RESUMEN DE PRENSA

 

 

 

 

Semana 15 a 20 de septiembre

 

Lunes 15

 

Olite celebra la exaltación de la Santa Cruz con una concurrida eucaristía

Diario de Navarra

La corporación se dirigió en comitiva desde el consistorio hasta la iglesia de Santa María, arropada por la banda municipal de música.

El día grande de las fiestas patronales de Olite comenzó con una multitudinaria eucaristía en la iglesia de Santa María, a las doce del mediodía. Media hora antes, la corporación municipal partió en comitiva desde el Ayuntamiento hasta el templo.

La misa en honor de la exaltación de la Santa Cruz fue presidida por el párroco de Olite, Javier Ignacio Sola, que estuvo acompañado por otros ocho sacerdotes: Justo Jiménez, Fernando Balduz, Luis Andueza, Luis Sada, Victoriano García, Jaime Cabañas, Antonio Ulibarrena y Julián Mendiguren.

La parte musical corrió a cargo de la Coral Olitense, dirigida por Cristina Bergasa y con Julián Montoya al órgano. Tras la eucaristía, la corporación volvió en comitiva hasta el consistorio, acompañada por la banda de música municipal.

Los carcareses se vistieron de gala en el día grande de fiestas

Diario de Noticias

Los carcareses se vistieron ayer de gala para celebrar el día grande de sus fiestas patronales en honor a la Santa Cruz. Las autoridades desfilaron desde el ayuntamiento hasta la parroquia y, por primera vez, la eucaristía precedió a la procesión. Pasada la una del mediodía, cientos de feligreses pasaron a venerar a la Santa Cruz y a continuación la arroparon por las estrechas calles del casco antiguo. La comitiva estaba encabezada por la comparsa de gigantes y los gaiteros, seguidos por el símbolo de Cárcar portado por el párroco Gonzalo Rodrigo Mendigacha, la corporación y la Txaranga Aburrecalles.

Otra de las novedades de la procesión de la localidad fue la parada en la confluencia con la Travesía Jesús Pardo, donde los joteros y el grupo de auroros dedicaron una canción a la Santa Cruz. "La exaltación de la Cruz, el día más importante de todos los carcareses en sus fiestas patronales", rezaba la letra interpretada por el joven carcarés Jesús Mendoza, que también tocó la guitarra. El tudelano Iñaki Gil le acompañó con el acordeón y los auroros del municipio le apoyaron con los coros. El jotero también actuó poco después en el Paredón con su grupo habitual, Los Pamplonicas.

Media hora después, la Santa Cruz fue conducida de nuevo hasta la iglesia, donde descansará hasta el próximo año. Según cuenta la leyenda, el símbolo de veneración de Cárcar contiene astillas de la Lignum Crucis que portó Jesucristo y en la que fue crucificado.

Los ediles de Cárcar estuvieron acompañados durante el día grande por varias personalidades políticas y homólogos de localidades cercanas. Entre ellos estaban la diputada María José Fernández; la alcaldesa de Estella, Begoña Ganuza; el de San Adrián, Carlos Monasterio; el de Lerín, Marcelino Azcoiti; el de Sartaguda, José Ramón Martínez, y el concejal de Lodosa José Munilla.

Celebración en honor de la Virgen del Romero

Diario de Noticias

Llama la atención que una localidad no saque en procesión a su patrón o patrona festivo el día en que todo el pueblo le realiza su homenaje y más cuando este hecho no resta ni un ápice de devoción. Esto sucede en Cascante con la Virgen del Romero.

Se da la circunstancia de que en este municipio del valle del Queiles la imagen de la Virgen del Romero no sale del templo en el que se encuentra más que cada 25 años, razón por la que los cascantinos suben hasta la basílica para rendirle homenaje. Pese a ello, existen voces en el municipio que quieren que se instaure la procesión como acto festivo para lo cual se sacaría otra imagen de la virgen más pequeña y de menor valor que se encuentra en la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, junto al Ayuntamiento.

Ayer, cientos de cascantinos participaron un año más en la ceremonia religiosa que se realiza en la basílica y que concluye con el coro cantando una canción en honor de la patrona. Posteriormente, la banda y los gigantes y cabezudos encabezan una comitiva que sigue la Corporación y las principales autoridades para cerrarla los vecinos de Cascante. Así marchan, sin imagen, hasta la plaza de Los Fueros, donde de nuevo el coro y la banda municipal se funden en la interpretación del himno de Navarra.

Decenas de vecinos arropan a la Virgen

Diario de Noticias

Más de medio centenar de vecinos arroparon ayer a la Virgen del Rosario, que salió en procesión por las calles de Huarte con motivo de las fiestas de la Hermandad. El frío y el cielo encapotado no impidió que decenas de familias se acercaran a las 11.30 horas a la plaza de San Juan para seguir la imagen de la santa y acudir después a la misa concierto en la parroquia. La homilía, que coincidió con el Día de la Exaltación de la Cruz, estuvo amenizada conl a actuación de la Coral de la Virgen Blanca y la Banda de la Escuela de Música de Huarte. El párroco, Ramón Armendáriz, contó con la colaboración de los religiosos Miguel Bezunareta, natural de Huarte, Francisco Ahechu, vicario de la iglesia San Juan Bosco, y Jesús María Larrañeta, capuchino nacido en Huarte.

La procesión comenzó a las 11.40 horas a las puertas de la parroquia situada en la plaza de San Juan. La Virgen del Rosario salió en andas aupada por cinco costaleros. Abriéndole el paso, la Banda de la Escuela de Música de Huarte y, detrás del pedestal de la imagen, Iñaki Crespo encabezaba la comitiva municipal que contó con la presencia del alcalde, Javier Basterra, y de siete concejales.

El acto, que duró apenas 20 minutos se desarrolló con solemnidad. Los vecinos siguieron en silencio a la virgen por las calles Zubiarte, Ollana, Virgen Blanca y San Esteban hasta volver al punto de partida en la parroquia. El pedestal de la Virgen del Rosario fue portado por cinco costaleros: Javier García, Antonio López, Juanjo Cía, Iñaki Redín y Alfredo Urio. Este último señaló el gran esfuerzo que supone portar la imagen durante todo el recorrido sin hacer relevos. "Nos gustaría que algunos mozos del pueblo se animasen a ser costaleros porque todos los años sucede que solo estamos los cinco de siempre", afirmó.

misa mayor Mientras tanto, una treintena de vecinos iba ocupando los primeros bancos de la iglesia de San Juan para asistir a la Misa Mayor. El repique de campanas anunció la llegada de la Virgen del Rosario al templo a las 12.00 horas. El párroco, Ramón Armendáriz comenzó la eucaristía con unas palabras para la Virgen Blanca, que no se puede sacar en procesión porque su imagen de mármol está situada en el altar. "Hoy rendimos homenaje también a la Virgen Blanca porque es parte de Huarte. Desde aquí le expresamos nuestros sentimientos de cariño y devoción", concluyó.

La Coral de la Virgen Blanca, que se fundó en 1963 y que actualemnte cuenta con una treintena de voces, protagonizó esta homilía-concierto, que inauguraba los actos religisos de las fiestas de la Hermandad. Al finalizar la reunión, los asistentes continuaron la jornada en la plaza San Juan donde la Banda de la Escuela de Música de la localidad ofreció otro concierto.

Las campanas de la parroquia ofrecen su último repique

Diario de Noticias

Las cuatro campanas de la parroquia de Alsasua ofrecieron ayer, día de laSanta Cruz, su último repique, día grande de las fiestas. Comenzaron a bailar con la otra Cruz, la del 3 de mayo. Desde entonces ha acompañado a los alsasuarras casi todos los mediodías mediodía. La duración depende de las ganas de los campaneros. Ayer fue de 20 minutos.

Este año ha habido trasiego de campaneros. El trabajo no perdona y a veces es difícil compatibilizar el deber con el deseo de tocar. Ayer subieron hasta el campanario los hermanos Iñaki y Jesús Bengoetxea así como Félix Martínez. El primero, de 38 años, ha retomado este año una afición que tenía abandonada. Jesús, de 24 años, se ha estrenado en el arte de repicar. Y con muy buenos maestros: Enrike Zelaia y Pablo Bergera, de 86 años, un campanero de los de antes, además de su propio hermano. Martínez, de 28 años, lleva más de una década, siempre que puede, haciendo bailar a las campanas.

Esta costumbre se perdió en los años 60, unos años en los que la villa dio el salto definitivo hacia una sociedad industrial. Zelaia, guardián de la identidad alsasuarra, lo recuperó en 1967, creando una partitura que donó al Ayuntamiento para que no se perdiese.

El día grande de los festejos de la villa se enfila en comitiva

Diario de Noticias

Ayer, día de la exaltación de la Santa Cruz, era el día grande de las fiestas de Alsasua. Y se notó. Vestidos con sus mejores galas y en comitiva precedida por la Banda Municipal de Txistularis, la Corporación acudió hasta la ermita del Santo Cristo de Otadia, imagen rodeada de leyendas y de gran devoción entre los alsasuarras. Día señalado, se sacó la bandera local. Según manda la tradición, la llevó el edil más joven de esta legislatura, Iñaki Miguel, de 26 años. Un año más, la ermita se quedó pequeña y muchos siguieron desde el exterior la misa concelebrada por el párroco Rafael Ayarra e Ignacio Bergera, un sacerdote alsasuarra padre guardián de los Capuchinos. El coro parroquial puso la música.

Éste es un día lleno de tradiciones y pequeños gestos. Uno de ellos, que mantienen muchas abuelas, es la de llevar a los niños hasta el Cristo para pedir su protección. Esta creencia se sustenta en una leyenda, la del niño resucitado. Se llamaba Joaquín de San Román, nacido en 1651 y muerto y revivido dos años después. El regreso a la plaza fue también en comitiva, encabezada por los gaiteros y los dantzaris de Etorkizuna Dantza Eskola. La cerraban numerosos alsasuarras, unos 300. Les recibió el repique de las campanas, otra tradición ligada a un modo de vida agrícola que un pueblo industrial como Alsasua mantiene en plena vigencia.

Pero a la mañana de ayer le faltó algo, el zortziko de los mayores. No estaba Enrike Zelaia, que suele tirar del carro. A falta del akordeolari , no hubo nadie que se animase a juntar un grupo y bailar estamutildantza propia de Alsasua que no falta en los festejos señalados de la villa. Los que no fallaron fueron los dantzaris de Etorkizuna, una escuela de danzas gestionada por un grupo de padres que se empeñan en que sus hijos mantengan este importante legado cultural. Desde Etorkizuna animaban a otros padres a que se unan al proyecto. Se pueden apuntar en los centros escolares y en Iortia.

Mantos blancos y velas para honrar a la Virgen de la Barda

Diario de Navarra

La patrona de Fitero salió ayer en procesión en el día grande de las fiestas - Al finalizar el recorrido, la fiterana Margarita Andrés Fernández entonó dos jotas en honor a la Virgen


Los vecinos de Fitero se echaron ayer a la calle en el día grande de sus fiestas. La Virgen de la Barda, patrona de la localidad, salió en procesión por el casco urbano del municipio ante la presencia de cientos de fieles, provistos de velas y vestidos con sus mejores galas para ver a la Virgen. Los balcones amanecieron con colgaduras blancas y en el ambiente se respiraba el aroma de las flores y la albahaca típico de esa fecha.

Las fiteranas Mª Ángeles Echarri, Conchi Lamata, Musi Mayor, Mari Nati Andrés, Ana Atienza, Mª Mar De Lucas, Remedios Magaña, Cristina Ayala, Idoya Yanguas, Juana Cornago y Belén Martínez, junto con los también vecinos Miguel Aguirre y Diego Jiménez, fueron los portadores de la imagen de la Virgen y de San Raimundo, cambiándose de paso a mitad de recorrido. El cortejo lo encabezaron los gigantes y cabezudos de Fitero, seguidos de la figura de San Raimundo. Tras el santo, la Virgen de la Barda, custodiada a ambos lados de las calles por dos larguísimas filas de fieles.

Los niños de Fitero que este año han tomado la Primera Comunión seguían a la patrona, junto a los sacerdotes y las autoridades. Destacó la presencia de Juan Ramón Corpas, consejero de Cultura del Gobierno de Navarra; del alcalde de Corella, Javier Navarro; y del alcalde de Buñuel, Santiago Mayayo, entre otros. La banda de música de Fitero, que interpretó varias piezas durante el recorrido, cerraba la procesión.

Jotas y misa solemne

Antes de que finalizase la marcha procesional, la fiterana Margarita Andrés Fernández entonó dos jotas en honor a la Virgen acompañada de los auroros de Corella. Los fieles presentes en la entrada de la iglesia rompieron a aplaudir tras la interpretación de la vecina de Fitero, que ya lleva siete años honrando a la patrona antes de su regreso al templo.

El párroco de Fitero, Javier Goitia, presidió la ceremonia posterior a la procesión, que concelebraron Bibiano Esparza, párroco de Cintruénigo, Joaquín y Julián Guarás; hijos de la localidad; y Jesús Jiménez, antiguo párroco de la villa ribera.

Celebran una procesión rápida en Huarte

Diario de Navarra

Bajo amenaza de lluvia, la procesión se realizó un poco más deprisa que en ocasiones anteriores - La banda de Huarte, compuesta en su mayoría por jóvenes de la escuela de música, tocó durante la celebración de la procesión
Atentos al calendario. Los huartearras miran el almanaque con interés, ya que el tercer lunes de septiembre marca el comienzo de las fiestas de la Hermandad.

Regado por el río Arga por este, sur y oeste, por definición, Huarte se adapta muy bien a la expresión vasca ur arte, "entre aguas". A pesar de la referencia a este elemento, la lluvia que amenazaba durante la mañana de ayer cesó durante la procesión y permitió portar la Virgen del Rosario en procesión. La corporación municipal acudió con puntualidad a la iglesia parroquial para recoger a la patrona. Así, los sacerdotes Miguel Bezunartea, párroco que ofició la misa posterior; Jesús Mª Larrañeta, Ramón Armendáriz, vicario parroquial; y Francisco Ahechu, delegado de catequesis acompañaron a Bezunartea durante los actos. La procesión, a la que asistieron decenas de personas, duró una media hora.

En misa

Cientos de fieles esperaron dentro de la parroquia la llegada de la comitiva para oír misa en el día grande de las fiestas. Las campanas del templo no dejaron de sonar durante el transcurso de la procesión para detenerse en el momento de entrada de la comitiva a la iglesia. Quienes acompañaron a la Virgen por las calles de la localidad se percataron de la velocidad de la comitiva debido a la amenaza de lluvia, que no llegó a consumarse. "Es una pena que no hayan ido más despacio", comentó Marta Basterra, de 66 años.

Los portadores también notaron el cansancio aunque se mostraron encantados de participar en la procesión de manera activa. "Hace veinte años que llevamos a las imágenes las mismas personas", aseguró Iñaki Redín, de 44 años y vecino del municipio. La misa comenzó con puntualidad bajo la voz de Bezunartea, quien quiso acercar el buen ambiente y las fiestas a los presentes al mismo tiempo que les animó a ser buenas personas y solidarios con el prójimo en cualquier ocasión.

