RESUMEN DE PRENSA

 

 

 

5 de abril de 2008

 

 

INTERNACIONAL

 

 

Inaugurado un monasterio en Galilea para la adoración Eucarística 

La Razón

 

Madrid- Uno de los anhelos del beato Charles de Foucauld, misionero que llevó el Evangelio a los pobres de África, se ha hecho realidad: la construcción, en el Monte de las Bienaventuranzas, de un lugar en el que la presencia del Santísimo Sacramento será permanente. Ha sido posible este fin de semana con la inauguración, en la Domus Galilaeae, de un monasterio en cuyo centro se encuentra la capilla donde la adoración Eucarística podrá realizarse día y noche.

La Domus Galilaeae, un centro de formación y retiro cuya arquitectura pretende redescubrir el papel de la belleza en la Iglesia, está sirviendo de verdadero puente de acercamiento entre católicos y hebreos.

Al acto asistieron el Patriarca Latino de Jerusalén, Michel Sabbah; el Custodio de Tierra Santa, Pierbattista Pizzaballa; el Nuncio en Israel, Antonio Franco y numerosos obispos de diversos ritos, acompañados en todo momento por los 170 obispos que han participado en una convivencia sobre la Nueva Evangelización y por cuyo motivo el Secretario de Estado Vaticano, el cardenal Tarcisio Bertone, envió un mensaje con la bendición y el afecto de Benedicto XVI.

El monasterio consta de 23 celdas y la capilla circular, bajo cuyo altar se ha situado una reliquia del beato, se encuentra coronada por una gran obra escultórica que representa a Cristo y a los apóstoles durante la predicación del Sermón de la Montaña, obra de Kiko Argüello, iniciador del Camino Neocatecumenal.

 

La autentica paz surge de la misericordia divina

VIS

 

Al mediodía, el Papa rezó el Regina Caeli junto a miles de peregrinos desde el Palacio Apostólico de Castelgandolfo, donde ha transcurrido varios días de descanso y esta tarde regresa al Vaticano.

 

El Santo Padre recordó al inicio que durante el Jubileo del 2000, "el Siervo de Dios Juan Pablo II estableció que en toda la Iglesia el domingo después de Pascua, además de domingo in Albis, fuera denominado domingo de la Divina Misericordia. Lo hizo en concomitancia con la canonización de Faustina Kowalska, humilde religiosa polaca, nacida en 1905 y fallecida en 1938, mensajera de Jesús misericordioso".

 

Tras poner de relieve que "la misericordia es en realidad el núcleo central del mensaje evangélico", el Santo Padre afirmó que "este amor de misericordia ilumina también el rostro de la Iglesia y se manifiesta ya sea mediante los sacramentos, en particular el de la Reconciliación, ya sea con obras de caridad, comunitarias e individuales. (...) De la misericordia divina, que pacifica los corazones, surge, además, la auténtica paz en el mundo, la paz entre los pueblos, culturas y religiones".

 

"Al igual que sor Faustina, Juan Pablo II se convirtió a su vez en apóstol de la Divina Misericordia. En la noche del inolvidable sábado 2 de abril de 2005, cuando cerró los ojos a este mundo, se celebraba precisamente la vigilia del segundo domingo de Pascua, y muchos notaron la singular coincidencia, que unía en sí la dimensión mariana -el primer sábado del mes- y la de la Divina Misericordia".

 

Benedicto XVI señaló que precisamente el "largo y multiforme pontificado" de Juan Pablo II "encuentra aquí su núcleo central; toda su misión al servicio de la verdad sobre Dios y sobre el ser humano y de la paz en el mundo se resume en este anuncio, como él mismo dijo en Cracovia-Lagiewniki en 2002, al inaugurar el gran Santuario de la Divina Misericordia: "Fuera de la misericordia de Dios no existe otra fuete de esperanza para los seres humanos". Su mensaje, como el de santa Faustina, presenta el rostro de Cristo, revelación suprema de la misericordia de Dios. Contemplar constantemente ese Rostro: esta es la herencia que nos ha dejado y que acogemos con alegría y hacemos nuestra".

 

El Papa dijo que la semana que viene se celebrará en Roma el primer Congreso Apostólico Mundial de la Divina Misericordia, que inaugurará con una misa celebrada en la Plaza de San Pedro la mañana del miércoles 2 de abril, en el tercer aniversario del fallecimiento de Juan Pablo II.

 

"Pongamos el Congreso bajo la celestial protección de María santísima, Mater Misericordiae. Le encomendamos la gran causa de la paz en el mundo para que la Misericordia de Dios realice lo que es imposible a las solas fuerzas humanas, e infunda la valentía del diálogo y de la reconciliación en los corazones".

 

Después de la oración mariana, el Santo Padre saludó a los numerosos peregrinos reunidos en la plaza de San Pedro -que seguían el Angelus en conexión audio-video-, de manera especial a quienes habían participado en la Santa Misa celebrada esta mañana por el cardenal Tarcisio Bertone, con motivo de la fiesta de la Divina Misericordia. "Que la intercesión de santa Faustina y del Siervo de Dios Juan Pablo II -dijo- os ayuden a ser auténticos testigos del amor misericordioso. Como ejemplo a imitar, hoy deseo indicar el de la madre Celestina Donati, fundadora de la Congregación de las Hijas Pobres de San José de Calasanz, que en este día es proclamada beata en Florencia".

