestra
fe y nuestra esperanza en Aquel que sobre la Cruz venció
para siempre el poder del odio y de la violencia con la
omnipotencia de su amor.
El
Santo Padre también puso de relieve la celebración, este
día del la Jornada Mundial por la Lucha contra la
Tuberculosis, establecida por la Organización Mundial de
la Salud, de la ONU, que este año está dedicada al tema
“Yo puedo frenar la tuberculosis”, con la cual se desea
llamar la atención sobre la enfermedad, que lejos de
haber desaparecido continúa golpeando a unos 2 mil
millones de personas, sobretodo en África subsahariana y
en el sudeste asiático. Ante este flagelo el Papa ha
manifestado su cercanía… : “Estoy particularmente
cercano a los enfermos y a sus familias y espero que
crezca el compromiso a nivel mundial para derrotar este
flagelo. Mi llamamiento se dirige sobretodo a las
instituciones católicas, para que cuantos sufren puedan
reconocer, a través de su obra, al Señor Resucitado que
les da curación, consuelo y paz”.
Como siempre el Pontífice al concluir su alocución ha
saludado, en diferentes idiomas, a los peregrinos
congregados, esta vez en el Palacio de Castelgandolfo.
Estas sus palabras en español.
Saludo con afecto a los peregrinos de lengua española,
en este lunes de la octava de Pascua. Os invito a
alegraros y a regocijaros con la Virgen María, porque el
Señor Jesús resucitó de entre los muertos y reina para
siempre. Él intercede por vosotros y os alienta a vivir
de acuerdo con la fe que profesáis. Feliz tiempo de
Pascua.
Magdi Allam, periodista, bautizado en la Iglesia
Católica
Scriptor.org – Análisis Digital
Magdi Allam no sería hoy noticia que da la vuelta al
mundo si no se tratase 1) de un periodista bien conocido
en Italia -subdirector del Corriere della Sera-; 2) si
no hubiera sido toda su vida de religión islámica, hasta
ser 3) bautizado como católico por el Papa Benedicto XVI,
ayer, en una solemne ceremonia en el Vaticano.
Es
curioso que las primeras noticias en internet no
llegaron desde el periódico el en que trabaja. En la
edición en papel, el Corriere publica hoy una doble
página, con llamada desde portada. Pero ha sido sólo a
media mañana cuando ha abierto -hasta entonces
reservadas a lectores de pago- la noticia en la red (La
conversione di Allam fa il giro del mondo), y la carta
que Magdi Allam dirige al director de su periódico, «Approdo
di un lungo cammino. Decisivo l’incontro con il Papa»
(ver traducción castellano).
Pero no es cuestión de pensar mal del periódico: este
curioso asunto es quizá una pequeña gaffe, un "problema
técnico" corregido a tiempo.
Las primeras noticias en la red llegaron de la mano de
dos colegas y amigos estadounidenses: John Allen (Pope
baptizes fierce critic of Islamic radicalism during
Easter Vigil), y Michael Ledeen (A Brave and Dangerous
Conversion to Christianity).
Y
ya, poco después, en efecto, la noticia da la vuelta al
mundo: entre otros tantos, a voleo de agencias y diarios
o televisiones, La Vanguardia, El País, La Nación, CNN,
The Times, etc.
Lo
que llama la atención es que el punto de vista que
cuenta esta noticia tiende a ser insistentemente
político e ideológico, más que religioso. También es
cierto que podía haberse bautizado en su parroquia. Pero
resulta exagerado que se hable casi exclusivamente del
coraje de un nuevo Rushdie (cosa que Allam no es: dudo
mucho que pretenda vivir de ser perseguido), y de su
necesidad de ser protegido con su familia de un posible
atentado, y también de respuesta política vaticana a Bin
Laden, o de división entre facciones los fieles
islámicos, y cosas así.
Pero no se habla casi nada de lo que, según destaca el
mismo Magdi Allam (por ejemplo en esta entrevista oral,
«La mia prima Pasqua da cristiano»), cuando habla acerca
de su felicidad al saberse -tras el bautismo- hoy
cristiano, viviendo plenamente una fe que está
entreverada de razón. Una fe que a buen seguro le
ayudará a ser más acogedor y moderar y equilibrar el
carácter no pocas veces pendenciero y dado a la
controversia dura, tal y como aparece en algunas de sus
publicaciones, muy críticas del extremismo islámico o
bien en su controvertida postura, que -al defender la
sacralidad de la vida, por ejemplo en el libro "Viva
Israel"- sin duda tiene una lectura partidista.
