RESUMEN DE PRENSA

 

 

 

29 de marzo de 2008

 

 

INTERNACIONAL

 

 

Magdi Cristiano Allam: «Me libero del oscurantismo y me uno a la auténtica religión»

La Razón

 

«Mi mente se libera del oscurantismo de una ideología que legitima la mentira y el disimulo, la muerte violenta que induce al homicidio y al suicidio, la ciega sumisión a la tiranía, permitiéndome unirme a la auténtica religión de la Verdad, de la Vida y de la Libertad». Con esta claridad y contundencia explicaba ayer su conversión el conocido periodista italiano Magdi Allam, que fue bautizado por Benedicto XVI durante la Vigilia Pascual. Allam, que hasta ahora era musulmán no practicante, es subdirector del «Corriere della Sera» donde ayer publicaba una carta en la que agradecía «el gesto histórico y valiente» al aceptar ser él mismo quien le impartiera los sacramentos de la iniciación cristiana.

 

De esta forma, afirma Allam, el Pontífice «ha dado un mensaje explícito y revolucionario a una Iglesia que hasta ahora ha sido muy prudente en la conversión de los musulmanes, absteniéndose de hacer proselitismo en los países de mayoría islámica y callando sobre la realidad de los conversos en los países cristianos». Una actitud motivada por «el miedo de no poder tutelar a los convertidos ante su condena a muerte por apostasía y el miedo de las represalias a las relaciones de los cristianos residentes en los países islámicos», añade Allam.

 

El periodista también explicaba que «el encuentro más extraordinario y significativo en la decisión de convertirme ha sido con el Papa Benedicto XVI, al que he admirado y defendido como musulmán por su maestría a la hora de exponer el ligamen indisoluble entre la fe y la razón como fundamento de la auténtica religión y de la civilización humana».

 

«Desde ayer me llamo ?Magdi Cristiano Allam?», afirma el periodista que confiesa que el sábado «fue el día más bello de mi vida». Con su bautismo, Allam concluye un largo proceso de conversión, «vivido en el sufrimiento y la alegría, entre la profunda e íntima reflexión y la consciente y manifiesta exteriorización». Nacido en El Cairo en 1952, fue corresponsal en Egipto de «Repubblica». Desde hace 35 años vive en Roma, donde se convirtió en el experto en cuestiones islámicas del citado diario. Las amenazas de muerte que ha recibido tras denunciar el integrismo islámico le han obligado a vivir con escolta desde hace cinco años. En ese tiempo, explica en su carta, se ha interrogado por qué alguien como él, «que ha luchado con convicción y hasta la extenuación por un ?islam moderado?, asumiendo la responsabilidad de exponerse en primera persona en la denuncia del extremismo, acabe siendo condenado a muerte en nombre del islam y sobre la base de una legitimación coránica». De esta forma, llegó a la conclusión de que «la raíz del mal es inherente en un islam que es fisiológicamente violento e históricamente conflictivo».

 

El periodista, que hace tres años fue nombrado subdirector del «Corriere della Sera», es consciente de que su conversión al cristianismo le supondrá la «enésima y mucho más grave condena a muerte por apostasía», pero afirma que afrontará su «suerte con la cabeza alta, la espalda recta y la solidez interior de quien tiene la certeza de su propia fe». Allam también quiere que su acto sirva para poner fin «a la violencia de los musulmanes que no respetan la libertad de elección religiosa». Según el periodista, en Italia hay miles de convertidos «que viven serenamente su fe», pero otros la ocultan por miedo a ser asesinados por los extremistas. «Si en la cuna del catolicismo, nuestra casa, no somos capaces de garantizar a todos la libertad religiosa, ¿cómo tendremos credibilidad cuando denunciamos las violaciones de esa libertad en el mundo?», concluye.

 

¡Aleluya! es invitación a la alabanza que debe inscribirse en el corazón, dice el Papa

ACIDIGITAL, IBLNEWS

 

El Papa Benedicto XVI dirigió al mediodía de hoy (hora de Roma) el rezo del Regina Caeli, oración que reemplaza al habitual Ángelus durante el tiempo de Pascua. En esta oración el Santo Padre destacó que el canto del Aleluya es una invitación a vivir la alegría y la alabanza que debe inscribirse en los corazones de todos.

 

Desde su residencia de Castel Gandolfo, adonde llegó ayer por la tarde para un breve periodo de reposo, el Pontífice afirmó que "en la solemne Vigilia pascual, ha vuelto a entonarse, después de los días de la Cuaresma, el canto del Alleluia, palabra hebrea universalmente conocida que significa "Alabado sea el Señor". En los días del tiempo pascual, esta invitación a la alabanza pasa de boca en boca, de corazón en corazón. Hace esta invitación desde un acontecimiento totalmente nuevo: la muerte y resurrección de Cristo".

 

En esta oración del "Lunes del Ángel", como se conoce al lunes de la Octava de Pascua, el Santo Padre también se dirigió a los miles de fieles reunidos en la Plaza de Pedro, gracias a una conexión de audio y video. En ella recordó que "el alleluia fue cantado en el corazón de los primeros discípulos y discípulas de Jesús en aquella mañana de Pascua, en Jerusalén".

 

"Casi parece oír sus voces: la de María Magdalena, que vio primera al Señor resucitado en el jardín cerca del Calvario; las de las mujeres, que lo encontraron mientras corrían, sin miedo y felices; a dar a los discípulos el anuncio de la tumba vacía; las voces de los discípulos, que estaban de camino a Emaús con el corazón triste y que a la noche volvieron a Jerusalén llenos de alegría por haber escuchado su palabra y haberlo reconocido 'al partir el pan'; las voces de los once Apóstoles, que en esa misma noche lo vieron aparecer en medio de su cenáculo, mostrarles las heridas de los clavos y la lanza y decirles '¡La paz con vosotros!'. ¡Esta experiencia ha inscrito una vez y para siempre el alleluia en el corazón de la Iglesia!"

 

"De esta misma experiencia se deriva también la oración que recitamos este día y cada día del tiempo pascual en lugar del Ángelus: la antífona mariana Regina Caeli. El texto es breve y tiene la forma directa de un anuncio: es como una nueva 'anunciación' a María, hecha esta vez no por un ángel, sino por los cristianos que invitan a la Madre a alegrarse porque su Hijo, que ha llevado en su vientre, ha resucitado como había prometido", prosiguió.

 

Tras explicar que "en efecto, 'alégrate' fue, en Nazaret, la primera palabra que la Virgen escuchó del mensajero celeste", el Papa precisó que el sentido de esta expresión era el siguiente: "Alégrate María, porque el Hijo de Dios está por hacerse hombre en ti. Ahora, después del drama de la Pasión, resuena una nueva invitación a la alegría: 'Gaude et laetare, Virgo Maria, alleluia, quia surrexit Dominus vere, alleluia' – '¡Goza y alégrate, Virgen María, aleluya, porque el Señor ha resucitado verdaderamente, aleluya!'"

 

"Queridos hermanos y hermanas, dejemos que el aleluya pascual se imprima profundamente también en nosotros, para que no sea solo una palabra, sino la expresión de nuestra misma vida: la existencia de personas que invitan a todos a alabar al Señor y lo hacen con el comportamiento de 'resucitados'. 'Ruega al Señor por nosotros', le decimos a María para que Quien, en la resurrección de su Hijo, nos ha dado la alegría al mundo entero, nos conceda gozar de esta alegría ahora y en la vida sin fin", concluyó.

 

Al finalizar el rezo del Regina Caeli, el Papa saludó a los fieles en distintos idiomas. En su breve alocución en español, el Santo Padre invitó a "alegraros y a regocijaros con la Virgen María, porque el Señor Jesús resucitó de entre los muertos y reina para siempre. Él intercede por vosotros y os alienta a vivir de acuerdo con la fe que profesáis. Feliz tiempo de Pascua".

 

Miles de fieles siguen bajo la lluvia la Misa de Resurrección del Papa en la Plaza San Pedro

La Razón

 

Después de celebrar la Santa Misa del Domingo de  Resurrección en la Basílica de San Pedro en Roma, el Papa  Benedicto XVI impartió su tradicional mensaje pascual y la  bendición «urbi et orbi». En su mensaje a los cristianos de todo  el mundo, el Papa condenó el egoísmo como el azote de la  humanidad y llamó a la moderación y el perdón. Benedicto XVI  recordó el tormento que viven millones de personas atrapadas en  conflictos en varias partes del mundo. 

 

El Papa señaló que se deben buscar soluciones que  salvaguarden la paz y el bien común en el Tíbet, en el  «martirizado» Medio Oriente, especialmente en Tierra Santa, en  Irak, Líbano y en algunas partes de Africa como Darfur y  Somalia.  

 

En su mensaje, el Papa se refirió a las «llagas de la  humanidad, abiertas y dolientes en todos los rincones del  planeta», que según indicó, son producto de las relaciones  egoístas, la injusticia, el odio y la violencia que caracterizan  las relaciones entre los seres humanos y los pueblos. 

