RESUMEN DE PRENSA

 

 

 

26 de abril de 2008

 

 

INTERNACIONAL

  

Religión en la plaza pública

EL PAÍS

 

"Aquí, en América, encontrará una nación que da la bienvenida al papel de la fe en la plaza pública". Así acogió en Washington el presidente George W. Bush a Benedicto XVI, que fue mucho más lejos en esta declaración de principios nada laicos. El pasado viernes, en la Asamblea General de Naciones Unidas, el secretario general, Ban Ki-moon, le recordó al Papa que la suya es una "organización secular" y que el edificio que la alberga en Nueva York no tiene siquiera una capilla.

 

Ratzinger, sin embargo, aprovechó la tribuna para exigir que "la libertad religiosa no se puede limitar al libre ejercicio del culto, sino que tiene que dar la debida consideración a la dimensión pública de la religión, y por tanto a la posibilidad de los creyentes de desempeñar su papel en la construcción del orden social", aunque diferenció entre la dimensión del ciudadano y del creyente. Pero previamente había considerado "inconcebible que los creyentes tengan que suprimir una parte de sí mismos -su fe- para ser ciudadanos activos", y "no debería ser nunca necesario negar a Dios para disfrutar de los derechos de cada cual". ¿Quién lo exige? Es una subversión de los argumentos del laicismo.

 

Es verdad que poco hay más público que la religión, sea cristiana, musulmana u otra. Los viajes papales lo demuestran. Estados Unidos, formalmente un Estado laico o mejor dicho sin religión oficial, es uno de los países más religiosos del mundo, y en él la religión, al menos el deísmo, no es sólo un asunto privado sino muy público. Tanto que (aunque tan sólo desde 1956) los billetes de dólares llevan el famoso lema de In God We Trust (En Dios confiamos).

 

Además, la dimensión pública de la religión ha ido aumentando con los crecientes intentos de politizarla. Parecía una cuestión tapada en las primarias demócratas, y sin embargo ha resurgido cuando el aspirante demócrata a la Casa Blanca Barack Obama declaró recientemente que las frustraciones económicas de muchos electores en las ciudades pequeñas de Pensilvania les había llevado a "aferrarse a los rifles o la religión o la antipatía hacia la gente que no es como ellos". Pese a que tenga razón, está pagando por esta afirmación.

 

Aunque hablara mucho de religión -si bien significativamente escasamente de diálogo de religiones, que sólo citó una vez- , el discurso de Benedicto XVI en Naciones Unidas fue, inevitablemente, político. Con él, tres han sido los Papas que se han subido a esta tribuna. Pablo VI en 1965, cuando se presentó como "experto en humanidad". Juan Pablo II en dos ocasiones muy diferentes (1979 y, tras el fin de la guerra fría, 1995). En todos hay un hilo conductor: la insistencia en la libertad y en los derechos de los individuos. Juan Pablo II insistió mucho en 1995 en que la libertad no era algo que sólo buscaran los individuos sino también las naciones. Y si habló de los "derechos de las personas", añadió los de las naciones, remontándose para ello al Concilio de Constanza en el siglo XV.

 

Inevitablemente, los tres Papas se han referido de una u otra manera en esta tribuna al aborto y al control de la natalidad. La derecha americana y el Vaticano han coincidido en su oposición a dar fondos en la ONU a programas que contemplaran el aborto, y en esto han recibido el apoyo de los países integristas musulmanes.

Pero no todo son coincidencias con Bush. Significativamente, Ratzinger sólo mencionó una vez la palabra "terrorismo" y consideró que el respeto de los derechos humanos es una de las formas de "aumentar la seguridad". Es decir, sin mencionarlos, un discurso contrario a Guantánamo, a la Ley Patriótica o a las detenciones ilegales de prisioneros de guerra.

 

Ya había pedido a Bush más "esfuerzos pacientes de diplomacia internacional" para resolver los conflictos internacionales. Pablo VI había definido Naciones Unidas, ya en aquellos años, como una "escuela de paz". El Papa Ratzinger también insistió en la paz, pero no desde el pacifismo. Defendió la injerencia por razones humanitarias. No renegó del uso de la fuerza sino que, insistió, ésta debe partir de un consenso si no universal, sí amplio. Hizo una alabanza a Naciones Unidas como centro del multilateralismo y de la defensa de los derechos humanos cuya Declaración Universal cumple 60 años, e interesante fue su reflexión sobre el peligro de que la legalidad prevalezca sobre la justicia en relación con estos derechos.

 

Su insistencia en que hay que recuperar la religión en la esfera pública forma parte de esa tendencia que algunos sociólogos, como Peter Berger, detectaron desde los 90 y han llamado la de la des-secularización del mundo. Al menos en Europa, oasis laico, conviene no sólo frenarla, sino invertirla.

 

Más de 60.000 feligreses despiden al Papa coreando su nombre en el estadio de los Yankees

EL MUNDO

 

Más de 60.000 feligreses despidieron ayer a Benedicto XVI, que fue recibido a los gritos de «¡Viva el Papa!» en la misa bilingüe oficiada en el emblemático estadio de los Yankees en el Bronx, en un abrazo multitudinario comparable al que recibió hace 29 años Juan Pablo II en este mismo escenario. El Papa cerró su histórica visita celebrando el bicentenario de la Iglesia católica en Estados Unidos y haciendo un llamamiento a la juventud. «¡Encontrad el valor para proclamar a Cristo!», dijo. «Descubrid la verdad liberadora del Evangelio, la que aflora cuando nos alejamos de la carga del pecado». Por la mañana, en un acto cargado de solemnidad, Benedicto XVI visitó la Zona Cero y entonó una plegaria creada para la ocasión: «Dios de la paz, trae la paz a nuestro mundo violento».

 

Miles de fieles le arroparon en los dos últimos actos de su visita de cinco días a Estados Unidos, a donde llegó el martes con la difícil misión de elevar la moral de los 67 millones de católicos tras el escándalo de los sacerdotes pederastas. Benedicto XVI se reunió inesperadamente con una representación de las más de 4.000 víctimas, mientras El Vaticano anunciaba la posibilidad de modificar las leyes canónicas para facilitar las posibles denuncias en un futuro.

 

El Papa abordó el tema insistentemente durante los cuatro primeros días, aunque en sus últimas horas en suelo norteamericano decidió imprimir un giro apostólico a su visita, con referencias constantes a los jóvenes y a «las sucesivas olas de inmigrantes cuyas tradiciones han enriquecido tanto la Iglesia católica en Estados Unidos».

 

El Papa hizo ayer una última y velada referencia al tema que le persiguió como una sombra durante toda la visita e instó a sus seguidores a no perder la fe «ante la adversidad y el escándalo». Hizo también hincapié en la cuestión del aborto y pidió «el respeto de la dignidad y de los derechos humanos de todo hombre, mujer y niño en nuestro mundo, incluidos los más indefensos, como los niños que están en el seno materno». En la misa de despedida en el estadio de los Yankees, las gradas estaban pobladas de pancartas en español y de banderas mexicanas, dominicanas y puertorriqueñas. Miles de personas sin invitación se quedaron fuera, escuchando por los altavoces y esperando ver si acaso un resquicio del Papamóvil.

 

El Papa arrancó su última jornada en la Zona Cero, definida por él mismo como «la escena de una increíble violencia y dolor». Benedicto XVI bajó por su propio pie la rampa hasta la fosa en obras, donde se instaló un reclinatorio blanco para la ocasión. El Sumo Pontífice se arrodilló durante cinco minutos y rezó el silencio, bajo unos poderosos reflectores y ante la mirada de los familiares de las 3.000 víctimas del 11-S que habían sido invitadas personalmente a la ceremonia. Acto seguido, el Papa encendió una llama votiva, bendijo con agua el solar y entonó una oración. Dympna Judge, hermana del capellán de los bomberos de Nueva York Mychal Judge, fallecido bajo la lluvia de escombros, agradeció el detalle al Papa en el nombre de los 24 elegidos para acompañarle en su descenso a la Zona Cero.

 

Fue sin duda uno de los momento más emotivos de su visita de cinco días a Washington y Nueva York, aunque miles de fieles que acudieron al Bajo Manhattan con la esperanza de contemplar de lejos la ceremonia se conformaron con un esquinazo del Papamóvil en el momento de abandonar el solar. Alexander Bejarano, colombiano, exhibió a su paso un cartel de Ingrid Bentancourt. «La violencia no conoce fronteras, ni la paz tampoco», aseguró Alexander, rodeado por un gentío mayoritariamente hispano, como el que el día anterior se congregó en la Quinta Avenida.

 

Del «monstruo» del nazismo a las heridas del Holocausto

La visita a Estados Unidos le ha servido a Joseph Ratzinger para cerrar las heridas aún abiertas de su juventud bajo los rigores de la Alemania nazi. En el acto celebrado el sábado en el seminario de San José, en la localidad de Yonkers (Nueva York), el Papa condenó el «régimen funesto del nazismo» y decidió entrar en detalles personales (a los 14 años fue alistado obligatoriamente en las Juventudes Hitlerianas, aunque su familia católica era contraria al régimen, según su biógrafo John Allen). «Mis propios años como adolescente estuvieron marcados por un régimen siniestro que pensó que tenía todas las respuestas», dijo el Papa. «Su influencia creció y se fue infiltrando en las escuelas y en los organismos civiles, y también en la política y en la religión, antes de ser reconocido como el monstruo que fue. Desterró a Dios, y por tanto dio la espalda a todo lo que era bueno y verdadero».

 

«Muchos de vuestros abuelos y bisabuelos os habrán contado el horror y la destrucción que padecieron», subrayó Benedicto XVI ante miles de jóvenes, con una notable presencia hispana. «De hecho, algunos de ellos vinieron a América para escapar a ese terror», agregó, y a continuación ensalzó «la fundamental importancia de la libertad».Caridad y humildad. «Tenéis que apreciar los sacrificios de quienes la hicieron posibles», dijo, «pero también tenéis que estar atentos para no caer en la oscuridad... Aquí, los sueños y las aspiraciones de los jóvenes pueden ser fácilmente destruidos. Estoy pensando en todos aquellos afectados por el abuso de las drogas, por la pobreza, por el racismo, por la violencia y la degradación, especialmente las muchachas y las mujeres».

