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INTERNACIONAL
Inaugurado un monasterio en Galilea para la adoración
Eucarística
La
Razón
Madrid- Uno de los anhelos del beato Charles de
Foucauld, misionero que llevó el Evangelio a los pobres
de África, se ha hecho realidad: la construcción, en el
Monte de las Bienaventuranzas, de un lugar en el que la
presencia del Santísimo Sacramento será permanente. Ha
sido posible este fin de semana con la inauguración, en
la Domus Galilaeae, de un monasterio en cuyo centro se
encuentra la capilla donde la adoración Eucarística
podrá realizarse día y noche.
La
Domus Galilaeae, un centro de formación y retiro cuya
arquitectura pretende redescubrir el papel de la belleza
en la Iglesia, está sirviendo de verdadero puente de
acercamiento entre católicos y hebreos.
Al
acto asistieron el Patriarca Latino de Jerusalén, Michel
Sabbah; el Custodio de Tierra Santa, Pierbattista
Pizzaballa; el Nuncio en Israel, Antonio Franco y
numerosos obispos de diversos ritos, acompañados en todo
momento por los 170 obispos que han participado en una
convivencia sobre la Nueva Evangelización y por cuyo
motivo el Secretario de Estado Vaticano, el cardenal
Tarcisio Bertone, envió un mensaje con la bendición y el
afecto de Benedicto XVI.
El
monasterio consta de 23 celdas y la capilla circular,
bajo cuyo altar se ha situado una reliquia del beato, se
encuentra coronada por una gran obra escultórica que
representa a Cristo y a los apóstoles durante la
predicación del Sermón de la Montaña, obra de Kiko
Argüello, iniciador del Camino Neocatecumenal.
La
autentica paz surge de la misericordia divina
VIS
Al
mediodía, el Papa rezó el Regina Caeli junto a miles de
peregrinos desde el Palacio Apostólico de
Castelgandolfo, donde ha transcurrido varios días de
descanso y esta tarde regresa al Vaticano.
El
Santo Padre recordó al inicio que durante el Jubileo del
2000, "el Siervo de Dios Juan Pablo II estableció que en
toda la Iglesia el domingo después de Pascua, además de
domingo in Albis, fuera denominado domingo de la Divina
Misericordia. Lo hizo en concomitancia con la
canonización de Faustina Kowalska, humilde religiosa
polaca, nacida en 1905 y fallecida en 1938, mensajera de
Jesús misericordioso".
Tras poner de relieve que "la misericordia es en
realidad el núcleo central del mensaje evangélico", el
Santo Padre afirmó que "este amor de misericordia
ilumina también el rostro de la Iglesia y se manifiesta
ya sea mediante los sacramentos, en particular el de la
Reconciliación, ya sea con obras de caridad,
comunitarias e individuales. (...) De la misericordia
divina, que pacifica los corazones, surge, además, la
auténtica paz en el mundo, la paz entre los pueblos,
culturas y religiones".
"Al igual que sor Faustina, Juan Pablo II se convirtió a
su vez en apóstol de la Divina Misericordia. En la noche
del inolvidable sábado 2 de abril de 2005, cuando cerró
los ojos a este mundo, se celebraba precisamente la
vigilia del segundo domingo de Pascua, y muchos notaron
la singular coincidencia, que unía en sí la dimensión
mariana -el primer sábado del mes- y la de la Divina
Misericordia".
Benedicto XVI señaló que precisamente el "largo y
multiforme pontificado" de Juan Pablo II "encuentra aquí
su núcleo central; toda su misión al servicio de la
verdad sobre Dios y sobre el ser humano y de la paz en
el mundo se resume en este anuncio, como él mismo dijo
en Cracovia-Lagiewniki en 2002, al inaugurar el gran
Santuario de la Divina Misericordia: "Fuera de la
misericordia de Dios no existe otra fuete de esperanza
para los seres humanos". Su mensaje, como el de santa
Faustina, presenta el rostro de Cristo, revelación
suprema de la misericordia de Dios. Contemplar
constantemente ese Rostro: esta es la herencia que nos
ha dejado y que acogemos con alegría y hacemos nuestra".
El
Papa dijo que la semana que viene se celebrará en Roma
el primer Congreso Apostólico Mundial de la Divina
Misericordia, que inaugurará con una misa celebrada en
la Plaza de San Pedro la mañana del miércoles 2 de
abril, en el tercer aniversario del fallecimiento de
Juan Pablo II.
"Pongamos el Congreso bajo la celestial protección de
María santísima, Mater Misericordiae. Le encomendamos la
gran causa de la paz en el mundo para que la
Misericordia de Dios realice lo que es imposible a las
solas fuerzas humanas, e infunda la valentía del diálogo
y de la reconciliación en los corazones".
Después de la oración mariana, el Santo Padre saludó a
los numerosos peregrinos reunidos en la plaza de San
Pedro -que seguían el Angelus en conexión audio-video-,
de manera especial a quienes habían participado en la
Santa Misa celebrada esta mañana por el cardenal
Tarcisio Bertone, con motivo de la fiesta de la Divina
Misericordia. "Que la intercesión de santa Faustina y
del Siervo de Dios Juan Pablo II -dijo- os ayuden a ser
auténticos testigos del amor misericordioso. Como
ejemplo a imitar, hoy deseo indicar el de la madre
Celestina Donati, fundadora de la Congregación de las
Hijas Pobres de San José de Calasanz, que en este día es
proclamada beata en Florencia".
