Las indulgencias del jubileo

La próxima celebración del Jubileo javeriano nos invita a refrescar la enseñanza de la Iglesia sobre las indulgencias. Durante este año el Papa nos concede la posibilidad de ganar indulgencia plenaria cada vez que visitemos una de las Iglesias designadas, confesando, comulgando y rezando por sus intenciones. En este caso las Iglesias designadas son la Catedral de Pamplona, el Santuario y el templo parroquial de Javier. Quienes no puedan acudir a estos lugares podrán ganar la indulgencia cumpliendo estos requisitos en su propia parroquia e incluso en su propia casa.

Más de uno se preguntará cual es realmente el valor de las indulgencias y qué importancia tienen en la vida cristiana. Para comprenderlo hay que pensar en las consecuencias que tienen los pecados en nuestra vida. El pecado es una negación del amor y del reconocimiento que debemos a Dios como Creador y Padre nuestro. Gracias a la bondad de Dios que nos sigue amando y nos perdona, podemos librarnos de nuestros pecados por medio del sacramento de la penitencia. Pero, aun después de haber sido perdonados, los pecados dejan en nosotros algunas consecuencias negativas que nos crean dificultades para crecer en el amor a Dios y al prójimo y pueden incluso inducirnos a pecar de nuevo. Para eliminar del todo estas huellas de los pecados, se necesita normalmente un tiempo de purificación y penitencia. Y es aquí donde aparece la institución de la penitencia.

Cada uno tiene que purificarse de las consecuencias de sus propios pecados. Pero en este esfuerzo de purificación podemos ser ayudados por las oraciones y por la intercesión de otros cristianos. En los primeros siglos, los cristianos que estaban en tiempo de penitencia, buscaban la intercesión de otros cristianos, y sobre todo de los mártires, para que les ayudasen a en sus ejercicios de penitencia. En atención a estas intercesiones a los penitentes se les aplicaba la indulgencia, abreviando el tiempo y la exigencia de sus penitencias.

 

Más tarde, profundizando en esta idea, se pensó que la intercesión de la Iglesia, de la Virgen María, de los santos y del mismo Jesucristo, podían ayudarnos a conseguir esta necesaria purificación de las consecuencias de nuestros pecados para llegar a la comunión con Dios y gozar de su presencia. El Papa y los Obispos, en virtud de su ministerio apostólico, piden eficazmente a Dios nuestro Señor que esta intercesión del señor, de la Virgen María y de los santos, que es como el tesoro espiritual de la Iglesia, nos ayude, ya en esta vida, a conseguir esta plena purificación de todo lo que haya en nosotros de inclinación al mal o de resistencia a la perfección de la piedad y del amor.

Vemos así cómo la indulgencia tiene consiste en el reconocimiento del valor de la oración de unos por otros, y en definitiva en la eficacia de la intercesión de Jesucristo y de los santos en favor nuestro. Es una hermosa consecuencia de la unión de todos en Cristo y del valor infinito de su amor que purifica y santifica nuestras vidas con el poder del Espíritu y la fuerza de su amor.

Volviendo a nuestro caso, con ocasión del quinto centenario del nacimiento de San Francisco Javier, el Papa nos concede a los católicos navarros, y a cuantos peregrinen a los lugares designados, la posibilidad de alcanzar indulgencia plenaria, es decir, purificación completa de las huellas de nuestros pecados, si cumplimos las condiciones ya conocidas de confesar nuestros pecados, comulgar devotamente y rezar alguna oración por las intenciones del Santo Padre.

Ojalá esta indulgencia plenaria del Año Jubilar nos ayude a todos a vivir más santamente, a recuperar la plenitud y la alegría de nuestra vocación cristiana, amando con pasión a Jesucristo y sirviendo a nuestros hermanos en sus necesidades materiales y espirituales. La Virgen María, toda santa, nos ayude y acompañe en este camino de purificación y santificación.