 

Benedicto XVI señaló que esas llagas que son ignoradas  «desgarran el alma y el cuerpo de innumerables hermanos y  hermanas nuestros». El Papa también tuvo palabras para aquellos  que se comprometen a trabajar activamente por la justicia y  llevan esperanza a aquellos lugares donde la dignidad humana es  vulnerada.

 

Miles de fieles participaron en la ceremonia en la Plaza de  San Pedro, bajo una persistente lluvia. Con su mensaje, el Papa  dio por terminados los actos de la Semana Santa.

 

Messori: "sin la Resurrección, los evangelios serían sólo una curiosidad judeo-helénica"

ABC

 

Si Cristo no ha resucitado, vana es vuestra fe, y también aquellos que han muerto en Cristo se han perdido. Si tenemos esperanza en Él solamente para esta vida, somos los más desgraciados de todos los hombres». Tal es el célebre escrito de Pablo a la comunidad de Corinto.

 

No es casualidad que la Pascua sea el centro del calendario cristiano: toda la fe está en vilo sobre el sepulcro de Jerusalén. Todo el edificio cristiano se desmoronaría como las Torres Gemelas si desaparecieran los cimientos, es decir, la convicción de que al tercer día el Crucificado salió de aquella tumba transfigurado por la luz de la resurrección.

 

El cristianismo no es un esquema ideológico independiente de los hechos concretos. Por el contrario, es el anuncio de un preciso acontecimiento histórico: «Aquel Jesús que acabó vergonzosamente sobre la cruz de los esclavos, sepultado en una tumba que le prestaron por caridad, salió de ella habiendo vencido a la muerte y mostrando de ese modo que era el Mesías anunciado por los profetas de Israel».

 

Tampoco es casualidad que Evangelio signifique «noticia», la «buena noticia» por excelencia: informa de hecho que ha sucedido algo que nos atañe directamente, porque ese Resucitado nos ha abierto el camino de la vida inmortal.

 

De aquí tanto la fuerza como la vulnerabilidad del cristianismo: dudar de la verdad histórica de aquel hecho significa despedirse de la fe. Si realmente los historiadores pudieran convencernos de que el evento de Pascua es solamente un mito, una leyenda, una ilusión, sería el fin de las Iglesias cristianas, digan lo que quieran ciertos teólogos actuales que querrían desvincular la fe de los datos de la historia.

 

Y digan lo que digan ciertas sabidurías new age, interesadas por lo cósmico y alérgicas a la crónica. Ésta es la simple y en el fondo dramática realidad: si el sepulcro de José de Arimatea se quedó cerrado, o vacío sólo porque el cadáver se lo llevaron los discípulos, el Evangelio queda degradado de Palabra de Dios a curioso testimonio de la literatura popular judeo-helenística.

 

Puesto que la fe no es una propuesta intelectual que haya de ser examinada con objetividad aséptica, sino que es una realidad que interpela a cada uno en lo profundo, es preciso hablar aquí en primera persona.

 

Aunque cueste hacerlo, aquí es necesario decir «yo». Por lo que diré que, para mí, sería particularmente hipócrita fingir una mesurada neutralidad. Hace ya más de treinta años que reflexionando sobre las razones de la fe no hago más que investigar precisamente sobre la verdad del acontecimiento pascual. Le he dedicado gruesos libros, pero en el fondo, en casi todo lo que he escrito me he preguntado sobre la posibilidad de aceptar ese fundamento de la fe.

 

El pasado domingo, la madre de cualquier otro domingo, recité con particular emoción con quienes estaban a mi lado el versículo del Credo sobre el que se funda todo: « murió y fue sepultado. Y resucitó al tercer día según las Escrituras».

 

Desde luego que no son pocos los que me preguntan cómo puede tomarse en serio una afirmación del género, un hombre que tiene algunos estudios, que no ha dado signos visibles de desequilibrio mental, que incluso ha mostrado que no carece de un sentido crítico normal. No me sorprendo. Es más, comprendo bien una perplejidad que yo también tuve. Todavía ahora no hay una Misa en la que, al llegar al Credo, no me pregunte: pero en el fondo, ¿de verdad lo creo?

 

Por supuesto que sí, lo digo con claridad, con la humildad de quien sabe bien que no tiene en ello ningún mérito, con el temor de quien sabe que «lleva tesoros en vasos de barro», con la conciencia dolorosa de quien mide la distancia entre su fe y su vida.

 

Desde luego que sí, me atreveré a decirlo: al igual que cualquiera que se diga cristiano, estoy convencido de que cuanto refieren los evangelios coincide con lo que sucedió, que Jesús había muerto realmente y que realmente salió vivo del sepulcro, pasando luego cuarenta días con los discípulos antes de ascender al Cielo.

