La rehabilitación de los fusilados en la Guerra Civil

Pasados unos días desde que el Parlamento Foral aprobó una resolución de reconocimiento a los fusilados y represaliados en la Guerra Civil de 1936, me parece obligado dirigir una palabra de orientación y exhortación a los miembros de nuestras Diócesis de Pamplona y Tudela. Son muchos los que se preguntan qué tenemos que pensar y qué tenemos que hacer los católicos ante estos hechos.

Ante todo me parece obligado decir que la Iglesia y los católicos acogemos con satisfacción esta rehabilitación de quienes padecieron tales atropellos en aquellos primeros meses de la Guerra Civil, así como a sus familiares y compañeros. Muchas parroquias de la Iglesia de Navarra fueron las primeras instituciones en hacerlo, preocupándose de recoger los restos de sus hijos fusilados, ofreciendo por ellos sus oraciones y dándoles honrosa y cristiana sepultura. Ahora nos alegramos de que veinte años después lo haya hecho también una institución política tan importante y representativa como el Parlamento de Navarra.

En cuanto a las alusiones a la Iglesia y a su Jerarquía contenidas en el texto aprobado volvemos a decir que, tal como suenan, en su estricto sentido literal, esas afirmaciones no son verdaderas y resultan ofensivas para el Obispo, los sacerdotes y los fieles católicos de entonces y de ahora.

Estos hechos son una buena oportunidad para purificar y fortalecer nuestra identidad cristiana. Somos discípulos de quien dijo “La verdad os hará libres” (Jn 8, 32). No queremos ocultar ni negar nada que sea verdad, por doloroso que resulte. Si en algo la Iglesia o los católicos, entonces o ahora, hemos sido injustos o hemos ofendido a alguien, pedimos perdón. También la Iglesia y los católicos, en otras zonas de España, padecieron entonces una dura persecución. Un buen número de navarros fueron también fusilados en el bando contrario. Ante aquellos acontecimientos, lo único razonable y constructivo, lo único verdaderamente cristiano, es superar aquellas calamidades perdonando de corazón lo que cada uno haya tenido que sufrir y tratando de construir entre todos una sociedad justa y pacífica, apoyada en el respeto, la justicia, la verdad y el amor, una sociedad en la que todos podamos encontrar el respeto y la ayuda que necesitamos para vivir en libertad y tranquilidad.

Lamentamos que el Parlamento no llegara a elaborar un texto propio, más objetivo desde el punto de vista histórico, verdadero en todas sus afirmaciones, que no fuera ofensivo para nadie. Esto es lo que pretendíamos al pedir que se eliminaran del texto, o al menos se corrigieran, las mencionadas alusiones, puesto que en su elaboración no se había dado oportunidad a la Iglesia, expresamente aludida en él, a manifestar su opinión, en contra de los usos y principios que rigen en la vida parlamentaria. Por lo visto han tenido más peso otras consideraciones. La historia dará a cada uno su parte de razón. Mientras tanto, nosotros tenemos derecho a lamentar que se haya perdido una hermosa oportunidad para avanzar en el acercamiento y reconciliación de todos los navarros sobre la base de la verdad, el perdón y la generosidad.

Queremos expresar nuestro agradecimiento a quienes de una u otra manera intentaron evitar que fueran aprobadas esas afirmaciones ofensivas para la Iglesia, manifestamos también nuestra gratitud a quienes acogieron nuestras sugerencias con respeto, aun cuando no compartieran nuestra petición. Lamentamos también que este incidente haya dado lugar a nuevas descalificaciones personales o colectivas. Otros muchos, de palabra y por escrito, han manifestado su disconformidad con la forma de tratar un asunto tan complejo y delicado. No queremos entrar en polémicas inútiles y dolorosas. Nos parece más importante mirar hacia el futuro, favoreciendo cuanto nos ayude a vivir y convivir en justicia, paz y libertad.

Para concluir, os invito a orar pidiendo a Dios por los muertos de todas las familias navarras, por cuantos han sufrido, entonces y ahora, los zarpazos de la violencia. Pidamos al Señor que nos ayude a superar los males del pasado y nos conceda los dones de una sincera reconciliación y una paz verdadera.