El
Papa evoca a Juan Pablo II, «apóstol de la
Misericordia» El Pontífice se refirió al amor de Dios
por el hombre en su rezo
La
Razón
Benedicto XVI recordó a su predecesor cuando quedan tres
días para el tercer aniversario de su fallecimiento
Madrid- «Un Apóstol de la Divina Misericordia», estas
son las palabras con las que el Papa Benedicto XVI ha
recordado a su predecesor, el Pontífice Juan Pablo II, y
aseguró que «toda su misión estuvo marcada por el
servicio a la verdad de Dios y del hombre, y de la paz
en el mundo. Desde el balcón de su residencia veraniega
en Castel Gandolfo, a las afueras de Italia, el Papa
presidió ayer el rezo mariano del Regina Coeli, que
durante durante el tiempo pascual sustituye al
tradicional Ángelus.
El
domindo de ayer coincidía con la fiesta de la Divina
Misericordia, instaurada por Juan Pablo II durante el
Jubileo del año 2000, y por esta razón Benedicto XVI
evocó el núcleo central de su pontificado, consagrado a
presentar el rostro de Jesús misericordioso. «La
misericordia es en realidad el núcleo central del
mensaje evangélico, es el nombre mismo de Dios, el
rostro con el cual Él se reveló en la antigua Alianza y
plenamente en Jesucristo, encarnación del Amor creador y
redentor», señaló.
El
Pontífice explicó que «todo lo que dice y hace la
Iglesia manifiesta la misericordia que Dios siente por
el hombre», y que de esta «misericordia divina, que
pacifica los corazones, surge además la auténtica paz en
el mundo, la paz entre los pueblos, culturas y
religiones».
Cuando faltan tres días para el tercer aniversario del
fallecimiento del Papa Juan Pablo II, Benedicto XVI
recordó que «en la noche del inolvidable sábado 2 de
abril del 2005, cuando cerró los ojos a este mundo, se
celebraba precisamente la vigilia del segundo domingo de
Pascua, y muchos observaron la singular coincidencia,
que unía en sí la dimensión mariana, el primer sábado
del mes, y la de la Divina Misericordia.
La
referencia del Santo Padre a su predecesor se produjo en
un día en el que el portavoz del Vaticano, Federico
Lombardi, dismintió la información publicada el sábado
por el periódico italiano «La Stampa», en la que se
señalaba que, una vez Juan Pablo II sea proclamado
santo, su tumba será trasladada desde las Grutas
Vaticanas a la Basílica de San Pedro. El portavoz del
Vaticano afirmó ayer que «cualquier decisión sobre esta
cuestión no se adoptará antes de la beatificación» y
que, por lo tanto, «lo afirmado en el artículo no va más
allá de una simple hipótesis», informa Efe.
La
fecunda «soledad» del sacerdote en la sociedad de hoy.
Habla el secretario de la Congregación para el Clero
ZENIT
El sacerdote «no es un empleado», «es un consagrado, un
‘Cristo' de Dios», célibe, que se nutre de la
Eucaristía, lejano de las modas de este mundo y al
servicio de la gente. Lo dijo en una entrevista a
L'Osservatore Romano (20-21 marzo 2008) el arzobispo
Mauro Piacenza, secretario de la Congregación para el
Clero, al subrayar los rasgos sobresalientes del
sacerdote y su papel en la misión de la Iglesia en el
mundo.
«El sacerdote no puede realizarse plenamente si la
Eucaristía no es de verdad el centro y la raíz de su
vida», si su «fatiga cotidiana» no es «irradiación de la
celebración eucarística», aclara el prelado.Como
recuerda el relato evangélico sobre el «lavatorio de los
pies» de los apóstoles por parte de Jesús, añadió
monseñor Piacenza, la tarea del sacerdote está en la
entrega incondicional: «¡El sacerdote no se pertenece!
Está al servicio del Pueblo de Dios sin límites de
horario y de calendario».
«La gente no es para el sacerdote, sino el sacerdote
para la gente, en su globalidad, sin restringir nunca su
propio servicio a un pequeño grupo», dijo.«El sacerdote
no puede elegir el puesto que le gusta, los métodos de
trabajo que considera más fáciles, las personas
consideradas más simpáticas, los horarios más cómodos,
las distracciones --aunque legítimas-- cuando sustraen
tiempo y energías a la propia específica misión
pastoral».
Además, aún actuando en el mundo, el sacerdote no está
sin embargo «asimilado al mundo, mimetizándose en él,
dejando de ser fermento transformador».«Frente a un
mundo anémico de oración y de adoración, de verdad y de
justicia --añadió--, el sacerdote es sobre todo el
hombre de la oración, de la adoración, del culto, de la
celebración de los santos Misterios ‘ante los hombres,
en nombre de Cristo'».
Su
compromiso es el «testimonio, entendido etimológicamente
como martirio» «en la conciencia renovada de que Cristo,
ordinariamente, viene a nosotros sólo ‘en la' Iglesia y
‘de la' Iglesia, que prolonga su presencia en el
tiempo».Porque la Iglesia es «trascendente y misterio» y
«sólo si no renuncia a la propia identidad sobrenatural»
«podrá auténticamente evangelizar las realidades
‘naturales'». En efecto, explica, «la Iglesia tiene la
tarea ‘negativa' de liberar al mundo del ateísmo y la
‘positiva' de satisfacer la necesidad imborrable que el
hombre, consciente o inconscientemente, tiene de
realizarse, es decir, de la santidad».