 

Yo también estoy entre los extravagantes que comparten una certeza que ahora parece minoritaria: la Pascua no conmemora un mito sino que recuerda un hecho.

 

Todos saben que para intentar motivar semejante convicción, existen enormes bibliotecas. Pero, ¿cómo responder a quien forzando las cosas quisiera obligar a una síntesis extrema? Puesto con la espalda en la pared, cada creyente tendría sus respuestas. Por lo que a mí respecta, aventuraría la «prueba de la vida».

 

Al inicio del Evangelio de Juan, a quienes le preguntan quién es, Jesús no les responde con un «manifiesto» ideológico sino que, pragmático, les replica: «Venid y veréis». Como puede confirmar cualquiera que haya aceptado la invitación, seguirle puede significar el descubrimiento de una luz que arroja significado sobre cualquier circunstancia de la existencia.

 

Por eso no hay cotidianidad de creyente que no esté atravesada, al menos a ráfagas, por el gozo de quien intuye el sentido de lo que de otro modo permanece dolorosamente inexplicable, y por la alegría de quien descubre que es amado, perdonado y esperado en una eternidad que sólo con que se quiera puede ser infinitamente feliz.

 

Igual que el movimiento se muestra simplemente caminando, la verdad del Evangelio se constata con la misma simplicidad, viviéndolo: la profundidad insondable de una enseñanza expresada con palabras tan elementales no tiene mejor verificación que la de la vida. A esta «prueba» existencial se refería Pablo al constatar «sé en quién he creído».

 

Siguiendo sobre el mismo nivel de lo concreto, tampoco he olvidado lo que me dijo una vez el cardenal Ratzinger: «No hay argumento apologético más eficaz que la santidad y el arte: la belleza de las almas y la belleza de las cosas que la fe ha plasmado, sin interrupciones, desde hace ya veinte siglos. Ahí está, créamelo, la fuerza misteriosa del Resucitado».

 

Pero como es obvio, añadiría a estas que, parafraseando a Pascal, llamaría «razones del corazón», las «razones de la razón» hacia las que, sobre todo, he dirigido mi investigación. ¿Cómo reducir a la médula las infinitas argumentaciones que, página tras página, he tratado de acumular? Como un policía inglés podría pasar revista a todas las posibles respuestas a la pregunta «si excluimos la hipótesis de los creyentes, ¿qué otra cosa pudo suceder en Jerusalén aquel 9 de abril del año 793 de la fundación de Roma, el año 30 según el calendario cristiano?».

 

Podría hacerlo, llegando a la conclusión imprevista de que, al final, lo más razonable podría ser la aceptación de un misterio que supera a la razón pero sin contradecirla. Podría recordar que, a diferencia del fundador de cualquier otra religión, «Jesús, desde el inicio de la Historia, ha sido anunciado o adorado»: y es que, en efecto, la anomalía del cristianismo reside en ser la aceptación de un Mesías, fundada sobre el anuncio de ese mismo Mesías.

 

El árbol cristiano no sea apoya en el vacío, sino que hunde sus profundas raíces en el antiguo Israel. Podría mostrar cómo las mismas travesías que marcan la historia de la Iglesia pueden, paradójicamente, mostrar la filigrana de la presencia y la asistencia del espíritu del Resucitado. Incluso podría lanzarme a analizar la extraordinaria reserva de lo milgaroso que, desde siempre, acompaña la marcha de la fe a lo largo de la historia, y que sólo el prejuicio puede rechazar a priori.

 

Podría hacer todo esto. Por lo demás, es lo que he intentado hacer siempre. Aunque sin ilusionarme con convencer a todos. Sea cual sea la calidad y la cantidad de las razones puestas sobre la mesa, el creyente siempre chocará con la incredulidad. ¿Motivo para dudar de la fuerza de las argumentaciones de la fe? Todo lo contrario, un motivo de confirmación: en Jerusalén todo vieron al Crucificado, pero sólo los discípulos vieron al Resucitado.

 

La tutela de la libertad del hombre ha quedado confiada al claroscuro en el que Jesús envolvió su Pascua, admitiendo por decirlo de nuevo con Pascal «suficiente luz para creer», pero dejando «suficiente sombra para poder dudar». El resplandor de la mañana de Pascua puede iluminar el camino de quien esté dispuesto a dejarse guiar. El corazón del Evangelio no es un autoritario «tú debes», sino un afectuoso «si tú quieres”.