 

 

El Papa evoca a Juan Pablo II, «apóstol de la Misericordia»  El Pontífice se refirió al amor de Dios por el hombre en su rezo

La Razón

 

Benedicto XVI recordó a su predecesor cuando quedan tres días para el tercer aniversario de su fallecimiento

 

Madrid- «Un Apóstol de la Divina Misericordia», estas son las palabras con las que el Papa Benedicto XVI ha recordado a su predecesor, el Pontífice Juan Pablo II, y aseguró que «toda su misión estuvo marcada por el servicio a la verdad de Dios y del hombre, y de la paz en el mundo. Desde el balcón de su residencia veraniega en Castel Gandolfo, a las afueras de Italia, el Papa presidió ayer el rezo mariano del Regina Coeli, que durante durante el tiempo pascual sustituye al tradicional Ángelus.

El domindo de ayer coincidía con la fiesta de la Divina Misericordia, instaurada por Juan Pablo II durante el Jubileo del año 2000, y por esta razón Benedicto XVI evocó el núcleo central de su pontificado, consagrado a presentar el rostro de Jesús misericordioso. «La misericordia es en realidad el núcleo central del mensaje evangélico, es el nombre mismo de Dios, el rostro con el cual Él se reveló en la antigua Alianza y plenamente en Jesucristo, encarnación del Amor creador y redentor», señaló.

El Pontífice explicó que «todo lo que dice y hace la Iglesia manifiesta la misericordia que Dios siente por el hombre», y que de esta «misericordia divina, que pacifica los corazones, surge además la auténtica paz en el mundo, la paz entre los pueblos, culturas y religiones».

Cuando faltan tres días para el tercer aniversario del fallecimiento del Papa Juan Pablo II, Benedicto XVI recordó que «en la noche del inolvidable sábado 2 de abril del 2005, cuando cerró los ojos a este mundo, se celebraba precisamente la vigilia del segundo domingo de Pascua, y muchos observaron la singular coincidencia, que unía en sí la dimensión mariana, el primer sábado del mes, y la de la Divina Misericordia.

La referencia del Santo Padre a su predecesor se produjo en un día en el que el portavoz del Vaticano, Federico Lombardi, dismintió la información publicada el sábado por el periódico italiano «La Stampa», en la que se señalaba que, una vez Juan Pablo II sea proclamado santo, su tumba será trasladada desde las Grutas Vaticanas a la Basílica de San Pedro. El portavoz del Vaticano afirmó ayer que «cualquier decisión sobre esta cuestión no se adoptará antes de la beatificación» y que, por lo tanto, «lo afirmado en el artículo no va más allá de una simple hipótesis», informa Efe.

 

La fecunda «soledad» del sacerdote en la sociedad de hoy. Habla el secretario de la Congregación para el Clero

ZENIT

 

 El sacerdote «no es un empleado», «es un consagrado, un ‘Cristo' de Dios», célibe, que se nutre de la Eucaristía, lejano de las modas de este mundo y al servicio de la gente. Lo dijo en una entrevista a L'Osservatore Romano (20-21 marzo 2008) el arzobispo Mauro Piacenza, secretario de la Congregación para el Clero, al subrayar los rasgos sobresalientes del sacerdote y su papel en la misión de la Iglesia en el mundo.

 

«El sacerdote no puede realizarse plenamente si la Eucaristía no es de verdad el centro y la raíz de su vida», si su «fatiga cotidiana» no es «irradiación de la celebración eucarística», aclara el prelado.Como recuerda el relato evangélico sobre el «lavatorio de los pies» de los apóstoles por parte de Jesús, añadió monseñor Piacenza, la tarea del sacerdote está en la entrega incondicional: «¡El sacerdote no se pertenece! Está al servicio del Pueblo de Dios sin límites de horario y de calendario».

 

«La gente no es para el sacerdote, sino el sacerdote para la gente, en su globalidad, sin restringir nunca su propio servicio a un pequeño grupo», dijo.«El sacerdote no puede elegir el puesto que le gusta, los métodos de trabajo que considera más fáciles, las personas consideradas más simpáticas, los horarios más cómodos, las distracciones --aunque legítimas-- cuando sustraen tiempo y energías a la propia específica misión pastoral».

 

Además, aún actuando en el mundo, el sacerdote no está sin embargo «asimilado al mundo, mimetizándose en él, dejando de ser fermento transformador».«Frente a un mundo anémico de oración y de adoración, de verdad y de justicia --añadió--, el sacerdote es sobre todo el hombre de la oración, de la adoración, del culto, de la celebración de los santos Misterios ‘ante los hombres, en nombre de Cristo'».

 

Su compromiso es el «testimonio, entendido etimológicamente como martirio» «en la conciencia renovada de que Cristo, ordinariamente, viene a nosotros sólo ‘en la' Iglesia y ‘de la' Iglesia, que prolonga su presencia en el tiempo».Porque la Iglesia es «trascendente y misterio» y «sólo si no renuncia a la propia identidad sobrenatural» «podrá auténticamente evangelizar las realidades ‘naturales'». En efecto, explica, «la Iglesia tiene la tarea ‘negativa' de liberar al mundo del ateísmo y la ‘positiva' de satisfacer la necesidad imborrable que el hombre, consciente o inconscientemente, tiene de realizarse, es decir, de la santidad».