Por ello, el sacerdote debe «responder a la sed
abrasadora de una humanidad siempre en búsqueda» y
sembrar esa «inquietud» que es «el santo temor de Dios».
En este sentido, la «totalidad de la oblación a Dios» es
el único metro con el que se mide la dignidad de un
sacerdote y la garantía de la «totalidad del servicio a
los hermanos».
Al
mismo tiempo, añade el arzobispo Piacenza, la apertura a
los jóvenes de los «vastos horizontes de la integridad
del seguimiento de Cristo» puede contribuir a afrontar
la crisis de las vocaciones en la sociedad actual. Por
el contrario, observó, «allí donde se efectúan intentos
reductores de la identidad y del ministerio pastoral,
todo languidece por el camino de la progresiva
desertificación».
Pero a la luz de la «configuración del sacerdote con
Jesucristo» se comprenden mejor también las «promesas de
obediencia, de castidad vivida en el celibato, en el
compromiso de un camino en el desprendimiento de las
cosas, de las situaciones, de sí mismos». El arzobispo
por ello subrayó que «la castidad garantiza la dimensión
esponsal y la gran paternidad» y recordó que «en todo
esto no hay noes, sino un grande sí liberador», «un amor
más grande» que se expresa «en la lógica gozosa de la
entrega».
«El sacerdote no entrará nunca en crisis ni de
identidad, ni de soledad, ni de frustración cultural si,
resistiendo a la tentación de perderse en la multitud
anónima, no desciende nunca --en cuanto a intención,
rectitud moral y estilo-- de la tarima del altar del
sacrificio del Cuerpo y de la Sangre de Cristo». Sin
embargo, admitió, frente «a una disgregación cada vez
más acentuada de los vínculos entre las personas, en
cada ámbito social [...] no podemos pensar que la figura
del sacerdote célibe no sufra el contragolpe de estas
innumerables soledades». Por esto, concluyó, hay
«necesidad de sacerdotes que sepan mostrar la fecundidad
para la comunión y para la comunidad de su ‘soledad'
virginal».
Roma: Congreso internacional sobre el aborto y el
divorcio
RV
“El aceite sobre las heridas. Una respuesta a la plaga
del aborto y del divorcio”, es el tema del Congreso
Internacional que los días 4 y 5 de abril se celebrará
en Roma, organizado por el Pontificio Instituto Juan
Pablo II para los Estudios sobre el Matrimonio y la
Familia, en colaboración con los Caballeros de Colón.
Siguiendo la invitación del Papa Benedicto XVI en su
encíclica Deus caritas est, y de acuerdo con la misión
eclesial que le es propia, el Pontificio Instituto Juan
Pablo II para los Estudios sobre el Matrimonio y la
Familia, quiere promover con este congreso una reflexión
sobre el sufrimiento de las personas que han vivido de
cerca el trauma del divorcio de los propios padres o el
de un aborto no natural.
El
divorcio y el aborto, aún siendo de naturaleza
diferente, ambos representan un trauma, fuente de
sufrimiento profundo para quien los experimenta,
explican los organizadores del encuentro. Las
estadísticas muestran que el número de personas
implicadas es alto. Al mismo tiempo, el debate
ideológico que gira entorno a tales cuestiones impone a
menudo un silencio que olvida la mayor parte de las
veces, las heridas de las personas.
Bajo este punto de vista, el Pontificio Instituto Juan
Pablo II, en colaboración con los Caballeros de Colón,
organiza este encuentro, que evoca las palabras del Buen
Samaritano poniendo delante de nuestros ojos los
sufrimientos del prójimo, que pide una ayuda concreta.
El análisis de las diferentes dimensiones de estas dos
problemáticas –el divorcio y el aborto- empuja a una
acción pastoral movida por la caridad, que tenga en
consideración a las personas, más allá de cualquier
ideología; una acción pastoral que sea verdaderamente la
del “aceite en las heridas”, que permita aligerar el
dolor y curar cuando es posible.
Precisamente, sobre el tema del aborto el Santo Padre
Benedicto XVI se ha expresado en innumerables ocasiones,
pero quizá una de sus respuestas más significativas en
relación a este problema, la dio en mayo del pasado año
cuando se dirigía a Brasil con ocasión de la V
Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del
Caribe.
“Hay una gran lucha de la Iglesia en favor de la vida.
Vosotros sabéis que el Papa Juan Pablo II hizo de ella
un punto fundamental de todo su pontificado. Escribió
una gran encíclica sobre el evangelio de la vida.
Naturalmente, seguimos difundiendo este mensaje según el
cual la vida es un don y no una amenaza. Me parece que
en la raíz de esas legislaciones está, por una parte,
cierto egoísmo y, por otra, también una duda sobre el
valor de la vida, sobre la belleza de la vida y también
una duda sobre el futuro. Y a estas dudas la Iglesia
responde sobre todo diciendo: la vida es hermosa, no es
algo dudoso, sino un don; incluso en situaciones
difíciles la vida sigue siendo siempre un don. Por
tanto, es preciso volver a despertar esta conciencia de
la belleza del don de la vida. Además, está la duda
sobre el futuro: naturalmente, hay muchas amenazas en
el mundo, pero la fe nos da la certeza de que Dios
siempre es más fuerte y sigue estando presente en la
historia, y de que, por consiguiente, también podemos
dar con confianza la vida a nuevos seres humanos. Con la
conciencia que la fe nos da sobre la belleza de la vida
y sobre la presencia providente de Dios en nuestro
futuro, podemos resistir a los miedos que están en la
raíz de esas legislaciones”.
Salesianos: custodiar y reavivar fidelidad a la llamada
VIS
Benedicto XVI recibió hoy en el Vaticano a los
participantes en el XXVI Capítulo General de la Sociedad
Salesiana de San Juan Bosco y les recordó que este
capítulo tiene lugar "en un período de grandes cambios
sociales económicos y políticos", pero también "de
comunicaciones más intensas entre los pueblos" y de "un
confronto vivaz sobre los valores espirituales que dan
sentido a la existencia".
En
este contexto, el Papa destacó en particular que "los
llamamientos que nos dirigen los jóvenes, sobre todo sus
preguntas sobre los problemas de fondo, se refieren al
intenso deseo de vida plena, de amor auténtico y de
libertad constructiva que nutren. Son situaciones que
interpelan a fondo a la Iglesia y a su capacidad de
anunciar el Evangelio de Cristo con toda su carga de
esperanza".
Comentando después el tema de este capítulo "Da mihi
animas, cetera tolle", cuyos trabajos están a punto de
concluir, el Santo Padre dijo que era adecuado para
"reavivar la pasión apostólica en cada salesiano y en
toda la congregación. Así se perfilará mejor la figura
del salesiano para que sea cada vez más consciente de su
identidad de persona consagrada por la gloria de Dios" y
de "su empuje pastoral para la salvación de las almas".
"Don Bosco -agregó el Papa- quiso que la continuidad de
su carisma en la Iglesia lo garantizase la elección de
la vida consagrada. También hoy el movimiento salesiano
puede crecer en fidelidad carismática solamente si en su
interior hay un núcleo fuerte y vital de personas
consagradas".
"Toda la congregación debe aspirar a ser continuamente
memoria viva del modo de ser y actuar de Jesús como
Verbo encarnado frente al Padre y a los hermanos. (...)
Que sea Jesús el centro de vuestra vida! (...) De aquí
nace el amor ardiente por el Señor Jesús, la aspiración
a parecerse a Èl, asumiendo sus sentimientos y su forma
de vida, el abandono confiado en el Padre, la dedicación
a la misión evangelizadora, que deben caracterizar a
todo salesiano".
Benedicto XVI habló a continuación del "proceso de
secularización que avanza en la cultura moderna" y que
"no ahorra, desgraciadamente, ni siquiera a las
comunidades de vida consagrada" Por eso, "es necesario
vigilar sobre las formas y estilos de vida que pueden
debilitar el testimonio evangélico, hacer ineficaz la
acción pastoral y frágil la respuesta vocacional".
También pidió a los participantes en el capítulo que
ayudasen a sus compañeros a "custodiar y reavivar la
fidelidad a la llamada". "Que la Palabra de Dios y la
Liturgia -dijo- sean los manantiales de la
espiritualidad salesiana. En particular, la "lectio
divina", practicada diariamente por todo salesiano y la
Eucaristía, celebrada cada día en la comunidad, sean
alimento y fuerza".
El
Papa exhorto a los salesianos a "formar laicos con
corazón apostólico, invitando a todos a caminar en la
santidad de vida que hace madurar discípulos valientes y
auténticos apóstoles".
Refiriéndose a la carta enviada a los fieles de la
diócesis de Roma sobre la "gran emergencia educativa",
el Santo Padre subrayó que "el aspecto más grave es el
sentido de desaliento de muchos educadores, en
particular, de los padres y profesores, frente a las
dificultades que presenta actualmente su tarea".
En
este contexto, Benedicto XVI afirmó que "en la raíz de
la crisis de la educación se encuentra una crisis de
confianza en la vida, que en el fondo no es sino
desconfianza en aquel Dios que nos ha llamado a la
vida".
"En la educación de los jóvenes -continuó- es
extremamente importante que la familia sea un sujeto
activo". Tras poner de relieve que "muchas veces es
incapaz de ofrecer su aportación específica o está
ausente", el Papa señaló que "la predilección y el
compromiso por los jóvenes, que caracteriza al carisma
de don Bosco, se deben traducir en un mismo compromiso
por la formación de las familias. (...) Cuidar a las
familias no es restar fuerzas al trabajo de los jóvenes,
sino hacerlo más duradero y más eficaz". Por eso, les
alentó a "profundizar en las formas de este compromiso",
que "beneficiará a la educación y evangelización de los
jóvenes".
El
Papa terminó haciendo hincapié en la necesidad de una
"sólida formación" para todos los miembros de la
congregación, "sin conformarse con la mediocridad,
superando las dificultades de la fragilidad vocacional,
favoreciendo un sólido acompañamiento espiritual y
garantizando en la formación permanente la calidad
educativa y pastoral".
El
increíble auge de una congregación. En tan sólo veinte
años una congregación religiosa femenina fundada en
Argentina ha crecido de forma llamativa.
H2O
En
tan sólo veinte años una congregación religiosa femenina
fundada en Argentina ha crecido de forma llamativa. Son
las Servidoras del Señor y de la Virgen de Matará, están
presentes ya en veintidós países de todo el mundo y sus
vocaciones no paran de aumentar. Durante la celebración
romana por estos primeros veinte años desde su fundación
en Argentina, la superiora general, la holandesa Maria
de Anima Christi van Eijk, explica:
“Es pura gracia de Dios. Dios te llama siempre, dicen
que no hay más vocaciones. Sí, Dios llama, basta
escuchar. La adoración eucarística es un momento en el
cual el alma se encuentra en silencio con Dios, tal vez
se predispone para escuchar un poquito más y el amor a
la cruz que también eso hace que uno se enamore. Porque
Dios fue crucificado por nosotros para darnos el cielo,
nosotras queremos responder a este amor abrazando la
cruz”.
Estas religiosas forman parte de la Familia Religiosa
del Verbo Encarnado, formada por dos institutos,
masculino y femenino y una tercera orden laical. Esta
familia religiosa , fundada por el padre Carlos Miguel
Buela, está presente también en Egipto, Jordania, Rusia
y Taiwan y respira con dos pulmones, el latino y el
oriental. En total son casi 900 miembros. Una de las
misioneras en Oriente Medio relata:
“El trabajo principal que realizamos ahí es para las
escuelas pero es una experiencia totalmente particular y
nueva para nuestra instituto porque hemos tenido la
posibilidad de trabajar con niños musulmanes, con todo
el personal musulmán, en la escuela, nos ha puesto en
contacto con otra realidad diferente, de participar,
digamos un poco de la vida, de todas estas personas de
la familia y realmente hemos sido muy bien recibidas y
la comunicación que hay con todos ellos es muy muy
buena. Nos da fuerza para seguir trabajando en este
campo”.
Juan Pablo II. Todo a punto para el "Santo subito"
PD/RD/EFE
El
postulador de la causa para la beatificación de Juan
Pablo II, el sacerdote polaco Slawomir Oder, aseguró hoy
que, a falta de algún detalle técnico o de redacción, ha
concluido el borrador de la 'positio', la recopilación
de la documentación relativa al caso.
En
declaraciones a Radio Vaticana, Oder señaló que hace
pocos días entregó un borrador 'casi definitivo', de
unas dos mil páginas, que recoge todos los documentos
sobre el Pontífice y explicó que ahora corresponde al
Relator de la Causa, el dominico Daniel Ols, revisarlo y
dar el visto bueno para su presentación oficial.
Oder ha elaborado la 'positio' a partir de las actas y
documentos 'sobre la vida y virtudes, además de los
milagros, del Siervo de Dios Juan Pablo II' que el
vicariato de Roma entregó a su titular, el cardenal
Camillo Runi, quien, a su vez, se los consignó al
sacerdote polaco.
Cuando se haya completado la versión definitiva de la
'positio', se presentará oficialmente en una fecha que
Oder afirmó que no puede precisar.
A
continuación, pasará a ser evaluada por la asamblea
ordinaria de la Congregación para las Causas de los
Santos, formada por 15 cardenales y 15 obispos, que se
expresarán sobre el caso.
El
proceso que llevará a Juan Pablo II a los altares se
abrió el 28 de junio de 2005. Comenzó en Roma, porque en
esta ciudad murió el 2 de abril de 2005 y porque fue su
obispo durante 26 años y medio.
La
causa se abrió por expreso deseo de Benedicto XVI sin
tener que esperar a que transcurran cinco años de su
muerte, como establece el Código de Derecho Canónico.
Destaca Papa cualidades de JPII
DANIELA PETROFF / CIUDAD DEL VATICANO / AP
El
papa Benedicto XVI alabó las “cualidades humanas y
sobrenaturales” de su antecesor al frente de la Iglesia
Católica, Juan Pablo II, durante una misa el miércoles
que marcó el tercer aniversario de la muerte del
pontífice polaco.
Benedicto comparó el sufrimiento de los últimos meses de
vida de su predecesor con los de Cristo en la cruz. La
enfermedad del Parkinson drenó lentamente la energía de
Juan Pablo II en los últimos años de su pontificado, en
contraste con el vigor que mostró alguna vez como el
líder de la iglesia. Poco antes de morir, a los 84 años,
la enfermedad lo dejó incapaz de hablar.
“Así como sucedió con Jesús, también fue para Juan Pablo
II. Al final, las palabras dieron paso al sacrificio
extremo”, afirmó Benedicto XVI, vestido con túnicas de
brocado rojas, durante la ceremonia de 90 minutos en la
Plaza de San Pedro.
Benedicto XVI concelebró la misa con miembros del
Colegio de Cardenales, incluso el arzobispo de Cracovia,
Polonia, Stanislaw Dziwisz, quien fue el secretario
privado del difunto Papa y quien estuvo a su lado
durante casi 40 años.
Miles de peregrinos y turistas - muchos de Polonia, la
patria del pontífice fallecido - llenaron la plaza,
recordando los días después de la muerte de Juan Pablo
II, cuando más de dos millones de personas hicieron fila
día y noche para rendirle un último adiós, mientras su
cuerpo descansaba en la Basílica de San Pedro.
Benedicto XVI también subrayó la “fe extraordinaria” de
Juan Pablo II. Dijo que esa fe le permitió tener una
conversación íntima e ininterrumpida con Dios.
“Entre sus cualidades humanas y sobrenaturales, él tenía
de hecho una sensibilidad espiritual y mística
excepcional”, afirmó el Papa durante su homilía.
Abuelos en la familia, tema de Asamblea Plenaria de
Pontificio Consejo
VATICANO, 02 Abr. 08 / 06:30 pm (ACI)
"La presencia y el testimonio de los abuelos en la
familia" es el tema de la 18º Asamblea Plenaria del
Pontificio Consejo para la Familia que comienza este 3
de abril y culmina el 5 del mismo mes, que se
desarrollará en el Aula Nueva del Sínodo en el Vaticano.