 

Cardenal Cipriani: No reemplazar esperanza en Reino de Dios por el "reino del hombre"

ACI

 

El Arzobispo de Lima, Cardenal Juan Luis Cipriani Thorne, señaló que a la humanidad contemporánea le cuesta trascender a lo espiritual, y por eso muchas veces "desarrollan la esperanza de la instauración de un mundo perfecto que pareciera poder lograrse gracias a los conocimientos de la ciencia" y así "la esperanza bíblica del Reino de Dios tantas veces es reemplazada por la esperanza del reino del hombre".

 

En una Misa por Domingo de Resurrección, el Purpurado indicó que en esa celebración el Cristo "nos ofrece la salvación y con ello se nos ha dado la esperanza" pero hay que buscar "una esperanza que vaya más allá" que alimente las esperanza cotidianas "esas esperanzas que nos llevan día a día a buscar lo mejor en nuestras familias, trabajos, a llevar un momento de esperanza a los que no la tienen".

 

Hay que "buscar caminos de esperanza que no brotan de esos pensamientos puramente temporales, sino que se alimentan de ese don de la esperanza y de la fe que el Señor nos da a nosotros seres humanos y nos dice: trabaja con tus talentos, haz producir lo que te he dado", acotó.

 

Tras asegurar que hoy más que nunca la gente tiene sed de "que los llevemos a ese mundo maravilloso que el Señor tiene pensado para cada uno", el Cardenal Cipriani subrayó que la esperanza que el Señor nos trae con su Pasión, Muerte y Resurrección "nos habla de una esperanza que trasciende, es hoy, fue ayer, y será mañana, será eterna".

 

Hay que buscar "una esperanza que nos comprometa" y "este momento de la Resurrección incorpora esa grandeza y al mismo tiempo esa humildad del ser humano. Mi grandeza, Señor es ser tu hijo; y, al serlo, participar como heredero de tu luz, sabiduría, estado de ánimo, perdón y fuerza", aseveró.

 

A la Eucaristía, concelebrada por el Nuncio Apostólico en el Perú, Mons. Rino Passigato; el Obispo Auxiliar de Lima, Mons. Adriano Tomasi y sacerdotes de la Arquidiócesis de Lima, asistieron el Presidente del Perú, Alan García Pérez; y algunos Ministros de Estado.

 

Regina Coeli: el Papa recuerda a los "misioneros mártires" muertos en 2007 y manifiesta su cercanía a los enfermos de tuberculosis

RV

 

El canto del Aleluya y la oración del Regina Coeli ha sido los temas centrales que ha abordado Benedicto XVI en su alocución antes de la oración mariana, en este Lunes de la octava de Pascua. El Santo Padre se encuentra desde ayer por la tarde en el Palacio Apostólico de Castelgandolfo, residencia veraniega del Pontífice en las afueras de Roma, para pasar unos días de descanso después de las intensas celebraciones que presidió antes y durante el triduo pascual.

 

Hablando desde patio interior del Palacio, Benedicto XVI se ha referido al canto del aleluya, que significa “Alabar al Señor”, y que después de los días de la Cuaresma volvió a resonar en la vigilia pascual..

 

“En los días del tiempo pascual, esta invitación a la alabanza pasa de boca en boca, de corazón en corazón. Resuena a partir de un acontecimiento absolutamente nuevo: la muerte y resurrección de Cristo”.

 

Este aleluya que floreció en los primeros discípulos y discípulas de Jesús, ha sido recordado por el Papa en la voz de María Magdalena, la primera que vio al Señor resucitado en el jardín del Calvario; en las voces de las mujeres que lo encontraron cuando corrían asustadas y felices a dar la noticia a los discípulos de que la tumba estaba vacía; en las voces de los dos discípulos que se habían encaminado hacia Emmaús con el rostro triste y que volvieron en la tarde llenos de alegría después de haber escuchado su palabra y haberlo reconocido partiendo el pan; y también en las voces de los once apóstoles, que esa misma noche lo vieron aparecer entre ellos en el Cenáculo, mostrando las heridas de los clavos y de la lanza y diciéndoles: Paz a vosotros. Tras recordar cada uno de estos pasajes el Papa ha afirmado que es esta experiencia la que inscribió de una vez y para siempre el aleluya en el corazón de la Iglesia.

 

Benedicto XVI ha subrayado a continuación que de esa experiencia se deriva también la oración que desde hoy y durante todo el tiempo pascual dedicamos a María, en lugar del Ángelus, es decir, la antífona del Regina Coeli. Este breve texto, ha dicho el Papa, es como una nueva anunciación a María, esta vez hecha no por un ángel sino por los cristianos que la invitan a alegrarse porque su Hijo, ha resucitado como había prometido.