 

Por ello, el sacerdote debe «responder a la sed abrasadora de una humanidad siempre en búsqueda» y sembrar esa «inquietud» que es «el santo temor de Dios». En este sentido, la «totalidad de la oblación a Dios» es el único metro con el que se mide la dignidad de un sacerdote y la garantía de la «totalidad del servicio a los hermanos».

 

Al mismo tiempo, añade el arzobispo Piacenza, la apertura a los jóvenes de los «vastos horizontes de la integridad del seguimiento de Cristo» puede contribuir a afrontar la crisis de las vocaciones en la sociedad actual. Por el contrario, observó, «allí donde se efectúan intentos reductores de la identidad y del ministerio pastoral, todo languidece por el camino de la progresiva desertificación».

 

Pero a la luz de la «configuración del sacerdote con Jesucristo» se comprenden mejor también las «promesas de obediencia, de castidad vivida en el celibato, en el compromiso de un camino en el desprendimiento de las cosas, de las situaciones, de sí  mismos». El arzobispo por ello subrayó que «la castidad garantiza la dimensión esponsal y la gran paternidad» y recordó que «en todo esto no hay noes, sino un grande sí liberador», «un amor más grande» que se expresa «en la lógica gozosa de la entrega».

 

«El sacerdote no entrará nunca en crisis ni de identidad, ni de soledad, ni de frustración cultural si, resistiendo a la tentación de perderse en la multitud anónima, no desciende nunca --en cuanto a intención, rectitud moral y estilo-- de la tarima del altar del sacrificio del Cuerpo y de la Sangre de Cristo». Sin embargo, admitió, frente «a una disgregación cada vez más acentuada de los vínculos entre las personas, en cada ámbito social [...] no podemos pensar que la figura del sacerdote célibe no sufra el contragolpe de estas innumerables soledades». Por esto, concluyó, hay «necesidad de sacerdotes que sepan mostrar la fecundidad para la comunión y para la comunidad de su ‘soledad' virginal».

 

Roma: Congreso internacional sobre el aborto y el divorcio

RV

 

“El aceite sobre las heridas. Una respuesta a la plaga del aborto y del divorcio”, es el tema del Congreso Internacional que los días 4 y 5 de abril se celebrará en Roma, organizado por el Pontificio Instituto Juan Pablo II para los Estudios sobre el Matrimonio y la Familia, en colaboración con los Caballeros de Colón.

 

Siguiendo la invitación del Papa Benedicto XVI en su encíclica Deus caritas est, y de acuerdo con la misión eclesial que le es propia, el Pontificio Instituto Juan Pablo II para los Estudios sobre el Matrimonio y la Familia, quiere promover con este congreso una reflexión sobre el sufrimiento de las personas que han vivido de cerca el trauma del divorcio de los propios padres o el de un aborto no natural.

 

El divorcio y el aborto, aún siendo de naturaleza diferente, ambos representan un trauma, fuente de sufrimiento profundo para quien los experimenta, explican los organizadores del encuentro. Las estadísticas muestran que el número de personas implicadas es alto. Al mismo tiempo, el debate ideológico que gira entorno a tales cuestiones impone a menudo un silencio que olvida la mayor parte de las veces, las heridas de las personas.

 

Bajo este punto de vista, el Pontificio Instituto Juan Pablo II, en colaboración con los Caballeros de Colón, organiza este encuentro, que evoca las palabras del Buen Samaritano poniendo delante de nuestros ojos los sufrimientos del prójimo, que pide una ayuda concreta. El análisis de las diferentes dimensiones de estas dos problemáticas –el divorcio y el aborto- empuja a una acción pastoral movida por la caridad, que tenga en consideración a las personas, más allá de cualquier ideología; una acción pastoral que sea verdaderamente la del “aceite en las heridas”, que permita aligerar el dolor y curar cuando es posible.

 

Precisamente, sobre el tema del aborto el Santo Padre Benedicto XVI se ha expresado en innumerables ocasiones, pero quizá una de sus respuestas más significativas en relación a este problema, la dio en mayo del pasado año cuando se dirigía a Brasil con ocasión de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe.

 

“Hay una gran lucha de la Iglesia en favor de la vida. Vosotros sabéis que el Papa Juan Pablo II hizo de ella un punto fundamental de todo su pontificado. Escribió una gran encíclica sobre el evangelio de la vida. Naturalmente, seguimos difundiendo este mensaje según el cual la vida es un don y no una amenaza. Me parece que en la raíz de esas legislaciones está, por una parte, cierto egoísmo y, por otra, también una duda sobre el valor de la vida, sobre la belleza de la vida y también una duda sobre el futuro. Y a estas dudas la Iglesia responde sobre todo diciendo: la vida es hermosa, no es algo dudoso, sino un don; incluso en situaciones difíciles la vida sigue siendo siempre un don. Por tanto, es preciso volver a despertar esta conciencia de la belleza del don de la vida. Además, está la duda sobre el futuro:  naturalmente, hay muchas amenazas en el mundo, pero la fe nos da la certeza de que Dios siempre es más fuerte y sigue estando presente en la historia, y de que, por  consiguiente, también podemos dar con confianza la vida a nuevos seres humanos. Con la conciencia que la fe nos da sobre la belleza de la vida y sobre la presencia providente de Dios en nuestro futuro, podemos resistir a los miedos que están en la raíz de esas legislaciones”.

