|
Semana
15 a 20 de
septiembre
Lunes 15
Olite celebra la
exaltación de la Santa Cruz con una concurrida
eucaristía
Diario de Navarra
La corporación se dirigió
en comitiva desde el consistorio hasta la iglesia de
Santa María, arropada por la banda municipal de música.
El día grande de las
fiestas patronales de Olite comenzó con una
multitudinaria eucaristía en la iglesia de Santa María,
a las doce del mediodía. Media hora antes, la
corporación municipal partió en comitiva desde el
Ayuntamiento hasta el templo.
La misa en honor de la
exaltación de la Santa Cruz fue presidida por el párroco
de Olite, Javier Ignacio Sola, que estuvo acompañado por
otros ocho sacerdotes: Justo Jiménez, Fernando Balduz,
Luis Andueza, Luis Sada, Victoriano García, Jaime
Cabañas, Antonio Ulibarrena y Julián Mendiguren.
La parte musical corrió a
cargo de la Coral Olitense, dirigida por Cristina
Bergasa y con Julián Montoya al órgano. Tras la
eucaristía, la corporación volvió en comitiva hasta el
consistorio, acompañada por la banda de música
municipal.
Los carcareses se
vistieron de gala en el día grande de fiestas
Diario de Noticias
Los carcareses se vistieron ayer de gala para celebrar
el día grande de sus fiestas patronales en honor a la
Santa Cruz. Las autoridades desfilaron desde el
ayuntamiento hasta la parroquia y, por primera vez, la
eucaristía precedió a la procesión. Pasada la una del
mediodía, cientos de feligreses pasaron a venerar a la
Santa Cruz y a continuación la arroparon por las
estrechas calles del casco antiguo. La comitiva estaba
encabezada por la comparsa de gigantes y los gaiteros,
seguidos por el símbolo de Cárcar portado por el párroco
Gonzalo Rodrigo Mendigacha, la corporación y la Txaranga
Aburrecalles.
Otra de las novedades de la procesión de la localidad
fue la parada en la confluencia con la Travesía Jesús
Pardo, donde los joteros y el grupo de auroros dedicaron
una canción a la Santa Cruz. "La exaltación de la Cruz,
el día más importante de todos los carcareses en sus
fiestas patronales", rezaba la letra interpretada por el
joven carcarés Jesús Mendoza, que también tocó la
guitarra. El tudelano Iñaki Gil le acompañó con el
acordeón y los auroros del municipio le apoyaron con los
coros. El jotero también actuó poco después en el
Paredón con su grupo habitual, Los Pamplonicas.
Media hora después, la Santa Cruz fue conducida de nuevo
hasta la iglesia, donde descansará hasta el próximo año.
Según cuenta la leyenda, el símbolo de veneración de
Cárcar contiene astillas de la Lignum Crucis que
portó Jesucristo y en la que fue crucificado.
Los ediles de Cárcar estuvieron acompañados durante el
día grande por varias personalidades políticas y
homólogos de localidades cercanas. Entre ellos estaban
la diputada María José Fernández; la alcaldesa de
Estella, Begoña Ganuza; el de San Adrián, Carlos
Monasterio; el de Lerín, Marcelino Azcoiti; el de
Sartaguda, José Ramón Martínez, y el concejal de Lodosa
José Munilla.
Celebración en honor de la
Virgen del Romero
Diario de Noticias
Llama la atención que una localidad no saque en
procesión a su patrón o patrona festivo el día en que
todo el pueblo le realiza su homenaje y más cuando este
hecho no resta ni un ápice de devoción. Esto sucede en
Cascante con la Virgen del Romero.
Se da la circunstancia de que en este municipio del
valle del Queiles la imagen de la Virgen del Romero no
sale del templo en el que se encuentra más que cada 25
años, razón por la que los cascantinos suben hasta la
basílica para rendirle homenaje. Pese a ello, existen
voces en el municipio que quieren que se instaure la
procesión como acto festivo para lo cual se sacaría otra
imagen de la virgen más pequeña y de menor valor que se
encuentra en la iglesia de Nuestra Señora de la
Asunción, junto al Ayuntamiento.
Ayer, cientos de cascantinos participaron un año más en
la ceremonia religiosa que se realiza en la basílica y
que concluye con el coro cantando una canción en honor
de la patrona. Posteriormente, la banda y los gigantes y
cabezudos encabezan una comitiva que sigue la
Corporación y las principales autoridades para cerrarla
los vecinos de Cascante. Así marchan, sin imagen, hasta
la plaza de Los Fueros, donde de nuevo el coro y la
banda municipal se funden en la interpretación del himno
de Navarra.
Decenas de vecinos arropan
a la Virgen
Diario de Noticias
Más de medio centenar de vecinos arroparon ayer a la
Virgen del Rosario, que salió en procesión por las
calles de Huarte con motivo de las fiestas de la
Hermandad. El frío y el cielo encapotado no impidió que
decenas de familias se acercaran a las 11.30 horas a la
plaza de San Juan para seguir la imagen de la santa y
acudir después a la misa concierto en la parroquia. La
homilía, que coincidió con el Día de la Exaltación de la
Cruz, estuvo amenizada conl a actuación de la Coral de
la Virgen Blanca y la Banda de la Escuela de Música de
Huarte. El párroco, Ramón Armendáriz, contó con la
colaboración de los religiosos Miguel Bezunareta,
natural de Huarte, Francisco Ahechu, vicario de la
iglesia San Juan Bosco, y Jesús María Larrañeta,
capuchino nacido en Huarte.
La procesión comenzó a las 11.40 horas a las puertas de
la parroquia situada en la plaza de San Juan. La Virgen
del Rosario salió en andas aupada por cinco costaleros.
Abriéndole el paso, la Banda de la Escuela de Música de
Huarte y, detrás del pedestal de la imagen, Iñaki Crespo
encabezaba la comitiva municipal que contó con la
presencia del alcalde, Javier Basterra, y de siete
concejales.
El acto, que duró apenas 20 minutos se desarrolló con
solemnidad. Los vecinos siguieron en silencio a la
virgen por las calles Zubiarte, Ollana, Virgen Blanca y
San Esteban hasta volver al punto de partida en la
parroquia. El pedestal de la Virgen del Rosario fue
portado por cinco costaleros: Javier García, Antonio
López, Juanjo Cía, Iñaki Redín y Alfredo Urio. Este
último señaló el gran esfuerzo que supone portar la
imagen durante todo el recorrido sin hacer relevos. "Nos
gustaría que algunos mozos del pueblo se animasen a ser
costaleros porque todos los años sucede que solo estamos
los cinco de siempre", afirmó.
misa mayor
Mientras tanto, una treintena de vecinos iba ocupando
los primeros bancos de la iglesia de San Juan para
asistir a la Misa Mayor. El repique de campanas anunció
la llegada de la Virgen del Rosario al templo a las
12.00 horas. El párroco, Ramón Armendáriz comenzó la
eucaristía con unas palabras para la Virgen Blanca, que
no se puede sacar en procesión porque su imagen de
mármol está situada en el altar. "Hoy rendimos homenaje
también a la Virgen Blanca porque es parte de Huarte.
Desde aquí le expresamos nuestros sentimientos de cariño
y devoción", concluyó.
La Coral de la Virgen Blanca, que se fundó en 1963 y que
actualemnte cuenta con una treintena de voces,
protagonizó esta homilía-concierto, que inauguraba los
actos religisos de las fiestas de la Hermandad. Al
finalizar la reunión, los asistentes continuaron la
jornada en la plaza San Juan donde la Banda de la
Escuela de Música de la localidad ofreció otro
concierto.
Las campanas de la
parroquia ofrecen su último repique
Diario de Noticias
Las cuatro campanas de la parroquia de Alsasua
ofrecieron ayer, día de laSanta Cruz, su último repique,
día grande de las fiestas. Comenzaron a bailar con la
otra Cruz, la del 3 de mayo. Desde entonces ha
acompañado a los alsasuarras casi todos los mediodías
mediodía. La duración depende de las ganas de los
campaneros. Ayer fue de 20 minutos.
