Presentación del Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica

I. LAS RAZONES DE SU EXISTENCIA

La idea de preparar este Compendio comienza con una carta que el Congreso Catequético Internacional de octubre de 2002, dirige al Cardenal Ratizinger mostrando la conveniencia de preparar una versión más sencilla del Catecismo de la Iglesia católica que pueda ser utilizada con facilidad por el pueblo cristiano.

De hecho el Papa Juan Pablo nombró una Comisión presidida por el propio Cardenal Ratzinger para que lo preparase. Aquel proyecto ha llegado ahora a cumplimiento. Es una hermosa coincidencia, sin duda providencial, que aquel Cardenal Ratzinger que presidió la Comisión que lo redactó, es ahora el Papa que lo promulga, como ocurrió el 28 de junio de 2005.

Con él se ha querido disponer de una exposición de la fe que se pueda poner directamente en manos del pueblo de Dios. Este Compendio es una síntesis fiel del Catecismo de la Iglesia que contiene todos los elementos esenciales y fundamentales de la fe católica.

En el acto de la promulgación el Papa Benedicto dijo que lo entregaba con confianza a todos los fieles para facilitar y fortalecer la evangelización y formación necesaria en el siglo XXI, y a todas las personas que quieran conocer el Camino de Vida, la Verdad, confiada por Dios a la Iglesia de su Hijo.

La preparación y promulgación de este Compendio estaban requeridas por la naturaleza del anterior, promulgado por Juan Pablo II el 11 octubre 1992. mediante el Breve Fidei Depositum a petición de los Padres sinodales de 1985.

Este Catecismo Mayor, tiene que seguir siendo la referencia fundamental. Curiosamente el Catecismo de la Iglesia Católica estaba dirigido ante todo a los Obispos que son los primeros responsables de la catequesis en la Iglesia. A pesar de que se haya dicho lo contrario, la verdad es que fue compuesto con la colaboración y revisión de todos los Obispos. Una vez preparada la redacción completa se envió a todos los Obispos para que pudieran estudiarlo y enviar correcciones. Respondimos más de 1000 Obispos, con 24.000 enmiendas. Todas ellas fueron estudiadas y muchas de ellas incorporadas.

El Compendio actual tiene 598 números, la versión española tiene 250 páginas. Con algunos apéndices y buenos índices. Está compuesto:

En estrecha dependencia del Catecismo Mayor

Con forma dialogada

Con imágenes catequéticas

Y mantiene la misma organización

En consecuencia, como el Catecismo Mayor, está dividido en cuatro partes

“La profesión de fe”, que es un comentario del Credo

“La celebración del misterio cristiano” experiencia y testimonio de la presencia y de la eficacia salvífica del misterio pascual. La exposición de los sacramentos en una visión unitaria de la liturgia.

“La vida en Cristo” que es la exposición de la moral y de la nueva vida otorgada por Cristo en el bautismo y en los demás sacramentos.

“La oración cristiana”, Un breve comentario del “Padre nuestro”

La forma dialogada facilita sin duda el aprendizaje y hasta la memorización, aunque las fórmulas no son tan sencillas como para ser aprendidas de memoria fácilmente. Conviene tener en cuenta que este Catecismo, aunque compendiado, no es tan sencillo como los antiguos catecismos populares que conocimos, como el del P. Astete y otros semejantes. No es simplemente un libro para niños. Ni tiene estilo infantil. Las respuestas son sencillas, breves, pero sólidas.

Esta redacción del Catecismo en forma dialogada puede tener una interpretación más profunda, puesto que nos recuerda el carácter de don que tiene la fe. Es como si el catecúmeno, o creyente, preguntase, y la Iglesia en nombre de Dios le va respondiendo lo que tiene que creer. Así es como debemos leerlo. Como quien escucha las respuestas o las proposiciones de la Iglesia, del mismo Jesús.

Una característica interesante de este Catecismo es que han sido incluidas unas imágenes como formando parte del mismo texto. Están obligatoriamente las mismas en todas las ediciones, porque tienen también un lenguaje, una enseñanza complementaria. Las imágenes han sido siempre en la Iglesia una forma de predicación.

Una imagen de Jesús

La adoración de los Magos de Oriente

Representación del Génesis

La Cruz como Arbol de la Vida

Jesús dando la comunión a los Apóstoles

Jesús crucificado y María símbolo de la Iglesia

Los sacramentos

Ultima Cena

La Virgen asunta como Nueva Humanidad

El anuncio de las Bienaventuranzas

Pentecostés

El Año litúrgico

La oración de Jesús en el Huerto.

 

II. LO QUE HAY QUE BUSCAR EN UN CATECISMO

Conviene tener una idea clara de lo que es un Catecismo. Muchas críticas vienen de no tener esto en cuenta. Las decepciones vienen de abordarlo con una idea falsa. Y de poner en él expectativas o exigencias que no responden a la verdadera naturaleza de un catecismo.

El Catecismo es un instrumento material para ayudar a ejercer el acto fundamental de la Iglesia que es expresar, ofrecer y transmitir la fe común de la Iglesia, la fe católica y apostólica.Un catecismo es ante todo, una “Referencia segura y auténtica para la enseñanza de la doctrina católica” (JPII). “Una visión orgánica de la totalidad de la fe católica” (Ratzinger). Por tanto,

No es un libro de Teología, sino la exposición de la doctrina de la fe. La doctrina de la fe que nos es dada, que nos precede, que todos debemos acoger tratando de comprenderla para vivirla. En la que no caben los personalismos. Ni caben las opiniones, ni las líneas, ni las modas.

Es más la formulación sencilla y directa de la fe común de la Iglesia, la fe apostólica y católica, al margen de las legítimas diferencias territoriales o de los comentarios personales que puedan ayudar a su comprensión. con cariño

Tiene un destino universal, para todas las gentes y todos los pueblos, por eso no puede atender a cuestiones particulares, y debe utilizar un lenguaje universal. Contra lo que algunos dicen sí es posible utilizar un lenguaje común, si no tampoco sería posible la unidad de la Iglesia ni de la humanidad, ni siquiera las relaciones entre los diversos pueblos de la tierra

En el uso de la Escritura no caben hipótesis discutibles, sino que tiene que limitarse a los datos seguros. El Catecismo Mayor dedica unos cuantos números a exponer con sencillez los criterios modernos de leer e interpretar la Escritura, nn. 101-141. Unidad y variedad de estilos y criterios de interpretación. Conviene recordar que la religión cristiana no es una religión del libro. Su centro es la persona de Cristo, continuado en la Iglesia viva, en la que nacen los libros sagrados. Por eso en la Iglesia católica hay una manera muy singular de entender la relación entre Tradición y Escritura. El Catecismo es ejercicio de la Tradición.

Otro mérito de estos Catecismos es la constante atención al Espíritu Santo. (694-701) y la solícita atención al Ecumenismo y otras religiones.

Conviene subrayar la forma tan cuidada de presentar la moral católica, tanto en el Catecismo Mayor como en el Compendio.. El Cardenal Ratzinger confiesa que fue la parte más difícil de redactar, y la que recibió más observaciones por parte de los Obispos. Se presenta de manera positiva, como moral de hijos, consecuencia directa y adecuada del creyente a la Alianza de amor entre Dios con los hombres, sellada en Cristo, arraigada en el deseo de felicidad.

En conjunto, este Compendio es el fruto de un esfuerzo de síntesis, elaborado con un estilo a la vez sencillo y preciso. Tiene dos apéndices, uno con las oraciones más comunes del cristiano y otro con unas cuantas fórmulas de fe católica que expresan a la vez la tradición doctrinal y la sólida devoción de nuestros padres.

Al ponderar la importancia del Catecismo es preciso no quedarse en la materialidad del libro, sino que hay que entenderlo como el acto de la Iglesia por el cual nos expresa y nos ofrece su fe católica mediante unos signos determinados. Pero es preciso hacer el esfuerzo de ver que detrás de estos signos hay un acto colectivo de la Iglesia que nos ofrece el patrimonio de su fe común, católica y apostólica.