 

 

Salesianos: custodiar y reavivar fidelidad a la llamada

VIS

 

Benedicto XVI recibió hoy en el Vaticano a los participantes en el XXVI Capítulo General de la Sociedad Salesiana de San Juan Bosco y les recordó que este capítulo tiene lugar "en un período de grandes cambios sociales económicos y políticos", pero también "de comunicaciones más intensas entre los pueblos" y de "un confronto vivaz sobre los valores espirituales que dan sentido a la existencia".

 

En este contexto, el Papa destacó en particular que "los llamamientos que nos dirigen los jóvenes, sobre todo sus preguntas sobre los problemas de fondo, se refieren al intenso deseo de vida plena, de amor auténtico y de libertad constructiva que nutren. Son situaciones que interpelan a fondo a la Iglesia y a su capacidad de anunciar el Evangelio de Cristo con toda su carga de esperanza".

 

Comentando después el tema de este capítulo "Da mihi animas, cetera tolle", cuyos trabajos están a punto de concluir, el Santo Padre dijo que era adecuado para "reavivar la pasión apostólica en cada salesiano y en toda la congregación. Así se perfilará mejor la figura del salesiano para que sea cada vez más consciente de su identidad de persona consagrada por la gloria de Dios" y de "su empuje pastoral para la salvación de las almas".

 

"Don Bosco -agregó el Papa- quiso que la continuidad de su carisma en la Iglesia lo garantizase la elección de la vida consagrada. También hoy el movimiento salesiano puede crecer en fidelidad carismática solamente si en su interior hay un núcleo fuerte y vital de personas consagradas".

 

"Toda la congregación debe aspirar a ser continuamente memoria viva del modo de ser y actuar de Jesús como Verbo encarnado frente al Padre y a los hermanos. (...) Que sea Jesús el centro de vuestra vida! (...) De aquí nace el amor ardiente por el Señor Jesús, la aspiración a parecerse a Èl, asumiendo sus sentimientos y su forma de vida, el abandono confiado en el Padre, la dedicación a la misión evangelizadora, que deben caracterizar a todo salesiano".

 

Benedicto XVI habló a continuación del "proceso de secularización que avanza en la cultura moderna" y que "no ahorra, desgraciadamente, ni siquiera a las comunidades de vida consagrada" Por eso, "es necesario vigilar sobre las formas y estilos de vida que pueden debilitar el testimonio evangélico, hacer ineficaz la acción pastoral y frágil la respuesta vocacional".

 

También pidió a los participantes en el capítulo que ayudasen a sus compañeros a "custodiar y reavivar la fidelidad a la llamada". "Que la Palabra de Dios y la Liturgia -dijo- sean los manantiales de la espiritualidad salesiana. En particular, la "lectio divina", practicada diariamente por todo salesiano y la Eucaristía, celebrada cada día en la comunidad, sean alimento y fuerza".

 

El Papa exhorto a los salesianos a "formar laicos con corazón apostólico, invitando a todos a caminar en la santidad de vida que hace madurar discípulos valientes y auténticos apóstoles".

 

Refiriéndose a la carta enviada a los fieles de la diócesis de Roma sobre la "gran emergencia educativa", el Santo Padre subrayó que "el aspecto más grave es el sentido de desaliento de muchos educadores, en particular, de los padres y profesores, frente a las dificultades que presenta actualmente su tarea".

 

En este contexto, Benedicto XVI afirmó que "en la raíz de la crisis de la educación se encuentra una crisis de confianza en la vida, que en el fondo no es sino desconfianza en aquel Dios que nos ha llamado a la vida".

 

"En la educación de los jóvenes -continuó- es extremamente importante que la familia sea un sujeto activo". Tras poner de relieve que "muchas veces es incapaz de ofrecer su aportación específica o está ausente", el Papa señaló que "la predilección y el compromiso por los jóvenes, que caracteriza al carisma de don Bosco, se deben traducir en un mismo compromiso por la formación de las familias. (...) Cuidar a las familias no es restar fuerzas al trabajo de los jóvenes, sino hacerlo más duradero y más eficaz". Por eso, les alentó a "profundizar en las formas de este compromiso", que "beneficiará a la educación y evangelización de los jóvenes".

 

El Papa terminó haciendo hincapié en la necesidad de una "sólida formación" para todos los miembros de la congregación, "sin conformarse con la mediocridad, superando las dificultades de la fragilidad vocacional, favoreciendo un sólido acompañamiento espiritual y garantizando en la formación permanente la calidad educativa y pastoral".

 

El increíble auge de una congregación. En tan sólo veinte años una congregación religiosa femenina fundada en Argentina ha crecido de forma llamativa.

H2O

 

En tan sólo veinte años una congregación religiosa femenina fundada en Argentina ha crecido de forma llamativa. Son las Servidoras del Señor y de la Virgen de Matará, están presentes ya en veintidós países de todo el mundo y sus vocaciones no paran de aumentar. Durante la celebración romana por estos primeros veinte años desde su fundación en Argentina, la superiora general, la holandesa Maria de Anima Christi van Eijk, explica:

 

“Es pura gracia de Dios. Dios te llama siempre, dicen que no hay más vocaciones. Sí, Dios llama, basta escuchar. La adoración eucarística es un momento en el cual el alma se encuentra en silencio con Dios, tal vez se predispone para escuchar un poquito más y el amor a la cruz que también eso hace que uno se enamore. Porque Dios fue crucificado por nosotros para darnos el cielo, nosotras queremos responder a este amor abrazando la cruz”.