 

En efecto, alégrate fue en Nazaret la primera palabra dirigida a la Virgen por el mensajero celeste: Y el sentido era el siguiente: Alégrate, María porque el Hijo de Dios esta por hacerse hombre en ti. Ahora, después del drama de la Pasión, resuena una nueva invitación a la alegría: Alégrate Virgen María, aleluya, por que el Señor resucitó de verdad, aleluya.

 

Invitando a los fieles a dejar que el aleluya pascual nos impregne en profundidad, y que no sea solo una palabra más, sino la expresión de nuestra existencia misma, el Papa ha pronunciado la oración del Regina Coeli pidiendo a María que rece por nosotros para que el Señor, que en la resurrección de su Hijo, ha dado la alegría al mundo entero, nos conceda gozar de esta alegría ahora y en la vida sin fin. Y tras el rezo mariano, Benedicto XVI ha recordado que este lunes, 24 de marzo, se celebra la Jornada de oración y de ayuno por los misioneros mártires.

 

Recordar y rezar por estos nuestros hermanos y hermanas –obispos, sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos- caídos a lo largo del 2007, mientras desarrollaban su servicio misionero es un deber de agradecimiento para toda la Iglesia y un estímulo para cada uno de nosotros para testimoniar de manera cada vez más valiente nuestra fe y nuestra esperanza en Aquel que sobre la Cruz venció para siempre el poder del odio y de la violencia con la omnipotencia de su amor.

 

El Santo Padre también puso de relieve la celebración, este día del la Jornada Mundial por la Lucha contra la Tuberculosis, establecida por la Organización Mundial de la Salud, de la ONU, que este año está dedicada al tema “Yo puedo frenar la tuberculosis”, con la cual se desea llamar la atención sobre la enfermedad, que lejos de haber desaparecido continúa golpeando a unos 2 mil millones de personas, sobretodo en África subsahariana y en el sudeste asiático. Ante este flagelo el Papa ha manifestado su cercanía… : “Estoy particularmente cercano a los enfermos y a sus familias y espero que crezca el compromiso a nivel mundial para derrotar este flagelo. Mi llamamiento se dirige sobretodo a las instituciones católicas, para que cuantos sufren puedan reconocer, a través de su obra, al Señor Resucitado que les da curación, consuelo y paz”.

 

Como siempre el Pontífice al concluir su alocución ha saludado, en diferentes idiomas, a los peregrinos congregados, esta vez en el Palacio de Castelgandolfo. Estas sus palabras en español. 

 

Saludo con afecto a los peregrinos de lengua española, en este lunes de la octava de Pascua. Os invito a alegraros y a regocijaros con la Virgen María, porque el Señor Jesús resucitó de entre los muertos y reina para siempre. Él intercede por vosotros y os alienta a vivir de acuerdo con la fe que profesáis. Feliz tiempo de Pascua.

 

Magdi Allam, periodista, bautizado en la Iglesia Católica

Scriptor.org – Análisis Digital

 

Magdi Allam no sería hoy noticia que da la vuelta al mundo si no se tratase 1) de un periodista bien conocido en Italia -subdirector del Corriere della Sera-; 2) si no hubiera sido toda su vida de religión islámica, hasta ser 3) bautizado como católico por el Papa Benedicto XVI, ayer, en una solemne ceremonia en el Vaticano.

 

Es curioso que las primeras noticias en internet no llegaron desde el periódico el en que trabaja. En la edición en papel, el Corriere publica hoy una doble página, con llamada desde portada. Pero ha sido sólo a media mañana cuando ha abierto -hasta entonces reservadas a lectores de pago- la noticia en la red (La conversione di Allam fa il giro del mondo), y la carta que Magdi Allam dirige al director de su periódico, «Approdo di un lungo cammino. Decisivo l’incontro con il Papa» (ver traducción castellano).

 

Pero no es cuestión de pensar mal del periódico: este curioso asunto es quizá una pequeña gaffe, un "problema técnico" corregido a tiempo.

 

Las primeras noticias en la red llegaron de la mano de dos colegas y amigos estadounidenses: John Allen (Pope baptizes fierce critic of Islamic radicalism during Easter Vigil), y Michael Ledeen (A Brave and Dangerous Conversion to Christianity).

 

Y ya, poco después, en efecto, la noticia da la vuelta al mundo: entre otros tantos, a voleo de agencias y diarios o televisiones, La Vanguardia, El País, La Nación, CNN, The Times, etc.

 

Lo que llama la atención es que el punto de vista que cuenta esta noticia tiende a ser insistentemente político e ideológico, más que religioso. También es cierto que podía haberse bautizado en su parroquia. Pero resulta exagerado que se hable casi exclusivamente del coraje de un nuevo Rushdie (cosa que Allam no es: dudo mucho que pretenda vivir de ser perseguido), y de su necesidad de ser protegido con su familia de un posible atentado, y también de respuesta política vaticana a Bin Laden, o de división entre facciones los fieles islámicos, y cosas así.

 

Pero no se habla casi nada de lo que, según destaca el mismo Magdi Allam (por ejemplo en esta entrevista oral, «La mia prima Pasqua da cristiano»), cuando habla acerca de su felicidad al saberse -tras el bautismo- hoy cristiano, viviendo plenamente una fe que está entreverada de razón. Una fe que a buen seguro le ayudará a ser más acogedor y moderar y equilibrar el carácter no pocas veces pendenciero y dado a la controversia dura, tal y como aparece en algunas de sus publicaciones, muy críticas del extremismo islámico o bien en su controvertida postura, que -al defender la sacralidad de la vida, por ejemplo en el libro "Viva Israel"- sin duda tiene una lectura partidista.

 

Dicho esto, no es necesario destacar ahora que la figura ejemplar de Benedicto XVI es en la que se ha mirado y la que en definitiva ha alentado sus últimos pasos al tomar la decisión, puesto que de ello ha hablado ampliamente en sus escritos en su periódico.

 

Ahora, en retrospectiva, es palmaria esta admiración, por ejemplo, con ocasión de la "lección de Ratisbona", mencionada aquí en Scriptor, cuando quien da cuenta de lo dicho por Benedicto XVI es Magdi Allam, en el Corriere della Sera, hablando de respetar la verdad de la historia. No es de recibo, viene a decir este musulmán, "que el Papa sea puesto en la picota y sea amenazado por haber dicho lo que cualquier musulmán honrado y razonable debe aceptar: la realidad histórica".

 

Otro tanto había sucedido poco antes, con ocasión de tratar en su periódico el modo escandaloso de sacar partido -en su mismo periódico- de una extrapolación de las famosas caricaturas de Mahoma. Recogía entonces en Scriptor que El Corriere della Sera dedica hoy domingo, a este asunto, una página impar completa, con entradilla en primera página (Vignetta su Maometto: l’oltraggio e la libertà) Cabe pensar que son cosas del periodismo, aunque resulta sorprendente y estrafalaria la exageración. Porque es algo que leerá todo el mundo. Firma el artículo Magdi Allam, un musulmán culto y moderado, que valora los pros y contras de la cuestión y realmente no critica lo publicado por Cavalleri en su pequeña y sectorial revista cultural. Más bien se escandaliza de que nadie haya movido un dedo para denunciar la representación blasfema y de mal gusto de Jesús, precisamente en esta Semana Santa, en el dibujo animado "South Park", visto por millones de espectadores estadounidenses.

 

Y tiene razón Magdi Allam en haber escrito estas cosas. Y desde luego la tiene cuando -sin hacer mención de la política- habla de su conversión y da gracias a Dios y se siente feliz por el regalo de una fe unida inseparablemente con la razón. Y sigue teniendo razón cuando en su blog dice: Buona Pasqua a tutti: ricevere il Battesimo dal Papa nel Giorno della Risurrezione è il dono più grande della vita!

 

Quizá -cabe pensar, en todo caso- que el Corriere ahora esté algo menos contento. No puede lucir un subdirector que era un musulmán liberal moderado, y se ecuentra de buenas a primeras con un subdirector católico practicante, que no por casualidad ha elegido «Cristiano» como nombre de bautismo. Veremos. A lo mejor empiezan a cambiar las tornas de lo políticamente correcto.

 

Pascual Chávez reelegido Rector Mayor de los Salesianos

Ecclesia    

 

Esta mañana los miembros del Capítulo General 26 han confirmado, en la primera votación, a don Pascual Chávez Villanueva como Rector Mayor de los Salesianos para el sexenio 2008-2014. Había sigo elegido Rector Mayor en 2002.

 

En su primer sexenio como Rector Mayor don Pascual Chávez ha manifestado la fuerte necesidad de llevar el carisma salesiano hacia niveles espirituales cada vez más auténticos y al empeño salesiano en las fronteras más necesitadas de la sociedad y cultura actuales. Han sido apreciadas sus Cartas Circulares a toda la Congregación en las que, alternando con la presentación de las diversas regiones en las que está dividida la Congregación, ha ofrecido itinerarios de reflexión y de profundización sobre temas como la santidad, la Palabra de Dios y la Vida Religiosa.

 

Los diversos títulos “Honoris Causa” recibidos en el curso de estos años han sido acompañados siempre por “lectio magistralis” de aprecio considerable. También han sido apreciadas sus intervenciones y los Aguinaldos, objetivos de reflexión y actuación ofrecidos cada año a los diversos grupos de la Familia Salesiana; de manera particular la de este año que se ha hecho eco de la llamada del Papa Benedicto XVI sobre la urgencia de la educación.

 

Pascual Chávez se ha prodigado, durante su primer mandato, por visitar todas las inspectorías y visitadurías de la Congregación haciéndose portador de la sonrisa y de la esperanza dada por Don Bosco. Han sido numerosos los ayuntamientos que se han sentido honrados al concederle la ciudadanía honoraria, entre los cuales el de Capriglio, pueblo natal de la Venerable Mamá Margarita, madre de Don Bosco.

 

Su profunda convicción por la actualidad y la autenticidad de la Vida Consagrada le han llevado, después del nombramiento “ad quinquennium” por parte dei Juan Pablo II como consultor de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, a trabajar con empeño por la Vida Religiosa. Además de haber sido miembro del consejo ejecutivo y de la comisión teológica, fue elegido, en noviembre de 2006, Presidente de la Unión de Superiores Generales. En calidad de Rector Mayor de los Salesianos participó también en la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, celebrada en mayo del año pasado en Aparecida, Brasil.

 

Apuntes biográficos

Nacido en Real de Catorce, en el estado de San Luis Potosí, México, el 20 de diciembre de 1947, Pascual Chávez Villanueva fue alumno del “Colegio México” de la ciudad de Saltillo, donde se había transferido su familia y aquí, luego de haber conocido a los salesianos, madura la intención de seguir a Don Bosco.

 

Luego de entrar en el noviciado de Coacalco emitió la primera profesión religiosa como salesiano el 16 de agosto de 1964 y en 1970, en Guadalajara, la perpetua. También en esa ciudad, capital del estado de Jalisco, recibió el ministerio diaconal el 10 de marzo de 1973 y la ordenación sacerdotal el 8 de diciembre de 1973.

 

En 1975, luego de dedicar sus primeros años de ministerio en la comunidad de los salesianos en formación de Chapalita, estudió en el  Instituto Bíblico de Roma obteniendo la licencia en Sagrada Escritura en 1977. Fue docente y director del Instituto Teológico de San Pedro Tlaquepaque de 1980 a 1988. Luego fue llamado a ser el inspector de los salesianos de México-Guadalajara de 1989 a 1994. Al terminar su mandato obtuvo el Doctorado en Teología Bíblica en Salamanca, España en 1997

 

Durante el CG24, de 1996, no obstante no formar parte del Capítulo fue llamado por el Rector Mayor don Juan Edmundo Vecchi para cubrir el cargo de Consejero para la región Interamérica.

 

El 3 de abril de 2002, durante el CG25, don Pascual Chávez Villanueva fue elegido en el primer escrutinio Rector Mayor de los Salesianos convirtiéndose en el IX sucesor de Don Bosco sucediendo a don Vecchi fallecido en el mes de enero del mismo año.

 

La nueva cruzada de la Iglesia se libra en casa

EL MUNDO

 

Lo dijo Marx en La cuestión judía: "El así llamado Estado cristiano necesita de la religión cristiana para completarse como Estado. El Estado democrático, el verdadero Estado, no necesita de la religión para completarse políticamente". Y añadía: "La emancipación de la política respecto a la religión permite subsistir a la religión, si bien no a una religión privilegiada".

 

Ha llovido mucho desde entonces, pero ¿qué peso real tiene hoy la Iglesia Católica en los países donde es confesión "privilegiada"? ¿Respeta la división Iglesia-Estado? ¿Ejerce la misma presión que, por ejemplo, los obispos españoles?

 

Salvando el caso italiano, sede milenaria del poder católico, en ningún sitio las cosas van tan lejos como en España. En otros países occidentales de tradición católica la influencia de la Iglesia parece en franco retroceso, tal como indican las vocaciones, las confesiones, los bautizos o los matrimonios canónicos.

 

En su célebre y polémico discurso de Ratisbona, el 12 de septiembre de 2006, Joseph Ratzinger dio a conocer las bases de la nueva batalla del catolicismo: relación entre fe y razón moderna, reivindicación de la teología como base ética de las ciencias, y una apuesta, irreal a juicio de algunos, por el diálogo entre religiones como medio de frenar la barbarie de la guerra santa. Dos años antes, en 2004, el entonces cardenal Ratzinger había sido más concreto, al difundir desde la Congregación para la Doctrina de la Fe una especie de "manual del buen político católico laico": ni eutanasia, ni aborto, ni fecundación artificial, ni parejas de hecho, ni uniones gays.