Navidad en distintas versiones

La manera de vivir la Navidad está poniendo en evidencia la pluralidad y la confusión en que vivimos los españoles. Es cierto que nuestra sociedad está muy diferenciada en lo cultural y en lo religioso. De hecho hay diversas formas claramente distintas de vivir la Navidad. Está la Navidad fabricada por el marketing, con la generosa colaboración de la mayoría de los medios de comunicación, centrada en el consumismo y la exterioridad. Está también la Navidad intimista y nostálgica del estar juntos, recordar los seres queridos, aturdirnos todos un poco por no dejar a nadie sin felicitar. Y está la Navidad verdadera, la religiosa, la que se centra en el recuerdo religioso del nacimiento, en Belén, del Hijo de Dios, nacido de la virgen María para salvarnos.

Sin embargo, no es verdad que sean “tres” navidades distintas. Lo cierto es que las vivimos bastante mezcladas, con distintos acentos y predominios. Seguramente las celebraciones químicamente puras serán minoritarias, especialmente en los dos polos. Pero ya van apareciendo manifestaciones de la tendencia a clarificar las cosas. Quienes se sitúan en el área de la exterioridad van eliminando poco a poco las referencias religiosas. Las iluminaciones y los escaparates cada vez son más genéricas y menos cristianas, menos “navideñas. No digamos las tarjetas de felicitación, paisajes nevados, serpentinas, niños preciosos. Pero nada de Jesús, María y José. Y han comenzado a aparecer posturas de ortodoxia laicista, nada de misas, ni belenes, ni siquiera villancicos en los lugares públicos. ¿No decimos que los lugares públicos son del pueblo y para el pueblo? Ya se ve que no siempre. En algunos casos son del Señor Director y de la Señora Directora. Además de “otra “Navidad, es “otra” democracia.

Lo más curioso es que somos los mismos cristianos quienes practicamos las tres formas de la Navidad, con distinta fuerza, porque con demasiada frecuencia apoyamos los estilos laicistas y olvidamos la manera religiosa de celebrar la Navidad, pocas oraciones, pocas misas, pocas manifestaciones genuinamente cristianas. Es lo que se lleva, pero no es lo más auténtico, ni lo más libre. ¿Es que no va a ser posible manifestarse cada uno como lo que es sin que nadie se ofenda?

Prefiero una Navidad en la que cada uno viva claramente a su manera. Quienes no creen en Dios, ni en Cristo, ni en su Iglesia, que vivan la Navidad en claro laicismo. Si piensan que son simplemente las fiestas del solsticio de invierno y quieren celebrar el triunfo del día sobre la noche, que lo hagan así. Me parece poca cosa, pero están en su derecho. Mientras tanto, los cristianos claramente, dentro y fuera de casa, las verdades de la historia y de la fe, el recuerdo y la maravilla de Jesús, el Dios con nosotros, la figura tierna y excelsa de la Virgen Madre de Nazaret, el amor casto y fiel de José. Y por encima de todo el Gran Amor del Dios salvador. Con las dosis que nos parezcan razonables de encuentros familiares, de obsequios y otras manifestaciones externas. Por supuesto, también en los lugares públicos. Sin excluir a nadie. Conviviendo y no confundiendo, respetando y no molestando ni rechazando nadie a nadie. Me parecería más cristiano y hasta más democrático.

Y como el movimiento se demuestra andando, termino deseando a todos, desde el recuerdo y con el espíritu de Belén, la gracia y la paz de Dios para todos, cristianos y no cristianos, religiosos y laicistas. Porque a todos nos quiere y nos bendice el Dios de Jesús, creador del mundo y padre de todos. Alabemos la bondad de Dios y disfrutemos de la paz que El quiere darnos por medio de su Hijo Jesucristo.

 

+ Fernando Sebastián Aguilar,

Arzopispo de Pamplona y Obispo de Tudela