 

Estas religiosas forman parte de la Familia Religiosa del Verbo Encarnado, formada por dos institutos, masculino y femenino y una tercera orden laical. Esta familia religiosa , fundada por el padre Carlos Miguel Buela, está presente también en Egipto, Jordania, Rusia y Taiwan y respira con dos pulmones, el latino y el oriental. En total son casi 900 miembros. Una de las misioneras en Oriente Medio relata:

 

“El trabajo principal que realizamos ahí es para las escuelas pero es una experiencia totalmente particular y nueva para nuestra instituto porque hemos tenido la posibilidad de trabajar con niños musulmanes, con todo el personal musulmán, en la escuela, nos ha puesto en contacto con otra realidad diferente, de participar, digamos un poco de la vida, de todas estas personas de la familia y realmente hemos sido muy bien recibidas y la comunicación que hay con todos ellos es muy muy buena. Nos da fuerza para seguir trabajando en este campo”.

 

Juan Pablo II. Todo a punto para el "Santo subito"

PD/RD/EFE

 

El postulador de la causa para la beatificación de Juan Pablo II, el sacerdote polaco Slawomir Oder, aseguró hoy que, a falta de algún detalle técnico o de redacción, ha concluido el borrador de la 'positio', la recopilación de la documentación relativa al caso.

 

En declaraciones a Radio Vaticana, Oder señaló que hace pocos días entregó un borrador 'casi definitivo', de unas dos mil páginas, que recoge todos los documentos sobre el Pontífice y explicó que ahora corresponde al Relator de la Causa, el dominico Daniel Ols, revisarlo y dar el visto bueno para su presentación oficial.

 

Oder ha elaborado la 'positio' a partir de las actas y documentos 'sobre la vida y virtudes, además de los milagros, del Siervo de Dios Juan Pablo II' que el vicariato de Roma entregó a su titular, el cardenal Camillo Runi, quien, a su vez, se los consignó al sacerdote polaco.

 

Cuando se haya completado la versión definitiva de la 'positio', se presentará oficialmente en una fecha que Oder afirmó que no puede precisar.

 

A continuación, pasará a ser evaluada por la asamblea ordinaria de la Congregación para las Causas de los Santos, formada por 15 cardenales y 15 obispos, que se expresarán sobre el caso.

 

El proceso que llevará a Juan Pablo II a los altares se abrió el 28 de junio de 2005. Comenzó en Roma, porque en esta ciudad murió el 2 de abril de 2005 y porque fue su obispo durante 26 años y medio.

 

La causa se abrió por expreso deseo de Benedicto XVI sin tener que esperar a que transcurran cinco años de su muerte, como establece el Código de Derecho Canónico.

 

Destaca Papa cualidades de JPII

DANIELA PETROFF / CIUDAD DEL VATICANO / AP

 

El papa Benedicto XVI alabó las “cualidades humanas y sobrenaturales” de su antecesor al frente de la Iglesia Católica, Juan Pablo II, durante una misa el miércoles que marcó el tercer aniversario de la muerte del pontífice polaco.

Benedicto comparó el sufrimiento de los últimos meses de vida de su predecesor con los de Cristo en la cruz. La enfermedad del Parkinson drenó lentamente la energía de Juan Pablo II en los últimos años de su pontificado, en contraste con el vigor que mostró alguna vez como el líder de la iglesia. Poco antes de morir, a los 84 años, la enfermedad lo dejó incapaz de hablar.

 

“Así como sucedió con Jesús, también fue para Juan Pablo II. Al final, las palabras dieron paso al sacrificio extremo”, afirmó Benedicto XVI, vestido con túnicas de brocado rojas, durante la ceremonia de 90 minutos en la Plaza de San Pedro.

 

Benedicto XVI concelebró la misa con miembros del Colegio de Cardenales, incluso el arzobispo de Cracovia, Polonia, Stanislaw Dziwisz, quien fue el secretario privado del difunto Papa y quien estuvo a su lado durante casi 40 años.

 

Miles de peregrinos y turistas - muchos de Polonia, la patria del pontífice fallecido - llenaron la plaza, recordando los días después de la muerte de Juan Pablo II, cuando más de dos millones de personas hicieron fila día y noche para rendirle un último adiós, mientras su cuerpo descansaba en la Basílica de San Pedro.

 

Benedicto XVI también subrayó la “fe extraordinaria” de Juan Pablo II. Dijo que esa fe le permitió tener una conversación íntima e ininterrumpida con Dios.

 

“Entre sus cualidades humanas y sobrenaturales, él tenía de hecho una sensibilidad espiritual y mística excepcional”, afirmó el Papa durante su homilía.

 

Abuelos en la familia, tema de Asamblea Plenaria de Pontificio Consejo

VATICANO, 02 Abr. 08 / 06:30 pm (ACI)

 

 "La presencia y el testimonio de los abuelos en la familia" es el tema de la 18º Asamblea Plenaria del Pontificio Consejo para la Familia que comienza este 3 de abril y culmina el 5 del mismo mes, que se desarrollará en el Aula Nueva del Sínodo en el Vaticano.

 

Con más de 300 participantes, la plenaria será inaugurada por el Presidente de este Dicasterio, Cardenal Alfonso López Trujillo. Además, quienes presidirán las primeras Misas serán el Secretario de Estado Vaticano, Cardenal Tarcisio Bertone; y el Cardenal George Pell, Arzobispo de Sydney.

 

En la apertura de la plenaria, el Arzobispo Fernando Filoni, Sustituto de la Secretaría de Estado, hablará sobre el rol de los ancianos en la Iglesia y la sociedad.

 

Entre los laicos invitados para dar testimonio del "ser abuelos" hoy, están el senador Marcello Pera, quien desarrollará el tema de la importancia social y política de la familia; el profesor Giorgio Campanini, estudioso de sociología de la familia; y el senador Giulio Andreotti. El Arzobispo Gianfranco Ravasi, Presidente del Pontificio Consejo para la Cultura, presentará las figuras más significativas de los abuelos en la Biblia.

 

"La figura de los abuelos en las familias de los migrantes" será el tema a tratar por el Arzobispo Agostino Marchetto, Secretario del Pontificio Consejo para la Pastoral de los Migrantes e Itinerantes.

 

El Cardenal Carlo Cafarra, Arzobispo de Bologna, disertará sobre la encíclica Humanae Vitae del Papa Pablo VI al cumplirse 40 años de su publicación.

 

De otro lado, el Cardenal Norberto Rivera Carrera, Arzobispo de México, junto a algunos de sus colaboradores, informará a los participantes sobre las iniciativas del VI Encuentro Mundial de las Familias que se realizará en ese país en enero de 2009.

 

Cardenales Dziwicz, Schönborn y Ruini recuerdan "testimonio de misericordia" de JPII

ROMA, 02 Abr. 08 / 01:34 pm (ACI).-

 

Los cardenales Dziwicz, Schönborn y Ruini recordaron hoy el testimonio de intensa misericordia vivido por el Siervo de Dios, Juan Pablo II, al conmemorarse el tercer aniversario de su tránsito a la Casa del Padre, durante la inauguración del Primer Congreso Mundial de la Misericordia Divina.

 

En el evento, cuya primera sesión se realizó en la Basílica de San Juan de Letrán, el Cardenal Stanislaw Dziwicz, Arzobispo de Cracovia y secretario de Juan Pablo II durante 25 años, comentó que el recordado Pontífice " y Sor Faustina han sido dos mensajeros de la Divina Misericordia. Quienes han promovido este gran misterio. Ahora tenemos a un tercer mensajero: Benedicto XVI que ayuda a descubrir el amor y la misericordia de Dios".

 

"En Cracovia está sepultada la santa sor Faustina en donde recibió el gran mensaje de la Divina Misericordia. Es la ciudad en donde este mensaje se irradia a todo el mundo. Esta devoción da la posibilidad a todos de rezar para contribuir a cambiar nuestra sociedad secularizada, que vive como si Dios no existiera", dijo luego el Purpurado.

 

Por su parte, el Arzobispo de Viena, Cardenal Christoph Schönborn, destacó que Juan Pablo II "encontró, en las palabras, en los mensajes que sor Faustina recibió de Jesús y que transmitió en un lenguaje del todo simple, la respuesta a las grandes interrogantes y desafíos de nuestro tiempo".

 

Él "ha reflexionado, a la luz de estos mensajes, durante toda la vida, en el inmensurable misterio de la Divina Misericordia. Este misterio ha plasmado su obra como sacerdote, obispo y Papa; y ha tocado, a través de su persona, un número infinito de hombres en todo el mundo. Era realmente un testimonio único de la misericordia", dijo el Cardenal.

 

Asimismo evidenció como "el camino terreno" de Juan Pablo II terminó en el "Domingo de la Misericordia, fiesta que el mismo había introducido en el jubileo de 2000" canonizando a Sor María Faustina Kowalska.

 

"Es difícil, casi imposible, no apreciar en esta coincidencia un 'signo del Cielo'. ¿No ha puesto Dios mismo su firma bajo todo un programa de vida, que el Papa Juan Pablo II ha repetidamente caracterizado, de modo enteramente explícito, como su misión?", destacó.

 

De otro lado, el Cardenal Camillo Ruini, Vicario del Papa para la Diócesis de Roma y ex Presidente del Episcopado italiano, comentó que "celebrando aquí este congreso ciertamente estamos en la línea de la voluntad de Juan Pablo II, que ha puesto la Divina Misericordia al centro de su vida espiritual, de su testimonio apostólico y su magisterio, consagrando a la misericordia de Dios su segunda encíclica Dives in misericordia, beatificando y canonizando a Sor Faustina Kowalska y dedicando a la Divina Misericordia el segundo domingo de Pascua".

 

"En la perspectiva de Juan Pablo la relación entre Roma y la Divina Misericordia es, en cierto sentido, todavía más amplia y antigua. En su visita a Campidoglio del 15 de enero de 1998, él terminó su discurso diciendo: 'Roma, cuyo nombre leído al revés suena a Amor, amore. Como dice un poeta polaco 'sí tu dices Roma, te responde Amor'. Para Juan Pablo II Roma es y debe ser también un símbolo de amor", agregó el Cardenal Ruini.