 

Benedicto XVI instó a los jóvenes a practicar «la caridad, la castidad y la humildad» y les pidió que no tengan miedo a dar un paso al frente y «decir la verdad». Las raíces históricas de Ratzinger estuvieron también muy presentes durante su visita a la sinagoga de Park East, la primera vez que un sumo pontífice visita un templo judío en Estados Unidos. Allí estrechó la mano del rabino Arthur Schneier, que escapó de la persecución nazi en Europa. «En nuestras vidas hemos experimentado los horrores de la guerra y del Holocausto, y hemos padecido la falta de humanidad de los hombres», llegó a decir el rabino. «Pero hemos sido también capaces de experimentar el júbilo de la libertad».

 

El viaje más urgente para Benedicto XVI

EL MUNDO / RAFAEL NAVARRO VALLS

 

En vísperas de la independencia americana, las 13 colonias -excepto Rhode Island- que constituirían Estados Unidos dictaron leyes discriminatorias contra los católicos. De hecho, los 34 presidentes que precedieron a Kennedy en la Casa Blanca fueron protestantes. Cuando en la campaña electoral de 1928 un católico -Al Smith- se presentó a la Presidencia, los ataques más duros contra su candidatura vinieron de los sectores protestantes y el Ku Klux Klan. Han pasado los años y, hoy, cinco de los nueve jueces del Tribunal Supremo de Estados Unidos son católicos, seis de los precandidatos que comenzaron la carrera electoral de 2008 para la Presidencia también, y nadie se extraña de que el oponente más fuerte que tuvo George W. Bush en sus aspiraciones presidenciales fuera el católico John Kerry. De hecho, casi 70 millones de estadounidenses son católicos.

 

Esto explica que con este nuevo viaje de Benedicto XVI, Estados Unidos sea, junto con Polonia, el país más visitado (nueve ocasiones) por los Papas. Así pues, el primer objetivo de la visita que ayer concluyó el Pontífice ha sido pastoral: alentar a los católicos y hacerles tomar conciencia de su responsabilidad como fermento en el país más poderoso de la Tierra. Entre ellas «difundir con valentía la cultura de la vida». Las concentraciones en el Nationals Stadium de Washington y en el Yankees Stadium de Nueva York han ayudado a lograrlo.

 

Al comprobar el lleno hasta la bandera del aula de plenos del palacio de vidrio de las Naciones Unidas, los cinco minutos de aplausos de los asistentes y la repercusión del discurso de Benedicto XVI nadie diría que, hace unos años, una serie de ONG interesadas en el control de natalidad vía aborto desataran una campaña contra la Santa Sede para despojarle de su estatuto de observador permanente ante las Naciones Unidas. Pero ratifica el hecho de que, en julio del 2004, la misma Asamblea General a la que Benedicto XVI acaba de dirigirse aprobara por unanimidad una resolución que, no sólo confirmó, sino que reforzó la presencia de la Santa Sede en la ONU. Precisamente por ello, el inicio de su mensaje ha sido manifestar «su estima» por una organización que debe cada vez más ser un «signo de unidad entre los estados e instrumento al servicio de toda la familia humana».

 

Esa universalidad de la ONU ha sido la condición propicia para que Benedicto XVI insista en la en la fundamentación de los derechos humanos: «Estos están basados y plasmados en la naturaleza trascendente de la persona, que permite a hombres y mujeres recorrer su camino de fe y su búsqueda de Dios en este mundo». Su respeto continúa siendo la estrategia más efectiva para eliminar las desigualdades entre países y grupos sociales y para aumentar la seguridad mundial. Con esa fundamentación universal -en mi opinión- el Papa ha querido salir al paso de quien considera que, al ser las grandes declaraciones de derechos humanos de inspiración grecolatina y judeocristiana, no tienen en cuenta otras concepciones del hombre. Al desconocer esos derechos -dicen- no violan algo universal, sino algo sectorial, con lo que crean una coartada para no sentarse en el banquillo de los acusados.

 

Naturalmente, en el elenco de derechos humanos, el de libertad religiosa aparece radicado en «la primera de las libertades». Por eso mismo ha insistido el Papa Ratzinger en que «es inconcebible, que los creyentes tengan que suprimir una parte de sí mismos -su fe- para ser ciudadanos activos. Nunca debería ser necesario renegar de Dios para poder gozar de los propios derechos». Una clara advertencia para los regímenes o los gobiernos que quisieran relegar a los cristianos o a los católicos a las catacumbas sociales.

 

Se esperaba que hiciera alguna referencia al tema de los abusos sexuales de una minoría de clérigos. Pero ha sorprendido que por cuatro veces aludiera a ese escándalo. La sorpresa arranca de que, en realidad, esta cuestión hunde sus raíces en los años 50 y estalla a principios del 2000 en sus repercusiones patrimoniales. Algo, pues, que pertenece al pasado. Sin embargo, con su insistencia, el Papa ha querido, de una vez por todas, pasar de la página de la «vergüenza» a las páginas de la «esperanza» y la «purificación», como ha subrayado el portavoz de la Santa Sede al comentar el encuentro que mantuvo Benedicto XVI con víctimas de esos abusos.

 

Naturalmente, en una sociedad multicultural -melting pot- como es la estadounidense, han sido inevitables los encuentros interreligiosos. Con una nota de color: sólo faltó la comunidad sij porque, por tradición, en sus reuniones solemnes acuden siempre con el puñal ceremonial famoso. El Servicio Secreto de EEUU les ha prohibido llevarlo y los ha dejado fuera: ¡cosas de América!

 

En esos encuentros, el Papa ha subrayado la necesidad de defender la verdad objetiva, por encima de la fragmentación a que tiende la conciencia humana. Según me ha parecido entender, es la implícita idea de que cuando «se vive en la verdad» se puede cambiar lo que en la Historia parece inmutable. De ahí su grito de alarma a los líderes cristianos de Nueva York: «El laicismo radical arruina la verdad de la trascendencia». Buscando siempre los puntos de unión, en una sinagoga de la ciudad de los rascacielos, ha subrayado con elegancia el hecho conmovedor de que «Jesús, siendo joven, escuchó las palabras de la Escritura y rezó en un lugar como éste».

 

Con los jóvenes -como ocurría con Juan Pablo II- Benedicto XVI ha hablado a corazón abierto. Alertándoles sobre las amenazas que se ciernen en torno a las vidas vacías, no ha dudado en hacerles la sobrecogedora confidencia de que también sus años de adolescente «fueron arruinados por una ideología: la del nazismo».

 

Pero no todo han sido discursos. Probablemente, el momento más conmovedor de la visita ha sido su bajada al punto más profundo de la Zona Cero de Nueva York, el llamado bed-rock, donde se encuentra el cráter en el que antes estaban las Torres Gemelas, destruidas por el ataque terrorista del 11 de septiembre de 2001. Allí se ha encontrado con un reducido grupo de parientes y víctimas de la tragedia y ha rezado -profundamente emocionado- una sencilla oración pidiendo «la sabiduría y el coraje para trabajar incansablemente por un mundo en donde reinen la paz verdadera y el amor entre las naciones y en los corazones de todos». El simbólico flash de tristeza ha contrastado con la alegría desbordante de las miles de personas concentradas en el Yankees Stadium.

 

Esta visita ha coincidido con dos aniversarios muy personales del Papa: su 81 cumpleaños y el tercero de su elección como pontífice. El primero lo inició en la Casa Blanca, en un encuentro en el Despacho Oval con Bush, el presidente de la nación más poderosa del mundo. Un momento interesante, si se piensa que el Papa es, a su vez, la primera autoridad moral de la Tierra. Bush ha sido consciente de eso. Al día siguiente celebraba el presidente un desayuno de oración con católicos y subrayó el privilegio que supuso para él poder conversar con el Santo Padre en el Estudio Oval. Desveló algo de la conversación al definir a Benedicto XVI como un líder «valiente en la defensa de las verdades fundamentales; alguien que comprende que cada persona tiene valor y que cada uno de nosotros es deseado, cada uno de nosotros es amado y cada uno es necesario».

 

El segundo aniversario lo comenzó rodeado de más de 3.000 obispos, sacerdotes y religiosos de toda América. El Papa es consciente de que cada vez le queda menos tiempo. De ahí su petición de oraciones: «Como Pedro, yo también tengo mis defectos y mis límites: ayudadme a ser un buen Papa en este momento histórico». Por eso pidió a un grupo de enfermos y discapacitados: «Rogad por mí: el tiempo vuela».

 

¿Cuál ha sido el balance de esta visita? Sólo con perspectiva histórica podrá hacerse con rigor. Recién concluida, cuando el avión del Papa vuela del aeropuerto John Fitzgerald Kennedy al de Fiumicino, podemos decir que éste ha sido un viaje de urgencia. Un viaje que probablemente -por su edad y como se ha recordado- no podrá repetir Benedicto XVI. En ese contexto urgente se me ha venido a la cabeza aquella memorable frase de Alexis de Tocqueville referida a EEUU: «El despotismo puede prescindir de la fe; la libertad, no». El propio John Adams decía que la Constitución americana «está hecha para un pueblo moral y religioso».

 

Una síntesis del mensaje radical del Papa en EEUU podría ser el que hace años Ratzinger dejaba por escrito en un libro, precisamente en referencia indirecta al gran país que acaba de abandonar: «Apartarse de las grandes fuerzas morales y religiosas de la propia historia es el suicidio de una cultura. Cultivar las evidencias morales esenciales, defenderlas, protegerlas como un bien común sin imponerlas por la fuerza, constituye una condición para mantener la libertad frente a todos los nihilismos y sus consecuencias totalitarias».