Dicho esto, no es necesario destacar ahora que la figura
ejemplar de Benedicto XVI es en la que se ha mirado y la
que en definitiva ha alentado sus últimos pasos al tomar
la decisión, puesto que de ello ha hablado ampliamente
en sus escritos en su periódico.
Ahora, en retrospectiva, es palmaria esta admiración,
por ejemplo, con ocasión de la "lección de Ratisbona",
mencionada aquí en Scriptor, cuando quien da cuenta de
lo dicho por Benedicto XVI es Magdi Allam, en el
Corriere della Sera, hablando de respetar la verdad de
la historia. No es de recibo, viene a decir este
musulmán, "que el Papa sea puesto en la picota y sea
amenazado por haber dicho lo que cualquier musulmán
honrado y razonable debe aceptar: la realidad
histórica".
Otro tanto había sucedido poco antes, con ocasión de
tratar en su periódico el modo escandaloso de sacar
partido -en su mismo periódico- de una extrapolación de
las famosas caricaturas de Mahoma. Recogía entonces en
Scriptor que El Corriere della Sera dedica hoy domingo,
a este asunto, una página impar completa, con entradilla
en primera página (Vignetta su Maometto: l’oltraggio e
la libertà) Cabe pensar que son cosas del periodismo,
aunque resulta sorprendente y estrafalaria la
exageración. Porque es algo que leerá todo el mundo.
Firma el artículo Magdi Allam, un musulmán culto y
moderado, que valora los pros y contras de la cuestión y
realmente no critica lo publicado por Cavalleri en su
pequeña y sectorial revista cultural. Más bien se
escandaliza de que nadie haya movido un dedo para
denunciar la representación blasfema y de mal gusto de
Jesús, precisamente en esta Semana Santa, en el dibujo
animado "South Park", visto por millones de espectadores
estadounidenses.
Y
tiene razón Magdi Allam en haber escrito estas cosas. Y
desde luego la tiene cuando -sin hacer mención de la
política- habla de su conversión y da gracias a Dios y
se siente feliz por el regalo de una fe unida
inseparablemente con la razón. Y sigue teniendo razón
cuando en su blog dice: Buona Pasqua a tutti: ricevere
il Battesimo dal Papa nel Giorno della Risurrezione è il
dono più grande della vita!
Quizá -cabe pensar, en todo caso- que el Corriere ahora
esté algo menos contento. No puede lucir un subdirector
que era un musulmán liberal moderado, y se ecuentra de
buenas a primeras con un subdirector católico
practicante, que no por casualidad ha elegido
«Cristiano» como nombre de bautismo. Veremos. A lo mejor
empiezan a cambiar las tornas de lo políticamente
correcto.
Pascual Chávez reelegido Rector Mayor de los Salesianos
Ecclesia
Esta mañana los miembros del Capítulo General 26 han
confirmado, en la primera votación, a don Pascual Chávez
Villanueva como Rector Mayor de los Salesianos para el
sexenio 2008-2014. Había sigo elegido Rector Mayor en
2002.
En
su primer sexenio como Rector Mayor don Pascual Chávez
ha manifestado la fuerte necesidad de llevar el carisma
salesiano hacia niveles espirituales cada vez más
auténticos y al empeño salesiano en las fronteras más
necesitadas de la sociedad y cultura actuales. Han sido
apreciadas sus Cartas Circulares a toda la Congregación
en las que, alternando con la presentación de las
diversas regiones en las que está dividida la
Congregación, ha ofrecido itinerarios de reflexión y de
profundización sobre temas como la santidad, la Palabra
de Dios y la Vida Religiosa.
Los diversos títulos “Honoris Causa” recibidos en el
curso de estos años han sido acompañados siempre por
“lectio magistralis” de aprecio considerable. También
han sido apreciadas sus intervenciones y los Aguinaldos,
objetivos de reflexión y actuación ofrecidos cada año a
los diversos grupos de la Familia Salesiana; de manera
particular la de este año que se ha hecho eco de la
llamada del Papa Benedicto XVI sobre la urgencia de la
educación.
