Jesucristo, camino, verdad y vida

Habéis escogido como tema de esta jornada un lema muy sugerente, central en el anuncio de que Jesús hace de Sí mismo y en nuestra manera de entenderlo y acogerlo en nuestra vida. De esta manera Jesús se nos presenta de forma insinuante e intenta despertar en nosotros el acercamiento, la valoración, la fe en El. Vamos a intentar penetrar un poco a fondo en esta palabra del Señor. ¿Por qué se nos presenta como camino? ¿Qué es un camino y qué significa en la vida de los hombres?

Cuando estamos quietos, establecidos, dueños de la situación y nos sentimos satisfechos, no queremos movernos, no necesitamos caminos. Pero eso de nacer, crecer y morir en el mismo sitio no es propio de los hombres, sino de las encinas, de las hayas. Los hombres tenemos que salir en busca de otros datos para incrementar nuestra vida. Por eso no podemos vivir sin caminos, sin comunicación con otros puntos, con otras personas. Sin caminos no habría habido en la historia encuentros, ni migraciones, ni intercambios de nada. Una vida sin caminos es una vida estancada, y está llena de riesgos.

Los caminos son parte de la humanización del mundo. Imaginaos que estáis en el campo, en la montaña, sin caminos, sobre todo si es de noche, si andáis entre nieblas, no sabéis dónde estáis ni cómo llegar a ninguna parte. Os asalta la angustia. La soledad es amenaza, impotencia. Necesitamos vivir en relación y en compañía. Para eso es indispensable el camino. Cuando el que anda perdido en la montaña o en el desierto, encuentra un camino siente que está salvado. Los caminos son la huella de la humanidad, la posibilidad del encuentro y de la convivencia, siempre llevan a alguna parte. El camino permite la comunicación, los encuentros, los intercambios, las ayudas El camino favorece la relación entre los hombres. Son indispensables para el desarrollo de la humanidad. Abrir un camino nuevo siempre ha sido abrir una posibilidad nueva para la humanidad.

Esta condición peregrina de nuestra existencia en el exterior es un símbolo natural de lo que somos por dentro. No somos seres hechos ni quietos, vivir es abrirse a nuevas experiencias, nuevos conocimientos, nuevos deseos. Somos peregrinos dentro de nosotros mismos, peregrinos del mundo que nos rodea. Vamos de pensamiento en pensamiento, de deseo en deseo, de relación en relación. Como entrando en un mundo de realidades, un bosque espeso y desordenado en el que no sabemos orientarnos, no sabemos lo que es verdad y lo que no lo es, lo que es bueno y lo que es malo, lo que nos conviene y lo que nos destruye. Nos movemos angustiados de un lado para otro sin saber cual es la dirección verdadera, sin saber dónde está la salida. Hasta que encontramos un camino. Esta situación del hombre que anda perdido en la frondosidad de nuestro mundo es símbolo de nuestra condición. En lo más profundo, nuestra existencia es el esfuerzo por encontrar el camino verdadero para llegar a ser lo que queremos, lo que nos parece importante, bueno, gozoso. El camino exterior es símbolo de nuestra existencia como peregrinación hacia el desarrollo de nosotros mismos. Somos peregrinos de nuestra propia realidad. Peregrinos interiores. Necesitamos saber dónde queremos llegar y cómo y por dónde tenemos que caminar para llegar allí. .

Cuando Jesús nos dice que El es el camino, nos quiere decir que El sí es capaz de llevarnos a la verdad y la consumación de nuestra vida. El no es un hombre que viva a ciegas, viene de Dios, está guiado por Dios, sabe muy bien cómo y por dónde llegar a ser hombre de verdad. Nació, vivió, hizo su propio camino, superando muchas dificultades, pero llegó a la meta verdadera, la meta de una perfecta humanidad, exaltado por Dios, ahora es el Señor y el Centro del mundo. El ha hecho la peregrinación verdadera del ser hombre, y ha llegado a la humanidad perfecta, a la vida verdadera y eterna.

