No hay camino sin Cristo

Alteza, autoridades, amigos todos: Sed bienvenidos a estas legendarias tierras de Roncesvalles, cargadas de piedad y de historia. Esta bella Colegiata, cargada de siglos, está acostumbrada a recibir personas ilustres y devotas. En ella han orado, han encontrado el perdón de sus pecados y la fortaleza de su espíritu, miles y miles de peregrinos que comenzaban aquí su peregrinación con la esperanza de llegar a tocar, con sus deseos ya que no con sus manos, las reliquias del Apóstol, pariente, discípulo y amigo de Jesús. La tierna mirada de la Virgen de Orreaga les acompañaba y fortalecía en las duras jornadas del Camino.

La peregrinación es un signo natural de la condición humana. Somos caminantes, nuestra vida es necesariamente una peregrinación espiritual y muchas veces también material. La inquietud interior hace del hombre un perpetuo caminante. Todos caminamos desde nuestra condición natural al ideal de una personalidad soñada, de una vida más plena, de una felicidad inevitablemente reclamada por nuestro corazón.

Una tierra sin caminos es toda soledad, amenaza, angustia y desolación. El camino humaniza la extensión vacía de la tierra. El camino ordena el espacio, pone un principio y un fin, nos sitúa y orienta en el caos del mundo. El peregrino, el caminante, no es un hombre perdido ni indolente, tiene una meta, sabe lo que le conviene y lo que le estorba, disfruta de las bellezas del mundo, pero a la vez se mantiene libre para llegar al objeto de sus deseos.

Por muy bellos que sean, no son exactos los versos de Machado: porque no es verdad que haya que hacer el camino al andar, nuestros antepasados nos han dejado caminos limpios y expeditos. En una dimensión simbólica, en la cual el camino es la vida misma, Cristo se ha hecho camino para todos los que creemos en Él. Ésta es la experiencia profunda de Europa entera, desde el siglo IX, gracias al Camino de Santiago. En Roncesvalles se siente latir el corazón de la Europa naciente. Los miles de peregrinos que recorren este Camino provenientes de todos los extremos de Europa, para entrar por Roncesvalles o Canfranc, converger luego en Puente la Reina y cruzar las altas y claras tierras de Castilla hasta llegar al Monte del Gozo, lo hacen movidos por el deseo de fortalecer su fe en Jesucristo, para hacer penitencia de sus pecados, o al menos por la necesidad profunda de encontrar un sentido a su vida.

Tierra Santa, Roma y Santiago han sido los tres objetivos preferidos de los peregrinos cristianos, los tres puntos privilegiados donde encontraban la posibilidad de fortalecer su fe y purificarse de los pecados, acercándose físicamente a las huellas corporales de Cristo o a las reliquias de sus discípulos más cercanos, Pedro, Pablo o Santiago. Cuando se celebra el Año Santo Compostelano, la peregrinación a Santiago alcanza el rango de un año “de perdonanza”, año de fe, de misericordia, de encuentros y renacimientos.

Además de un fenómeno religioso de primera importancia, el Camino de Santiago es también una realidad de gran valor histórico, demográfico y cultural. Desde el siglo X los peregrinos de Santiago traían y llevaban noticias, conocimientos, proyectos, normas estéticas y experiencias de vida. Por la puerta abierta del Camino de Santiago entraron en España santos, sabios, artistas, nobles y plebeyos, caballeros y mendigos, santos y pecadores. El flujo de los peregrinos atrajo y produjo la presencia de numerosas instituciones, las donaciones y privilegios de los reyes, los intereses de los mercaderes, la solicitud de personas generosas y santas, de manera que la realidad religiosa del Camino fue semilla de civilización y de cultura, dando lugar a monumentos admirables, y ciudades florecientes. El Camino de Santiago es como una gran avenida en torno a la cual crece y se consolida la realidad de Europa como una unidad cultural desde el Báltico hasta Finisterre. La fe común en el Dios de Jesucristo acerca a los pueblos y crea una trama común de creencias y pautas de comportamiento que han unido y articulado el alma común de Europa.