Con más de 300 participantes, la plenaria será
inaugurada por el Presidente de este Dicasterio,
Cardenal Alfonso López Trujillo. Además, quienes
presidirán las primeras Misas serán el Secretario de
Estado Vaticano, Cardenal Tarcisio Bertone; y el
Cardenal George Pell, Arzobispo de Sydney.
En
la apertura de la plenaria, el Arzobispo Fernando
Filoni, Sustituto de la Secretaría de Estado, hablará
sobre el rol de los ancianos en la Iglesia y la
sociedad.
Entre los laicos invitados para dar testimonio del "ser
abuelos" hoy, están el senador Marcello Pera, quien
desarrollará el tema de la importancia social y política
de la familia; el profesor Giorgio Campanini, estudioso
de sociología de la familia; y el senador Giulio
Andreotti. El Arzobispo Gianfranco Ravasi, Presidente
del Pontificio Consejo para la Cultura, presentará las
figuras más significativas de los abuelos en la Biblia.
"La figura de los abuelos en las familias de los
migrantes" será el tema a tratar por el Arzobispo
Agostino Marchetto, Secretario del Pontificio Consejo
para la Pastoral de los Migrantes e Itinerantes.
El
Cardenal Carlo Cafarra, Arzobispo de Bologna, disertará
sobre la encíclica Humanae Vitae del Papa Pablo VI al
cumplirse 40 años de su publicación.
De
otro lado, el Cardenal Norberto Rivera Carrera,
Arzobispo de México, junto a algunos de sus
colaboradores, informará a los participantes sobre las
iniciativas del VI Encuentro Mundial de las Familias que
se realizará en ese país en enero de 2009.
Cardenales Dziwicz, Schönborn y Ruini recuerdan
"testimonio de misericordia" de JPII
ROMA, 02 Abr. 08 / 01:34 pm (ACI).-
Los cardenales Dziwicz, Schönborn y Ruini recordaron hoy
el testimonio de intensa misericordia vivido por el
Siervo de Dios, Juan Pablo II, al conmemorarse el tercer
aniversario de su tránsito a la Casa del Padre, durante
la inauguración del Primer Congreso Mundial de la
Misericordia Divina.
En
el evento, cuya primera sesión se realizó en la Basílica
de San Juan de Letrán, el Cardenal Stanislaw Dziwicz,
Arzobispo de Cracovia y secretario de Juan Pablo II
durante 25 años, comentó que el recordado Pontífice " y
Sor Faustina han sido dos mensajeros de la Divina
Misericordia. Quienes han promovido este gran misterio.
Ahora tenemos a un tercer mensajero: Benedicto XVI que
ayuda a descubrir el amor y la misericordia de Dios".
"En Cracovia está sepultada la santa sor Faustina en
donde recibió el gran mensaje de la Divina Misericordia.
Es la ciudad en donde este mensaje se irradia a todo el
mundo. Esta devoción da la posibilidad a todos de rezar
para contribuir a cambiar nuestra sociedad secularizada,
que vive como si Dios no existiera", dijo luego el
Purpurado.
Por su parte, el Arzobispo de Viena, Cardenal Christoph
Schönborn, destacó que Juan Pablo II "encontró, en las
palabras, en los mensajes que sor Faustina recibió de
Jesús y que transmitió en un lenguaje del todo simple,
la respuesta a las grandes interrogantes y desafíos de
nuestro tiempo".
Él
"ha reflexionado, a la luz de estos mensajes, durante
toda la vida, en el inmensurable misterio de la Divina
Misericordia. Este misterio ha plasmado su obra como
sacerdote, obispo y Papa; y ha tocado, a través de su
persona, un número infinito de hombres en todo el mundo.
Era realmente un testimonio único de la misericordia",
dijo el Cardenal.
Asimismo evidenció como "el camino terreno" de Juan
Pablo II terminó en el "Domingo de la Misericordia,
fiesta que el mismo había introducido en el jubileo de
2000" canonizando a Sor María Faustina Kowalska.
"Es difícil, casi imposible, no apreciar en esta
coincidencia un 'signo del Cielo'. ¿No ha puesto Dios
mismo su firma bajo todo un programa de vida, que el
Papa Juan Pablo II ha repetidamente caracterizado, de
modo enteramente explícito, como su misión?", destacó.
De
otro lado, el Cardenal Camillo Ruini, Vicario del Papa
para la Diócesis de Roma y ex Presidente del Episcopado
italiano, comentó que "celebrando aquí este congreso
ciertamente estamos en la línea de la voluntad de Juan
Pablo II, que ha puesto la Divina Misericordia al centro
de su vida espiritual, de su testimonio apostólico y su
magisterio, consagrando a la misericordia de Dios su
segunda encíclica Dives in misericordia, beatificando y
canonizando a Sor Faustina Kowalska y dedicando a la
Divina Misericordia el segundo domingo de Pascua".
"En la perspectiva de Juan Pablo la relación entre Roma
y la Divina Misericordia es, en cierto sentido, todavía
más amplia y antigua. En su visita a Campidoglio del 15
de enero de 1998, él terminó su discurso diciendo:
'Roma, cuyo nombre leído al revés suena a Amor, amore.
Como dice un poeta polaco 'sí tu dices Roma, te responde
Amor'. Para Juan Pablo II Roma es y debe ser también un
símbolo de amor", agregó el Cardenal Ruini.