Este año ha habido trasiego de campaneros. El trabajo no
perdona y a veces es difícil compatibilizar el deber con
el deseo de tocar. Ayer subieron hasta el campanario los
hermanos Iñaki y Jesús Bengoetxea así como Félix
Martínez. El primero, de 38 años, ha retomado este año
una afición que tenía abandonada. Jesús, de 24 años, se
ha estrenado en el arte de repicar. Y con muy buenos
maestros: Enrike Zelaia y Pablo Bergera, de 86 años, un
campanero de los de antes, además de su propio hermano.
Martínez, de 28 años, lleva más de una década, siempre
que puede, haciendo bailar a las campanas.
Esta costumbre se perdió en los años 60, unos años en
los que la villa dio el salto definitivo hacia una
sociedad industrial. Zelaia, guardián de la identidad
alsasuarra, lo recuperó en 1967, creando una partitura
que donó al Ayuntamiento para que no se perdiese.
El día grande de los
festejos de la villa se enfila en comitiva
Diario de Noticias
Ayer, día de la exaltación de la Santa Cruz, era el día
grande de las fiestas de Alsasua. Y se notó. Vestidos
con sus mejores galas y en comitiva precedida por la
Banda Municipal de Txistularis, la Corporación acudió
hasta la ermita del Santo Cristo de Otadia, imagen
rodeada de leyendas y de gran devoción entre los
alsasuarras. Día señalado, se sacó la bandera local.
Según manda la tradición, la llevó el edil más joven de
esta legislatura, Iñaki Miguel, de 26 años. Un año más,
la ermita se quedó pequeña y muchos siguieron desde el
exterior la misa concelebrada por el párroco Rafael
Ayarra e Ignacio Bergera, un sacerdote alsasuarra padre
guardián de los Capuchinos. El coro parroquial puso la
música.
Éste es un día lleno de tradiciones y pequeños gestos.
Uno de ellos, que mantienen muchas abuelas, es la de
llevar a los niños hasta el Cristo para pedir su
protección. Esta creencia se sustenta en una leyenda, la
del niño resucitado. Se llamaba Joaquín de San Román,
nacido en 1651 y muerto y revivido dos años después. El
regreso a la plaza fue también en comitiva, encabezada
por los gaiteros y los dantzaris de Etorkizuna Dantza
Eskola. La cerraban numerosos alsasuarras, unos 300. Les
recibió el repique de las campanas, otra tradición
ligada a un modo de vida agrícola que un pueblo
industrial como Alsasua mantiene en plena vigencia.
Pero a la mañana de ayer le faltó algo, el zortziko
de los mayores. No estaba Enrike Zelaia, que suele tirar
del carro. A falta del akordeolari , no hubo
nadie que se animase a juntar un grupo y bailar estamutildantza
propia de Alsasua que no falta en los festejos señalados
de la villa. Los que no fallaron fueron los dantzaris de
Etorkizuna, una escuela de danzas gestionada por un
grupo de padres que se empeñan en que sus hijos
mantengan este importante legado cultural. Desde
Etorkizuna animaban a otros padres a que se unan al
proyecto. Se pueden apuntar en los centros escolares y
en Iortia.
Mantos blancos y velas
para honrar a la Virgen de la Barda
Diario de Navarra
La patrona de Fitero salió
ayer en procesión en el día grande de las fiestas - Al
finalizar el recorrido, la fiterana Margarita Andrés
Fernández entonó dos jotas en honor a la Virgen
Los vecinos de Fitero se echaron ayer a la calle en el
día grande de sus fiestas. La Virgen de la Barda,
patrona de la localidad, salió en procesión por el casco
urbano del municipio ante la presencia de cientos de
fieles, provistos de velas y vestidos con sus mejores
galas para ver a la Virgen. Los balcones amanecieron con
colgaduras blancas y en el ambiente se respiraba el
aroma de las flores y la albahaca típico de esa fecha.
Las fiteranas Mª Ángeles
Echarri, Conchi Lamata, Musi Mayor, Mari Nati Andrés,
Ana Atienza, Mª Mar De Lucas, Remedios Magaña, Cristina
Ayala, Idoya Yanguas, Juana Cornago y Belén Martínez,
junto con los también vecinos Miguel Aguirre y Diego
Jiménez, fueron los portadores de la imagen de la Virgen
y de San Raimundo, cambiándose de paso a mitad de
recorrido. El cortejo lo encabezaron los gigantes y
cabezudos de Fitero, seguidos de la figura de San
Raimundo. Tras el santo, la Virgen de la Barda,
custodiada a ambos lados de las calles por dos
larguísimas filas de fieles.
Los niños de Fitero que
este año han tomado la Primera Comunión seguían a la
patrona, junto a los sacerdotes y las autoridades.
Destacó la presencia de Juan Ramón Corpas, consejero de
Cultura del Gobierno de Navarra; del alcalde de Corella,
Javier Navarro; y del alcalde de Buñuel, Santiago
Mayayo, entre otros. La banda de música de Fitero, que
interpretó varias piezas durante el recorrido, cerraba
la procesión.
Jotas y misa solemne
Antes de que finalizase la
marcha procesional, la fiterana Margarita Andrés
Fernández entonó dos jotas en honor a la Virgen
acompañada de los auroros de Corella. Los fieles
presentes en la entrada de la iglesia rompieron a
aplaudir tras la interpretación de la vecina de Fitero,
que ya lleva siete años honrando a la patrona antes de
su regreso al templo.
El párroco de Fitero,
Javier Goitia, presidió la ceremonia posterior a la
procesión, que concelebraron Bibiano Esparza, párroco de
Cintruénigo, Joaquín y Julián Guarás; hijos de la
localidad; y Jesús Jiménez, antiguo párroco de la villa
ribera.
Celebran una procesión
rápida en Huarte
Diario de Navarra
Bajo amenaza de lluvia, la
procesión se realizó un poco más deprisa que en
ocasiones anteriores - La banda de Huarte, compuesta en
su mayoría por jóvenes de la escuela de música, tocó
durante la celebración de la procesión
Atentos al calendario. Los huartearras miran el
almanaque con interés, ya que el tercer lunes de
septiembre marca el comienzo de las fiestas de la
Hermandad.
Regado por el río Arga por
este, sur y oeste, por definición, Huarte se adapta muy
bien a la expresión vasca ur arte, "entre aguas". A
pesar de la referencia a este elemento, la lluvia que
amenazaba durante la mañana de ayer cesó durante la
procesión y permitió portar la Virgen del Rosario en
procesión. La corporación municipal acudió con
puntualidad a la iglesia parroquial para recoger a la
patrona. Así, los sacerdotes Miguel Bezunartea, párroco
que ofició la misa posterior; Jesús Mª Larrañeta, Ramón
Armendáriz, vicario parroquial; y Francisco Ahechu,
delegado de catequesis acompañaron a Bezunartea durante
los actos. La procesión, a la que asistieron decenas de
personas, duró una media hora.
En misa
Cientos de fieles
esperaron dentro de la parroquia la llegada de la
comitiva para oír misa en el día grande de las fiestas.
Las campanas del templo no dejaron de sonar durante el
transcurso de la procesión para detenerse en el momento
de entrada de la comitiva a la iglesia. Quienes
acompañaron a la Virgen por las calles de la localidad
se percataron de la velocidad de la comitiva debido a la
amenaza de lluvia, que no llegó a consumarse. "Es una
pena que no hayan ido más despacio", comentó Marta
Basterra, de 66 años.
Los portadores también
notaron el cansancio aunque se mostraron encantados de
participar en la procesión de manera activa. "Hace
veinte años que llevamos a las imágenes las mismas
personas", aseguró Iñaki Redín, de 44 años y vecino del
municipio. La misa comenzó con puntualidad bajo la voz
de Bezunartea, quien quiso acercar el buen ambiente y
las fiestas a los presentes al mismo tiempo que les
animó a ser buenas personas y solidarios con el prójimo
en cualquier ocasión.
Oído afinado
Música para todos los
gustos, el arte de organizar una combinación coherente
de sonidos y silencios. Y las 35 personas que componen
la Coral de la Virgen Blanca lo saben bien. "Desde que
empezamos en los años 60 cantamos por y para el pueblo.
Nos gusta mucho", apuntó Mª José Ilundáin, miembro del
grupo. A pesar del número de cantantes, los coristas
echan de menos la presencia de más bajos y tenores.
"Estamos algo escasos en voces masculinas". Durante la
misa, entonaron melodías como Sanctus o Haec est dies.
Además de la actuación de ayer, la coral también estará
presente en los actos de hoy. El grupo actúa bajo la
batuta de María Rosario Larrañeta, directora del grupo
desde el 2000.
Pero la música también
quiso estar presente fuera de los muros religiosos. Así,
la banda de Huarte aportó el toque musical a la
procesión. De los primeros componentes sólo quedan tres
y rondan los 60 años. Por este motivo, los jóvenes de la
escuela de música se han convertido en los nuevos
intérpretes de los temas. "Ellos cursan una asignatura
llamada Conjunto instrumental, y tocar en la banda es
una parte de la materia", explicó Jesús Mª Esquíroz,
subdirector y bombo.
Las fiestas patronales,
que comenzaron el sábado son el punto álgido de
diversión y participación de prácticamente todo el
pueblo. "Creemos que es un día especial para la gente de
Huarte", expresó Javier Basterra, el alcalde.
Despedida de las
fiestas de Zizur el día de la Cruz
Diario de Navarra
Unas 300 personas
acudieron a la misa de San Andrés, la única de las
fiestas este año - Los Gigantes bailaron por las calles
y los kilikis tiraron caramelos desde el Antiguo
Ayuntamiento como colofón final
Las once y media de la mañana de ayer en Zizur Mayor y
en la Plaza Ramón Esparza unos 60 músicos de la Banda,
creada en 2002, daban paso al principio del fin.
Terminaban las fiestas por este año en el día de la
Santa Cruz. Los cuatro Gigantes del pueblo, el
Mayordomo, la Mayordoma, el Sol y la Luna, ya estaban
dispuestos en fila para empezar el desfile a las doce y
cuarto, rumbo a la parroquia de San Andrés Apóstol. Los
kilikis corrían tras los más pequeños.
Josu Millán y Javier
Abaiba, con sólo 9 años, era la primera vez que llevaban
un kiliki. "Nunca me había metido dentro y me gusta
mucho, pero pesa un poco", comentaba Millán. Ambos son
miembros nuevos de la Comparsa que cuenta ahora con 20
personas. Jesús Millán Fernández tiene 42 años y lleva
10 atendiendo a los Gigantes. Ayer reconocía que, al
contrario que en otros sitios, "la comparsa de Zizur
pasa ahora por un buen momento y ha habido épocas con
más problemas. Algunos se van, pero siempre viene
alguien nuevo. Este año 3 ó 4 kilikis se han pasado a
gigantes y otros les han cogido el relevo".
Los miembros de la
comparsa, vestidos de azul y blanco, se habían reunido
en la plaza y alrededor de 100 personas les acompañaban.
El resto de la gente llegó más tarde, quizá porque había
adelantado el final de las fiestas a la noche anterior.
A la hora prevista la Banda de Música comenzó a tocar la
marcha Club de Amigos de Radio Andorra, con la que llevó
al pueblo por la Avenida de Belascoáin hasta la calle de
San Andrés, pasando por Mirador. Detrás marchaba la
corporación precedida por Enrique López Torres, que
portaba la bandera de Zizur por ser, con 27 años, el más
joven de la corporación.
José María Asín Escudero,
concejal de Cultura y Protocolo, hacía balance de las
fiestas: "Creo que ha habido muy buen ambiente, pero
menos gente que otras veces por el mal tiempo. Además,
la gente del pueblo participa mucho en sus fiestas. Por
ejemplo, a la paellada de la Txaranga Galtzagorri, que
ha organizado para hoy por su 25 aniversario, van a ir
unas 350 personas". Les seguían los Gigantes con Urko
Aldez Medina, de 9 años, cerrando la marcha. Aldez había
traído su gigante txiki: "Voy a bailar con ellos, aunque
no he ensayado".
Sólo una misa y de
despedida
A las doce y media la
comitiva llegaba a la parroquia donde tuvo lugar la
misa.Ésta fue la única de las fiestas en las que, por
primera vez, se ha suspendido la misa que habitualmente
se hacía en la iglesia de Santa María. Para esa hora ya
eran más de 300 las personas reunidas para despedir las
fiestas y la iglesia estaba abarrotada.
Durante el acto cantaron
juntos los coros de ambas parroquias con Pablo Eza al
órgano. La misa la ofició el párroco José Luis
Morrás-Etaio, quien recordó que "Zizur tiene raíces
cristianas, como demuestra la antigüedad de la iglesia
de San Andrés, y no hay que olvidar que son esas raíces
las que dan sentido a las fiestas". Ignacio Erdozáin fue
el maestro de ceremonias y cinco monaguillos les
acompañaban en el altar.
Tras la misa, los Gigantes
retomaron su baile al ritmo de los gaiteros de Zizur,
Óscar Arizaga, Patxi Pérez y Koldo Velasco, que llevan
20 años tocando y "toda la vida juntos", añadió éste
último, que reconoció que cinco días de fiesta ya eran
suficiente, "las cosas duran lo que duran". El broche
final de las fiestas lo pusieron los kilikis, que se
subieron al antiguo Ayuntamiento y lanzaron kilos de
caramelos, desatando una guerra entre los niños, que
dieron así un adiós dulce, pero animado, a las fiestas
de Zizur Mayor.
Alsasua se encomienda
al Santo Cristo
Diario de Navarra
Alrededor de 300 fieles
abarrotaron en el día grande de fiestas la ermita
erigida en honor al patrón - Una comitiva de gaiteros
dantzaris y txistularis escoltó a la corporación en su
desplazamiento hasta el templo de Otadia
Como si de una intercesión de lo alto, la amenaza de
lluvia cedió a una tregua en el desarrollo del programa
festivo de la mañana de ayer para solaz de cuantos
coincidieron en la plaza de los Fueros y participaron de
forma activa en el día grande de fiestas. Antes de la
escenificación folclórica, con dantzaris, música coral y
de ambiente, unos 300 alsasuarras se encomendaron al
Santo Cristo de Otadia en la ermita erigida en su honor
junto al cementerio.
Fue así como la villa
cumplió con una costumbre apegada al elenco de sus
tradiciones más enraizadas, en la que tomó parte la
corporación -con el alcalde, Unai Hualde Iglesias
(NaBai), al frente-. Precedidos por los sones del txistu
y el tamboril, las autoridades recorrieron a pie los
poco más de 300 metros que separan la Casa Consistorial
de la ermita. Una vez en su interior, siguieron desde
los primeros bancos la misa, concelebrada por el párroco
de Nuestra Señora de la Asunción, Rafael Ayarra Palazón,
y el superior en Alsasua de los Capuchinos, Ignacio
Berbera Fernández. Ayarra animó a la feligresía a
encomendarse al Santo Cristo de Otadia para "contagiarse
de los sentimientos de amor y servicio hacia otros".
Antes, el presbítero había hecho una reflexión en voz
alta sobre el mensaje paradójico oculto en la cruz: "Con
la exaltacion de la Cruz, puede parecer que
glorifiquemos el sufrimiento... Pero no es así. Cuando
los alsasuarras miramos al Santo Cristo de Otadia sólo
contemplamos el inmenso amor de nuestro Dios". Una de
las peticiones realizadas durante la celebración
religiosa tuvo como destinatarios los vecinos de Alsasua
"para fortalecer la unión y el entendimiento entre
todos".