Oído afinado

Música para todos los gustos, el arte de organizar una combinación coherente de sonidos y silencios. Y las 35 personas que componen la Coral de la Virgen Blanca lo saben bien. "Desde que empezamos en los años 60 cantamos por y para el pueblo. Nos gusta mucho", apuntó Mª José Ilundáin, miembro del grupo. A pesar del número de cantantes, los coristas echan de menos la presencia de más bajos y tenores. "Estamos algo escasos en voces masculinas". Durante la misa, entonaron melodías como Sanctus o Haec est dies. Además de la actuación de ayer, la coral también estará presente en los actos de hoy. El grupo actúa bajo la batuta de María Rosario Larrañeta, directora del grupo desde el 2000.

Pero la música también quiso estar presente fuera de los muros religiosos. Así, la banda de Huarte aportó el toque musical a la procesión. De los primeros componentes sólo quedan tres y rondan los 60 años. Por este motivo, los jóvenes de la escuela de música se han convertido en los nuevos intérpretes de los temas. "Ellos cursan una asignatura llamada Conjunto instrumental, y tocar en la banda es una parte de la materia", explicó Jesús Mª Esquíroz, subdirector y bombo.

Las fiestas patronales, que comenzaron el sábado son el punto álgido de diversión y participación de prácticamente todo el pueblo. "Creemos que es un día especial para la gente de Huarte", expresó Javier Basterra, el alcalde.

Despedida de las fiestas de Zizur el día de la Cruz

Diario de Navarra

Unas 300 personas acudieron a la misa de San Andrés, la única de las fiestas este año - Los Gigantes bailaron por las calles y los kilikis tiraron caramelos desde el Antiguo Ayuntamiento como colofón final
Las once y media de la mañana de ayer en Zizur Mayor y en la Plaza Ramón Esparza unos 60 músicos de la Banda, creada en 2002, daban paso al principio del fin. Terminaban las fiestas por este año en el día de la Santa Cruz. Los cuatro Gigantes del pueblo, el Mayordomo, la Mayordoma, el Sol y la Luna, ya estaban dispuestos en fila para empezar el desfile a las doce y cuarto, rumbo a la parroquia de San Andrés Apóstol. Los kilikis corrían tras los más pequeños.

Josu Millán y Javier Abaiba, con sólo 9 años, era la primera vez que llevaban un kiliki. "Nunca me había metido dentro y me gusta mucho, pero pesa un poco", comentaba Millán. Ambos son miembros nuevos de la Comparsa que cuenta ahora con 20 personas. Jesús Millán Fernández tiene 42 años y lleva 10 atendiendo a los Gigantes. Ayer reconocía que, al contrario que en otros sitios, "la comparsa de Zizur pasa ahora por un buen momento y ha habido épocas con más problemas. Algunos se van, pero siempre viene alguien nuevo. Este año 3 ó 4 kilikis se han pasado a gigantes y otros les han cogido el relevo".

Los miembros de la comparsa, vestidos de azul y blanco, se habían reunido en la plaza y alrededor de 100 personas les acompañaban. El resto de la gente llegó más tarde, quizá porque había adelantado el final de las fiestas a la noche anterior. A la hora prevista la Banda de Música comenzó a tocar la marcha Club de Amigos de Radio Andorra, con la que llevó al pueblo por la Avenida de Belascoáin hasta la calle de San Andrés, pasando por Mirador. Detrás marchaba la corporación precedida por Enrique López Torres, que portaba la bandera de Zizur por ser, con 27 años, el más joven de la corporación.

José María Asín Escudero, concejal de Cultura y Protocolo, hacía balance de las fiestas: "Creo que ha habido muy buen ambiente, pero menos gente que otras veces por el mal tiempo. Además, la gente del pueblo participa mucho en sus fiestas. Por ejemplo, a la paellada de la Txaranga Galtzagorri, que ha organizado para hoy por su 25 aniversario, van a ir unas 350 personas". Les seguían los Gigantes con Urko Aldez Medina, de 9 años, cerrando la marcha. Aldez había traído su gigante txiki: "Voy a bailar con ellos, aunque no he ensayado".

Sólo una misa y de despedida

A las doce y media la comitiva llegaba a la parroquia donde tuvo lugar la misa.Ésta fue la única de las fiestas en las que, por primera vez, se ha suspendido la misa que habitualmente se hacía en la iglesia de Santa María. Para esa hora ya eran más de 300 las personas reunidas para despedir las fiestas y la iglesia estaba abarrotada.

Durante el acto cantaron juntos los coros de ambas parroquias con Pablo Eza al órgano. La misa la ofició el párroco José Luis Morrás-Etaio, quien recordó que "Zizur tiene raíces cristianas, como demuestra la antigüedad de la iglesia de San Andrés, y no hay que olvidar que son esas raíces las que dan sentido a las fiestas". Ignacio Erdozáin fue el maestro de ceremonias y cinco monaguillos les acompañaban en el altar.

Tras la misa, los Gigantes retomaron su baile al ritmo de los gaiteros de Zizur, Óscar Arizaga, Patxi Pérez y Koldo Velasco, que llevan 20 años tocando y "toda la vida juntos", añadió éste último, que reconoció que cinco días de fiesta ya eran suficiente, "las cosas duran lo que duran". El broche final de las fiestas lo pusieron los kilikis, que se subieron al antiguo Ayuntamiento y lanzaron kilos de caramelos, desatando una guerra entre los niños, que dieron así un adiós dulce, pero animado, a las fiestas de Zizur Mayor.

Alsasua se encomienda al Santo Cristo

Diario de Navarra

Alrededor de 300 fieles abarrotaron en el día grande de fiestas la ermita erigida en honor al patrón - Una comitiva de gaiteros dantzaris y txistularis escoltó a la corporación en su desplazamiento hasta el templo de Otadia
Como si de una intercesión de lo alto, la amenaza de lluvia cedió a una tregua en el desarrollo del programa festivo de la mañana de ayer para solaz de cuantos coincidieron en la plaza de los Fueros y participaron de forma activa en el día grande de fiestas. Antes de la escenificación folclórica, con dantzaris, música coral y de ambiente, unos 300 alsasuarras se encomendaron al Santo Cristo de Otadia en la ermita erigida en su honor junto al cementerio.

Fue así como la villa cumplió con una costumbre apegada al elenco de sus tradiciones más enraizadas, en la que tomó parte la corporación -con el alcalde, Unai Hualde Iglesias (NaBai), al frente-. Precedidos por los sones del txistu y el tamboril, las autoridades recorrieron a pie los poco más de 300 metros que separan la Casa Consistorial de la ermita. Una vez en su interior, siguieron desde los primeros bancos la misa, concelebrada por el párroco de Nuestra Señora de la Asunción, Rafael Ayarra Palazón, y el superior en Alsasua de los Capuchinos, Ignacio Berbera Fernández. Ayarra animó a la feligresía a encomendarse al Santo Cristo de Otadia para "contagiarse de los sentimientos de amor y servicio hacia otros". Antes, el presbítero había hecho una reflexión en voz alta sobre el mensaje paradójico oculto en la cruz: "Con la exaltacion de la Cruz, puede parecer que glorifiquemos el sufrimiento... Pero no es así. Cuando los alsasuarras miramos al Santo Cristo de Otadia sólo contemplamos el inmenso amor de nuestro Dios". Una de las peticiones realizadas durante la celebración religiosa tuvo como destinatarios los vecinos de Alsasua "para fortalecer la unión y el entendimiento entre todos".

Antes de que los devotos abandonasen el pequeño templo, besaron la reliquia y depositaron unas dádivas en los cestos, según reza la tradición compartida con otras poblaciones navarras.