Después de unos cuantos años de vida bastante debilitada, como consecuencia de las rupturas religiosas y políticas provocadas por la Reforma y la Revolución francesa, desde mediados del siglo pasado, apenas terminada la II Guerra Mundial, el Camino ha vuelto a cobrar nuevo vigor, quizás con formas menos espectaculares pero no menos importantes. No me parece ilusorio pensar que pueda tener una misión providencial en el surgimiento de la nueva Europa. ¿No tendremos aquí una vigorosa semilla del alma espiritual y religiosa que necesita la nueva Europa naciente?

La realidad actual del Camino de Santiago manifiesta algunas cosas dignas de ser tenidas en cuenta. Los miles de peregrinos que actualmente recorren el Camino, la mayoría de ellos con intenciones religiosas más o menos explícitas, demuestran de manera incuestionable que el hombre moderno, el hombre europeo, el hombre racional y técnico de nuestro tiempo, sigue siendo un ser religioso, dotado de una dimensión de interioridad, que necesita horas de soledad y de silencio para descubrirse a sí mismo, que siente la necesidad de encontrarse con un Dios real, infinito y cercano al mismo tiempo, amorosamente emparentado con nosotros.

El Camino de Santiago demuestra que la fe cristiana, cuando se vive de verdad, configura, humaniza y moviliza la vida de los hombres, que el encuentro o la búsqueda de Dios influye en el comportamiento de los hombres y por eso mismo es fuente de creaciones culturales y sociales. Sin el atractivo de las reliquias del apóstol no existiría esta Basílica, ni existiría Puente la Reina, ni Estella, ni Nájera, ni Sto. Domingo de la Calzada, ni Silos, ni Frómista, ni Astorga, ni tantas otras maravillas del arte o capítulos de nuestra historia. Algo quiere decir que ahora mismo Roncesvalles sea punto de convocatoria y de paso para más de 30 ó 40 mil peregrinos anuales. La fe de los peregrinos sigue siendo una fuerza incontenible, como un río caudaloso, que allana las tierras, que traspasa las fronteras y abre caminos de comunicación entre los pueblos.

Si alguien pretendiera recuperar el Camino reduciéndolo a una realidad cultural de dimensiones simplemente turísticas o económicas, desconociendo su substancia religiosa, demostraría una visión bastante corta de la historia y de la naturaleza humana. La religión auténticamente vivida es siempre fuente de cultura, porque ilumina interiormente la mente de los creyentes, nos sitúa en el conjunto de la realidad, ilumina y pone nombre a los misterios de la vida, inspira y moviliza la creatividad del hombre, propone escalas de valores y formas de comportamiento. ¿Acaso es otra cosa la cultura? Pretender conservar las creaciones culturales ignorando la inspiración religiosa de la que nacieron sería como querer conservar las flores ignorando y descuidando tallos y raíces.

Cuando el Papa, y con él los cristianos, pedimos que se haga constar en la nueva Constitución europea una mención explícita de las raíces cristianas de la cultura europea, no expresamos un deseo particularista o caprichoso, tratamos de defender la verdad de Europa, pedimos simplemente que se haga constar un rasgo esencial sin el cual Europa no es comprensible ni hubiera sido posible. La fe cristiana no solamente está en las raíces de Europa sino que forma parte de su presente y de su futuro. Europa tendrá que volver a reconocerse cristiana o irá perdiendo poco a poco su propia identidad y sus adquisiciones más altas.

Alteza, amigos todos, agradecemos vuestra presencia y os deseamos un día feliz. Vuestra presencia en esta cabecera del Camino de Santiago que es Roncesvalles, cuando comienza el Año Santo Compostelano, nos alegra a todos y nos llena de esperanza, contamos con vuestra apoyo para que la ruta jacobea siga siendo una ruta de fe, una ruta interior hacia el encuentro personal de los peregrinos con el misterio de Dios, afortunadamente presente en nuestro mundo. La autenticidad religiosa y espiritual del Camino es condición indispensable y garantía segura para que siga siendo al mismo tiempo manantial inagotable de fresca creatividad cultural, para que siga siendo en el futuro fuente de hispanidad, de europeísmo y de abierta humanidad.

+ Fernando Sebastián Aguilar

Arzpo. Pamplona, Obpo. Tudela