Antes de que los devotos
abandonasen el pequeño templo, besaron la reliquia y
depositaron unas dádivas en los cestos, según reza la
tradición compartida con otras poblaciones navarras.
Regreso al centro urbano
Al término del oficio, en
el que intervino el coro de la parroquia, la corporación
regresó hacia el centro urbano, escoltado por gaiteros,
txistularis y dantzaris de la Escuela Etorkizuna.
La plaza de los Fueros se
convirtió a partir de ese instante en punto neurálgico
de la fiesta, con el "hamabietako" preparado por la
sociedad gastronómica Amandrea, un alarde de danzas y el
último repique de campanas. El aperitivo atrajo hacia el
improvisado mostrador colocado junto a los bajos del
edificio municipal Gure Etxea a una nutrida
concurrencia, atraída por el aroma de morcilla,
chistorra y tortilla de espárragos, entre otras
propuestas gastronómicas.
Santa Eufemia emociona
a Villafranca
Diario de Navarra
Cientos de vecinos
acompañaron ayer a su patrona en la procesión del día
grande de fiestas - Los quintos nacidos en 1968 portaron
la imagen de la santa en su recorrido por las calles de
la villa
La localidad de Villafranca vivió ayer el día grande de
sus fiestas y celebró la procesión de Santa Eufemia,
patrona de la villa. Cientos de vecinos salieron a la
calle vestidos con sus mejores galas para arropar a la
santa, cuya imagen fue portada durante el recorrido
procesional por los quintos nacidos en 1968.
La mañana soleada y con
una temperatura cercana a los 30 grados hizo que los
fieles se volcaran en el principal acto religioso de las
fiestas de Villafranca. la imagen de Santa Eufemia
completó un recorrido por las calles Procesiones, Mayor,
Raso del Portal y Portillo, con salida y llegada en la
parroquia que lleva su nombre.
La corporación municipal
villafranquesa, encabezada por la alcaldesa Mª Carmen
Segura, estuvo acompañada por numerosas autoridades.
Destacó la presencia de Elena Torres, presidenta del
Parlamento; Amelia Salanueva, consejera de
Administración Local; José Mª Roig, su homólogo de
Industria; Pedro Pejenaute, director general de
Administración Local; o Jesús Joaquín Val Catalán,
comandante militar de Navarra. Además, la procesión
contó con la presencia de una nutrida representación
municipal de localidades cercanas como Tudela, Castejón
o Monteagudo.
A lo largo del recorrido,
la imagen de Santa Eufemia se detuvo en tres ocasiones,
en las cuales, los auroros de Villafranca y la rondalla
jotera de la localidad dedicaron sendas piezas musicales
a su santa patrona, en medio de los aplausos de los
asistentes.
Misa y aperitivo
Por su parte, los miembros
de la banda de música y la comparsa de gigantes se
encargaron de amenizar el recorrido de la procesión.
Finalizado el desfile procesional, se celebró una
solemne misa en la parroquia, que estuvo abarrotada de
público.
El carmelita José Miguel
Garrido ofició la ceremonia, que estuvo concelebrada por
los también carmelitas Fernando Cristóbal, Álvaro Marín,
Alberto Ariz y José Mª Jauregui. La parte musical de la
ceremonia corrió a cargo del coro, la rondalla y los
auroros de Villafranca.
Tras la procesión y el
oficio religioso, el ayuntamiento ofreció un aperitivo
popular en la plaza de España.
Encierro vespertino
La jornada festiva
continuó por la tarde con un encierro y una capea
popular en la que se soltaron reses de la ganadería
funesina Enrique Domínguez. Tras el festejo taurino, los
vecinos de la localidad protagonizaron un animado
pasacalles, antes de que comenzasen los actos nocturnos.
Isaba celebra el regreso
de San Julián
Diario de Navarra
Decenas de vecinos vestidos de roncaleses celebraron con
una procesión la recuperación de la imagen de San
Julián, talla perteneciente a una ermita que se hundió
en los años veinte del siglo pasado. La parroquia de San
Ciprián será su nueva sede
Isaba fue elegida por el cineasta navarro Montxo
Armendáriz para rodar en 1996 algunas escenas de su
película Secretos del corazón. Y precisamente del
corazón le salió a uno de sus vecinos, Gabriel Dronda,
salvar en los años veinte del siglo pasado la imagen de
San Julián, talla que ayer devolvía esta familia a la
parroquia con motivo de la fiestas de San Ciprián.
La historia comenzó una noche de tormenta en la que el
mal tiempo agitaba los árboles sin descanso. La ermita
de San Julián, situada en lo alto del pueblo, se
encontraba en mal estado y el fallecido vecino Gabriel
Dronda decidió subir para recuperar la imagen del Santo,
símbolo del santuario. Según aseguran los vecinos, subió
a la ermita y se llevó la talla a su casa, única figura
que se salvó. Esa noche, el tejado cedió y las ruinas
fueron el vestigio visible de la antigua construcción.
"Gabriel trató de devolver la pieza a la parroquia pero
ésta no tenía medios para mantenerla, así que pidió a la
familia Dronda que la conservara", relató Fernando
Hualde, vecino.
Así lo hicieron hasta ayer, día en que se descubrió la
talla ante los vecinos. El mediodía fue el momento
elegido para acercar la figura al paseo, lugar donde se
retiró el velo que ocultaba el estado de la talla,
recientemente restaurada por el Arzobispado. Los
presentes se mostraron "encantados" por el estado de la
figura. Para rememorar este hecho y devolver la imagen a
la parroquia, una veintena de vecinos vestidos con el
traje típico de roncalés se reunieron en el paseo de
Isaba para comenzar una ascensión por las calles de la
localidad hasta la parroquia de San Ciprián.
Por parejas, los vecinos siguieron a San Julián en
procesión. "Se trata de algo excepcional. Normalmente
nos reunimos en el ayuntamiento y subimos hasta la
parroquia, pero sin realizar procesión", aclaró Ángel
Luis de Miguel, el alcalde. Decenas de vecinos quisieron
seguir el evento y acompañaron al séquito detrás de los
ataviados con el traje típico. "Cuenta la leyenda que en
la batalla de Olast, cerca de Burgui, cuando los
roncaleses defendían la frontera del Reino frente a los
árabes, una roncalesa cortó la cabeza a un árabe y se la
llevó en su vestido. Hecho que da el color rojo al traje
típico de la mujer", explicó Francisco Javier Egozcue.
De nuevo en casa
El párroco, José Antonio Induráin, esperó la llegada del
grupo en las puertas del templo. Cientos de vecinos
asistieron a la misa que se celebró a continuación.
Antes de dar comienzo la ceremonia, Fernando Hualde se
dirigió a los fieles para narrar la historia de San
Julián y agradecer a la familia Dronda la labor
realizada.
A continuación, dio comienzo el acto religioso. El
párroco, tras incensar la talla, prometió guardarla y
conservarla para estímulo de los fieles. "Es un momento
muy importante y me comprometo a velar por el buen
estado del santo", señaló Induráin. Tras la misa, el
grupo se dirigió hasta el hotel Isaba, lugar donde
finalizó el evento.
Miércoles 17
«Nadie se acuerda nunca de África,
excepto los misioneros y las monjas»
La Razón
«Has dejado tu casa para llegar a tu casa. Aquí en Mali,
nunca serás forastero; África es tierra de acogida», nos
explica el padre Jesús Martínez Presa, Padre Blanco de
Navarra, que lleva más de 42 años en el continente
negro. También llamados los Misioneros de África, los
Padres Blancos nos reciben con una camiseta de grandes
letras que grita: «Amemos África». Así es el alma de la
misión de Faladie, un poblado a 25 kilómetros de Bamako,
capital de Mali. Tras casi medio siglo de misionero en
el continente olvidado, el padre Presa sigue
preocupándose por las necesidades materiales y
espirituales de los habitantes de su poblado. Sin apenas
ayuda, gestiona una misión en mitad de la nada. Además
de una impresionante iglesia de estilo neogótico,
construida hace 80 años, ha fundado un centro de salud,
una guardería y una escuela para todos los niños de los
poblados vecinos. La misión también cuenta con unos
campos de cultivo, pozos y la única radio de la región.