Rafael Navarro Valls es catedrático de la Universidad Complutense y autor del libro sobre el Vaticano y EEUU

 

Los jóvenes norteamericanos son «la Iglesia del futuro»

ABC

 

Durante su última gran cita con los fieles americanos, la misa de la tarde en el Yankee Stadium, Benedicto XVI dedicó sus últimas palabras a revivir el encuentro del dia anterior con unos veinte mil jóvenes en el que «me conmovió la alegría, la esperanza y el generoso amor a Cristo que vi en sus caras». El Papa añadió que esos jóvenes «son el futuro de la Iglesia, y merecen todas las oraciones y la ayuda que podamos darles. Por eso deseo concluir con unas palabras para ellos: abrid vuestros corazones a la llamada de Dios para seguirle en el sacerdocio o en la vida religiosa». Poco después, repetía la misma invitación en español, y añadiendo que «la fe en Cristo se manifiesta en una cercanía efectiva hacia los pobres».

 

A lo largo de dos mil años, el mensaje del cristianismo ha viajado con las sandalias de un pescador de Galilea, las mochilas de los monjes irlandeses o las carabelas de los exploradores cuando se descubrió el Nuevo Mundo. En sus siglos de grandeza, Francia y España han hecho mucho por la Evangelización, como ahora le toca a Estados Unidos.

 

Gran presencia católica

Desde hace ya una década, más del 50 por ciento de los católicos del mundo viven en América, desde Chile a Canadá, y la Iglesia crece sobre todo en los Estados Unidos, que es ya el tercer país católico del mundo en números absolutos después de Brasil y México. Dentro de poco será el segundo en número de fieles y el primero en importancia.

 

Ayer se celebraba el bicentenario del desdoblamiento de la primera diócesis del país, la de Baltimore, en cuatro sedes, al añadir las de Boston, Nueva York y Louisville. En la actualidad, Estados Unidos cuenta con 195 diócesis y 432 obispos. A la vista de los números, el Papa comentó que «nuestra celebración de hoy es también un signo del impresionante crecimiento que Dios ha dado a la Iglesia de este país en estos doscientos años» en que «el rostro de la comunidad católica ha cambiado mucho con las sucesivas oleadas de inmigrantes». Hoy son los hispanos, quizá mañana serán los chinos.

 

Alfonso López Trujillo, cardenal

EL PAÍS

 

El cardenal colombiano Alfonso López Trujillo, de 72 años, presidente del Consejo Pontificio para la Familia, falleció el sábado en Roma a causa de una infección respiratoria, según indicaron fuentes de la clínica Pío XI, donde estaba hospitalizado.

 

El cardenal colombiano Alfonso López Trujillo, de 72 años, presidente del Consejo Pontificio para la Familia, falleció el sábado en Roma a causa de una infección respiratoria, según indicaron fuentes de la clínica Pío XI, donde estaba hospitalizado. El cardenal, que hizo campaña contra los preservativos, los experimentos con células madre y el aborto, suscitó una fuerte polémica en 2006, cuando dijo que los condones no garantizaban protección frente al sida, y que confiar en ellos era "apostar por la propia muerte".

 

En una entrevista concedida en 2006 al semanario Familia Cristiana, López advirtió de que "las actitudes liberales hacia el aborto en las sociedades occidentales" podrían desembocar en demandas legales contra la Iglesia Católica por su oposición a esa práctica: "Temo que hablar en defensa de la vida, de los derechos de la familia, se esté convirtiendo en algunas sociedades en un crimen contra el Estado, en una forma de desobediencia del Gobierno y una discriminación contra las mujeres", declaró. López se mostró favorable, además, a excomulgar a los científicos que experimentan con células madre embrionarias. "Destruir un embrión es igual a abortar, y la excomunión vale para la mujer, los doctores y los científicos que eliminan el embrión".

 

Nacido el 8 de noviembre de 1935, en Villahermosa, en Colombia, López Trujillo se doctoró en Filosofía en la Universidad Pontificia Angelicum. Ordenado sacerdote en 1960, el Papa Pablo VI le nombró obispo auxiliar de Bogotá en 1971. Al año siguiente fue elegido secretario general del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM). Promovido a arzobispo y nombrado coadjutor, con derecho a sucesión, de Medellín, en 1978 por el mismo Papa, entre 1979 y 1982 fue presidente del CELAM.

 

Juan Pablo II le hizo cardenal el 2 de febrero de 1983, y en 1990 le nombró presidente del Pontificio Consejo para la Familia. A partir de 1994, ese Consejo vaticano se convirtió en responsable de la organización de los Encuentros Mundiales de las Familias, que hasta ahora se han celebrado en Roma, Río de Janeiro, Roma, Manila y Valencia (2006). Con el fallecimiento del cardenal López Trujillo, el Colegio cardenalicio queda compuesto por 195 purpurados, de los cuales 118 son electores (menos de 80 años) y 77 no electores.

  

'Ministro' de la familia del Vaticano

EL MUNDO

 

«Eso del sexo seguro es una mentira, no existe», solía sermonear el cardenal Alfonso López Trujillo, el hombre que en los últimos 18 años ha ocupado el cargo de ministro vaticano para la familia. «Contra el sida la única técnica que funciona es la abstinencia, la fidelidad y la castidad», repetía incansable este purpurado colombiano, célebre por su enérgica defensa de la moral. Porque hasta su muerte el sábado a los 72 años a causa de una infección pulmonar, López Trujillo siempre se distinguió por sus muy conservadoras posturas frente a la familia y a la sexualidad. El condón, por ejemplo, era para él «un artilugio inmoral». Y el matrimonio homosexual, «una aberración».