Regreso al centro urbano

Al término del oficio, en el que intervino el coro de la parroquia, la corporación regresó hacia el centro urbano, escoltado por gaiteros, txistularis y dantzaris de la Escuela Etorkizuna.

La plaza de los Fueros se convirtió a partir de ese instante en punto neurálgico de la fiesta, con el "hamabietako" preparado por la sociedad gastronómica Amandrea, un alarde de danzas y el último repique de campanas. El aperitivo atrajo hacia el improvisado mostrador colocado junto a los bajos del edificio municipal Gure Etxea a una nutrida concurrencia, atraída por el aroma de morcilla, chistorra y tortilla de espárragos, entre otras propuestas gastronómicas.

Santa Eufemia emociona a Villafranca

Diario de Navarra

Cientos de vecinos acompañaron ayer a su patrona en la procesión del día grande de fiestas - Los quintos nacidos en 1968 portaron la imagen de la santa en su recorrido por las calles de la villa


La localidad de Villafranca vivió ayer el día grande de sus fiestas y celebró la procesión de Santa Eufemia, patrona de la villa. Cientos de vecinos salieron a la calle vestidos con sus mejores galas para arropar a la santa, cuya imagen fue portada durante el recorrido procesional por los quintos nacidos en 1968.

La mañana soleada y con una temperatura cercana a los 30 grados hizo que los fieles se volcaran en el principal acto religioso de las fiestas de Villafranca. la imagen de Santa Eufemia completó un recorrido por las calles Procesiones, Mayor, Raso del Portal y Portillo, con salida y llegada en la parroquia que lleva su nombre.

La corporación municipal villafranquesa, encabezada por la alcaldesa Mª Carmen Segura, estuvo acompañada por numerosas autoridades. Destacó la presencia de Elena Torres, presidenta del Parlamento; Amelia Salanueva, consejera de Administración Local; José Mª Roig, su homólogo de Industria; Pedro Pejenaute, director general de Administración Local; o Jesús Joaquín Val Catalán, comandante militar de Navarra. Además, la procesión contó con la presencia de una nutrida representación municipal de localidades cercanas como Tudela, Castejón o Monteagudo.

A lo largo del recorrido, la imagen de Santa Eufemia se detuvo en tres ocasiones, en las cuales, los auroros de Villafranca y la rondalla jotera de la localidad dedicaron sendas piezas musicales a su santa patrona, en medio de los aplausos de los asistentes.

Misa y aperitivo

Por su parte, los miembros de la banda de música y la comparsa de gigantes se encargaron de amenizar el recorrido de la procesión. Finalizado el desfile procesional, se celebró una solemne misa en la parroquia, que estuvo abarrotada de público.

El carmelita José Miguel Garrido ofició la ceremonia, que estuvo concelebrada por los también carmelitas Fernando Cristóbal, Álvaro Marín, Alberto Ariz y José Mª Jauregui. La parte musical de la ceremonia corrió a cargo del coro, la rondalla y los auroros de Villafranca.

Tras la procesión y el oficio religioso, el ayuntamiento ofreció un aperitivo popular en la plaza de España.

Encierro vespertino

La jornada festiva continuó por la tarde con un encierro y una capea popular en la que se soltaron reses de la ganadería funesina Enrique Domínguez. Tras el festejo taurino, los vecinos de la localidad protagonizaron un animado pasacalles, antes de que comenzasen los actos nocturnos.

Isaba celebra el regreso de San Julián

Diario de Navarra

Decenas de vecinos vestidos de roncaleses celebraron con una procesión la recuperación de la imagen de San Julián, talla perteneciente a una ermita que se hundió en los años veinte del siglo pasado. La parroquia de San Ciprián será su nueva sede


Isaba fue elegida por el cineasta navarro Montxo Armendáriz para rodar en 1996 algunas escenas de su película Secretos del corazón. Y precisamente del corazón le salió a uno de sus vecinos, Gabriel Dronda, salvar en los años veinte del siglo pasado la imagen de San Julián, talla que ayer devolvía esta familia a la parroquia con motivo de la fiestas de San Ciprián.

La historia comenzó una noche de tormenta en la que el mal tiempo agitaba los árboles sin descanso. La ermita de San Julián, situada en lo alto del pueblo, se encontraba en mal estado y el fallecido vecino Gabriel Dronda decidió subir para recuperar la imagen del Santo, símbolo del santuario. Según aseguran los vecinos, subió a la ermita y se llevó la talla a su casa, única figura que se salvó. Esa noche, el tejado cedió y las ruinas fueron el vestigio visible de la antigua construcción. "Gabriel trató de devolver la pieza a la parroquia pero ésta no tenía medios para mantenerla, así que pidió a la familia Dronda que la conservara", relató Fernando Hualde, vecino.

Así lo hicieron hasta ayer, día en que se descubrió la talla ante los vecinos. El mediodía fue el momento elegido para acercar la figura al paseo, lugar donde se retiró el velo que ocultaba el estado de la talla, recientemente restaurada por el Arzobispado. Los presentes se mostraron "encantados" por el estado de la figura. Para rememorar este hecho y devolver la imagen a la parroquia, una veintena de vecinos vestidos con el traje típico de roncalés se reunieron en el paseo de Isaba para comenzar una ascensión por las calles de la localidad hasta la parroquia de San Ciprián.

Por parejas, los vecinos siguieron a San Julián en procesión. "Se trata de algo excepcional. Normalmente nos reunimos en el ayuntamiento y subimos hasta la parroquia, pero sin realizar procesión", aclaró Ángel Luis de Miguel, el alcalde. Decenas de vecinos quisieron seguir el evento y acompañaron al séquito detrás de los ataviados con el traje típico. "Cuenta la leyenda que en la batalla de Olast, cerca de Burgui, cuando los roncaleses defendían la frontera del Reino frente a los árabes, una roncalesa cortó la cabeza a un árabe y se la llevó en su vestido. Hecho que da el color rojo al traje típico de la mujer", explicó Francisco Javier Egozcue.

De nuevo en casa

El párroco, José Antonio Induráin, esperó la llegada del grupo en las puertas del templo. Cientos de vecinos asistieron a la misa que se celebró a continuación. Antes de dar comienzo la ceremonia, Fernando Hualde se dirigió a los fieles para narrar la historia de San Julián y agradecer a la familia Dronda la labor realizada.

A continuación, dio comienzo el acto religioso. El párroco, tras incensar la talla, prometió guardarla y conservarla para estímulo de los fieles. "Es un momento muy importante y me comprometo a velar por el buen estado del santo", señaló Induráin. Tras la misa, el grupo se dirigió hasta el hotel Isaba, lugar donde finalizó el evento.

 

Miércoles 17

«Nadie se acuerda nunca de África, excepto los misioneros y las monjas»

La Razón

«Has dejado tu casa para llegar a tu casa. Aquí en Mali, nunca serás forastero; África es tierra de acogida», nos explica el padre Jesús Martínez Presa, Padre Blanco de Navarra, que lleva más de 42 años en el continente negro. También llamados los Misioneros de África, los Padres Blancos nos reciben con una camiseta de grandes letras que grita: «Amemos África». Así es el alma de la misión de Faladie, un poblado a 25 kilómetros de Bamako, capital de Mali. Tras casi medio siglo de misionero en el continente olvidado, el padre Presa sigue preocupándose por las necesidades materiales y espirituales de los habitantes de su poblado. Sin apenas ayuda, gestiona una misión en mitad de la nada. Además de una impresionante iglesia de estilo neogótico, construida hace 80 años, ha fundado un centro de salud, una guardería y una escuela para todos los niños de los poblados vecinos. La misión también cuenta con unos campos de cultivo, pozos y la única radio de la región. Todo un ejemplo de desarrollo.

 
Ilusión y esperanza

Desde finales de agosto y durante más de tres semanas, la expedición «Madrid Rumbo al Sur» ha visitado los proyectos de cooperación al desarrollo que financia la Comunidad de Madrid en Mali y Senegal. Entre muchos otros proyectos, los jóvenes madrileños que han participado han podido conocer algunas misiones. «Lo que más me impresiona -alega Telmo Aldaz de la Quadra- Salcedo, director de «Madrid Rumbo al Sur»- es la ilusión y la esperanza de los misioneros en la mejora de África». «Otros vienen, se quedan y tarde o temprano se van. Ellos son los únicos que se quedan. Son un verdadero testimonio de fe», añade el director de la expedición. «A pesar de haber sido vapuleados por la malaria, el hambre y las guerras, siguen teniendo ganas de ayudar y de aportar el verdadero desarrollo de África», subraya.

El padre Emilio Hernando, salesiano español, proviene de Arauzo de la Miel (Burgos), y nos acoge en su misión de Bamako. Es reacio de hablar de su estancia en Costa de Marfil en 2003, puesto que no le gusta rememorar las angustiosas escenas que presenció allí. La lucha tribal de la etnia senoufo contra los nativos de Burkhina Faso le sorprendió cuando se hallaba allí destinado. Ambos bandos se buscaban por todos los suburbios de la ciudad de Abidjean para matarse sin piedad. «Yo salía en una camioneta de noche para ver si encontraba alguno con señales de vida entre los miles de fusilados y los llevaba al convento. En un año tuve refugiados a mas de 7.700 personas escondidas en el colegio y no sé cómo me las arreglaba para dar de comer a todas. Gracias a Dios, todas se salvaron»,comenta el padre Hernando. «África es la tierra olvidada. Nadie se acuerda nunca de ella. Los misioneros sí», concluye Mar Aldaz, coordinadora de la expedición.

 

  Con motivo del fallecimiento de Mons. Cirarda

Diario de Navarra / Francisco Pérez González

 

Muchas cosas podríamos decir de él y lo mejor de todo fue su generosa disposición para servir a Cristo en su Iglesia. Sus cualidades humanas son bien conocidas por todos: hombre de relación afable y alegre, cercanía con sus diocesanos en las visitas que realizaba a las comunidades cristianas y a las parroquias. No fueron momentos fáciles los que le tocó vivir pero me consta que miraba a la Cruz de Cristo fundiéndose en su amor.

 

En la Conferencia Episcopal siempre tenía alguna idea genial que nos dejaba a todos sorprendidos y al mismo tiempo nos edificaba con su opinión sobre el tema o circunstancia que nos tocaba discernir. Estoy seguro que todos los navarros han sentido en su corazón el dolor de su muerte pero también recuerdan con cariño las visitas pastorales que con tanto amor realizaba. No ha habido día en el que no me hayan recordado alguna anécdota de D. José María.

 

Doy gracias a Dios por el regalo que concedió a esta Diócesis de Pamplona-Tudela durante tanto tiempo. Acaba de fallecer D. José María Cirarda y lo primero que quiero pedir es que todos los diocesanos de Navarra recemos por el eterno descanso de su alma ante el Dios Bueno. Pido a los sacerdotes que ofrezcan sufragios en las celebraciones de la Eucaristía puesto que fue un Pastor solícito y entregado por su Pueblo. Hoy he ofrecido la Eucaristía por él y ha sido en la Basílica de San Pablo Extramuros de Roma.

 

En este año Jubilar de San Pablo, proclamado el 28 de junio por el Papa Benedicto XVI, ha sucedido el fallecimiento de D. José María y que tantas veces habló de él como testigo de la fe y Apóstol de los gentiles. Estoy seguro de que en el Cielo se habrán dado el abrazo de paz que tanto anunciaba en las comunidades nacientes.

 

La última vez que estuve con D. José María él me decía que deseaba ser sepultado en el Cementerio familiar de su pueblo y así cumpliremos su deseo. Allí aprendió a amar y allí aprendió de manos de sus padres a hablar con Dios y a amar a la Iglesia.

 

Que descanse en paz nuestro querido D. José María.

 

Hasta luego, D. José María

Diario de Navarra/ Fernando Sebastián Aguilar

 

Se nos ha ido D. José María. Y se ha ido a su manera, con naturalidad, sin molestar, como quien sigue su camino. Tuve el honor y la dificultad de sucederle en las sedes de Pamplona y Tudela. Su generosa personalidad lo había llenado todo. Los sacerdotes y los fieles estaban acostumbrados a que D. José María estuviera en todas partes. Por la mañana en el Baztán, a mediodía en Tudela y por la tarde en Tierra Estella. No era fácil seguir el ritmo de aquel arzobispo trepidante.

 

En él todo era grande. Pero el corazón se le salía. D. José María era un hombre inteligente, brillante, elocuente, pero sobre todo era un hombre de gran corazón, de relación fácil y de fiel amistad. Su gran memoria le permitía saludar a todos por su nombre, preguntar a cada uno por sus circunstancias concretas, mantener relaciones de amistad con muchísimas personas.

 

En su servicio eclesial y ministerial le encomendaron misiones difíciles que él supo afrontar con generosidad y optimismo. Tenía una naturaleza privilegiada, pero el secreto de su personalidad estaba en su profunda piedad. D. José María era profundamente providencialista, amaba a Dios, confiaba en Él, vivía para Él, trataba en todo de hacer su voluntad. Este amor a Dios se alimentaba de su fe en Jesucristo, de su devoción filial a la Virgen María, y de su gran amor a la Iglesia. Ese era su mundo, de ahí le venía la fortaleza, la cordialidad universal y su optimismo incombustible.

 

Lo recordaremos por muchas cosas. La solución definitiva al estatuto jurídico de Tudela, la restauración de la Catedral, su agotadora presencia en todos los puntos y lugares de las Diócesis, pero sobre todo por la reapertura del Seminario. Después de muchos años de abandono, él tuvo el acierto de reiniciar el Seminario y normalizar una institución que tiene que ser siempre una institución predilecta en lo más vivo de una Iglesia local.

 

Desde su retiro de Vitoria le gustaba seguir la vida de la Diócesis, quería enterarse de las cosas, preguntaba por las personas, vivía de cerca todos los acontecimientos del calendario pastoral, era para todos nosotros una retaguardia de cariño sincero y de oración permanente. Ahora lo seguirá siendo desde el Cielo. Oremos por él para que el Señor lo acoja en la alegría y en el gozo de su Reino.

 

Jueves 18

 

Fallece a los 91 años José María Cirarda, arzobispo de Pamplona entre 1978 y 1993

Diario de Navarra

 

Cirarda murió ayer en su casa de Vitoria, donde residía desde que dejó Navarra - Cirarda sucedió a José Méndez al frente de la diócesis de Pamplona y Tudela, y dio el relevo a Fernando Sebastián


José María Cirarda Lachiondo, Arzobispo Emérito de Pamplona y Tudela, falleció ayer en Vitoria a la edad de 91 años. Cirarda ejerció como Arzobispo de Pamplona y Administrador Apostólico de Tudela entre 1978 y 1993. Este último año dio el relevo al frente del arzobispado pamplonés a Fernando Sebastián, predecesor del actual arzobispo, Francisco Pérez.

 

José María Cirarda nació en la localidad vizcaína de Baquio el 23 de mayo de 1917. Licenciado en Filosofía y Sagrada Teología, fue ordenado sacerdote el 5 de julio de 1942. Posteriormente, ejerció como profesor de Teología dogmática en el Seminario de Vitoria. El 29 de junio de 1960 fue consagrado obispo auxiliar del Cardenal Bueno Monreal en Sevilla, época en la que residió en Jerez de la Frontera. En julio de 1968 fue nombrado Obispo de Santander y, en noviembre del mismo año, Administrador Apostólico de Bilbao.