EL ES TAMBIEN LA VERDAD. Ahora, en nuestro mundo, existe la tendencia de que las cosas tienen que ser como nosotros queramos que sean. En lo físico tenemos la experiencia de que las cosas no funcionan sino conociendo y respetando las leyes que las rigen. Nadie quiere hacer una casa, fabricar un vehículo sin conocer, y utilizar adecuadamente las cualidades de las cosas. Sabemos que hay una verdad de las cosas anterior y superior a nosotros. No cambiamos las cualidades de las cosas a nuestro capricho, sino que las conocemos y una vez conocidas nos arreglamos para utilizarlas con habilidad a favor nuestro, para curarnos, para viajar, para comunicarnos. En el mundo de lo espiritual no lo hacemos así. Como los efectos de la arbitrariedad no se ven nos permitimos querer que las cosas sean lo que no nosotros decidamos. Así unos se empeñan de decir que el divorcio es mejor que la fidelidad, el aborto o la eutanasia mejor que la vida, el relativismo y la condescendencia mejor que la verdad. Todo esto lo expresó muy bien nuestro Presidente corrigiendo a Jesús. Jesús dijo “La verdad os hará libres.” Zapatero se atrevió a corregirle diciendo “La libertad nos hace verdaderos”. Queriendo decir es la libertad absoluta, sin normas morales ajenas, lo que nos permite ser como nosotros queremos. Sin someternos a nada ni a nadie. Esto es el sueño del adolescente ingenuo y pretencioso. La experiencia real no es ésa. Buscamos, pensamos una cosa, la deseamos, trabajamos y sufrimos por alcanzarla. Pero si una vez alcanzada, no es lo que nosotros pensábamos, nos decepciona y no nos sirve de nada, no podemos recrearla a nuestro gusto. Podemos hacernos un un proyecto de vida pensando que ahí está la felicidad, pero si no es así no podremos que las cosas sean de otra manera. No somos creadores de la realidad, sino criaturas de Dios en un mundo creado previamente para nosotros. Esa tiene que ser la convicción básica. Acercándonos a Jesús podemos estar seguros de que El sí es verdad, Jesús sí es la humanidad verdadera, vivió a su manera, de forma muy diferente de cómo vivían sus contemporáneos, le tuvieron por loco, otros por blasfemo, lo mataron pero Dios en el que creyó le resucitó, su proyecto venció a la muerte y vive eternamente.

POR ESO ES LA VIDA. Ahora mismo Jesús resucitado es el Viviente, el hombre glorificado por Dios con una vida inmortal. Y con El la Virgen María, la Mujer asociada a El por la voluntad de Dios. El la verdad, y la justicia y la vida. Es la seguridad. Cuando pensamos en los secretos de nuestra vida, no nos preocupa sólo el origen, de dónde venimos, por qué estamos en este mundo. Nos preocupa sobre todo el futuro, qué pasará mañana, que nos espera después de la muerte. Desaparecemos o quedamos vagando por el mundo? Todas las religiones se preocupan de aclarar el futuro. Todos llevamos dentro como una bola indigesta esta pregunta inevitable, qué encontraremos después de la muerte. Muchos aficionados intentan responder a esta pregunta radical. Solo Jesús resucitado puede responderla de verdad.

Pero eso significa que antes nos hemos preguntado seriamente quién es Jesús? Esta es una pregunta permanente e inevitable para todo hombre que tiene noticia de su existencia. Para ser hombres necesitamos conocer los hitos de nuestra historia, asimilar las adquisiciones, los descubrimientos, las experiencias que otros hombres han hecho antes que nosotros. De alguna manera cada uno de nosotros somos lo que otros han sido antes que nosotros. Recibimos de nuestros padres, de nuestros profesores, de nuestros amigos, de los investigadores, de los grandes sabios de la humanidad. Vivimos encaramados en las adquisiciones de la historia, de las aportaciones de los demás, así es la ciencia, las costumbres, las artes, todo lo que enriquece y llena nuestra vida es la asimilación de lo que previamente han conseguido nuestros antepasados. Quien pretende comenzar de cero, se queda en la prehistoria.