 

Considerado uno de los máximos exponentes conservadores de la Curia romana, López Trujillo se había ganado a pulso ese título. Y no sólo por sus férreas posiciones morales, por su críticas al aborto, a la eutanasia, a la homosexualidad, al divorcio o al feminismo. «Que no nos bombardeen contándonos que está muy bien que la mujer trabaje, porque eso es a costa de que no se desarrolle como esposa y madre», se quejaba por ejemplo en una entrevista a El MUNDO en junio de 2006. El cardenal siempre destacó también por sus feroces ataques contra los sectores más progresistas de la Iglesia latinoamericana.

 

Durante los 12 años -entre 1972 y 1984-en los que fue primero secretario y luego presidente de la Confederación Episcopal Latinoamericana (CELAM), arremetió constante e incansablemente contra la teología de la liberación y las comunidades de base. Y eso que en el seminario de Bogotá tuvo como compañero de estudios al sacerdote Camilo Torres, que en 1966 moriría combatiendo en las filas de la guerrilla izquierdista colombiana del Ejército de Liberación Nacional (ELN).

 

Pero el cardenal López Trujillo, nacido en 1935 en la pequeña localidad colombiana de Villahermosa, nunca entendió los coqueteos de algunos curas latinoamericanos con el marxismo ni su lucha política contra un sistema de poder injusto que condenaba a la pobreza a la mayoría de la población. Junto a Ratzinger -hoy convertido en Benedicto XVI-, el purpurado se distinguió por combatir a teólogos como el brasileño Leonardo Boff o el vasco Jon Sobrino.

 

Ya tenía fama de férreo conservador cuando, en 1983, Juan Pablo II lo proclamó cardenal. López Trujillo tenía entonces 47 años, convirtiéndose en el más joven miembro del colegio cardenalicio hasta 1990. Fue justo ese año cuando Karol Wojtyla lo llamó a Roma para que ocupara el cargo de presidente del Consejo Pontificio de la Familia. Y, desde ese puesto, organizó la Jornada Internacional de la Familia celebrada en Valencia en 2006, y que llevó a dos millones de personas a esa ciudad para participar en el encuentro con Benedicto XVI en defensa de la vida y de la institución familiar tradicional.

 

Podía haber llegado a Papa. No en vano, y gracias sobre todo a sus posiciones ferozmente conservadores, fue uno de los cardenales considerados papables en el pasado cónclave de 2005. Pero perdió la partida ante otro gran conservador: Joseph Ratzinger.

 

En la distancia corta era un hombre amable y educado, pero también rígido y exigente. Una vez tuve ocasión de entrevistarle con ocasión de la celebración en Valencia del encuentro de las familias. En la mesa a la que nos sentamos a hablar había dos grabadoras: la mía y la suya, porque Su Eminencia también decidió grabar nuestra conversación. «Para mayor seguridad», aseguró al ver mi extrañeza. Y, no contento con ello, exigió ver la entrevista antes de que fuera publicada. «Para mayor seguridad», continuaba diciendo. Alfonso López Trujillo, cardenal, nació en 1935 en Villahermosa (Colombia) y murió en Roma el 19 de abril de 2008.

 

Sacerdotes recuerdan infatigable labor pro-vida y familia del Cardenal López Trujillo

ACI

 

El P Frank Pavone, director nacional de Priests for Life (Sacerdotes por la Vida), expresó sus condolencias por el fallecimiento del Cardenal Alfonso López Trujillo, a quien recordó como "uno de los más fuertes defensores, en la Iglesia, de la dignidad de la persona humana y la familia". Según informa Christian Newswire, el sacerdote explicó que "esto lo sabían sus amigos y enemigos. Él sabía y con frecuencia decía que la posición de la Iglesia de defensa de la vida no era solo una enseñanza, sino una batalla, y con mucha voluntad asumió los sacrificios de ésta en su propia vida".

 

El P. Pavone también comentó que "en el curso de mi trabajo cotidiano con el Cardenal, me dio la oportunidad de compartir la visión de Priests for Life con obispos de todo el mundo, y personalmente alentarlos a adoptar nuestro trabajo".  "En cada reunión –relató el presbítero– que tuve con el Cardenal, siempre estaba pensando en nuevas formas de avanzar en la Cultura de la Vida. Sentía acuciosamente la falta de tiempo para desarrollar e implementar las ideas que fluían de su entusiasmo y creatividad. Ahora es tiempo de que nosotros recojamos todo lo que él ha dejado".

 

Los funerales del Cardenal Alfonso López Trujillo, quien fuera Presidente del Pontificio Consejo para la Familia, serán presididos este miércoles por el Papa Benedicto XVI. Un representante del Papa selló el féretro del Purpurado, quien fue colocado en el ataúd con el anillo episcopal, su mitra oficial y el acta de defunción, fue también envuelto en terciopelo, honor reservado a los miembros destacados de la Santa Sede.