 

 

Benedicto XVI recuerda a Juan Pablo II en tercer aniversario de su muerte y elogia un pontificado que testimonió al mundo la misericordia de Cristo Resucitado

RV

 

Benedicto XVI ha presidido esta mañana a las 10 y media en la plaza de san Pedro -en el día que se cumple el tercer aniversario de la muerte del Siervo de Dios Juan Pablo II- la Santa Misa, inaugurando a la vez el primer Congreso Mundial de la Divina Misericordia. Han participado en la solemne liturgia eucarística más de 60 mil fieles procedentes de todas las partes del mundo para reflexionar una vez más -por medio de las palabras del amigo y sucesor al solio petrino- sobre el testimonio dejado a la Iglesia por el Papa Wojtyla.

 

En la homilía, el Santo Padre ha entrelazado, en una bella intuición, las imágenes de la Cruz empuñada con decisión por Juan Pablo, el hombre infatigable en el cuerpo y en el espíritu, que la llevará a los cuatro puntos cardinales de la tierra. Junto a las imágenes de la Cruz sujetada como último asidero por el hombre debilitado en el cuerpo, pero no en el espíritu, que está por volver a la casa del Padre. Dos imágenes que cuentan por sí solas el inicio y el final de un extraordinario Pontificado. Cruz y Resurrección: que según Benedicto XVI son la llave de lectura para comprender quien ha sido Juan Pablo II para gran parte de la humanidad:

 

“En verdad podemos leer toda la vida de mi amado Predecesor, en particular su ministerio petrino, en el signo de Cristo Resucitado. Él nutría una fe extraordinaria en Él, y con Él mantenía una conversación íntima, singular e ininterrumpida. Entre tantas cualidades humanas y sobrenaturales, tenía también aquella de una excepcional sensibilidad espiritual y mística. Bastaba sólo observarle cuando rezaba: se sumergía literalmente en Dios y parecía que todo los demás en aquellos momentos no existiera”.

 

Pero el roble sólido de esta cualidad, que pronto hizo que fuera admirado y amado el Papa llegado de un país lejano, hundía las raíces en sufrimientos que no fueron ahorrados a Juan Pablo II, ni antes ni después de su llamada a ser siervo de los Siervos de Dios. “Desde niño” -ha observado Benedicto XVI- Karol Wojtyla encontró en su camino, en su familia y en su pueblo la cruz:

 

“Muy pronto decidió llevarla junto con Jesús, siguiendo sus huellas. Quiso ser su fiel servidor hasta acoger la llamada al sacerdocio como don y compromiso de toda la vida. Con Él vivió y con Él quiso también morir”.

 

Hoy como hace tres años -ha proseguido Benedicto XVI- la Iglesia está inmersa en el clima espiritual de la Pascua y la lectura de la Misa de sufragio ha propuesto de nuevo las palabras que el ángel de la resurrección dirigió a las mujeres ante el sepulcro y que Juan Pablo II transformó en programa apostólico: “No tengáis miedo”.

 

Las pronunció siempre con inflexible firmeza, primero levantando en alto el báculo terminado en Cruz, y después cuando las energías físicas flaqueaban, casi como sosteniéndose en la Cruz, hasta llegar a aquel último Viernes Santo, en el que participó en el Vía Crucis desde la Capilla privada apretando entre los brazos la Cruz. No podemos olvidar aquel último y silencioso testimonio de amor a Jesús. También aquella elocuente escena humana de sufrimiento y de fe, en aquel último Viernes Santo, indicaba a los creyentes y al mundo el secreto de toda la vida cristiana.

 

Ahora como entonces quedan como herencia las piedras millares del magisterio de Juan Pablo II, que muchos esperan con prontitud sea llevado al honor de aquellos altares a los que el mismo Juan Pablo II elevó a la misma dignidad tantos hombres y mujeres de fe, como Santa Faustina Kowalska, canonizada en el 2.000 como apóstol en el mundo del misterio de la Misericordia de Dios. Y este misterio es otra “clave de lectura privilegiada” del magisterio del Papa Wojtyla.

 

El Siervo de Dios Juan Pablo II había conocido y vivido personalmente las terribles tragedias del siglo XX, y por mucho tiempo se preguntó qué es lo que podía apartar la marea del mal. La respuesta solo podía encontrarse en el amor de Dios. Sólo la Divina Misericordia es capaz de poner un límite al mal; sólo el amor omnipotente de Dios puede derrotar la prepotencia de los malvados y el poder destructor del egoísmo y el odio.

 

Benedicto XVI ha confiado en particular este último pensamiento a los cerca de 7 mil participantes en el Congreso de la Divina Misericordia inaugurado con esta misa y que durará hasta el próximo domingo. La homilía ha concluido con un afectuoso acto de reconocimiento a aquella que Benedicto XVI llama “alma elegida”.

 

“Que la Iglesia siguiendo sus enseñanzas y sus ejemplos pueda proseguir fielmente y sin compromisos su misión evangelizadora, difundiendo sin cansarse el amor misericordioso de Cristo, manantial de verdadera paz para el mundo entero”.