 

De norte al sur, José María Cirarda recibió el 4 de diciembre de 1971 el cargo de Obispo de Córdoba y, en un viaje en sentido inverso, los de Arzobispo de Pamplona y Administrador Apostólico de Tudela el 29 de enero de 1978. Ejerció como tal hasta que el 15 de mayo de 1993 transmitió la sede arzobispal a Sebastián. Cirarda tenía 75 años en ese momento. Desde entonces, ha vivido durante todo su retiro en Vitoria, en casa de su hermana María y junto a su otra hermana, Inés, quien estuvo a su lado durante su estancia en Navarra. Del cuidado de Cirarda, que usaba una silla de ruedas en los últimos tiempos, se han ocupado Inés y una hija enfermera de María. Su muerte se produjo ayer a las 14.15 horas, en su casa. Poco antes había comido con normalidad.

 

El cadáver del arzobispo emérito fue trasladado al tanatorio de Vitoria y el funeral tendrá lugar mañana a las 12.00 horas en la Parroquia Santa María de Mundaka (Vizcaya), localidad de origen de su familia. Posteriormente recibirá sepultura también en Mundaka en el panteón en el que descansan sus padres. El funeral en Pamplona se oficiará en la catedral el próximo domingo 28. El Gobierno de Navarra transmitió ayer su pésame y condolencias a la familia y la Iglesia foral.

 

Dificultades iniciales

José María Cirarda llegó a Navarra procedente de Córdoba para suceder como arzobispo de Pamplona a José Méndez, pero después de que Pablo VI tuviese que pedírselo dos veces. A la primera, en agosto de 1977, Cirarda le contestó que no era una decisión acertada. "Le dije que creía que era una equivocación. Yo era un obispo vasco, eso nadie me lo podía quitar", explicó el propio Cirarda en una entrevista de despedida publicada en este periódico el 16 de mayo de 1993. El segundo requerimiento de Pablo VI fue siete meses más tarde y, por contra, Cirarda le dio su "sí". La situación que le recibía no era sencilla: convulsa en lo político (en plena Transición), con los sacerdotes divididos, el Seminario sin vocaciones que lo ocupasen y las arcas diocesanas en ruina. 15 años después, el arzobispo dejó la Iglesia foral con su economía saneada y con más calma entre sus integrantes. "Entendía de economía e impulsó la colaboración económica de los fieles", señaló ayer Ángel Echeverría, quien estuvo 15 años junto a Cirarda como vicario general de la Diócesis de Pamplona y Tudela.

 

Sin embargo, apaciguar la vida de la diócesis no le resultó sencillo a José María Cirarda. Como ejemplo, cabe recordar cómo tuvo que sancionar en 1979 a un sacerdote, quien no fue autorizado a oficiar la misa de once de los domingos en la Parroquia de San Francisco Javier de Pamplona después de negarse a leer una homilía redactada por el arzobispo para todas las iglesias navarras en la que hacía referencia a la muerte de una ecologista en Tudela como consecuencia de un disparo efectuado por un guardia civil.

 

Además, José María Cirarda levantó muchas críticas al introducir el euskera en las homilías. "Vivió la tensión sociopolítica de entonces, ya que había un conflicto serio con el tema de Navarra y Euskadi. Él no se implicó. Amó la montaña y la Ribera, los vascos y no vascos", aseguró ayer Ángel Echeverría, que destacó como logros fundamentales del antiguo arzobispo que "cogió un Seminario que no tenía seminaristas, se autonombró rector y le dio impulso para llenarlo de personas; creó un clima de cercanía con los sacerdotes; celebró un sínodo diocesano muy fecundo que marcó la pauta; visitó mucho a los misioneros; peleó la creación hace 50 años, sin ser todavía arzobispo de Pamplona, de Misión Diocesana de Navarra". Según el ex vicario, "Cirarda era un hombre intelectual, de gran corazón y de gran experiencia pastoral. De hecho, estuvo durante todo el Concilio Vaticano II redactando en castellano las conclusiones diarias para los obispos de habla hispana".

 

Visita del Papa a Javier

Otra persona que trabajó cerca de Cirarda fue Florentino Ezcurra, delegado de Cáritas en Navarra entre 1972 y 2000. "José María Cirarda era un hombre inteligente que puso todo su ser al servicio de la diócesis", dijo ayer. Ezcurra participó, como secretario general de la comisión organizadora, en un hito histórico para Navarra que tuvo como principal artífice a Cirarda: la visita del Papa Juan Pablo II a Javier en el año 1982. "Fue la primera vez en la historia que un Papa venía a Navarra", indicó.

 

Muere en su domicilio de Vitoria el arzobispo emérito de Pamplona José María Cirarda

Diario de Noticias

 

El arzobispo emérito de Pamplona y obispo de Tudela José Mª Cirarda Lachiondo falleció ayer a la edad de 91 años en su domicilio de Vitoria, donde residía desde su jubilación con su hermana Inés. El prelado, que padecía los achaques propios de su edad, según apuntó un familiar, tuvo que ser ingresado la pasada semana en un centro hospitalario aquejado de una dolencia cardiaca que superó sin problemas. Las mismas fuentes familiares indicaron que José María Cirarda falleció al mediodía de forma repentina y comentaron que desde hace un tiempo ya no salía a la calle.

 

La despedida del prelado que dirigió la diócesis navarra durante quince años, entre 1978 y 1992, tendrá lugar mañana viernes en Mundaka (Vizcaya), localidad en la que se encuentra el panteón familiar donde será enterrado por expreso deseo del finado. El responsable de Comunicación del arzobispado de Pamplona, Santos Villanueva, indicó que la catedral pamplonesa tenía todo preparado para poder inhumar su cuerpo, ya que es habitual que los obispos sean enterrados en estos lugares, pero que fue el propio Cirarda quien en su día manifestó su deseo de permanecer con su familia.

 

La capilla ardiente fue instalada ayer en el tanatorio de Vitoria donde permanecerá hasta su conducción a Mundaka mañana viernes por la mañana. El funeral por José Mª Cirarda se celebrará también mañana viernes a las doce del mediodía en la iglesia parroquial Andra Mari de Mundaka y, según indicaron su familiares, estará presidido por el obispo de Bilbao, Ricardo Blázquez.

 

José Mª Cirarda Lachiondo nació en Bakio (Vizcaya) el 23 de mayo de 1917. Licenciado en Filosofía y Sagrada Teología, se ordenó sacerdote el 5 de julio de 1942 y fue profesor de Teología dogmática en el Seminario de Vitoria. El 29 de junio de 1960 fue consagrado obispo auxiliar del cardenal Bueno Monreal en Sevilla, con residencia en Jerez de la Frontera. En julio de 1968 fue nombrado obispo de Santander y en noviembre del mismo año, Administrador Apostólico de Bilbao. El 4 de diciembre de 1971 se le encomendó a su ministerio pastoral la diócesis de Córdoba.

 

Su carrera eclesiástica concluyó en Navarra. El 29 de enero de 1978 tomó posesión de la diócesis de Pamplona como arzobispo, a la vez que se hacía cargo de la diócesis de Tudela como Administrador Apostólico. Presentada su renuncia el 23 de mayo de 1992, le fue aceptada con el nombramiento de monseñor Fernando Sebastián como arzobispo de Pamplona y obispo de Tudela. La vicaría de Pamplona comunicó ayer el fallecimiento y manifiesta que "nos unimos en el dolor de esta separación con sus familiares y demás seres queridos y nos abrimos confiadamente a la esperanza de los que creemos en el Dios Padre de la Vida Eterna".