Todo un ejemplo de desarrollo.
Ilusión y esperanza
Desde finales de agosto y durante más de tres semanas,
la expedición «Madrid Rumbo al Sur» ha visitado los
proyectos de cooperación al desarrollo que financia la
Comunidad de Madrid en Mali y Senegal. Entre muchos
otros proyectos, los jóvenes madrileños que han
participado han podido conocer algunas misiones. «Lo que
más me impresiona -alega Telmo Aldaz de la Quadra-
Salcedo, director de «Madrid Rumbo al Sur»- es la
ilusión y la esperanza de los misioneros en la mejora de
África». «Otros vienen, se quedan y tarde o temprano se
van. Ellos son los únicos que se quedan. Son un
verdadero testimonio de fe», añade el director de la
expedición. «A pesar de haber sido vapuleados por la
malaria, el hambre y las guerras, siguen teniendo ganas
de ayudar y de aportar el verdadero desarrollo de
África», subraya.
El padre Emilio Hernando, salesiano español, proviene de
Arauzo de la Miel (Burgos), y nos acoge en su misión de
Bamako. Es reacio de hablar de su estancia en Costa de
Marfil en 2003, puesto que no le gusta rememorar las
angustiosas escenas que presenció allí. La lucha tribal
de la etnia senoufo contra los nativos de Burkhina Faso
le sorprendió cuando se hallaba allí destinado. Ambos
bandos se buscaban por todos los suburbios de la ciudad
de Abidjean para matarse sin piedad. «Yo salía en una
camioneta de noche para ver si encontraba alguno con
señales de vida entre los miles de fusilados y los
llevaba al convento. En un año tuve refugiados a mas de
7.700 personas escondidas en el colegio y no sé cómo me
las arreglaba para dar de comer a todas. Gracias a Dios,
todas se salvaron»,comenta el padre Hernando. «África es
la tierra olvidada. Nadie se acuerda nunca de ella. Los
misioneros sí», concluye Mar Aldaz, coordinadora de la
expedición.
Con motivo del
fallecimiento de Mons. Cirarda
Diario de Navarra /
Francisco Pérez González
Muchas cosas podríamos
decir de él y lo mejor de todo fue su generosa
disposición para servir a Cristo en su Iglesia. Sus
cualidades humanas son bien conocidas por todos: hombre
de relación afable y alegre, cercanía con sus diocesanos
en las visitas que realizaba a las comunidades
cristianas y a las parroquias. No fueron momentos
fáciles los que le tocó vivir pero me consta que miraba
a la Cruz de Cristo fundiéndose en su amor.
En la Conferencia
Episcopal siempre tenía alguna idea genial que nos
dejaba a todos sorprendidos y al mismo tiempo nos
edificaba con su opinión sobre el tema o circunstancia
que nos tocaba discernir. Estoy seguro que todos los
navarros han sentido en su corazón el dolor de su muerte
pero también recuerdan con cariño las visitas pastorales
que con tanto amor realizaba. No ha habido día en el que
no me hayan recordado alguna anécdota de D. José María.
Doy gracias a Dios por el
regalo que concedió a esta Diócesis de Pamplona-Tudela
durante tanto tiempo. Acaba de fallecer D. José María
Cirarda y lo primero que quiero pedir es que todos los
diocesanos de Navarra recemos por el eterno descanso de
su alma ante el Dios Bueno. Pido a los sacerdotes que
ofrezcan sufragios en las celebraciones de la Eucaristía
puesto que fue un Pastor solícito y entregado por su
Pueblo. Hoy he ofrecido la Eucaristía por él y ha sido
en la Basílica de San Pablo Extramuros de Roma.
En este año Jubilar de San
Pablo, proclamado el 28 de junio por el Papa Benedicto
XVI, ha sucedido el fallecimiento de D. José María y que
tantas veces habló de él como testigo de la fe y Apóstol
de los gentiles. Estoy seguro de que en el Cielo se
habrán dado el abrazo de paz que tanto anunciaba en las
comunidades nacientes.
La última vez que estuve
con D. José María él me decía que deseaba ser sepultado
en el Cementerio familiar de su pueblo y así cumpliremos
su deseo. Allí aprendió a amar y allí aprendió de manos
de sus padres a hablar con Dios y a amar a la Iglesia.
Que descanse en paz
nuestro querido D. José María.
Hasta luego, D. José
María
Diario de Navarra/
Fernando Sebastián Aguilar
Se nos ha ido D. José
María. Y se ha ido a su manera, con naturalidad, sin
molestar, como quien sigue su camino. Tuve el honor y la
dificultad de sucederle en las sedes de Pamplona y
Tudela. Su generosa personalidad lo había llenado todo.
Los sacerdotes y los fieles estaban acostumbrados a que
D. José María estuviera en todas partes. Por la mañana
en el Baztán, a mediodía en Tudela y por la tarde en
Tierra Estella. No era fácil seguir el ritmo de aquel
arzobispo trepidante.
En él todo era grande.
Pero el corazón se le salía. D. José María era un hombre
inteligente, brillante, elocuente, pero sobre todo era
un hombre de gran corazón, de relación fácil y de fiel
amistad. Su gran memoria le permitía saludar a todos por
su nombre, preguntar a cada uno por sus circunstancias
concretas, mantener relaciones de amistad con muchísimas
personas.
En su servicio eclesial y
ministerial le encomendaron misiones difíciles que él
supo afrontar con generosidad y optimismo. Tenía una
naturaleza privilegiada, pero el secreto de su
personalidad estaba en su profunda piedad. D. José María
era profundamente providencialista, amaba a Dios,
confiaba en Él, vivía para Él, trataba en todo de hacer
su voluntad. Este amor a Dios se alimentaba de su fe en
Jesucristo, de su devoción filial a la Virgen María, y
de su gran amor a la Iglesia. Ese era su mundo, de ahí
le venía la fortaleza, la cordialidad universal y su
optimismo incombustible.
Lo recordaremos por muchas
cosas. La solución definitiva al estatuto jurídico de
Tudela, la restauración de la Catedral, su agotadora
presencia en todos los puntos y lugares de las Diócesis,
pero sobre todo por la reapertura del Seminario. Después
de muchos años de abandono, él tuvo el acierto de
reiniciar el Seminario y normalizar una institución que
tiene que ser siempre una institución predilecta en lo
más vivo de una Iglesia local.
Desde su retiro de Vitoria
le gustaba seguir la vida de la Diócesis, quería
enterarse de las cosas, preguntaba por las personas,
vivía de cerca todos los acontecimientos del calendario
pastoral, era para todos nosotros una retaguardia de
cariño sincero y de oración permanente. Ahora lo seguirá
siendo desde el Cielo. Oremos por él para que el Señor
lo acoja en la alegría y en el gozo de su Reino.
Jueves 18
Fallece a los 91 años
José María Cirarda, arzobispo de Pamplona entre 1978 y
1993
Diario de Navarra
Cirarda murió ayer en su
casa de Vitoria, donde residía desde que dejó Navarra -
Cirarda sucedió a José Méndez al frente de la diócesis
de Pamplona y Tudela, y dio el relevo a Fernando
Sebastián
José María Cirarda Lachiondo, Arzobispo Emérito de
Pamplona y Tudela, falleció ayer en Vitoria a la edad de
91 años. Cirarda ejerció como Arzobispo de Pamplona y
Administrador Apostólico de Tudela entre 1978 y 1993.
Este último año dio el relevo al frente del arzobispado
pamplonés a Fernando Sebastián, predecesor del actual
arzobispo, Francisco Pérez.
José María Cirarda nació
en la localidad vizcaína de Baquio el 23 de mayo de
1917. Licenciado en Filosofía y Sagrada Teología, fue
ordenado sacerdote el 5 de julio de 1942.