Pascual Chávez se ha prodigado, durante su primer
mandato, por visitar todas las inspectorías y
visitadurías de la Congregación haciéndose portador de
la sonrisa y de la esperanza dada por Don Bosco. Han
sido numerosos los ayuntamientos que se han sentido
honrados al concederle la ciudadanía honoraria, entre
los cuales el de Capriglio, pueblo natal de la Venerable
Mamá Margarita, madre de Don Bosco.
Su
profunda convicción por la actualidad y la autenticidad
de la Vida Consagrada le han llevado, después del
nombramiento “ad quinquennium” por parte dei Juan Pablo
II como consultor de la Congregación para los Institutos
de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica,
a trabajar con empeño por la Vida Religiosa. Además de
haber sido miembro del consejo ejecutivo y de la
comisión teológica, fue elegido, en noviembre de 2006,
Presidente de la Unión de Superiores Generales. En
calidad de Rector Mayor de los Salesianos participó
también en la V Conferencia General del Episcopado
Latinoamericano y del Caribe, celebrada en mayo del año
pasado en Aparecida, Brasil.
Apuntes biográficos
Nacido en Real de Catorce, en el estado de San Luis
Potosí, México, el 20 de diciembre de 1947, Pascual
Chávez Villanueva fue alumno del “Colegio México” de la
ciudad de Saltillo, donde se había transferido su
familia y aquí, luego de haber conocido a los
salesianos, madura la intención de seguir a Don Bosco.
Luego de entrar en el noviciado de Coacalco emitió la
primera profesión religiosa como salesiano el 16 de
agosto de 1964 y en 1970, en Guadalajara, la perpetua.
También en esa ciudad, capital del estado de Jalisco,
recibió el ministerio diaconal el 10 de marzo de 1973 y
la ordenación sacerdotal el 8 de diciembre de 1973.
En
1975, luego de dedicar sus primeros años de ministerio
en la comunidad de los salesianos en formación de
Chapalita, estudió en el Instituto Bíblico de Roma
obteniendo la licencia en Sagrada Escritura en 1977. Fue
docente y director del Instituto Teológico de San Pedro
Tlaquepaque de 1980 a 1988. Luego fue llamado a ser el
inspector de los salesianos de México-Guadalajara de
1989 a 1994. Al terminar su mandato obtuvo el Doctorado
en Teología Bíblica en Salamanca, España en 1997
Durante el CG24, de 1996, no obstante no formar parte
del Capítulo fue llamado por el Rector Mayor don Juan
Edmundo Vecchi para cubrir el cargo de Consejero para la
región Interamérica.
El
3 de abril de 2002, durante el CG25, don Pascual Chávez
Villanueva fue elegido en el primer escrutinio Rector
Mayor de los Salesianos convirtiéndose en el IX sucesor
de Don Bosco sucediendo a don Vecchi fallecido en el mes
de enero del mismo año.
La
nueva cruzada de la Iglesia se libra en casa
EL
MUNDO
Lo
dijo Marx en La cuestión judía: "El así llamado Estado
cristiano necesita de la religión cristiana para
completarse como Estado. El Estado democrático, el
verdadero Estado, no necesita de la religión para
completarse políticamente". Y añadía: "La emancipación
de la política respecto a la religión permite subsistir
a la religión, si bien no a una religión privilegiada".
Ha
llovido mucho desde entonces, pero ¿qué peso real tiene
hoy la Iglesia Católica en los países donde es confesión
"privilegiada"? ¿Respeta la división Iglesia-Estado?
¿Ejerce la misma presión que, por ejemplo, los obispos
españoles?
Salvando el caso italiano, sede milenaria del poder
católico, en ningún sitio las cosas van tan lejos como
en España. En otros países occidentales de tradición
católica la influencia de la Iglesia parece en franco
retroceso, tal como indican las vocaciones, las
confesiones, los bautizos o los matrimonios canónicos.
En
su célebre y polémico discurso de Ratisbona, el 12 de
septiembre de 2006, Joseph Ratzinger dio a conocer las
bases de la nueva batalla del catolicismo: relación
entre fe y razón moderna, reivindicación de la teología
como base ética de las ciencias, y una apuesta, irreal a
juicio de algunos, por el diálogo entre religiones como
medio de frenar la barbarie de la guerra santa. Dos años
antes, en 2004, el entonces cardenal Ratzinger había
sido más concreto, al difundir desde la Congregación
para la Doctrina de la Fe una especie de "manual del
buen político católico laico": ni eutanasia, ni aborto,
ni fecundación artificial, ni parejas de hecho, ni
uniones gays.
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