 

Después el cuerpo fue trasladado a la Capilla de Santo Estéfano, en el Vaticano, donde permanecerá hasta el miércoles. El Cardenal López Trujillo dejó en su testamento la mayoría de sus bienes para las dos fundaciones de niños pobres que había creado en la ciudad de Medellín, en donde sirvió como Arzobispo.

 

El Papa alaba la valentía del cardenal López Trujillo en la defensa de la vida. Preside en el Vaticano las exequias por el purpurado colombiano

ZENIT

 

Valiente defensor de los valores no negociables de la vida humana: así describió este miércoles el Papa al cardenal Alfonso López Trujillo, al presidir sus exequias en la basílica vaticana. Hasta su muerte, el pasado sábado, durante casi dieciocho años el purpurado colombiano -fallecido a los 72-- presidió el Pontificio Consejo para la Familia con «celo y pasión», con una «infatigable acción en tutela y promoción de la familia y del matrimonio cristiano», subrayó Benedicto XVI. «¿Cómo no darle las gracias por el coraje con que defendió los valores no negociables de la vida humana?», reflexionó el Santo Padre ante cuantos acababan de participar en la misa en sufragio por el alma del cardenal López Trujillo.

 

El decano del Colegio Cardenalicio, el cardenal Angelo Sodano, presidió la Eucaristía en el altar de la cátedra de la basílica de San Pedro. Entre los concelebrantes, más de cuarenta purpurados y medio centenar de obispos, también llegados de Colombia. Entre los numerosos fieles, familiares del desaparecido cardenal . Ante el altar, sobre el suelo, se colocó el féretro del purpurado. Desde el lunes se habían velado públicamente sus restos en la iglesia de Santo Stefano degli Abissini, en el Vaticano.

 

Tras la Eucaristía, Benedicto XVI acudió a la basílica vaticana para presidir el solemne rito exequial, inmediatamente precedido por la homilía en la que trazó los momentos más importantes de la vida del cardenal colombiano, presidente del episcopado de su país, presidente del Consejo Episcopal Latinoamericano, profundo conocedor de la realidad de su continente.

 

Presidente hasta sus últimos momentos del dicasterio para la Familia, el Papa se detuvo especialmente en este compromiso del cardenal López Trujillo, expresando su agradecimiento por «la tenaz batalla que libró en defensa de la "verdad" del amor familiar y por la difusión del "evangelio de la familia"». «El entusiasmo y la determinación con la que actuaba en este campo eran fruto de su experiencia personal, especialmente ligada al calvario que tuvo que afrontar su madre, desaparecida a los 44 años de edad tras una dolorosa enfermedad», recordó Benedicto XVI.

 

Y señaló que el propio purpurado reconocía el ejemplo de sus padres en la vivencia del matrimonio y de la familia; por eso hablaba de estos ideales y los mostraba como realizables. «La consideración de que todo ser humano y toda familia reflejan el misterio de Dios que es Amor» era la fuente del amor que a su vez alimentaba el cardenal López Trujillo «por la verdad del hombre y por el evangelio de la familia», añadió el Santo Padre. «Quedó impresa en la memoria de todos -admitió el Papa Joseph Ratzinger-- su conmovedora intervención en la Asamblea del Sínodo de los Obispos de 1997: fue un verdadero canto a la vida», y «subrayó que si la ciencia no se dedica a comprender y a educar en la vida perderá las batallas más decisivas en el fascinante y misterioso terreno de la ingeniería genética».

 

«Fortaleza para no ser ni indolente ni cobarde»: es lo que pedía al Señor el purpurado en su labor de difusión del «evangelio de la vida y el evangelio de la familia». «Para llevar a cumplimiento la misión que Jesús nos confía no hay que ser ni indolentes ni cobardes», insistió Benedicto XVI. «Que la generosidad del llorado cardenal, traducida en múltiples obras de caridad, especialmente a favor de los niños en diversas partes del mundo, nos sirva de aliento para gastar todo nuestro recurso físico y espiritual por el Evangelio --exhortó--; que nos impulse a actuar en defensa de la vida humana; que nos ayude a mirar constantemente hacia la meta de nuestra peregrinación terrena».

 

El cardenal López Trujillo ha recibido sepultura en el cementerio de Santa Ana, en el Vaticano. Muestra de la emoción que se ha vivido este miércoles en la basílica de San Pedro son las palabras que, recientemente, los miembros del dicasterio para la Familia dedicaron a su presidente en una de las diversas necrológicas que se han publicado en el diario de la Santa Sede «L'Osservatotre Romano» por el purpurado. Sus colaboradores recuerdan «con gratitud la incansable pasión del cardenal en la promoción, en todo lugar del mundo, del evangelio de la familia y de la vida, y en la defensa de la dignidad de la persona humana». «Al amor del Padre, "Dives in Misericordia" ["Rico en misericordia"], entregamos al siervo fiel que amó a Cristo, a la Iglesia y al Papa», añaden.