 

III. CONTENIDOS MAS INTERESANTES

Para valorar adecuadamente el contenido del Catecismo tenemos que verlo en su conjunto y de una manera viva, encuadrado en la vida de la Iglesia. Detrás de las muchas formulaciones, tenemos que ver el rostro de Jesús que nos habla del Padre, que nos descubre la verdad de nuestra vida, en el origen, ahora, y en el futuro, el testimonio de Jesús sobre el amor del Padre, la propia piedad y fidelidad de Jesús, su amor por nosotros del que nacen sus obras y sus palabras. El Catecismo nos acerca a la enseñanza de Jesús y a la predicación de los Apóstoles a través de la vida y mediación de la Iglesia santa y fiel.

Por medio de este sencillo instrumento, Jesús nos habla por medio de la Iglesia, con el eco de tantos y tantos santos, conocidos y anónimos, lejanos y cercanos, que han vivido esta fe, que han ido meditándola y expresándola fielmente, confirmándola con sus experiencias y sus ejemplos. El Catecismo nos transmite la fe por la que los mártires dieron la vida, con la que tantos hombres y mujeres se han santificado. En este sencillo libro podemos ver también el mundo que escucha, que pregunta, que espera la palabra verdadera y salvadora de Jesús.

Comienza el Catecismo descubriéndonos el arraigo de la fe en nuestra vida. La fe no es nada añadido o postizo, sino que viene reclamada por lo más hondo de nuestro ser. . “El hombre es capaz de Dios”.Estamos hechos a su imagen y semejanza, sólo podemos entendernos y aclararnos .si nos situamos como interlocutores de Dios, como hijos suyos. Por eso necesitamos conocerlo y creer en El.

El texto del Catecismo insiste mucho, desde el principio, en mostrar la iniciativa divina. Nuestro mundo, nuestra vida es así, porque Dios lo ha querido así. El comenzó la historia manifestándonos su amor y sus proyectos sobre nosotros. Brevemente se nos ofrece una breve exposición de la historia sagrada, entendida como la historia de las manifestaciones de Dios en favor nuestro, la historia de sus gestos de amor hacia nosotros. Esta historia viene presentada únicamente en sus momentos más solemnes. Adán y Eva, Noé, Abrahán, Moisés, Jesucristo.

Antes de entrar en la parte doctrinal, el texto del Catecismo recoge la doctrina de la Iglesia sobre lo que es la Tradición católica, lo que son y cómo hay que leer las Escrituras, y Magisterio de la Iglesia. La respuesta adecuada y correcta al Dios que se nos revela es la fe. La fe es el camino de la salvación. Creer en Dios no suscita contradicciones contra la razón, ni contra la ciencia ni el progreso humano. Creer en Dios es más bien la consumación de la búsqueda de la verdad, la apertura a la realidad como actitud fundamental de una criatura inteligente y libre como es el hombre.

Explicación del credo.

Se aborda en perspectiva eclesial y bautismal.

La fe personal y eclesial, punto de partida.

Fe trinitaria.

El hecho de la Creación, los Angeles, Hombre y Mujer, pecado original, (N. 75)

Historia de Cristo. Concepción virginal. María. Vida oculta, bautismo, tentaciones, anuncio del Reino, elección de los Apóstoles, Muerte, Resurrección.

El Espíritu Santo.

La Iglesia. Pueblo de Dios, Cuerpo de Cristo, Templo del E.S.

Una, Santa, Católica

Ecumenismo. Formulas muy cuidadas.

Actualizado, vocación de los laicos, la vida consagrada

Comunión de los Santos. María miembro excelso de la Iglesia, en comunión maternal con nosotros, icono de la nueva humanidad redimida y glorificada.

La resurrección de la carne y la vida eterna.