Posteriormente, ejerció como profesor de Teología
dogmática en el Seminario de Vitoria. El 29 de junio de
1960 fue consagrado obispo auxiliar del Cardenal Bueno
Monreal en Sevilla, época en la que residió en Jerez de
la Frontera. En julio de 1968 fue nombrado Obispo de
Santander y, en noviembre del mismo año, Administrador
Apostólico de Bilbao.
De norte al sur, José
María Cirarda recibió el 4 de diciembre de 1971 el cargo
de Obispo de Córdoba y, en un viaje en sentido inverso,
los de Arzobispo de Pamplona y Administrador Apostólico
de Tudela el 29 de enero de 1978. Ejerció como tal hasta
que el 15 de mayo de 1993 transmitió la sede arzobispal
a Sebastián. Cirarda tenía 75 años en ese momento. Desde
entonces, ha vivido durante todo su retiro en Vitoria,
en casa de su hermana María y junto a su otra hermana,
Inés, quien estuvo a su lado durante su estancia en
Navarra. Del cuidado de Cirarda, que usaba una silla de
ruedas en los últimos tiempos, se han ocupado Inés y una
hija enfermera de María. Su muerte se produjo ayer a las
14.15 horas, en su casa. Poco antes había comido con
normalidad.
El cadáver del arzobispo
emérito fue trasladado al tanatorio de Vitoria y el
funeral tendrá lugar mañana a las 12.00 horas en la
Parroquia Santa María de Mundaka (Vizcaya), localidad de
origen de su familia. Posteriormente recibirá sepultura
también en Mundaka en el panteón en el que descansan sus
padres. El funeral en Pamplona se oficiará en la
catedral el próximo domingo 28. El Gobierno de Navarra
transmitió ayer su pésame y condolencias a la familia y
la Iglesia foral.
Dificultades iniciales
José María Cirarda llegó a
Navarra procedente de Córdoba para suceder como
arzobispo de Pamplona a José Méndez, pero después de que
Pablo VI tuviese que pedírselo dos veces. A la primera,
en agosto de 1977, Cirarda le contestó que no era una
decisión acertada. "Le dije que creía que era una
equivocación. Yo era un obispo vasco, eso nadie me lo
podía quitar", explicó el propio Cirarda en una
entrevista de despedida publicada en este periódico el
16 de mayo de 1993. El segundo requerimiento de Pablo VI
fue siete meses más tarde y, por contra, Cirarda le dio
su "sí". La situación que le recibía no era sencilla:
convulsa en lo político (en plena Transición), con los
sacerdotes divididos, el Seminario sin vocaciones que lo
ocupasen y las arcas diocesanas en ruina. 15 años
después, el arzobispo dejó la Iglesia foral con su
economía saneada y con más calma entre sus integrantes.
"Entendía de economía e impulsó la colaboración
económica de los fieles", señaló ayer Ángel Echeverría,
quien estuvo 15 años junto a Cirarda como vicario
general de la Diócesis de Pamplona y Tudela.
Sin embargo, apaciguar la
vida de la diócesis no le resultó sencillo a José María
Cirarda. Como ejemplo, cabe recordar cómo tuvo que
sancionar en 1979 a un sacerdote, quien no fue
autorizado a oficiar la misa de once de los domingos en
la Parroquia de San Francisco Javier de Pamplona después
de negarse a leer una homilía redactada por el arzobispo
para todas las iglesias navarras en la que hacía
referencia a la muerte de una ecologista en Tudela como
consecuencia de un disparo efectuado por un guardia
civil.
Además, José María Cirarda
levantó muchas críticas al introducir el euskera en las
homilías. "Vivió la tensión sociopolítica de entonces,
ya que había un conflicto serio con el tema de Navarra y
Euskadi. Él no se implicó. Amó la montaña y la Ribera,
los vascos y no vascos", aseguró ayer Ángel Echeverría,
que destacó como logros fundamentales del antiguo
arzobispo que "cogió un Seminario que no tenía
seminaristas, se autonombró rector y le dio impulso para
llenarlo de personas; creó un clima de cercanía con los
sacerdotes; celebró un sínodo diocesano muy fecundo que
marcó la pauta; visitó mucho a los misioneros; peleó la
creación hace 50 años, sin ser todavía arzobispo de
Pamplona, de Misión Diocesana de Navarra". Según el ex
vicario, "Cirarda era un hombre intelectual, de gran
corazón y de gran experiencia pastoral. De hecho, estuvo
durante todo el Concilio Vaticano II redactando en
castellano las conclusiones diarias para los obispos de
habla hispana".
Visita del Papa a Javier
Otra persona que trabajó
cerca de Cirarda fue Florentino Ezcurra, delegado de
Cáritas en Navarra entre 1972 y 2000. "José María
Cirarda era un hombre inteligente que puso todo su ser
al servicio de la diócesis", dijo ayer. Ezcurra
participó, como secretario general de la comisión
organizadora, en un hito histórico para Navarra que tuvo
como principal artífice a Cirarda: la visita del Papa
Juan Pablo II a Javier en el año 1982. "Fue la primera
vez en la historia que un Papa venía a Navarra", indicó.
Muere en su domicilio
de Vitoria el arzobispo emérito de Pamplona José María
Cirarda
Diario de Noticias
El arzobispo emérito de
Pamplona y obispo de Tudela José Mª Cirarda Lachiondo
falleció ayer a la edad de 91 años en su domicilio de
Vitoria, donde residía desde su jubilación con su
hermana Inés. El prelado, que padecía los achaques
propios de su edad, según apuntó un familiar, tuvo que
ser ingresado la pasada semana en un centro hospitalario
aquejado de una dolencia cardiaca que superó sin
problemas. Las mismas fuentes familiares indicaron que
José María Cirarda falleció al mediodía de forma
repentina y comentaron que desde hace un tiempo ya no
salía a la calle.
La despedida del prelado
que dirigió la diócesis navarra durante quince años,
entre 1978 y 1992, tendrá lugar mañana viernes en
Mundaka (Vizcaya), localidad en la que se encuentra el
panteón familiar donde será enterrado por expreso deseo
del finado. El responsable de Comunicación del
arzobispado de Pamplona, Santos Villanueva, indicó que
la catedral pamplonesa tenía todo preparado para poder
inhumar su cuerpo, ya que es habitual que los obispos
sean enterrados en estos lugares, pero que fue el propio
Cirarda quien en su día manifestó su deseo de permanecer
con su familia.
La capilla ardiente fue
instalada ayer en el tanatorio de Vitoria donde
permanecerá hasta su conducción a Mundaka mañana viernes
por la mañana. El funeral por José Mª Cirarda se
celebrará también mañana viernes a las doce del mediodía
en la iglesia parroquial Andra Mari de Mundaka y, según
indicaron su familiares, estará presidido por el obispo
de Bilbao, Ricardo Blázquez.
José Mª Cirarda Lachiondo
nació en Bakio (Vizcaya) el 23 de mayo de 1917.
Licenciado en Filosofía y Sagrada Teología, se ordenó
sacerdote el 5 de julio de 1942 y fue profesor de
Teología dogmática en el Seminario de Vitoria. El 29 de
junio de 1960 fue consagrado obispo auxiliar del
cardenal Bueno Monreal en Sevilla, con residencia en
Jerez de la Frontera. En julio de 1968 fue nombrado
obispo de Santander y en noviembre del mismo año,
Administrador Apostólico de Bilbao. El 4 de diciembre de
1971 se le encomendó a su ministerio pastoral la
diócesis de Córdoba.
Su carrera eclesiástica
concluyó en Navarra. El 29 de enero de 1978 tomó
posesión de la diócesis de Pamplona como arzobispo, a la
vez que se hacía cargo de la diócesis de Tudela como
Administrador Apostólico. Presentada su renuncia el 23
de mayo de 1992, le fue aceptada con el nombramiento de
monseñor Fernando Sebastián como arzobispo de Pamplona y
obispo de Tudela. La vicaría de Pamplona comunicó ayer
el fallecimiento y manifiesta que "nos unimos en el
dolor de esta separación con sus familiares y demás
seres queridos y nos abrimos confiadamente a la
esperanza de los que creemos en el Dios Padre de la Vida
Eterna".
El arzobispo Francisco
Pérez González, que se encuentra en Roma, invita a los
fieles navarros "a elevar a Dios una oración de
agradecimiento y de súplica por el que, durante tantos
años, fue Pastor y Servidor de esta Iglesia Diocesana de
Navarra".
Tiempos difíciles
José Mª Cirarda llegó a
Navarra en una época de gran convulsión social y
política, propia de los primeros años de la transición.
A Cirarda, como a Tarancón en Madrid, le tocaron malos
tiempos en Pamplona y tuvo que enfrentarse con
movimientos de la ultraderecha que le rechazó por vasco
y por su posición poco conservadora. Se unió al frente
episcopal en favor del diálogo con ETA para acabar con
la violencia -que siempre condenó con energía-, y de un
cierto nacionalismo, junto a prelados como Añoveros,
Setién, Uriarte o Blázquez. Marcó también su impronta en
otros asuntos que llamaron la atención entre los
progresistas, como la negativa a dar la paz al alcalde
socialista Balduz por un asunto privado. Supo, no
obstante, ser conciliador y dejó buen recuerdo y
tranquilidad en los parroquianos navarros. Su condición
de emérito desde 1992 no impidió que visitara Navarra en
diversas ocasiones. Su popularidad le llevó a ser el
pregonero navideño de Pamplona en 1997 o volver a
Navarra para bendecir los crucifijos de los misioneros
en Javier o para celebrar los 500 años de la iglesia de
Villafranca. En 2004 también viajó a Pamplona para
celebrar los 25 años de obispo de su sucesor Fernando
Sebastián.
Un obispo vasco en una
Navarra convulsa
Diario de Navarra
Coincidió con cinco
presidentes: Amadeo Marco, Jaime I. del Burgo, José
Manuel Arza, Gabriel Urralburu y Juan Cruz Alli. Le tocó
vivir un momento convulso en el clero navarro, reflejo
de una sociedad que estrenaba democracia. En pleno
proceso constituyente y con Navarra en el centro del
debate político. Un momento en el que esta tierra se
jugaba su futuro como comunidad sola o integrada en
Euskadi.
Llegó con Amadeo Marco en
la presidencia de la Diputación, y conoció a otros
cuatro presidentes: Jaime Ignacio del Burgo, José Manuel
Arza, Gabriel Urralburu y Juan Cruz Alli. Sus comienzos
fueron difíciles y complicados, recuerda Alli, que
mantuvo una relación muy estrecha con José María Cirarda.
En una época conflictiva, tanto en lo político como en
lo eclesial, "el simple hecho de que fuese vizcaíno fue
tomado por los sectores más radicales del catolicismo
como una apuesta por una diócesis vasca y por la
integración de Navarra en Euskadi".
Precisamente la apuesta
del nuevo obispo por una provincia eclesiástica vasca,
que incluyese a Navarra, llevó al entonces senador Jaime
Ignacio del Burgo a mantener una reunión "dura y tensa"
con él a finales de 1978, en la que le manifestó junto
al diputado Pedro Pegenaute y el senador Josecho Sarasa
que esa opción podría interpretarse como que la Iglesia
tomaba partido político por la integración en Euskadi.
"Entonces la Iglesia tenía una gran influencia social",
señala Del Burgo. Y recuerda que tuvieron que recurrir
al entonces ministro de Asuntos Exteriores de UCD,
Marcelino Oreja, para que hiciera lo posible ante la
Santa Sede con el objeto de que aquella iniciativa no
prosperara.
Del Burgo, no obstante,
afirma que su relación con Cirarda fue "excelente". Le
reconoce como gran orador, una persona inteligente y
buen obispo. "A pesar de aquella reunión tensa, en una
ocasión, durante una manifestación de la época en el
casco viejo, nos dio asilo, a mí y a mi mujer, en el
Palacio Episcopal".
Otro flanco con el que
tuvo que saber estar José María Cirarda fue la propia
estructura del clero navarro, muy radicalizada entre los
sacerdotes que le acusaban de ser un "obispo
taranconiano" y que llegaba a Navarra "para desmontar el
nacionalcatolicismo", precisa Juan Cruz Alli, y los que
integraban un movimiento provasquista, "próximo al mundo
de Batasuna". "Tuvo que tener mucha paciencia con muchos
curas", asegura Alli.
Soportó abucheos durante
sus homilías, en las que introdujo el euskera, y recibió
críticas con motivo de sus pastorales conjuntas con los
obispos de las provincias vascas, que muchos feligreses
interpretaban como gestos para alcanzar una diócesis
vasca. Política e Iglesia confluían en la década de los
80 hasta el punto de que durante los gobiernos
socialistas Gabriel Urralburu presidía el Ejecutivo y
Víctor Manuel Arbeloa, el Parlamento, ambos sacerdotes
en su momento.
Román Felones, entonces
consejero de Educación y Cultura, subraya que la
relación de Monseñor Cirarda con el Ejecutivo socialista
fue "francamente cordial". "Discrepancias había, sin
duda. Eran años complicados donde nos vimos obligados a
tomar determinadas decisiones en el ámbito educativo y
cultural que hacían que de vez en cuando sonara el
teléfono y fuera Monseñor Cirarda que quería interesarse
por las cuestiones". Además de pastor de la Iglesia, el
arzobispo no rehuía ninguna conversación del ámbito
público. "Era un político de primera clase", afirma
Felones.
Juan Cruz Alli, que
presidía el Gobierno de Navarra en 1993, cuando José
María Cirarda dio el relevo a Fernando Sebastián, le
define como "un hombre de la Iglesia, de gran humanidad,
de un gran fondo doctrinal y con una capacidad de
acercamiento que acabó por desarbolar todos los ataques
que sufrió en los momentos iniciales".
Cirarda, un obispo
controvertido
Diario de Navarra /
Pablo Martín de Santa Olalla
El autor repasa la
biografía de José María Cirarda Lachiondo, fallecido
ayer, que fue arzobispo de Pamplona y obispo de Tudela
Ha fallecido, rebasadas ya
las nueve décadas de vida, el arzobispo emérito de
Pamplona y Tudela José María Cirarda Lachiondo. Con él
se va un obispo carismático e inteligente, pero también
un hombre francamente controvertido. Nacido en la
localidad vizcaína de Baquio un 23 de mayo de 1917, se
había ordenado sacerdote a una edad relativamente
temprana (veinticinco años).
Pronto había destacado por
su capacidad intelectual y, de hecho, en el curso
1943-44 era ya profesor de Teología Dogmática en la
Facultad de Vitoria. Además, se le irían confiando
diversos cargos, entre los que destacaría especialmente
su papel en la promoción de los Cursillos de
Cristiandad, que tan buena acogida tendrían dentro del
mundo seglar.
Todos estos hechos le
convirtieron en obispo auxiliar de Sevilla el 9 de abril
de 1960, pero, en realidad, Cirarda comenzó a
convertirse en un personaje controvertido a partir de su
llegada a la diócesis de Santander (julio de 1968). Eran
los difíciles tiempos inmediatamente posteriores al
Concilio Vaticano II, un magno evento eclesial que no
fue asimilado ni por el Régimen de Franco ni por muchos
obispos españoles. Consciente de ello, el entonces
pontífice Pablo VI había decidido impulsar una política
de renovación del episcopado en aras a una decidida
aplicación del Concilio en España. Cirarda estuvo en los
escogidos, pero su perfil se hizo particularmente
problemático cuando hubo de asumir, entre noviembre de
1968 y diciembre de 1971, la administración apostólica
de la diócesis de Bilbao. Aquellos años coincidieron con
los primeros atentados de la banda terrorista ETA, y
había amplias sospechas (confirmadas después por los
informes policiales) de que una parte del clero vasco
(entre ellos el de Bilbao) colaboraba con la banda
armada. Cirarda, en ese sentido, fue acusado de
permitirles dejar hacer a estos sacerdotes, o de al
menos no actuar contra ellos. Estas quejas llegaron a
Roma, que no tuvo más remedio que trasladarle de nuevo a
Andalucía, en esta ocasión a la diócesis de Córdoba,
donde permanecería los últimos años del franquismo y los
primeros de la democracia. Aunque siguió siendo objeto
de las iras de la derecha española, este importante
desplazamiento le permitió pasar más desapercibido.