 

El Papa devolvió la esperanza

La Razón

 

Hace una semana, Benedicto XVI era un enigma para la mayor parte de los estadounidenses, católicos y no católicos. Pero esa percepción ha cambiado radicalmente. Su histórica visita a Washington y Nueva York ha hecho del sumo Pontífice, que celebró aquí su 81 cumpleaños, un rostro familiar, mucho más afable y compasivo de lo que muchos esperaban del teólogo alemán. Durante seis días, el Papa abogó por los derechos humanos, visitó una sinagoga, rezó en la «Zona Cero» neoyorquina y se entrevistó con el presidente George W. Bush. Todos fueron actos cargados de enorme simbolismo. Pero todos los observadores coinciden en que esta visita será recordada por los repetidos y valientes intentos del Papa por sanar las heridas causadas por el escándalo de pedofilia en el clero.

 

Sin ninguna duda, el momento más intenso de su visita fue el encuentro privado con un grupo de víctimas de los abusos sexuales que no estaba en la agenda oficial y que muchos descartaron antes de que Benedicto XVI pisara suelo estadounidense. «Le conté que era monaguillo y que, para mí, no sólo fue un abuso sexual, sino un abuso espiritual», relataba luego a la CNN Bernie McDaid, una de las cinco personas que rezaron y conversaron con el Santo Padre. Una encuesta de «The Washington Post» publicada el día que aterrizó el «Shepherd One» en Washington, mostraba que los estadounidenses deploraban la forma con la que el Vaticano había reaccionado ante el escándalo que estalló en Boston en 2002. Juan Pablo II nunca llegó a entrevistarse con las víctimas.

 

Pero Benedicto XVI cogió el toro por los cuernos nada más despegar de Roma, al declarar que sentía «profunda vergüenza» por los casos de sacerdotes pederastas «que causaron tanto sufrimiento en la sociedad católica estadounidense». «La pedofilia -aseveró- es absolutamente incompatible con el sacerdocio». Las palabras de Benedicto XVI han sido aplaudidas por los medios americanos, que también han destacado el mensaje más amplio de esperanza que ha traído el Pontífice. Al contrario de lo que algunos esperaban, no hubo reprimendas ni para las instituciones educativas católicas que se están alejando de la tradición, ni para los estadounidenses que van a misa pero difieren del Vaticano en asuntos como el divorcio o la homosexualidad. El Papa quiso alentar a sus fieles: «Los americanos siempre han sido gente de esperanza: vuestros antepasados vinieron a este país con la expectativa de encontrar una nueva libertad y nuevas oportunidades, creando una nueva nación sobre nuevos fundamentos», señaló ante 48.000 personas en el estadio de béisbol de la capital federal.

 

Tampoco hubo provocadoras declaraciones políticas. El Santo Padre tuvo varios gestos con los inmigrantes, la mayoría procedentes de Latinoamérica, a los que habló en español en las dos misas multitudinarias. Pero su mensaje sobre la inmigración no tuvo carácter político, sino que fue una llamada a la compasión y a la hospitalidad. También desde la tribuna de la ONU, el Papa recordó a los líderes internacionales que tienen una obligación moral de actuar contra los abusos de los derechos humanos y los desastres humanitarios. No hubo mención a la polémica guerra en Irak ni a la paz en Oriente Medio.

Pronto se publicarán encuestas que valoren la nueva popularidad del Pontífice, que ha arrastrado a verdaderas masas de feligreses y ha despertado un enorme interés en la prensa. Pero más difícil será valorar el impacto que tendrá su primer viaje a Estados Unidos en la Iglesia de aquel país.

 

El Papa de la era global

ABC

 

El balance de la visita de Benedicto XVI a los Estados Unidos es muy positivo en el terreno político, social y pastoral. La figura del Papa sale muy fortalecida por sus gestos y discursos en la nación más poderosa de la tierra, donde ha sido recibido no sólo con afecto, sino en ocasiones con entusiasmo, en su condición de líder espiritual de alcance universal.

 

El Pontífice expuso con toda claridad ante el presidente Bush y en la sede de Naciones Unidas cuál es el punto de vista cristiano sobre las relaciones internacionales, con especial énfasis en la prioridad de la diplomacia. Transmitió también un mensaje firme sobre la purificación de la Iglesia norteamericana y la necesidad de reforzar los valores morales. En este sentido, supo afrontar con valentía el delicado asunto de la pederastia, creando así un clima de confianza en su persona que resulta decisivo en una sociedad mediática. Por esa misma razón, ha causado un gran impacto la imagen del Papa en la «zona cero», un emotivo cierre de la visita.

 

También es muy positiva la cercanía mostrada hacia la religión judía, de manera que su presencia en una sinagoga refuerza el afán común que comparten las diferentes confesiones en un mundo secularizado. Benedicto XVI ha ofrecido lo mejor de sí mismo en estas intensas jornadas. Rompe así, una vez más, el tópico interesado sobre un Pontificado de transición y cerrado a los nuevos tiempos. Muy al contrario, el Papa utiliza su excepcional capacidad intelectual para adaptar el mensaje de Cristo a los retos de la era global.

 

La tolerancia aumenta cuando cristianos y musulmanes viven realmente su religión. Encuentro de cristianos y musulmanes en Hungría

ZENIT

 

En Esztergom, Hungría, los miembros de la Comisión de los obispos católicos y de líderes de otras confesiones cristianas para las Relaciones con los Musulmanes en