AMEN

 

Los sacramentos

La vida sacramental en perspectiva litúrgica.

La liturgia como obra del Espíritu Santo, asociado a la Iglesia (221).

Instituidos por Cristo. Nacidos de sus misterios.

La Iglesia es el sacramento de la acción permanente de Cristo en el mundo.

Relación de los sacramentos con la fe de la Iglesia y con la fe personal. (Este punto podría estar mejor).

Centralidad de la Eucaristía y del domingo. 241

La Eucaristía sacramento de vida, de perdón y de comunión en el amor.

 

La Moral cristiana

Visión de la Moral, a partir de la idea de vernos como hechos a imagen de Dios, vida de hijos de Dios, llamados por Dios a vivir en su presencia, recreados en Cristo. En perspectiva a la vez humana y cristiana

Consideraciones introductorias: libertad, responsabilidad, la conciencia, las virtudes.

La comunidad humana, la autoridad, la ley.

Los mandamientos: su origen, su sentido pleno, en la naturaleza, en la historia de la salvación, en la promulgación de Jesucristo.

Cuestiones actuales: Límites de la autoridad, Pena de muerte, Guerras, La identidad sexual, la castidad, paternidad responsable, control natalidad, inseminación artificial

El séptimo, doctrina social de la Iglesia, trabajo.

Conclusión, Deseo de felicidad, Yo quiero ver a Dios.

 

La oración cristiana.

La oración en la Biblia, Abrahán, Moisés,

La oración de Jesús, modelo y fuente de la oración de los cristianos. 541

María, la comunidad cristiana, fuentes de la oración,

El Padrenuestro 582

Plegarias comunes,

Fórmulas de la doctrina católica.

 

IV. NUESTRA RESPUESTA

Nuestra primera respuesta y obligación es agradecerlo, acogerlo de forma positiva. Todo ello lo podemos resumir diciendo que el Catecismo, entendido como acto eclesial, tenemos que ACOGERLO CON ACTITUD ECLESIAL.

No es fácil exagerar la importancia de este libro que es el Catecismo. En él y por él la Iglesia nos ofrece del mejor modo posible su patrimonio común, lo que Ella cree como revelación de Dios, la descripción de la salvación que Dios nos ofrece, cuyo conocimiento y aceptación es para nosotros el verdadero camino de salvación.

En consecuencia, el Catecismo tiene que ser considerado como un instrumento necesario para la continuidad, el crecimiento y la unidad de la Iglesia. No una unidad de disciplina sino una unidad más profunda, Unidad en la verdad, en el don, en la fe de Cristo. Vistas así las cosas, este Compendio, formando una unidad con el Catecismo Mayor, puede ser considerado como un instrumento prácticamente necesario para la unidad de la Iglesia.

Hay que tener en cuenta que la iniciación cristiana incluye unos conocimientos imprescindibles sobre Dios y su plan de salvación. Y es muy conveniente que estos conocimientos básicos sean aprendidos por los cristianos. Aunque lo definitivo no sea el simple conocimiento, hay que comenzar por saber lo que nos dice la Iglesia y más hondamente saber lo que Dios nos ha dicho por su Hijo Jesucristo. Y esto hay que saberlo habitualmente para que influya en el conjunto de nuestras ideas, de nuestra visión y valoración de la realidad, en la verdad de nuestra vida. Por eso es tan importante el recordar de memoria siquiera las partes más importantes, o las frases más sintéticas. No nos bastan las imágenes, ni el saber buscar en internet. Hay que incorporarlo al patrimonio habitual de nuestra mente Lo que sabemos habitualmente es lo que va configurando poco a poco nuestra vida y nuestra personalidad.

Sería lamentable que ahora surgieran las críticas que abundaron contra el Catecismo Mayor. La promulgación del Catecismo de la Iglesia Católica fue acogida con muchas criticas. Se decía que había sido preparado de una forma cerrada, preconciliar, sin contar con los adelantos de Teología ni de Exégesis. Muchos lo rechazaron como contrario al legitimo pluralismo, a la necesidad de inculturación.