Benedicto XVI recuerda a Juan Pablo II en tercer
aniversario de su muerte y elogia un pontificado que
testimonió al mundo la misericordia de Cristo Resucitado
RV
Benedicto XVI ha presidido esta mañana a las 10 y media
en la plaza de san Pedro -en el día que se cumple el
tercer aniversario de la muerte del Siervo de Dios Juan
Pablo II- la Santa Misa, inaugurando a la vez el primer
Congreso Mundial de la Divina Misericordia. Han
participado en la solemne liturgia eucarística más de 60
mil fieles procedentes de todas las partes del mundo
para reflexionar una vez más -por medio de las palabras
del amigo y sucesor al solio petrino- sobre el
testimonio dejado a la Iglesia por el Papa Wojtyla.
En
la homilía, el Santo Padre ha entrelazado, en una bella
intuición, las imágenes de la Cruz empuñada con decisión
por Juan Pablo, el hombre infatigable en el cuerpo y en
el espíritu, que la llevará a los cuatro puntos
cardinales de la tierra. Junto a las imágenes de la Cruz
sujetada como último asidero por el hombre debilitado en
el cuerpo, pero no en el espíritu, que está por volver a
la casa del Padre. Dos imágenes que cuentan por sí solas
el inicio y el final de un extraordinario Pontificado.
Cruz y Resurrección: que según Benedicto XVI son la
llave de lectura para comprender quien ha sido Juan
Pablo II para gran parte de la humanidad:
“En verdad podemos leer toda la vida de mi amado
Predecesor, en particular su ministerio petrino, en el
signo de Cristo Resucitado. Él nutría una fe
extraordinaria en Él, y con Él mantenía una conversación
íntima, singular e ininterrumpida. Entre tantas
cualidades humanas y sobrenaturales, tenía también
aquella de una excepcional sensibilidad espiritual y
mística. Bastaba sólo observarle cuando rezaba: se
sumergía literalmente en Dios y parecía que todo los
demás en aquellos momentos no existiera”.
Pero el roble sólido de esta cualidad, que pronto hizo
que fuera admirado y amado el Papa llegado de un país
lejano, hundía las raíces en sufrimientos que no fueron
ahorrados a Juan Pablo II, ni antes ni después de su
llamada a ser siervo de los Siervos de Dios. “Desde
niño” -ha observado Benedicto XVI- Karol Wojtyla
encontró en su camino, en su familia y en su pueblo la
cruz:
“Muy pronto decidió llevarla junto con Jesús, siguiendo
sus huellas. Quiso ser su fiel servidor hasta acoger la
llamada al sacerdocio como don y compromiso de toda la
vida. Con Él vivió y con Él quiso también morir”.
Hoy como hace tres años -ha proseguido Benedicto XVI- la
Iglesia está inmersa en el clima espiritual de la Pascua
y la lectura de la Misa de sufragio ha propuesto de
nuevo las palabras que el ángel de la resurrección
dirigió a las mujeres ante el sepulcro y que Juan Pablo
II transformó en programa apostólico: “No tengáis
miedo”.
Las pronunció siempre con inflexible firmeza, primero
levantando en alto el báculo terminado en Cruz, y
después cuando las energías físicas flaqueaban, casi
como sosteniéndose en la Cruz, hasta llegar a aquel
último Viernes Santo, en el que participó en el Vía
Crucis desde la Capilla privada apretando entre los
brazos la Cruz. No podemos olvidar aquel último y
silencioso testimonio de amor a Jesús. También aquella
elocuente escena humana de sufrimiento y de fe, en aquel
último Viernes Santo, indicaba a los creyentes y al
mundo el secreto de toda la vida cristiana.
Ahora como entonces quedan como herencia las piedras
millares del magisterio de Juan Pablo II, que muchos
esperan con prontitud sea llevado al honor de aquellos
altares a los que el mismo Juan Pablo II elevó a la
misma dignidad tantos hombres y mujeres de fe, como
Santa Faustina Kowalska, canonizada en el 2.000 como
apóstol en el mundo del misterio de la Misericordia de
Dios. Y este misterio es otra “clave de lectura
privilegiada” del magisterio del Papa Wojtyla.
El
Siervo de Dios Juan Pablo II había conocido y vivido
personalmente las terribles tragedias del siglo XX, y
por mucho tiempo se preguntó qué es lo que podía apartar
la marea del mal. La respuesta solo podía encontrarse en
el amor de Dios. Sólo la Divina Misericordia es capaz de
poner un límite al mal; sólo el amor omnipotente de Dios
puede derrotar la prepotencia de los malvados y el poder
destructor del egoísmo y el odio.
Benedicto XVI ha confiado en particular este último
pensamiento a los cerca de 7 mil participantes en el
Congreso de la Divina Misericordia inaugurado con esta
misa y que durará hasta el próximo domingo. La homilía
ha concluido con un afectuoso acto de reconocimiento a
aquella que Benedicto XVI llama “alma elegida”.
“Que la Iglesia siguiendo sus enseñanzas y sus ejemplos
pueda proseguir fielmente y sin compromisos su misión
evangelizadora, difundiendo sin cansarse el amor
misericordioso de Cristo, manantial de verdadera paz
para el mundo entero”.