No se puede ser hombre en plenitud sin asimilar la historia y los bienes del mundo descubiertos y adquiridos por nuestros antepasados. De aquí sacamos una conclusión muy sencilla y muy radical que muchos, incluso cristianos no se atreven a formulas por miedo a las réplicas de los laicistas y relativistas. No se puede descubrir ni realizar la plenitud de nuestra vida sin contar con las aportaciones de Jesús, de su palabra, de sus ejemplos, de su presencia, del don de su Espíritu. Esto es como decir Jesús es el único salvador, el salvador universal, el Centro y el nuevo Principio de la humanidad.

Llegados aquí tenemos que ver cómo se nos presenta Jesucristo, qué nos dice El de Sí El mismo. Los evangelistas nos dicen que era un hombre como los demás, y a la vez profundamente diferente de todos: se sentía y se presentaba como Hijo de Dios, hecho hombre de María Virgen por obra del Espíritu Santo, que oraba continuamente y aprendía del Padre del Cielo a ser hombre, en la verdad, en el bien, enviado al mundo para anunciar la bondad de Dios como Padre universal, el amor a los demás como valor universal y último. Y cumplió fielmente lo que dijo hasta la muerte en cruz. Este mensaje cambia la comprensión del mundo y cambia la vida. Nos sitúa en una comprensión diferente del mundo, hace que nos veamos a nosotros como seres diferentes, nuevos, con otra mentalidad, otros valores, otros deseos y otras esperanzas. Creer en Jesús es como nacer de nuevo. Por eso los cristianos tenemos que perder el miedo a ser diferentes. A Jesús le mataron quienes no toleraban esta manera de hablar. Murió en la Cruz por ser fiel a su mensaje, en obediencia al Padre y por amor a nosotros.

Sólo con su presencia, Jesús desautoriza todas las formas de existencia, todas las formas de entender la vida, que no son verdaderas, que no consiguen llevarnos a la verdad ni a la plenitud de nuestra existencia. Por eso provoca rechazos, venganzas, y también el amor gozoso de muchos discípulos y seguidores.

Tenemos que formular una conclusión que hoy resulta “culturalmente incorrecta” Es ésta: ser plenamente hombre incluye serlo en relación con Jesucristo. El es la verdad de la humanidad, la verdad profunda de cada uno de nosotros. Eso queremos decir cuando siguiendo la enseñanza de Pablo decimos que Jesucristo es el Nuevo Adán, el nuevo principio, la nueva raíz de la nueva humanidad. No una raíz biológica, sino una raíz espiritual. De la cual tenemos que volver a nacer por medio de la fe. Porque creer en El nos cambia la vida y es como volver a nacer.

Hay muchos cristianos que no se atreven a formular esta doctrina, que sin embargo es fundamental. Ser cristiano no es opcional, ser cristiano es necesario para llegar a conocer y alcanzar la verdad y la plenitud de nuestra vida. Jesús es el Principio y no hay otro. Quien vive fuera de Cristo, culpable o inculpablemente, se queda a medio camino, no llega al verdadero término de su existencia, al encuentro con la bondad y la providencia de Dios, con el conocimiento de su voluntad, con la salvación y la vida eterna. Es más grave la situación de quien, habiendo conocido a Jesucristo se aleja de El, porque se cierra voluntariamente las fuentes de la vida. Quien no lo ha conocido, si es fiel a su conciencia, Dios lo irá llevando hasta el encuentro con Jesús. Su conciencia, su razón, su religión serán instrumentos de acercamiento que le preparan para conocer y aceptar a Jesús como Salvador en este mundo o en el otro. Las formas laicas de vida, incluso las otras religiones, pueden conducir a la verdad, en la medida en que, aun sin saberlo, con su buena voluntad, alguien busca la verdad, que es Jesús, y está dispuesto a aceptarla y vivirla en la medida de sus posibilidades.