Sin embargo, Cirarda
estaba bien considerado por Pablo VI (y no sabemos si
también por el cardenal Tarancón y el nuncio Dadaglio) y
poco antes de morir el papa Montini, se convirtió en
arzobispo de Pamplona y obispo de Tudela (31 de enero de
1978). Pero, con la vuelta al norte de España, volvió
también la polémica en torno a su persona. Varios hechos
tuvieron mucho que ver en ello: su apoyo explícito a una
pastoral conjunta emitida por los obispos vascos el 1 de
abril de 1981, en un momento en que los ánimos se
encontraban francamente exaltados (recordemos que en
aquella época ETA promediaba casi unos cien asesinatos
anuales); sus comunicados (de manera conjunta con el
Consejo Presbiteral diocesano) en euskera; y su postura
abierta a la existencia de un Provincia Eclesiástica
Vasca que abarcara no sólo las tres de la actual
Comunidad Autónoma del País Vasco (Bilbao, San Sebastián
y Vitoria), sino también a la de Pamplona. Preguntado en
1982 por la periodista Maria Mérida acerca de esta
polémica cuestión, Cirarda respondió con la habilidad
(especialmente en el terreno dialéctico) que siempre le
caracterizó: "Es deber mío pedir serenidad a quienes,
afirmando un navarrismo fortísimo, parecen olvidar o
negar que lo vasco es un elemento esencial en ese
polifacético ser que es Navarra; y se enfadan, por
ejemplo, si su obispo habla unas palabras en euskera
cuando tiene ante sí fieles que lo hablan. Y deber mío
es también pedir la misma serenidad a quienes, por tener
conciencia muy viva de su vasquismo, quieren imponer a
los navarros, por la fuerza, la incorporación de nuestro
viejo reyno a la naciente Comunidad Autónoma Vasca". Con
ese discurso se mantendría Cirarda hasta su jubilación
episcopal en marzo de 1993, en la que había sido
rebautizada unos años antes (agosto de 1984) como
"Archidiócesis de Pamplona y Tudela".
Sin embargo, más allá de
cualquier polémica, parece evidente que su figura es una
de las más interesantes de la Iglesia española
posconciliar y que, desde luego, merece la mayor
atención por parte de los especialistas en este tema.
Fallece Cirarda, el obispo que dirigió la Diócesis
durante la Transición
El
Día de Córdoba
El
prelado vasco, en Córdoba desde 1971 y 1978,
contrarrestó el notable aumento de la población creando
16 parroquias
El
arzobispo emérito de Pamplona y prelado -entre otras
Diócesis- de Córdoba, José María Cirarda, falleció ayer
en su residencia de Vitoria en torno a las 14:00 a los
91 años de edad. El sacerdote, que estuvo al frente de
la curia cordobesa entre 1971 y 1978, pasará a la
historia como uno de los obispos más controvertidos que
han pasado por la ciudad, así como por el elevado número
de parroquias que creó durante su breve prelatura. Sólo
en la capital, el obispo vasco inauguró un total de 16
vicarías, unas creadas en templos de nueva construcción,
como las de Santa Cecilia, Virgen del Camino y San Juan
de Ávila, otras aprovechando iglesias preexistente, como
la de la Fuensanta, y otras cedidas a alguna
congregación, como por ejemplo la franciscana de la
Virgen de Guadalupe.
Cirarda, nacido en Bakio (Vizcaya) en 1917, aparte de
contrarrestar con más parroquias el más que notable
aumento de la población que se registró entre las
décadas de los 60 y 70, fue un obispo marcado por la
polémica. Incluso antes de que recalara en la ciudad en
sustitución de Manuel Fernández-Conde, quien falleció
cuando apenas contaba con 61 años, desde diversos
sectores sociales de Córdoba se hablaba de su
"independentismo", una ideología que negó en todo
momento al defender la "unidad" de los españoles. Así lo
apunta, al menos, el que fuera vicario general durante
su prelatura, Alonso García Molano.
El
obispo vasco, sin embargo, estaba llamado a ocupar altas
esferas de la Iglesia en España, por lo que su estancia
en Córdoba se entendía que podía ser muy corta. Llegó a
la ciudad tras haber pasado por Sevilla, como auxiliar,
y de dirigir la Diócesis de Santander y la
administración apostólica de Bilbao. Cirarda también
ocupó la vicepresidencia de la Conferencia Episcopal
Española y cuando todo apuntaba a que regresaría a
Sevilla ya en calidad de arzobispado fue enviado a su
destino definitivo, Pamplona, donde estuvo hasta su
jubilación en 1992.
De los casi siete años que pasó al frente de la Iglesia
en Córdoba hay que destacar que tuvo entre sus personas
de mayor confianza al ex presidente de CajaSur Juan
Moreno, quien fue ecónomo y secretario del prelado
Cirarda. Moreno subraya del difunto que "fue
inteligente, activo, pero también muy discutido".
Fallece monseñor Cirarda a los 91 años
Diario de Jerez
Retirado en Vitoria desde 1992, fue obispo auxiliar de
Jerez desde 1960 a 1967 así como pregonero de la Semana
Santa en 1993 · A su mandato se atribuyen las bases de
las que nació la Diócesis de Jerez
Ayer
falleció en Vitoria, a los 91 años de edad, monseñor
José María Cirarda Lachiondo, que fuera obispo auxiliar
de Jerez desde 1960 a 1967, cuando la ciudad dependía de
la Archidiócesis de Sevilla. Fue precisamente el
cardenal Bueno Monreal quien encomendó a este religioso
de origen vasco una tarea que, según explicaba ayer el
obispo de Jerez y arzobispo castrense de España,
monseñor Juan del Río, "supuso instalar los cimientos
que finalmente depararon la erección de la Diócesis de
Jerez".
El
obispo jerezano destacó ayer que, una vez que se celebre
su toma de posesión como arzobispo castrense (prevista
para el próximo 26 de septiembre), "celebraremos en
Jerez una misa en su memoria, la cual se oficiará en la
Catedral. Es un hombre al que Jerez le debe mucho".
Un
somero recorrido por su labor pastoral revela que este
religioso, nacido en Baquio (Vizcaya) el 23 de mayo de
1917, fue ordenado sacerdote el 29 de junio de 1942,
siendo consagrado como obispo auxiliar de Jerez
dieciocho años más tarde, concretamente el 29 de junio
de 1960.
Tras
pasar por Jerez obtuvo su primer destino como obispo
residencial. Fue en Santander. En la capital montañesa
estuvo desde julio de 1968 hasta 1971. Durante este
tiempo también ejerció como administrador apostólico de
Bilbao. Fue entonces cuando retornó a Andalucía,
concretamente a Córdoba donde, al igual que en Jerez,
permaneció siete años, hasta que tomó posesión como
arzobispo de la Archidiócesis de Pamplona y Tudela. Fue
ésta la labor apostólica que llevó a cabo durante más
tiempo. No en vano, fue el propio monseñor Cirarda
Lachiondo quien por cuestiones de edad -tenía entonces
75 años- presentó su renuncia, la cual fue aceptada el
23 de mayo de 1992. La Archidiócesis quedó en manos de
su sucesor, el prelado Fernando Sebastián.
Entre las numerosas acciones evangélicas y sociales que
llevó a cabo en Jerez se encuentra, por ejemplo, la
puesta en marcha de la Escuela de Magisterio de la
Iglesia, la cual llevó su nombre. Igualmente, fue uno de
los impulsores de la creación en la ciudad de un club
social en el |