Como consecuencia de estas críticas el Catecismo se encontró con un muro de escepticismo. Este rechazo fue muy frecuente entre los intelectuales y muchos sacerdotes, religiosos, catequistas y educadores. Se le consideraba como contrario a la libre selección de la doctrina y de los dogmas, un instrumento autoritario y unificador. El Papa Benedicto XVI decía benignamente que muchas personas querían seguir experimentando y por eso se resistían a aceptar unas formulaciones oficiales y definitivas. No se puede estar siempre experimentando sin tener una referencia clara, firme y estable.

De hecho en muchas partes ha sido muy poco utilizado. Todavía está siendo menos utilizado de lo necesario y razonable. Manejamos demasiados papeles, demasiados materiales. El verdadero catecismo es el que el catequista tiene en la cabeza y en el corazón, en comunión profunda con la Madre Iglesia. La catequesis la hace directamente el catequista, no los papeles. Yo tengo la convicción de que uno de los factores de la debilidad de nuestra catequesis es este rechazo del Catecismo Oficial de la Iglesia que favorece la dispersión de los materiales, el empobrecimiento de los contenidos.

Impresiona recordar lo que cuenta el entonces Cardenal Ratzinger Algo que concuerda con la experiencia de muchos de nuestros sacerdotes y catequistas. Una catequista le escribió contándole lo que le había ocurrido. Sentía angustia porque tenía la impresión de que la catequesis que ella daba a los niños no les dejaba nada.. No queda nada en los niños. Con el estudio vio que su catequesis no dejaba huella en los niños porque no les estaba transmitiendo nada importante, capaz de cambiarles la vida. Todo se quedaba en técnicas pedagógicas y en formulaciones humanistas.

Tenemos que acoger con seriedad la palabra del Papa, en su promulgación. “Lo reconozco como un instrumento válido y autorizado al servicio de la comunión eclesial y como norma segura para la enseñanza de la fe (n.4). Estoy convencido de que de la acogida y del uso que hagamos del Catecismo va a depende el porvenir de nuestra Iglesia, la transmisión de la fe a las nuevas generaciones y el vigor espiritual de nuestras comunidades dentro de muy pocos años.

En resumen las razones para acogerlo de manera positiva, son éstas:

1, El Catecismo nos ofrece una visión orgánica, equilibrada y bien proporcionada del conjunto de la fe de la Iglesia, sin deformidades ni desproporciones. Tenerlo como referencia central nos libra del riesgo de dejarnos influencias demasiado por una tendencia del momento, puede ser la tendencia sólo mística, o la tendencia sociopolítica, una visión timorata de la vida que ve peligros por todas partes, o una visión excesivamente optimista que no tiene en cuenta el pecado ni la fragilidad humana.

2, Por eso mismo nos ofrece una formulación de la fe con valor universal, que vale en los cinco continentes, que refuerza la unidad de la fe entre todos los cristianos católicos, sin personalismos, sin anteponer lo particular a lo universal, lo típico de un lugar o de un tiempo al patrimonio común y permanente de toda la Iglesia.

3, Por eso mismo lo que se aprende del Catecismo tiene valor permanente, tiene valor para toda la vida, no está sometido a la caducidad de las modas. El Cardenal Ratzinger cuenta que cuando el Catecismo de la Iglesia católica estaba ya redactado se lo dejó leer a un Obispo jubilado. Y dice que se lo devolvió con una sonrisa: “Sí, esta es la fe de mi madre”.

4, En el Catecismo tenemos la seguridad de contar con un texto autorizado, respaldado por el ser de la Iglesia y por eso mismo escrito y vivido con la asistencia del Espíritu Santo. No se trata de un texto infalible pero si de un texto auténtico, que se puede y se debe tener como válido y acertado, garantizado por la intervención de la Iglesia como transmisora de la palabra de Cristo y sujeto de la fe verdadera, apostólica y católica.

