Cardenal

Algunas notas históricas sobre los cardenales

CardenalLa palabra “cardenal” procede al parecer de la voz latina cardo, que significa el quicio de la puerta por el que ésta queda firmemente unida al edificio. En Roma existían 28 iglesias titulares (tituli) y a principios de la Edad Media se empezó a llamar presbíteros cardenales a los clérigos que estaban vinculados a las mismas. Junto a ellos estaban los obispos de las pequeñas diócesis suburbicarias, situadas en torno a Roma, que se turnaban en la dirección del culto de la basílica de San Juan de Letrán. Por esta razón se les llamaba obispos cardenales hebdomadarios (o semaneros). Había además un orden de diáconos cardenales, cuyo origen hay que relacionar con el importante grupo de los siete diáconos que colaboraban en la atención de la Iglesia diocesana.

La importancia de estos cardenales, que asistían al Papa en las cuestiones de gobierno de la Iglesia, creció desde los comienzos de la Reforma gregoriana (s. XI). El papa Nicolás II puso en manos de los cardenales la elección pontificia (1059). A su vez, el Papa era quien los elegía y los instituía en una solemne ceremonia cuyos detalles variaron con el paso de los siglos.

Además de aconsejar al Romano Pontífice, los cardenales han tenido a menudo la función de legados a latere, enviados para hacer cumplir las disposiciones pontificias en los distintos reinos. Se les fueron encomendado también diversos cargos en la Curia romana, al frente de los grandes dicasterios, así como en el gobierno y administración de los Estados Pontificios.

Con Alejandro III (1159-1181) se empezó a otorgar el cardenalato a extranjeros, dispensados del deber de residencia en Roma. Con todo, los cardenales italianos fueron mayoría absoluta en el Sacro Colegio hasta los nombramientos efectuados por Pío XII en 1946. Juan XXIII estableció en 1962 que en adelante todos los cardenales fueran obispos.

En cuanto al número, en los s. XIII y XIV el colegio cardenalicio no superó los 30 miembros. Sixto V fijó a finales del s. XVI el máximo de cardenales en 70. Esta cifra se mantuvo hasta el pontificado de Pablo VI, que elevó a 120 el número de los cardenales que podían participar en la elección del Papa. También en este pontificado se estableció en los 80 años la edad límite para participar en el cónclave. Posteriormente, con Juan Pablo II y Benedicto XVI se ha sobrepasado ampliamente la cifra de 120.

Cardenales en la sede de Pamplona

Se puede considerar como un lejano e incompleto precedente la elevación de Pedro de Monteruc a la dignidad cardenalicia en 1356, cuando ya era obispo electo de Pamplona, aunque sin haber recibido todavía la consagración episcopal.

Un caso singular es el de los pamploneses Martín y Miguel de Zalba, tío y sobrino, ambos sucesivos obispos de la sede pamplonesa y cardenales. Martín fue el canonista más grande y fecundo que produjo Navarra hasta D. Martín de Azpilcueta. Nombrado obispo de Pamplona por Gregorio XI (1377), al plantearse al año siguiente el Cisma de Occidente, siguió con entusiasmo la obediencia de Avignon, cuyo papa lo elevó a la dignidad cardenalicia (1390). Con tal motivo abandonó Pamplona para trasladarse a la corte pontificia de Avignon, conservando hasta su muerte la administración de la diócesis. Acompañó a Benedicto XIII, el famoso Papa Luna, de quien fue fiel consejero y confidente. Formó una riquísima colección de documentos sobre el cisma, que consta de 35 volúmenes, actualmente conservados en el Archivo Vaticano. Murió en Salou (Francia) en 1403. Su sobrino Miguel de Zalba, profesor de Derecho, recibió en Avignon el capelo cardenalicio (1404) y la administración de la diócesis pamplonesa para morir dos años después en Mónaco.
Entre la segunda mitad del siglo XV y las primeras décadas del XVI fueron titulares de nuestra sede episcopal, en calidad de administradores, una serie de cardenales de la curia romana que no llegaron a pisar el territorio diocesano.

Inaugura la lista Juan Besarión, ilustre miembro de la Iglesia ortodoxa, que siendo arzobispo de Nicea participó en el concilio de Florencia y tuvo una fecunda intervención a favor de la unión de las Iglesias orientales con Roma. Habiéndose quedado en la curia vaticana como cardenal, desempeñó la encomienda de la sede pamplonesa entre 1458 y 1462.

En el tránsito al siglo XVI encontramos en el obispado a los cardenales Antoniotto Gentil Pallavicini (1492-1507) y Fazio Giovanni Santori (1507-1510). El cardenal Amaneo de Labrit, hermano del rey navarro Juan III, fue titular de la sede en dos períodos distintos (1510-1512 y 1517-1520). Cierra este grupo el cardenal Alessandro Cesarini entre los años 1520-1538. Desde esta fecha hay que esperar a nuestra época para encontrar a un cardenal ciñendo la mitra iruñesa. Se trata de Arturo Tabera Araoz, que llegó a Pamplona en 1968, fue creado cardenal por Pablo VI al año siguiente y renunció a la sede en 1971 para ocuparse de la Congregación para el Culto Divino, de la que fue Prefecto.

Cardenales navarros

Además de los ya citados Zalba y del peculiar caso de Martín de Azpilcueta (1492-1586), a quien san Pío V estuvo a punto de hacer cardenal, podemos citar algunos nombres significativos.

Eustaquio Ilundáin Esteban (1862-1937): natural de Pamplona, bautizado en la parroquia de San Lorenzo. Desempeñó en el Seminario de Pamplona las cátedras de Teodicea, Ética, Derecho Natural y Metafísica. Fue Obispo de Orense (1904) y Arzobispo de Sevilla (1920-1937); Pío XI lo nombró cardenal en 1925. Siendo rector del Seminario de Ciudad Real publicó un manual para la formación espiritual de los candidatos al sacerdocio que tuvo gran acogida: Curso espiritual del seminarista (Madrid 1899). Recibió la birreta cardenalicia a la vez que D. Vicente Casanova y Marzol, arzobispo de Granada, que tenía mucha relación con Navarra por ser su madre, Clara Marzol, natural de Areso.

Manuel Arce Ochotorena (1879-1948): natural de Ororbia, se formó en los Seminarios de Pamplona y Zaragoza, así como en Roma. Fue en el Seminario de Pamplona profesor de Literatura latina, Liturgia, Lógica y Ontología, Derecho Canónico. Recibió la ordenación episcopal en la Catedral de Pamplona (1929) y pasó por las sedes de Zamora (1929-1938), Oviedo (1938-1944) y Tarragona (1944-1948). Creado cardenal por Pío XII (1946).

Arcadio María Larraona Saralegui (1887-1973): natural de Oteiza de la Solana, entró religioso claretiano. Profesor en varias universidades romanas y prestigiosísimo canonista, desempeñó importantes misiones en la curia pontificia. Fue nombrado cardenal por Juan XXIII (1959). Llegó a ser Prefecto de la Congregación de Ritos (1962-1968) y Presidente de la Pontificia Comisión de Sagrada Liturgia durante el Concilio Vaticano II.