Quinientos años

Hace mucho tiempo leí una frase que nunca más he olvidado, “Cada vez que nace un hombre comienza el mundo”. Esto fue verdad de manera singular hace quinientos años, cuando el 7 de abril de 1506, en el Castillo de Xavier, nació un niño que ahora admiramos y veneramos como San Francisco de Javier.

Para conmemorar este acontecimiento estamos celebrando en la Iglesia de Navarra un Año Jubilar, año de oración y de renovación espiritual. Los actos que se han ido celebrando en Javier en estos primeros meses del año, han manifestado el amor y la devoción que los cristianos navarros tienen hacia su santo Patrón. Para todos nosotros San Francisco de Javier es honra, modelo e intercesor. Lo queremos, lo admiramos, nos encomendamos a él, lo sentimos como un miembro de la familia que está muy cerca de Dios.

El próximo día siete de abril, con motivo de este glorioso centenario, celebraremos en Javier una Misa de acción de gracias. Esta Misa será presidida por el Cardenal Rouco Varela como Enviado especial del Papa. Concelebrarán unos cuarenta Obispos de distintas Diócesis españolas, el Superior General de la Compañía de Jesús con varios Provinciales, el Cardenal Arzobispo de Lisboa, asistirán los Reyes de España, el Gobierno de Navarra y los Presidentes de las diferentes Autonomías. Una gran manifestación de reconocimiento y gratitud hacia nuestro santo.

San Francisco es un gran don de Dios, por supuesto, para Navarra, pero también para la Iglesia universal y aun para toda la humanidad. El, en su mente y en su corazón, vivió un mundo nuevo, recreado por la fe en Jesucristo y la adoración del Dios único, padre de todos los hombres y de todos los pueblos.

No sería justo con la personalidad y la significación de San Francisco de Javier encerrar ahora su memoria en nuestras discusiones políticas ni en los pequeños conflictos del momento. Desde París fue un hombre universal. A partir de su conversión, San Francisco fue ante todo y por encima de todo un discípulo apasionado de Jesucristo. Nació de nuevo cuando por medio de San Ignacio se entregó por entero al seguimiento de Jesucristo y puso su vida a disposición de la Iglesia para anunciar el evangelio en cualquier punto de la tierra. Fue esta entrega radical de su vida al seguimiento de Cristo y al servicio de su Iglesia lo que lo hizo grande, verdaderamente universal, digno de admiración y de veneración para todos los cristianos del mundo, por encima de cualquier otra consideración.

Así lo ha querido reconocer el Santo Padre, Obispo de Roma y Papa de la Iglesia católica, designando un Legado para presidir estas celebraciones. Y así lo quieren manifestar los muchos Obispos que han respondido afirmativamente a nuestra invitación para participar en ellas. A todos los acogemos con un corazón católico y fraternal, agradecidos por su presencia.

Lamentablemente esta Eucaristía del quinto centenario no podrá ser multitudinaria. Será universal mediante los medios de comunicación y sobre todo será universal por la oración y los sentimientos de quienes participemos en ella más directamente.

A todos os invito a vivir este día con una especial intensidad espiritual. Damos gracias a Dios por este gran navarro, discípulo ardiente de Jesucristo, misionero admirable, padre de un mundo nuevo renovado por el Evangelio de Jesucristo. Y a la vez ponemos bajo su protección la fe y la vida cristiana, la concordia y la prosperidad del pueblo navarro y de todos los pueblos de España, la renovación espiritual de los cristianos, el acercamiento y la paz entre Oriente y Occidente. El nos ayude y nos acompañe en cada momento de nuestra vida y de nuestra historia.