Esto no quiere decir que no sea perfectible. Se puede opinar y se puede perfeccionar. Pero siempre respetando la autoría y la primacía de la Iglesia, podemos sugerir, opinar, pero será la Iglesia, por sus órganos adecuados y con los procedimientos correspondientes la que puede ir perfeccionado algunas de sus formulaciones. Así, por ejemplo, se puede señalar que en la primera parte la doctrina sobre el pecado original, en la segunda la explicación de la causalidad de los sacramentos, y en la tercera el punto de partida de la moral cristiana podrían alcanzar alguna matización algo mejor. Seguramente se irá perfeccionando en ediciones sucesivas. Pero estas observaciones críticas no empañan el gran valor doctrinal y pedagógico, ni del Catecismo Mayor ni del Compendio.

 

V. CÓMO DEBEMOS USARLO

Ya he dicho que no es un catecismo para niños. Puede y debe tener un uso personal, familiar, parroquial. De hecho puede ser un texto muy útil para los catequistas de infancia. Como puede ser también el texto base en grupos de adolescentes y jóvenes, incluso en catequesis de adultos que no tengan una preparación intelectual muy desarrollada.

En la lectura personal, es evidente que no es un libro para ser leído de seguido, sino para ser leído lentamente, por números, con un ritmo de meditación y asimilación.

Recomiendo vivamente a todos los catequistas y educadores religiosos de nuestra Diócesis que lo utilicen asiduamente como libro básico de referencia, que se facilite a los catecúmenos por lo menos durante la preparación para la Confirmación, y que se anime a las familias cristianas a que lo tengan en casa y lo manejen para su propia formación y la formación religiosa de sus hijos. Igualmente puede ser muy útil en las clases de religión, como punto de referencia y síntesis autorizada de cada tema estudiado. Conviene que todos los cristianos se familiaricen con este texto como una buena expresión de la fe común, de la fe católica.

Por la misma naturaleza de las cosas, es evidente que cada uno lo leerá y explicará con diferentes acentos, pero la referencia de todos a un mismo texto dará una gran fortaleza a la confesión de fe de nuestros fieles y a la unidad doctrinal de nuestra Iglesia, con evidentes ventajas para la firmeza de la fe de los fieles y el testimonio de unidad y seriedad ante los de fuera.

Catecismo quiere decir instrucción, Afecta en primer lugar al conocimiento, pero por su naturaleza sugiere y promueve un modo de vida proporcionado a lo que estamos aprendiendo. Por eso con el catecismo surge el catecumenado, síntesis de comprensión y de vida, como el proceso de aprendizaje intelectual y vital de la vida cristiana. No solo se aprende a ver el mundo con mentalidad cristiana, sino que se aprende prácticamente a vivir en coherencia con esta visión del mundo revelada por Dios y ofrecida por su gracia. Catequizar es descubrir en la persona de Cristo el designio de Dios sobre la humanidad y cada uno de nosotros.

En el proceso catecumenal es fundamental el papel del catequista, El punto de partida es su preparación intelectual, la autenticidad de su fe y sobre todo la claridad y la fortaleza de su testimonio de vida. El buen catequista tiene que decir como Jesús. “Mi doctrina no es mía sino de aquel que me ha enviado” (Jn 7, 16). Si El no se la apropiaba ¿cómo nos la vamos a apropiar nosotros? Si Jesús trataba de que su doctrina respondiese exactamente a la verdad del Padre, si dio la vida por ser a la misión recibida, ¿cómo vamos nosotros a modificarla, o como vamos a presentar como fe católica nuestra manera personal de entenderla en contra del mismo Magisterio de la Iglesia? Enseñar la propia opinión sería una arrogancia extrema. Y una grave infidelidad. El catequista tiene que ser el testigo, el guía, el modelo viviente para el catecúmeno, quien le acompaña de cerca en el descubrimiento y apropiación personal de la nueva vida en el seno de la comunidad cristiana. El catequista asume en el momento de la catequesis la representación de los padres, y de la Iglesia entregando al catecúmeno el tesoro de la fe apostólica, la fe que conserva, vive y anuncia la Iglesia.

