Oración abierta

Después del largo verano estamos dando los primeros pasos del otoño. Llega el mes de octubre, dedicado tradicionalmente a Ntra. Señora del Rosario. En su constante preocupación por la renovación espiritual de los cristianos y de la Iglesia, el Papa ha querido dedicar este año a fomentar el rezo del Santo Rosario. Buen momento para reflexionar un poco sobre la naturaleza y la validez de este ejercicio de oración que ha alimentado la fe de tantas generaciones de cristianos.

Las nuevas generaciones de cristianos están poco acostumbrados a rezar el Rosario. El ritmo de la vida actual no nos facilita el rezo del Rosario ni ninguna otra forma de oración reposada. Sin embargo, espiritual y psicológicamente, necesitamos parar un rato cada día y rezar algo con tranquilidad y sosiego. El Rosario es un modo excelente de garantizar unos minutos de oración sobria y fundamental. Los cristianos actuales no podemos perderlo.

El Papa nos dice con palabra certera que el rezo del Rosario es la meditación amorosa de los principales momentos de la vida de Jesús unidos a la Virgen María, tratando de suscitar en nosotros sus mismos sentimientos. ¿Qué sentiría la Virgen en Belén, en Caná, junto a la Cruz o en la espera de la resurrección? Meditarlo y vivirlo es el secreto del Rosario.

Comenzamos la consideración de cada misterio rezando el Padrenuestro. Así situamos la vida de Jesús en la perspectiva del amor del Padre, inicio de todo bien y apoyo de nuestra vida. Luego, con el rezo reposado de las diez avemarías, dejamos que el recuerdo de Jesús nos impregne y suscite en nosotros amor y devoción. Esta meditación la hacemos desde el corazón de la Virgen, desde su fe y su amor, que son el tesoro más grande de la Iglesia y de la humanidad entera.

Es verdad que para rezar bien el Rosario hace falta contar con un tiempo de tranquilidad. Pero ¿quién no tiene diez minutos de silencio y de reposo al día?. Hay que procurarlos. Son necesarios para serenar nuestra vida, entrar dentro de nosotros y recuperar el contacto con la raíz de nuestra fe y de nuestra vida que es Cristo.

Las personas mayores podemos rezar tranquilamente el Rosario, en casa o en la Iglesia, cada día. Si salimos a dar un paseo, el rezo del Rosario es una buena manera de enriquecer esos minutos de descanso. Si queremos de verdad, siempre encontraremos tiempo para acercarnos espiritualmente al Señor en compañía de la Virgen María. Hay quien se ha acostumbrado a rezar en el autobús o en el coche, mientras va al trabajo o vuelve a casa.

Resulta práctico poner una intención a cada misterio: por nuestros familiares vivos o difuntos, por las necesidades materiales o espirituales de unos amigos, o de una familia concreta; por las vocaciones para el ministerio sacerdotal, por la santificación de los sacerdotes, por las misiones, por los enfermos y moribundos, por los que viajan, por los niños sin familia, por los presos o los sin techo, por nuestras propias necesidades espirituales, por el establecimiento de la justicia y de la paz en el mundo..

Quiero recomendar especialmente tres modos de practicar esta devoción.

Rezar el Rosario en casa. Ha sido una costumbre muy hermosa de las familias cristianas. Hay que reconocer que ya no es tan fácil hacerlo. Pero sigue siendo posible si sabemos acomodarnos a nuestras posibilidades actuales. Los que estén en casa lo pueden rezar a media tarde o al anochecer, los abuelos, los padres, o uno de los dos con los abuelos o con los hijos pequeños. Con un poco de esfuerzo sigue habiendo familias que lo rezan en común antes o después de cenar. Para eso hace falta tener la preocupación de reunirse durante unos minutos cada día, no permitir que la TV llene todos los minutos del día y se coma la realidad de la convivencia familiar.

Rezar el Rosario en las Parroquias y en los demás templos. Antes de la Misa vespertina, se sigue haciendo hoy en la mayoría de nuestras parroquias e iglesias de religiosos. Con frecuencia dirige el rezo un señor o una señora. Pero hay que acudir. Eso mismo se podría hacer cada día también en las iglesias de los pueblos pequeños donde no se celebra la Misa en los días laborables. No es bueno que la Iglesia quede cerrada de domingo a domingo. Si alguien de la parroquia toca la campana y dirige el rezo del Rosario con unos cuantos fieles, es una bonita manera de cultivar la propia vida espiritual y mantener viva la fe de la comunidad entera. Aunque no vayan a la Iglesia, todos sabrán que en ese momento hay un grupo de amigos que están rezando por el bien de todos. En el mes de octubre es tradicional rezar el Rosario por las calles a primeras horas del día. ¿Por qué vamos a perder estas tradiciones? Donde haya un grupo de fieles animosos no es difícil hacerlo. Se junta la oración con la diligencia. Un buen aliciente para los jóvenes.

El Rosario en la Catedral. Desde hace varios siglos, los devotos de la Virgen María, agrupados en la Cofradía de los Esclavos de Nuestra Señora, rezan el Rosario en la Catedral de Pamplona todos los días del año. Es una de las tradiciones religiosas más serias y más bonitas de nuestra Ciudad. Desde aquí les doy mi enhorabuena por su fidelidad y animo a otras muchas personas que no tengan otras obligaciones a que acudan a la Catedral a las siete y media de la tarde para participar en esta hermosa oración.

El rezo del Rosario es una forma sencilla de acercarse a Dios por Jesús y con María. Eso es el corazón de la Iglesia. Es verdad que en la Iglesia actual hay muchas cosas que corregir y otras muchas por alcanzar. Pero la Iglesia no mejorará si los cristianos no nos decidimos a rezar un poco más. Y la sociedad tampoco. La oración fortalece el espíritu. Y los espíritus fuertes construyen la sociedad justa y fraterna. El Rosario puede ser una buena manera de concretar y cumplir esta hermosa obligación.