Felices fiestas

Cuando llegan las fiestas se nos cambia el humor a todos. De pronto nos entran ganas de salir a la calle, de estar con los amigos, de acudir a mil lugares para divertirnos, para pasarlo bien, para que broten el buen humor y la alegría que no hemos podido expresar a gusto durante el año. Eso está muy bien, es sano y pacificador. Nos sentimos más cercanos, mejor dispuestos, más libres de los conflictos y las tensiones de cada día. El Obispo, que quiere ser amigo de todos, os desea en estos días descanso, felicidad, alegría, en vuestra vida personal y familiar, bienestar y distensión en toda la ciudad.

Y ahora permitidme unos consejos. Consejos de amigo, de padre, y también de sacerdote. Procurad que las fiestas no os hagan perder las cuatro normas fundamentales de vuestra vida. Junto con la alegría sana de la mayoría, en estos días hay también gamberrismo, insolidaridad, abusos de todas clases. A los cristianos os diría: tened moderación en todo, no disloquéis la vida de vuestras familias, pensad en los demás, respetad vuestra propia dignidad. La alegría sensata es más alegría, más duradera, más relajante. Los abusos siempre dejan malas resacas.

Y luego, cuando vengan las vacaciones de verdad, aprovechadlas para restaurar también las energías del espíritu, el remanso espiritual que cada uno llevamos dentro de nosotros. Hacer descanso del espíritu significa tener contacto tranquilo con la naturaleza, tener tiempo para estar con los amigos, para leer, para pensar, para poner claridad y orden en nuestras ideas y sentimientos. Tiempo también para rezar, por lo que dejamos de rezar durante el año. Las vacaciones frenéticas nos dejan más cansados, y a veces más tristes, de lo que estábamos al principio. Hagamos entre todos que las vacaciones sean también una recuperación espiritual en vez de ser una temporada de descontrol y de duro egoísmo. Que el descanso nos sirva para ser mejores personas, mejores cristianos, mejores ciudadanos.

Que todos tengamos una vuelta feliz, sin sustos, sin accidentes, sin contratiempos de ninguna clase. El Señor haga que a la vuelta nos encontremos todos mejor de cuerpo y alma, más cercanos, más amigos, mejor dispuestos para convivir y hacer cosas buenas. Felices fiestas y felices vacaciones. San Fermín y Sta. María la Real os bendigan y os guarden de todo mal.

Mons. Fernando Sebastián Aguilar

Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela.