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Día de la Iglesia Diocesana

El 15 de noviembre de 2015 se celebra el Día de la Iglesia Diocesana. Los ingresos de la Iglesia dependen exclusivamente de las aportaciones de los fieles. Por eso en esta jornada la Iglesia apela a la generosidad de los fieles.


La verdadera riqueza de la Iglesia no son los bienes materiales, como se nos quiere hacer creer, sino la salvación de Dios, acogida en la fe y hecha efectiva en las obras de misericordia de sus hijos.  A pesar de ello, la Iglesia necesita de medios materiales para, entre otras cosas, construir nuevos templos y restaurar los existentes. Por eso hoy la Iglesia apela a la generosidad de los fieles. Los    ingresos de la Iglesia dependen exclusivamente de las aportaciones de los fieles. Ello es positivo, pues nos otorga una mayor libertad y  nos hace a todos más responsables de su mantenimiento. Contamos con la providencia amorosa de Dios y con vuestra colaboración  generosa. Ninguna de las dos nos va a faltar para seguir haciendo el bien. Dios nos lo pagará con creces.

Qué hace la iglesia con el dinero

  • La Iglesia está presente en los acontecimientos más importantes de la vida, acompañando a las personas que se acercan a Dios en los momentos más importantes de la existencia humana: en los felices (matrimonio, bautismo, confirmación) y también en los dolorosos (pecado, enfermedad, muerte). Por la Iglesia, el Dios del Amor, visible en Jesucristo, se acerca a cada uno para darle sentido y esperanza.
  • La Iglesia, como Pueblo de Dios, brinda a la sociedad valores permanentes que nos ayudan a crecer como personas y mejoran la convivencia entre los hombres: fe, defensa de los derechos humanos, fraternidad, dignidad de la persona, solidaridad, perdón, superación, esfuerzo, etc.
  • La Iglesia ayuda a los más necesitados de la sociedad: sin techo, familias rotas y desestructuradas, inmigrantes, ancianos, enfermos, etc. Estas actividades son realizadas en su mayoría por personas que entregan su vida a los demás. Los sacerdotes y los agentes de pastoral, que están al servicio de la comunidad cristiana, desempeñan, una labor discreta y muchas veces ignorada que construye el bien común de la sociedad.
  • La Iglesia contribuye al desarrollo cultural y educativo de sus miembros, así como al crecimiento de la persona con múltiples iniciativas y centros de educación y enseñanza.
  • Los misioneros de la Iglesia Católica, repartidos por todo el mundo, predican el Evangelio de Jesucristo. Es precisamente la experiencia del Amor de Dios, que viven y predican, la que les lleva a reconocer en el prójimo el rostro de Cristo, de manera particular en los más necesitados. A menudo reconocemos el testimonio heroico de misioneros que mantienen su compromiso con hombres y mujeres de zonas que viven situaciones de guerra y extrema dificultad: hambrunas, persecuciones, etc. y que, en ocasiones, ponen en peligro su vida por llevar a cabo su misión.
  • La vida de la Iglesia como comunidad cristiana da lugar a múltiples asociaciones y a un amplio voluntariado que promueve actividades sociales tanto de ámbito religioso (movimientos apostólicos y cofradías) como civil. Estas actividades contribuyen al bien común con su respuesta a las más variadas realidades y necesidades sociales.
  • La Iglesia a lo largo de la Historia ha creado un patrimonio cultural y artístico que configura la imagen de nuestras ciudades y pueblos y que es expresión de su fe. En sus diferentes planos de actuación, la Iglesia mantiene, restaura y sigue desarrollando y creando los necesarios e imprescindibles bienes muebles e inmuebles para el desarrollo de su actividad.