La visita del Papa

Hace ya casi quince días. Pero su recuerdo no se ha apagado. Quienes asistieron físicamente a los actos de Madrid o los siguieron por TV siguen comentando y ponderando la intensidad de aquellos momentos. Otros, que seguramente no estuvieron ni los siguieron de ninguna manera, manifiestan suspicacias y reparos. Vale la pena repasar escuetamente los puntos más importantes de esta visita.

1. El Papa viene a visitar sus Iglesias. Los viajes del Papa nos han ayudado a entender mejor la estructura de la Iglesia católica. La Iglesia no se compone de piezas bien diferenciadas, cada una de ellas independiente de las demás. La Iglesia es una sola. La Iglesia de Jesús, la Iglesia de los Apóstoles, única y Católica. Ocurre que esta Iglesia católica, desde el primer núcleo de Jerusalén, brota y crece en muchos lugares. Pero en todos ellos es la misma y la única Iglesia apostólica la que aparece y se multiplica. Por eso es mejor hablar de la Iglesia que está en Pamplona que decir la Iglesia de Pamplona. La de aquí, como la cualquier otro sitio, sigue siendo la única Iglesia de Jesús que crece aquí o allí. Cada realización local de la Iglesia está presidida por un sucesor de los Apóstoles, que le da plenitud interior, apostolicidad y catolicidad, es decir, unidad con todas las demás. El Obispo de Roma, que preside en nombre de Jesús la Iglesia católica entera, preside, por eso mismo, desde dentro, y no como un forastero, todas las Iglesias locales que pretendan vivir dentro de la unidad y catolicidad de la Iglesia de Jesús y de los Apóstoles. El Papa ha venido a las Iglesias que están en España como a su Iglesia, a unas Iglesias que él preside en la caridad, en comunión con todos los Obispos y con los fieles que profesan y viven la fe apostólica. Hacernos ver esto, ayudarnos a vivirlo, ya es un gran servicio. La presencia y la cercanía física del Papa despierta en nuestros corazones esta singular experiencia de unidad espiritual con él, y por eso mismo con nuestros hermanos en la fe, de cerca y de lejos, con la Iglesia universal de todos los lugares y de todos los tiempos. Esta es una de las claves que explican el fervor y la fuerza espiritual de estos encuentros.

2. El mensaje. En este clima de fervor y comunión, el Papa nos ha dicho a los católicos españoles unas cuantas cosas importantes. Decir que el Papa ha venido a “echarle una manita al gobierno del PP”, además de ser una penosa injuria, es no haberse enterado de nada. El Vicario de Cristo, ante un millón y medio de personas, y ante 700.000jóvenes ¿puede estar pensando en decir o callar lo que a un gobierno le convenga? El Papa ha querido muy seriamente aprovechar la coyuntura para decirnos lo que él, desde su atalaya espiritual, cree que nosotros necesitamos oír y vivir. Lo demás son cortesías y anécdotas. En la Misa de canonización nos dijo esencialmente estas tres cosas:

– Los santos tienen que ser vuestros verdaderos maestros de vida. También ahora, también en tiempos de libertad y de abundancia

– La fe cristiana ha configurado las mejores formas de vida de la sociedad española a lo largo de la historia, en el respeto a la persona, en la vida familiar, en las virtudes de convivencia social.

– Tened cuidado de avanzar y progresar hacia el futuro sin debilitar vuestra fe en Cristo y en el Dios vivo que han sido las fuentes de vuestro ser personal y colectivo.

– De esta forma podréis aportar a Europa y a los demás pueblos de la tierra el gran patrimonio de la fe en Cristo y de la cultura cristiana, actualizada y fecunda.

En la maravillosa vigilia del día anterior, el Papa presentó a los jóvenes, con la sinceridad y el cariño de un verdadero padre, un auténtico programa de vida:

– No os dejéis configurar por una cultura sin interioridad que no percibe más que los bienes de este mundo. Una cultura así es una cultura sin alma, que no puede haceros felices. Cuando no hay interioridad la humanidad se empobrece y se deteriora..

– No podemos entender ni vivir nuestra propia humanidad sin contar con la cercanía de Dios, con su amor y con su gracia, como lo hizo la Virgen María. Ella puede ayudaros a ver en Jesús, el rostro de Dios, el ideal y el modelo cercano de vuestra propia vida. No hay que tener miedo de poner la propia vida en manos de Jesús y de María. Ellos os enseñarán a ser hombres de paz, constructores de un mundo nuevo, justo y fraternal.

– No hay que avergonzarse de presentarse y actuar como discípulos de Jesucristo. Tenemos un tesoro que hemos de anunciar a los demás. No imponer pero sí proponer. Para construir una Europa nueva y cristiana. Los jóvenes cristianos tienen que tener el valor necesario para ser apóstoles de Jesús en los nuevos tiempos.

– Con su testimonio personal, el Papa les animó a poner su vida entera al servicio del Evangelio de Jesús, escuchando la posible vocación del Señor para la vida consagrada, misionera o sacerdotal.

Estas mismas ideas fueron los puntos fuertes de sus palabras del “Regina Coeli” y en los dos breves discursos de saludo y despedida en Barajas. Los cristianos tienen que ser testigos audaces y valientes de Jesucristo, sois herederos de un gran patrimonio espiritual, vividlo con fuerza para ser capaces de ofrecerlo a los demás, en Europa, en América y en el mundo entero. Nos hace falta una sana rebeldía contra el materialismo y la debilidad de la fe que empobrecen nuestro mundo.

3. La respuesta del pueblo. En conjunto acudieron a las celebraciones con el Papa casi tres millones de personas. Sobre todo para los jóvenes, estar allí supuso un verdadero sacrificio. Fuimos a estar con el Papa para vivir un acontecimiento religioso, para escuchar un mensaje y vivir una experiencia que nos ayudara a ser un poco más diligentes y coherentes en nuestra fe cristiana. Eso es lo que dicen y lo que comentan los que fueron y muchos que, sin haber ido, siguieron devotamente esos acontecimientos por los medios de comunicación. Esa presencia multitudinaria y absolutamente pacífica y ordenada muestra que nuestras Iglesias de España son Iglesias vivas, que, sin hacer ruido, están creciendo unas nuevas generaciones de cristianos firmes y decididos que a todos nos confortan y desmienten los malos augurios de ciertos profetas supercríticos.

Ahora, es tarea de cada Iglesia, de cada uno de nosotros, continuar esta siembra y mantener este fervor despertado por el ejemplo y el mensaje de Juan Pablo II. Nos toca a nosotros apoyar a las familias cristianas para que sean capaces de vivir siempre y en todo según la doctrina de la Iglesia y los ideales del evangelio. Nos toca a nosotros, y a los mismos jóvenes que se presentaban como “la juventud del Papa” demostrar con las obras que se puede ser cristiano y moderno, cristiano y divertido, cristiano y feliz. Más todavía, que ser cristiano es la forma cabal de ser hombre y de vivir a fondo la hondura y la belleza de nuestra vida humana. ¿Qué podemos hacer para que este impulso no decaiga? Esta es la cuestión. Los reparos y las exquisiteces críticas no sirven de nada.