Otra vez la Cuaresma

Hoy es Miércoles de Ceniza. Un día singular. Comienza la Cuaresma, el santo ejercicio de la Cuaresma. Porque la Cuaresma es un ejercicio espiritual, un esfuerzo personal que tenemos que hacer los cristianos para prepararnos a vivir la Pascua de la Resurrección de Cristo en toda su fuerza y plenitud.

Para vivir la Cuaresma hay que apoyarse en tres puntos que son otras tantas convicciones y verdaderas experiencias religiosas.

1ª. Todo en la vida está dispuesto para ayudarnos a conseguir la salvación de Dios. Una salvación que consiste en admitirnos a disfrutar de su vida eterna y gloriosa. Vivimos habitualmente distraídos, entretenidos en las cosas de este mundo, que son santas y buenas, pero que dejan de serlo desde el momento que acaparan nuestro espíritu. Al comenzar la Cuaresma hay que pararse y preguntarse con absoluta seriedad, “¿de qué me va a servir todo esto si al final pierdo la vida eterna?”.

2ª. La Cuaresma es tiempo de reconocer nuestros pecados. Hacia afuera todos nos presentamos como personas justas y honorables. Pero en nuestro interior sabemos que somos pecadores. No vivimos como querríamos. No hacemos todo el bien que deberíamos hacer. Nos puede el egoísmo, la comodidad, el resentimiento, el falso respeto a la opinión de los demás. Nuestra verdad es lo que somos delante de Dios. Ésa es la medida verdadera de nuestra justicia y del valor de nuestra vida. Lo más importante de nuestra vida es ir preparando el encuentro definitivo con Dios, ir ajustando ya desde ahora la verdad de nuestra vida al juicio de Dios, pidiéndole perdón de nuestros pecados y tratando de cumplir sus mandamientos y sus expectativas sobre nosotros.

3ª. Del contraste entre lo que Dios quiere de nosotros y lo que de verdad somos, surge el arrepentimiento, la invocación, el buen deseo, el cambio de vida, la renuncia al mal y el crecimiento en las buenas obras. Para conseguirlo necesitamos la ayuda de Dios, una ayuda que es iluminación interior, clarividencia, fortaleza, confianza, motivaciones, libertad verdadera y amor eficaz. Si nos acercamos a Dios, aunque sea por un tiempo breve, sacaremos la conclusión de que tenemos que ser mejores, más verdaderos, más justos, más generosos, más cumplidores de nuestros deberes, más dedicados a las cosas de Dios y de la Iglesia, más atentos al bien de los demás. Antes de que la Cuaresma termine todos tendríamos que tener escritos unos cuantos propósitos sinceros y realistas.

Para vivir la Cuaresma bien no hay que hacer nada extraordinario. Basta con hacer mejor lo que es ordinario en la vida de todo cristiano. Ante todo orar. Desde mañana tenemos que buscar un tiempo para orar cada día, aunque sean unos pocos minutos. Conviene que las iglesias estén abiertas más tiempo, por la mañana y por la tarde. Que la gente nos vea orar a nosotros, los sacerdotes y religiosos. La misa diaria y las misas dominicales tienen que ser más intensas, mejor preparadas, con una predicación que llegue a los corazones, verdaderos encuentros con el Señor en el fondo del corazón, un acercamiento real y verdadero a las necesidades del prójimo.

Hay que preparar una buena confesión, tranquila, reposada, que sea un sincero reconocimiento de nuestros pecados ante Dios y ante la Iglesia, una liberación del corazón, el punto de partida de una vida más piadosa, más ordenada, más fraternal, en una palabra, más santa. Y por último, hay que procurar que los buenos propósitos alcancen la verdad de las buenas obras, obras de caridad y de misericordia, de justicia y de generosidad. La limosna, como expresión de penitencia y de amor al prójimo, es el ejercicio más propio de la Cuaresma. Limosnas de dinero, de tiempo, de afecto y reconciliación, de ayuda desinteresada a quien de verdad la necesite. Ya sabéis, el Señor quiere que demos a quien no nos puede devolver nada, que la mano izquierda no sepa lo que damos con la derecha, que devolvamos bien por mal y tengamos un corazón bueno y grande como el de nuestro Padre celestial.

Os doy unos consejos sencillos y prácticos para que esta Cuaresma sea de verdad un ejercicio de la vida espiritual. Acudid a la Iglesia unos minutos por la mañana antes de comenzar el trabajo. Haced la prueba y veréis como sí es posible. Haced algo más de oración. Leed una página del evangelio. Haced la visita al Santísimo Sacramento por la tarde, rezad el Rosario en casa o por vuestra cuenta, preparad una buena confesión de vuestros pecados, restringid un poco los gastos no necesarios, dad más dinero en la Iglesia, dádselo a los pobres, directamente o por medio de Cáritas, visitad a los enfermos, haced alguna buena obra en honor del Señor. No es preciso hacer todo, basta con que escojáis aquellas cosas que os resulten más fáciles y que respondan mejor a vuestras necesidades espirituales. Pero no dejéis de hacer un pequeño plan de vida para estas semanas de Cuaresma.

En su mensaje cuaresmal, el Papa Juan Pablo II nos pide que atendamos de manera especial a las necesidades de los niños, niños sin familia, niños enfermos, niños maltratados y explotados, niños privados del conocimiento de Dios y de la alegría de la fe en Jesucristo. Pensemos qué podemos hacer para ayudar a alguno de estos niños a conocer a Jesús y a ser un poco más feliz.

Todo ello con la mirada del corazón fija en el Señor. Se trata de acercarnos a Él con los pasos del amor y del deseo. Lo queremos, le damos gracias y queremos estar cerca de Él por la fe, por el amor, por la obediencia a su palabra, colaborando con Él, por medio de la Iglesia, en la salvación de los hermanos.

Las próximas javieradas, hechas con piedad y recogimiento, pueden ser una ocasión excelente para poner nuestro espíritu a tono con las exigencias de la Cuaresma. Son en realidad peregrinaciones cuaresmales de piedad, de penitencia, de renovación espiritual, de obediencia a la llamada de Dios.

La Virgen María, modelo y madre de los cristianos, nos acompañe a todos en esta peregrinación hacia el encuentro con el Señor en el día grande de la Pascua, en la Pascua verdadera de la gloria eterna. Hagamos que esta Cuaresma sea de verdad un tiempo de renovación espiritual y de reforzamiento apostólico para toda nuestra Iglesia de Navarra. Comencemos humildemente por nosotros mismos.

 

+ Fernando Sebastián Aguilar

Arzpo. Pamplona, Obpo. Tudela