 

CONCLUSIÓN

Para hacer una valoración y sacar consecuencias prácticas, es preciso ver el Compendio en su conjunto, en una perspectiva unitaria, que tenga en cuenta no sólo el texto del mismo, sino su arraigo en la Iglesia, las necesidades reales del Pueblo de Dios en su despliegue universal, en sus diferencias reales y la necesidad de la unidad.

Nos conviene recuperar la noción de la fe como don, como don, teniendo en cuenta que el verdadero sujeto de nuestra fe es el propio Cristo, y con El, la Iglesia universal, la Virgen María, los Apóstoles, los santos, los creyentes del mundo entero. Ser cristiano es entrar en esta gran comunión de fe que nos vincula con la Iglesia universal, con la comunidad apostólica y con el propio Jesús. El Compendio, el Catecismo es un humilde instrumento en el mantenimiento y animación de esta unidad, condición indispensable para vivir arraigados en Cristo y poder recibir la plenitud de sus dones.

En este tiempo de prueba, más o menos como son todos los tiempos, necesitamos acogernos a este instrumento de unidad en la profesión de nuestra fe. Sabiendo que la fe y la vida cristiana es bastante más que unos conocimientos y unas cuantas afirmaciones. La fe y la comunión es obra del Espíritu, de nuestra adhesión y de nuestro amor, pero un amor lúcido, apoyado en la verdad, capaz de ponernos en comunión real con el cristo verdadero y el Padre del Cielo, su Padre y nuestro Padre.

Viene a cuenta recordar las palabras del Papa Benedicto, “No puedo dejar de pensar que la triste realidad de tantas Iglesias vacías tiene mucho que ver con la pérdida de una fe viva que nos proporcione una relación viva con Jesucristo, y la imagen deísta (impersonal y difusa) de Dios que con frecuencia manejamos”. Este empobrecimiento doctrinal y religioso sólo lo podremos superar o evitar ateniéndonos dócilmente a la expresión eclesial de la fe en su armonioso conjunto. Cuando prescindimos del Catecismo eclesial y lo sustituimos por otras composiciones que nos parecen más actuales, más brillantes, sin darnos cuenta resaltamos mucho unos aspectos, posiblemente interesantes, pero omitimos otros igualmente importantes. Así ocurre con ideas tan importantes como la iniciativa de gracia por parte de Dios, la realidad del pecado, la necesidad de conversión y penitencia, la importancia de la esperanza teologal en el dinamismo de la vida cristiana, algunos contenidos de la moral cristiana, etc.

Tenemos que ser conscientes de que cuanto hagamos por mejorar nuestra actuación en la catequesis, es decir, en el anuncio y la transmisión de la fe a las nuevas generaciones, a los nuevos cristianos jóvenes o adultos, es el verdadero ejercicio de la nueva evangelización. Momento privilegiado de evangelización en nuestras parroquias los de catequesis? Cada vez más nuestras parroquias tiene que comenzar por ser “engendradoras de cristianos” y por eso mismo agentes cualificados de catequesis, sedes de catecumenados. El catecumenado irá siendo poco a poco la institución y el trabajo pastoral básico de nuestras parroquias.

No es una tarea fácil. Por eso debemos emprenderla con la mayor ilusión, puesta nuestra confianza en el Señor y apoyándonos en la Iglesia Madre con una humilde y fiel actitud de obediencia y comunión. Sacerdotes, padres de familia, catequistas y educadores acojamos el Catecismo con gratitud y utilicémoslo para poder transmitir a los nuevos cristianos la realidad viva de la fe de la Iglesia, la fe católica y apostólica, la fe que nos pone en comunión espiritual con la Jesucristo, la fe que nos hace acoger en nosotros la presencia del Dios de la Alianza, con humildad, con perseverancia, como miembros de la Iglesia. Todos a una. En el nombre del Señor que nos envía y con la fuerza del Espíritu Santo que El nos prometió.