 

El arzobispo Francisco Pérez González, que se encuentra en Roma, invita a los fieles navarros "a elevar a Dios una oración de agradecimiento y de súplica por el que, durante tantos años, fue Pastor y Servidor de esta Iglesia Diocesana de Navarra".

 

Tiempos difíciles

José Mª Cirarda llegó a Navarra en una época de gran convulsión social y política, propia de los primeros años de la transición. A Cirarda, como a Tarancón en Madrid, le tocaron malos tiempos en Pamplona y tuvo que enfrentarse con movimientos de la ultraderecha que le rechazó por vasco y por su posición poco conservadora. Se unió al frente episcopal en favor del diálogo con ETA para acabar con la violencia -que siempre condenó con energía-, y de un cierto nacionalismo, junto a prelados como Añoveros, Setién, Uriarte o Blázquez. Marcó también su impronta en otros asuntos que llamaron la atención entre los progresistas, como la negativa a dar la paz al alcalde socialista Balduz por un asunto privado. Supo, no obstante, ser conciliador y dejó buen recuerdo y tranquilidad en los parroquianos navarros. Su condición de emérito desde 1992 no impidió que visitara Navarra en diversas ocasiones. Su popularidad le llevó a ser el pregonero navideño de Pamplona en 1997 o volver a Navarra para bendecir los crucifijos de los misioneros en Javier o para celebrar los 500 años de la iglesia de Villafranca. En 2004 también viajó a Pamplona para celebrar los 25 años de obispo de su sucesor Fernando Sebastián.

 

Un obispo vasco en una Navarra convulsa

Diario de Navarra

 

Coincidió con cinco presidentes: Amadeo Marco, Jaime I. del Burgo, José Manuel Arza, Gabriel Urralburu y Juan Cruz Alli. Le tocó vivir un momento convulso en el clero navarro, reflejo de una sociedad que estrenaba democracia. En pleno proceso constituyente y con Navarra en el centro del debate político. Un momento en el que esta tierra se jugaba su futuro como comunidad sola o integrada en Euskadi.

 

Llegó con Amadeo Marco en la presidencia de la Diputación, y conoció a otros cuatro presidentes: Jaime Ignacio del Burgo, José Manuel Arza, Gabriel Urralburu y Juan Cruz Alli. Sus comienzos fueron difíciles y complicados, recuerda Alli, que mantuvo una relación muy estrecha con José María Cirarda. En una época conflictiva, tanto en lo político como en lo eclesial, "el simple hecho de que fuese vizcaíno fue tomado por los sectores más radicales del catolicismo como una apuesta por una diócesis vasca y por la integración de Navarra en Euskadi".

 

Precisamente la apuesta del nuevo obispo por una provincia eclesiástica vasca, que incluyese a Navarra, llevó al entonces senador Jaime Ignacio del Burgo a mantener una reunión "dura y tensa" con él a finales de 1978, en la que le manifestó junto al diputado Pedro Pegenaute y el senador Josecho Sarasa que esa opción podría interpretarse como que la Iglesia tomaba partido político por la integración en Euskadi. "Entonces la Iglesia tenía una gran influencia social", señala Del Burgo. Y recuerda que tuvieron que recurrir al entonces ministro de Asuntos Exteriores de UCD, Marcelino Oreja, para que hiciera lo posible ante la Santa Sede con el objeto de que aquella iniciativa no prosperara.

 

Del Burgo, no obstante, afirma que su relación con Cirarda fue "excelente". Le reconoce como gran orador, una persona inteligente y buen obispo. "A pesar de aquella reunión tensa, en una ocasión, durante una manifestación de la época en el casco viejo, nos dio asilo, a mí y a mi mujer, en el Palacio Episcopal".

 

Otro flanco con el que tuvo que saber estar José María Cirarda fue la propia estructura del clero navarro, muy radicalizada entre los sacerdotes que le acusaban de ser un "obispo taranconiano" y que llegaba a Navarra "para desmontar el nacionalcatolicismo", precisa Juan Cruz Alli, y los que integraban un movimiento provasquista, "próximo al mundo de Batasuna". "Tuvo que tener mucha paciencia con muchos curas", asegura Alli.

 

Soportó abucheos durante sus homilías, en las que introdujo el euskera, y recibió críticas con motivo de sus pastorales conjuntas con los obispos de las provincias vascas, que muchos feligreses interpretaban como gestos para alcanzar una diócesis vasca. Política e Iglesia confluían en la década de los 80 hasta el punto de que durante los gobiernos socialistas Gabriel Urralburu presidía el Ejecutivo y Víctor Manuel Arbeloa, el Parlamento, ambos sacerdotes en su momento.

 

Román Felones, entonces consejero de Educación y Cultura, subraya que la relación de Monseñor Cirarda con el Ejecutivo socialista fue "francamente cordial". "Discrepancias había, sin duda. Eran años complicados donde nos vimos obligados a tomar determinadas decisiones en el ámbito educativo y cultural que hacían que de vez en cuando sonara el teléfono y fuera Monseñor Cirarda que quería interesarse por las cuestiones". Además de pastor de la Iglesia, el arzobispo no rehuía ninguna conversación del ámbito público. "Era un político de primera clase", afirma Felones.

Juan Cruz Alli, que presidía el Gobierno de Navarra en 1993, cuando José María Cirarda dio el relevo a Fernando Sebastián, le define como "un hombre de la Iglesia, de gran humanidad, de un gran fondo doctrinal y con una capacidad de acercamiento que acabó por desarbolar todos los ataques que sufrió en los momentos iniciales".

 

Cirarda, un obispo controvertido

Diario de Navarra / Pablo Martín de Santa Olalla

 

El autor repasa la biografía de José María Cirarda Lachiondo, fallecido ayer, que fue arzobispo de Pamplona y obispo de Tudela

 

Ha fallecido, rebasadas ya las nueve décadas de vida, el arzobispo emérito de Pamplona y Tudela José María Cirarda Lachiondo. Con él se va un obispo carismático e inteligente, pero también un hombre francamente controvertido. Nacido en la localidad vizcaína de Baquio un 23 de mayo de 1917, se había ordenado sacerdote a una edad relativamente temprana (veinticinco años).

 

Pronto había destacado por su capacidad intelectual y, de hecho, en el curso 1943-44 era ya profesor de Teología Dogmática en la Facultad de Vitoria. Además, se le irían confiando diversos cargos, entre los que destacaría especialmente su papel en la promoción de los Cursillos de Cristiandad, que tan buena acogida tendrían dentro del mundo seglar.

 

Todos estos hechos le convirtieron en obispo auxiliar de Sevilla el 9 de abril de 1960, pero, en realidad, Cirarda comenzó a convertirse en un personaje controvertido a partir de su llegada a la diócesis de Santander (julio de 1968). Eran los difíciles tiempos inmediatamente posteriores al Concilio Vaticano II, un magno evento eclesial que no fue asimilado ni por el Régimen de Franco ni por muchos obispos españoles. Consciente de ello, el entonces pontífice Pablo VI había decidido impulsar una política de renovación del episcopado en aras a una decidida aplicación del Concilio en España. Cirarda estuvo en los escogidos, pero su perfil se hizo particularmente problemático cuando hubo de asumir, entre noviembre de 1968 y diciembre de 1971, la administración apostólica de la diócesis de Bilbao. Aquellos años coincidieron con los primeros atentados de la banda terrorista ETA, y había amplias sospechas (confirmadas después por los informes policiales) de que una parte del clero vasco (entre ellos el de Bilbao) colaboraba con la banda armada. Cirarda, en ese sentido, fue acusado de permitirles dejar hacer a estos sacerdotes, o de al menos no actuar contra ellos. Estas quejas llegaron a Roma, que no tuvo más remedio que trasladarle de nuevo a Andalucía, en esta ocasión a la diócesis de Córdoba, donde permanecería los últimos años del franquismo y los primeros de la democracia. Aunque siguió siendo objeto de las iras de la derecha española, este importante desplazamiento le permitió pasar más desapercibido.

 

Sin embargo, Cirarda estaba bien considerado por Pablo VI (y no sabemos si también por el cardenal Tarancón y el nuncio Dadaglio) y poco antes de morir el papa Montini, se convirtió en arzobispo de Pamplona y obispo de Tudela (31 de enero de 1978). Pero, con la vuelta al norte de España, volvió también la polémica en torno a su persona. Varios hechos tuvieron mucho que ver en ello: su apoyo explícito a una pastoral conjunta emitida por los obispos vascos el 1 de abril de 1981, en un momento en que los ánimos se encontraban francamente exaltados (recordemos que en aquella época ETA promediaba casi unos cien asesinatos anuales); sus comunicados (de manera conjunta con el Consejo Presbiteral diocesano) en euskera; y su postura abierta a la existencia de un Provincia Eclesiástica Vasca que abarcara no sólo las tres de la actual Comunidad Autónoma del País Vasco (Bilbao, San Sebastián y Vitoria), sino también a la de Pamplona. Preguntado en 1982 por la periodista Maria Mérida acerca de esta polémica cuestión, Cirarda respondió con la habilidad (especialmente en el terreno dialéctico) que siempre le caracterizó: "Es deber mío pedir serenidad a quienes, afirmando un navarrismo fortísimo, parecen olvidar o negar que lo vasco es un elemento esencial en ese polifacético ser que es Navarra; y se enfadan, por ejemplo, si su obispo habla unas palabras en euskera cuando tiene ante sí fieles que lo hablan. Y deber mío es también pedir la misma serenidad a quienes, por tener conciencia muy viva de su vasquismo, quieren imponer a los navarros, por la fuerza, la incorporación de nuestro viejo reyno a la naciente Comunidad Autónoma Vasca". Con ese discurso se mantendría Cirarda hasta su jubilación episcopal en marzo de 1993, en la que había sido rebautizada unos años antes (agosto de 1984) como "Archidiócesis de Pamplona y Tudela".

 

Sin embargo, más allá de cualquier polémica, parece evidente que su figura es una de las más interesantes de la Iglesia española posconciliar y que, desde luego, merece la mayor atención por parte de los especialistas en este tema.

 

Fallece Cirarda, el obispo que dirigió la Diócesis durante la Transición

El Día de Córdoba

 

El prelado vasco, en Córdoba desde 1971 y 1978, contrarrestó el notable aumento de la población creando 16 parroquias

 

El arzobispo emérito de Pamplona y prelado -entre otras Diócesis- de Córdoba, José María Cirarda, falleció ayer en su residencia de Vitoria en torno a las 14:00 a los 91 años de edad. El sacerdote, que estuvo al frente de la curia cordobesa entre 1971 y 1978, pasará a la historia como uno de los obispos más controvertidos que han pasado por la ciudad, así como por el elevado número de parroquias que creó durante su breve prelatura. Sólo en la capital, el obispo vasco inauguró un total de 16 vicarías, unas creadas en templos de nueva construcción, como las de Santa Cecilia, Virgen del Camino y San Juan de Ávila, otras aprovechando iglesias preexistente, como la de la Fuensanta, y otras cedidas a alguna congregación, como por ejemplo la franciscana de la Virgen de Guadalupe.

 

Cirarda, nacido en Bakio (Vizcaya) en 1917, aparte de contrarrestar con más parroquias el más que notable aumento de la población que se registró entre las décadas de los 60 y 70, fue un obispo marcado por la polémica. Incluso antes de que recalara en la ciudad en sustitución de Manuel Fernández-Conde, quien falleció cuando apenas contaba con 61 años, desde diversos sectores sociales de Córdoba se hablaba de su "independentismo", una ideología que negó en todo momento al defender la "unidad" de los españoles. Así lo apunta, al menos, el que fuera vicario general durante su prelatura, Alonso García Molano.

 

El obispo vasco, sin embargo, estaba llamado a ocupar altas esferas de la Iglesia en España, por lo que su estancia en Córdoba se entendía que podía ser muy corta. Llegó a la ciudad tras haber pasado por Sevilla, como auxiliar, y de dirigir la Diócesis de Santander y la administración apostólica de Bilbao. Cirarda también ocupó la vicepresidencia de la Conferencia Episcopal Española y cuando todo apuntaba a que regresaría a Sevilla ya en calidad de arzobispado fue enviado a su destino definitivo, Pamplona, donde estuvo hasta su jubilación en 1992.

De los casi siete años que pasó al frente de la Iglesia en Córdoba hay que destacar que tuvo entre sus personas de mayor confianza al ex presidente de CajaSur Juan Moreno, quien fue ecónomo y secretario del prelado Cirarda. Moreno subraya del difunto que "fue inteligente, activo, pero también muy discutido".


Fallece monseñor Cirarda a los 91 años

Diario de Jerez

 

Retirado en Vitoria desde 1992, fue obispo auxiliar de Jerez desde 1960 a 1967 así como pregonero de la Semana Santa en 1993 · A su mandato se atribuyen las bases de las que nació la Diócesis de Jerez

 

Ayer falleció en Vitoria, a los 91 años de edad, monseñor José María Cirarda Lachiondo, que fuera obispo auxiliar de Jerez desde 1960 a 1967, cuando la ciudad dependía de la Archidiócesis de Sevilla. Fue precisamente el cardenal Bueno Monreal quien encomendó a este religioso de origen vasco una tarea que, según explicaba ayer el obispo de Jerez y arzobispo castrense de España, monseñor Juan del Río, "supuso instalar los cimientos que finalmente depararon la erección de la Diócesis de Jerez".

 

El obispo jerezano destacó ayer que, una vez que se celebre su toma de posesión como arzobispo castrense (prevista para el próximo 26 de septiembre), "celebraremos en Jerez una misa en su memoria, la cual se oficiará en la Catedral. Es un hombre al que Jerez le debe mucho".

 

Un somero recorrido por su labor pastoral revela que este religioso, nacido en Baquio (Vizcaya) el 23 de mayo de 1917, fue ordenado sacerdote el 29 de junio de 1942, siendo consagrado como obispo auxiliar de Jerez dieciocho años más tarde, concretamente el 29 de junio de 1960.

 

Tras pasar por Jerez obtuvo su primer destino como obispo residencial. Fue en Santander. En la capital montañesa estuvo desde julio de 1968 hasta 1971. Durante este tiempo también ejerció como administrador apostólico de Bilbao. Fue entonces cuando retornó a Andalucía, concretamente a Córdoba donde, al igual que en Jerez, permaneció siete años, hasta que tomó posesión como arzobispo de la Archidiócesis de Pamplona y Tudela. Fue ésta la labor apostólica que llevó a cabo durante más tiempo. No en vano, fue el propio monseñor Cirarda Lachiondo quien por cuestiones de edad -tenía entonces 75 años- presentó su renuncia, la cual fue aceptada el 23 de mayo de 1992. La Archidiócesis quedó en manos de su sucesor, el prelado Fernando Sebastián.

Entre las numerosas acciones evangélicas y sociales que llevó a cabo en Jerez se encuentra, por ejemplo, la puesta en marcha de la Escuela de Magisterio de la Iglesia, la cual llevó su nombre. Igualmente, fue uno de los impulsores de la creación en la ciudad de un club social en el