Benedicto XVI lleva a Estados Unido la “revolución de la
virtud”
H2O
Benedicto XVI visitará del 15 al 20 de abril los Estados
Unidos para llevar a ese país una revolución, la
revolución de la virtud, asegura uno de los exponentes
laicos más autorizados de la Iglesia en el país, Carl
Anderson
Benedicto XVI visitará del 15 al 20 de abril los Estados
Unidos para llevar a ese país una revolución, la
revolución de la virtud, asegura uno de los exponentes
laicos más autorizados de la Iglesia en el país, Carl
Anderson, caballero supremo de los Caballeros de Colón.
Al
presentar su nuevo libro, «Una civilización del amor»,
en la sede de “Radio Vaticano”, Anderson constató la
enorme expectativa con que católicos y no católicos
recibirán al Papa.
“Este año electoral ha evidenciado de manera
impresionante, cosa que yo creo que mucha gente no se
esperaba, la situación del cambio, de la esperanza, y el
cristianismo es una religión de cambio y una religión de
esperanza. Los temas de las encíclicas del Papa son un
buen ejemplo de ello”.
En
este contexto, Anderson explica con estas palabras el
mensaje que trae Benedicto XVI.
“La acción política para sustentar o establecer
políticas humanas justas es absolutamente esencial, con
lo cual trabajar es necesario pero no suficiente. Lo que
basta para la reciente crisis global es una nueva
revolución de la virtud que haga posible pensar en la
sociedad y la civilización en términos del amor. Y por
revolución de la virtud quiero decir de las virtudes
teologales: fe, esperanza y caridad. Estas son los
bloques de la civilización del amor”.
Y
este es el mensaje central del pontificado de Benedicto
XVI con sus dos encíclicas, concluye Carl Anderson.
La
Misericordia, dique del amor ante el avance de la
secularización. El Congreso Apostólico Mundial de la
Divina Misericordia, según el obispo español Munilla
ZENIT
«Frente a una secularización de un hombre que no
entiende su propia existencia», «volvemos a proclamar»:
«abramos el corazón de par en par a Cristo porque el
mayor fruto que nos trae es el don del amor, el don de
su misericordia»: así explica el obispo español José
Ignacio Munilla el sentido del primer Congreso
Apostólico Mundial de la Divina Misericordia, devoción
amada por Juan Pablo II y subrayada por Benedicto XVI.
De
hecho, el Papa Joseph Ratzinger, con la solemne
Eucaristía que ha presidido en la mañana de este
miércoles en memoria de Juan Pablo II --en el tercer
aniversario de su fallecimiento--, ha abierto el
Congreso, primero en su género.
Hasta el 6 de abril Roma acoge la gran cita mundial que
une conferencias de cardenales, de obispos, de
representantes de otras confesiones cristianas,
celebración de los sacramentos, adoración eucarística,
misión ciudadana, festival misionero y espectáculos.
La
nutrida delegación española inscrita en el Congreso
cuenta con el cardenal primado Antonio Cañizares como
presidente y con el obispo Munilla como secretario,
quien explica a Zenit el sentido de esta convocatoria a
las pocas horas de su inicio.
Se
ha buscado su coincidencia con el tercer aniversario de
la muerte de Juan Pablo II, «gran padre de esta devoción
de la divina misericordia» que se difundió con santa
Faustina Kowlaska. «Bajo esa especie de pastoreo que
sigue teniendo en la Iglesia», el Papa Wojtyla «nos
quiere transmitir que ahora mismo necesitamos de esta
devoción de la Divina Misericordia para llevar adelante
lo que llamó "la nueva evangelización"», expresa
monseñor Munilla.
Ésta consiste en «transmitir al mundo con ardor nuevo,
con métodos nuevos, un mensaje de plena actualidad, que
es que Dios nos quiere, que Dios está enamorado del
hombre y nos busca denodadamente --recalca-- y no ceja
hasta encontrarnos, hasta encontrarse personalmente con
nosotros».
«Nos damos cuenta de que la Divina Misericordia es el
instrumento para llevar esa evangelización a todos los
pueblos», afirma.
La
raíz de esta iniciativa de Juan Pablo II está en el
«misterio del gran dolor del siglo XX», que él mismo
experimentó, con conflictos bélicos y un «mal que se
hizo especialmente encarnizado con Europa oriental».
En
ese momento de dolor, Europa y tantos otros lugares
sintieron la necesidad de la Misericordia» --recuerda el
prelado--, y esta devoción «ha sido providencial para
muchos pueblos que han sentido de una manera muy
especial el zarpazo del mal en sus carnes».
Libre de regímenes dictatoriales, esta Europa «sigue
estando necesitada de la Misericordia», advierte
monseñor Munilla.
Igualmente «la secularización occidental ahora mismo
necesita un sentido, una luz», y «esta devoción de la
Divina Misericordia transmite un gran mensaje»: «la vida
tiene sentido porque hay un corazón que nos quiere de
una manera total e incondicional, que es el corazón de
Cristo», sintetiza.
Llamada a España
Monseñor Munilla, en su conversación con Zenit, observa
que «ciertamente se vive un momento en España de una
secularización especialmente orquestada, estructurada».
«Creo que cada vez que se pretende dar una explicación
de la existencia del hombre --una antropología-- sin
Dios, el hombre es más pobre»; «nunca lo ha sido tanto
como cuando ha sido presentado al margen de ese Dios
creador del cual es imagen y semejanza», alerta.
Al
hilo del Concilio Vaticano II «decimos una cosa»
--continúa--: «Solamente en Jesucristo el hombre
descubre su auténtica riqueza» porque «Él revela al
hombre su propia dignidad».
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