Día segundo

Día segundo: Dar testimonio compartiendo nuestras experiencias
¿Qué es eso que discutís mientras vais de camino? (Lc 24,17)
Jr 1, 4-8 Irás a todos los sitios adonde yo te envíe
Sal 98 (97) Cantad al Señor un cántico nuevo
Hch 14, 21-23 Animándolos a permanecer firmes en la fe
Lc 24, 13-17a ¿Qué es eso que discutís mientras vais de camino?

Comentario

Compartir nuestras experiencias personales es una manera poderosa de dar testimonio de nuestra fe en Dios. Escucharnos mutuamente con respeto y con atención nos permite encontrar a Dios en la misma persona con la cual tenemos este intercambio.

La lectura de Jeremías nos ofrece un testimonio que señala la llamada de Dios al profeta. Debe compartir lo que ha recibido para que así los hombres entiendan la Palabra de Dios y fundamenten en ella sus existencias.

Los discípulos de la Iglesia primitiva recibieron también esta llamada a proclamar la Palabra de Dios, como da testimonio la lectura de los Hechos de los Apóstoles.

El Salmo nos invita elevar a Dios un canto de alabanza y acción de gracias.

El Evangelio de este día nos presenta una imagen de Jesús sanando nuestra ceguera y disipando nuestras decepciones. Nos ayuda a situar nuestras experiencias en el desarrollo del único plan de Dios.

Durante esta Semana de oración por la unidad de los cristianos escuchamos a otros cristianos hablar de su fe con el fin de encontrar a Dios en todas las múltiples maneras en que se nos revela. Somos también conscientes de que nuestro acercamiento a otros puede hacerse gracias a la realidad virtual de la tecnología. Los medios modernos de comunicación pueden ayudarnos a compartir más ampliamente nuestra experiencia, y a crear así una comunidad que se revela más amplia y más ancha que la realidad puramente física.

Una escucha atenta nos hace crecer en la fe y en el amor. A pesar de la diversidad de nuestro testimonio personal y colectivo, descubrimos que estamos vinculados unos a los otros en una misma historia, la del amor de Dios que se nos reveló en Jesucristo.

Oración

Señor de la historia, te damos gracias por todos los que nos hablaron de su fe y dieron testimonio así de tu presencia en sus vidas. Te alabamos por la riqueza de nuestra vida tanto como individuos como Iglesias. En estos relatos, percibimos el despliegue de una sola y misma historia, la de Jesucristo. Danos el valor y la fuerza de hablar de nuestra fe a los que encontramos para que todos conozcan el mensaje de tu Palabra.

Cuestiones para la reflexión

1. ¿Se habla del Evangelio o se discute simplemente de cosas y de otros?

2. ¿Estamos abiertos, nosotros o nuestra Iglesia, para interesarnos por los demás?

3. ¿Estamos abiertos para hablar de la fe a otras personas y dar testimonio de la presencia de Dios en su experiencia personal con relación a la vida y a la muerte?

4. ¿Tenemos conciencia del potencial enorme y positivo que los medios modernos de comunicación pueden ofrecer a la Iglesia hoy?