 

Benedicto XVI lleva a Estados Unido la “revolución de la virtud”

H2O

 

Benedicto XVI visitará del 15 al 20 de abril los Estados Unidos para llevar a ese país una revolución, la revolución de la virtud, asegura uno de los exponentes laicos más autorizados de la Iglesia en el país, Carl Anderson

Benedicto XVI visitará del 15 al 20 de abril los Estados Unidos para llevar a ese país una revolución, la revolución de la virtud, asegura uno de los exponentes laicos más autorizados de la Iglesia en el país, Carl Anderson, caballero supremo de los Caballeros de Colón.

 

Al presentar su nuevo libro, «Una civilización del amor», en la sede de “Radio Vaticano”, Anderson constató la enorme expectativa con que católicos y no católicos recibirán al Papa.

 

“Este año electoral ha evidenciado de manera impresionante, cosa que yo creo que mucha gente no se esperaba, la situación del cambio, de la esperanza, y el cristianismo es una religión de cambio y una religión de esperanza. Los temas de las encíclicas del Papa son un buen ejemplo de ello”.

 

En este contexto, Anderson explica con estas palabras el mensaje que trae Benedicto XVI.

 

“La acción política para sustentar o establecer políticas humanas justas es absolutamente esencial, con lo cual trabajar es necesario pero no suficiente. Lo que basta para la reciente crisis global es una nueva revolución de la virtud que haga posible pensar en la sociedad y la civilización en términos del amor. Y por revolución de la virtud quiero decir de las virtudes teologales: fe, esperanza y caridad. Estas son los bloques de la civilización del amor”.

 

Y este es el mensaje central del pontificado de Benedicto XVI con sus dos encíclicas, concluye Carl Anderson.

 

La Misericordia, dique del amor ante el avance de la secularización. El Congreso Apostólico Mundial de la Divina Misericordia, según el obispo español Munilla

ZENIT

 

«Frente a una secularización de un hombre que no entiende su propia existencia», «volvemos a proclamar»: «abramos el corazón de par en par a Cristo porque el mayor fruto que nos trae es el don del amor, el don de su misericordia»: así explica el obispo español José Ignacio Munilla el sentido del primer Congreso Apostólico Mundial de la Divina Misericordia, devoción amada por Juan Pablo II y subrayada por Benedicto XVI.

 

De hecho, el Papa Joseph Ratzinger, con la solemne Eucaristía que ha presidido en la mañana de este miércoles en memoria de Juan Pablo II --en el tercer aniversario de su fallecimiento--, ha abierto el Congreso, primero en su género.

 

Hasta el 6 de abril Roma acoge la gran cita mundial que une conferencias de cardenales, de obispos, de representantes de otras confesiones cristianas, celebración de los sacramentos, adoración eucarística, misión ciudadana, festival misionero y espectáculos.

 

La nutrida delegación española inscrita en el Congreso cuenta con el cardenal primado Antonio Cañizares como presidente y con el obispo Munilla como secretario, quien explica a Zenit el sentido de esta convocatoria a las pocas horas de su inicio. 

 

Se ha buscado su coincidencia con el tercer aniversario de la muerte de Juan Pablo II, «gran padre de esta devoción de la divina misericordia» que se difundió con santa Faustina Kowlaska. «Bajo esa especie de pastoreo que sigue teniendo en la Iglesia», el Papa Wojtyla «nos quiere transmitir que ahora mismo necesitamos de esta devoción de la Divina Misericordia para llevar adelante lo que llamó "la nueva evangelización"», expresa monseñor Munilla.

 

Ésta consiste en «transmitir al mundo con ardor nuevo, con métodos nuevos, un mensaje de plena actualidad, que es que Dios nos quiere, que Dios está enamorado del hombre y nos busca denodadamente --recalca-- y no ceja hasta encontrarnos, hasta encontrarse personalmente con nosotros».

 

«Nos damos cuenta de que la Divina Misericordia es el instrumento para llevar esa evangelización a todos los pueblos», afirma.

 

La raíz de esta iniciativa de Juan Pablo II está en el «misterio del gran dolor del siglo XX», que él mismo experimentó, con conflictos bélicos y un «mal que se hizo especialmente encarnizado con Europa oriental».

 

En ese momento de dolor, Europa y tantos otros lugares sintieron la necesidad de la Misericordia» --recuerda el prelado--, y esta devoción «ha sido providencial para muchos pueblos que han sentido de una manera muy especial el zarpazo del mal en sus carnes».

 

Libre de regímenes dictatoriales, esta Europa  «sigue estando necesitada de la Misericordia», advierte monseñor Munilla.

 

Igualmente «la secularización occidental ahora mismo necesita un sentido, una luz», y «esta devoción de la Divina Misericordia transmite un gran mensaje»: «la vida tiene sentido porque hay un corazón que nos quiere de una manera total e incondicional, que es el corazón de Cristo», sintetiza.

 

Llamada a España

 

Monseñor Munilla, en su conversación con Zenit, observa que «ciertamente se vive un momento en España de una secularización especialmente orquestada, estructurada».

 

«Creo que cada vez que se pretende dar una explicación de la existencia del hombre --una antropología-- sin Dios, el hombre es más pobre»; «nunca lo ha sido tanto como cuando ha sido presentado al margen de ese Dios creador del cual es imagen y semejanza», alerta.

 

Al hilo del Concilio Vaticano II «decimos una cosa» --continúa--: «Solamente en Jesucristo el hombre descubre su auténtica riqueza» porque «Él revela al hombre su propia dignidad».