 

¿CÓMO LO HACEMOS?

Es hora de preguntarnos ¿cómo podemos convivir de verdad con Jesús, cómo podemos vivir en comunión con El, cómo podemos conseguir que sea El quien dirija y fortalezca nuestra vida? Señalo los pasos fundamentales.

1º, Conocer la verdad histórica de Jesús. Jesús es un personaje de nuestra historia, forma parte del patrimonio, de la cultura de la humanidad. Quien quiera ser hombre de verdad tiene que acercarse a El y tratar de conocerle lo mejor posible. Ese es el propósito del libro del Papa “Jesús de Nazaret”. Se puede decir que es un libro autobiográfico, es el resultado del esfuerzo del joven Ratzinger para poder conseguir una visión cercana y concreta de Jesús a partir de las fuentes históricas que son los evangelios. Ha estado de moda la idea de que los evangelios no nos hablan del Cristo tal como fue, del Cristo histórico, sino de la interpretación y recreación de la figura de Cristo que hicieron los primeros creyentes. El Papa dice que esta separación y contraposición entre el Cristo histórico y el Cristo de la fe, destruye el realismo de nuestra fe y nos convertiría en portadores de cuentos muy bonitos pero falsos. El se propuso estudiar a fondo el problema para llegar a descubrir el verdadero rostro del Jesús histórico, del Jesús de verdad, y creer en El con fe firme. Hay que comenzar por reconocer el valor histórico y narrativo de los evangelios, los evangelistas cuentan realmente lo que pasó, aunque le añadan lo que aquellos hechos significaban teniendo en cuenta que eran acontecimientos o dichos del HIJO DE DIOS SALVADOR. Para todos los cristianos tendría que ser un deseo apasionado conocer cada día mejor a Jesús, saber lo que pasó, lo que dijo, lo que hizo, lo que ocurría a su alrededor.

2º, Concretar su identidad y su mensaje. Quién es y qué nos dice. El se presenta como el Hijo de Dios en comunión de amor con el Padre del Cielo enviado por El para ser nuestro Salvador. Vive cumpliendo esta misión hasta dar la vida en fidelidad y obediencia a su Padre, por amor a los que tenía que salvar. Nos invita a creer en el Padre, a confiar en su misericordia, a imitarle en nuestra vida siendo misericordiosos y amando a nuestros hermanos. En El se cumple el anuncio de Dios “suscitaré un profeta como Moisés que hable conmigo cara a cara” (34, 10), “como un amigo con su amigo” (33). Moisés no pudo ver a Dios cara a cara, solo el Hijo que vino del Cielo conoce a Dios. (Jn). El es el NUEVO MOISÉS, que ha visto y ve al Padre, y nos anuncia la nueva alianza, la nueva Ley, siempre en lo alto de alguna montaña, después de haber orado. El Padre le resucita demostrando que el camino de Jesús es el verdadero. El es nuestro Dios hecho hombre, su palabra es palabra de Dios, sus hechos son hechos de Dios, su cercanía es cercanía de Dios. Es Dios asomado a nuestro mundo. Y a la vez es la realización perfecta, hecha personalmente por Dios, de lo que es ser hombre, la verdad, la belleza, la grandeza del ser del hombre.

Ahora podemos entender mejor lo que quiere decir Jesús cuando nos dice que es camino, verdad y vida. El, que es el Hijo y el Verbo de Dios, la Sabiduría de Dios, viene a la tierra y se pone a vivir la vida humana como ha visto en la mente de Dios que Dios quiere que seamos. El es la verdad del hombre tal como está en la mente de Dios, tal como resulta con la fuerza del amor de Dios. El es la verdad que Dios quiere para el hombre. Este es el contenido de su anuncio del REINO DE DIOS. “Está cerca el Reino de dios” quiere decir, Dios está cerca de vosotros para ayudaros a ser con El hombres de verdad. Resulta que ese Reino de dios que anuncia es El mismo. Por fidelidad a este anuncio es condenado a muerte. Con sus palabras, con su manera de vivir, desplazaba la falsa autoridad de los dirigentes. Este Reino de Dios lo anuncia con palabras y con hechos, curando, desplazando al demonio, iniciando una vida de fraternidad con quienes quieren seguirlo. Supone un cambio real, hay que dejar la vida anterior. Para ser discípulo de Jesús hay que estar dispuesto a dejar todo lo demás. Jesús tiene un lenguaje radical “deja a los muertos que entierren a sus muertos” “deja lo que tienes y sígueme” “el que no coge su cruz y viene detrás de mí no puede ser mi discípulo”. En el momento presente no caben ambigüedades, no se puede nadar entre dos aguas, hay que definirse, o somos o no somos, o creemos o no creemos. Tenemos que reaccionar contra ese cristianismo fácil, inoperante, condescendiente, que pretende seguir a Jesús sin dejar de imitar o de agradar a los no cristianos. Esto no sirve para nada. Hay que aclararse, hay que saber dejar unas cosas para vivir otras a fondo y en plena verdad.

3º, Creer en Jesús, es poner nuestra vida en sus manos, dejarnos habitar y dirigir por El. Creer en una persona es confiarse a él, dejarle entrar en nuestra vida, aceptar sus intervenciones como verdaderas y buenas para nosotros. Así el niño con sus padres, el amigo con sus amigos, el enfermo con el médico. Así también los cristianos con Jesús y con el Padre de Jesús. Para salir de nuestras tinieblas e incertidumbres, nos cogemos de la mano de Jesús y le dejamos que El nos guíe, que El tenga la última palabra en nuestras preferencias, juicios, decisiones y proyectos. Creer en Jesús es revestirse de El, arraigarse en El, dejar que su libertad configure la nuestra, ver el mundo como El lo ve, amar lo que El ama y como El ama, rezar como el reza, vivir como El vivió, caminar con El hacia la vida eterna viviendo como hijo de Dios, en la verdad, en el amor y en la esperanza de la vida eterna. El discípulo que camina con Jesús se ve implicado en sus relaciones de piedad y de amor con su Padre, y se ve implicado en su relación de compasión, de amor y de ayuda con las personas, aun a costa de la propia vida. No hay cristianismo barato ni ambiguo. “El que no toma su cruz y me sigue no puede ser mi discípulo”.

4º, La fe en Jesús justifica y salva. El que cree en Jesús sale de su soledad, sale de su propio caparazón, es como quien se sube a su barca. Comienza a moverse con Jesús, a cambiar de vida para ser como El, se acerca a Dios con amor, con confianza, con reconocimiento de sus pecados, alcanza el perdón de Dios anunciado por Jesús, recibe el don del Espíritu de Dios para vivir una vida nueva, como hijo, en Cristo y con Cristo, una vida santa más fuerte que la muerte que es la vida de resurrección y la vida eterna. La fe en Jesús nos lleva a la fe en Dios Padre Hijo y Espíritu Santo, a recibir su amor, participar en su vida y recibir la gran novedad de la vida eterna, la vida de Dios desbordándose en nosotros. En el primer momento podemos tener la impresión de que siguiendo a Jesús perdemos muchas cosas, perdemos la vida que tenemos organizada en este mundo, para encontrar la vida verdadera, la que Dios quiere para nosotros, que dura eternamente. Perdemos lo que no es, para conseguir lo que es. Se da la ley del gana/pierde. Quien pierde, gana. Y quien gana, pierde. Este es el duro contraste que vemos ahora mismo ante nosotros. Nos dicen, si te casas por lo civil, tienes la ventaja de que te puedes separar y volver a casarte, no tienes necesidad de tener hijos, te enriqueces mas rápidamente, podrás tener dos casas, tres coches, vacaciones, etc. Pero todo eso se acaba. Nada de eso llena el corazón. Puedes tener muchas cosas y estar profundamente solo, profundamente triste y desesperado. En cambio, si te entretienes en eso, te pierdes el gozo del amor profundo, verdadero y fiel, el gozo del amor de los hijos, la paz de tu conciencia, la esperanza de la vida eterna, la alegría de vivir en la verdad, la verdad del amor que dura para siempre. Quién gana y quien pierde?

EL LIBRO DEL PAPA nos puede ayudar a concretar las enseñanzas, los ejemplos de Jesús hasta que tenga en nosotros un rostro concreto, unas enseñanzas precisas que iluminen y guíen nuestra vida. Os recomiendo leer despacio los capítulos principales,

-Las tentaciones de Jesús, donde se nos muestra la verdadera condición humana de Jesús, no es un mago, sus poderes son diferentes. La vida es lucha contra los falsos mensajes del demonio.

-El bautismo de Jesús. Jesús se somete al bautismo de Juan que era un bautismo de penitencia no por sus pecados, sino en solidaridad con nosotros, para cargar con los pecados de todos y hacerse responsable de la salvación de todos. Esa es la “justicia de Dios” que El quiere cumplir.

-La oración de Jesús. Es el centro de su vida, la fuente de sus enseñanzas y sentimientos. La experiencia de donde nace el Padrenuestro que es oración y descripción de vida.

-Las bienaventuranzas, entendidas no como preceptos, mandamientos, sino como proclamación del valor de la vida nueva, inspirada en el seguimiento de Jesús y en el amor de Dios, a pesar de las arrogancias del mundo y de las aparentes debilidades o sufrimientos de los justos. La comprobación definitiva de la verdad de esas promesas es el propio Jesús.

 

CONCLUSIONES

Para concluir os recomiendo unas prácticas sencillas que os ayudarán a entrar en la vida nueva de Jesús.

– Orar, pidiendo la fe. “Creo Señor, pero ayuda mi incredulidad”. La fe es un don y nunca la alcanzamos del todo. Nuestra fe siempre es deficiente. Siempre permanece la posibilidad (la tentación) de no creer. Nos llegan dudas, cansancios, vacilaciones. Tenemos que pedirla y reforzarla cada día.

– Tratar de conocerlo cada vez mejor, en su originalidad, leer los evangelios, el libro del Papa u otros libros semejantes. Nunca lo conocemos del todo, siempre nos reserva sorpresas.

– Adorarlo, someterle nuestra vida, aceptarlo como Dios, es decir como norma suprema de nuestra vida, como Bien absoluto, sin discusión posible, en la visión del mundo, sentimientos, actuaciones y comportamiento. Es el paso fundamental, la decisión más libre y más importante de nuestra vida. “Señor mío y Dios mío”

– Dar gracias constantemente. Por el hecho de ser cristiano. No es como haber nacido musulmán. Ser cristiano es una suerte que no hemos merecido, es un gran don que hemos recibido y que tenemos que agradecer cada día a Dios, a la Iglesia, a nuestra familia, a nuestros educadores. No somos mejores que los demás. No es mérito nuestro. Porque hemos recibido más se nos pedirá más Tenemos la responsabilidad de ofrecer a los demás, musulmanes, budistas, agnósticos, la verdad salvadora de Jesús. “Hemos visto al Mesías”. “Aquí está el camino”

PREGUNTAS

1ª, Cual te parece la dificultad más difícil de superar para creer vitalmente en Jesús?

2ª, Cómo presentar a nuestros compañeros la persona de Jesús como camino de salvación.