REVISIÓN DE VIDA ANTE UN NUEVO AÑO 01-01-2008

Es muy común escuchar que lo importante en la vida es “ser buena persona”. Y esto, que tiene mucho de verdad, encierra también una soberbia solapada o encubierta que consiste en desechar todo lo que haga referencia al pecado, a la debilidad o a la fragilidad que existe en el mundo y en la sociedad. Una madre, por ejemplo, dirá que su hijo, aunque se comporte mal, es un chico bueno de corazón o que en el fondo es una buena persona. Como madre que ama no quiere resaltar en él lo malo, las malas costumbres, los malos modales… Lo disculpa desde su entrañable corazón misericordioso.

Pero es muy distinto el modo de proceder que está adentrándose en el pensamiento, en la razón y en la conciencia actual considerando como algo normal aquello que rompe con las verdaderas raíces de un sano y profundo comportamiento humano. Se cubren con una capa de justificación de conveniencia hechos que son imputables y a los que se les puede considerar objetivamente pecaminosos. Este modo de pensar deteriora la conciencia y hasta corroe la espiritualidad de los que han optado por el Evangelio de Cristo y sus mandamientos. No sólo se ha perdido el sentido del pecado sino que hasta se justifica o se considera que es una realidad fuera del contexto social, familiar y personal como si de un fantasma absurdo se tratara. Y, se afirma que, en el caso que éste existiera, sólo se le puede colocar en los ámbitos de la injusticia, lo demás parece como si estuviera inmunizado del mismo pecado y no fuera parte de la experiencia humana. A los desórdenes de tipo moral mientras no sean injusticias se pueden admitir puesto que es, así dicen, una expresión de la libertad.

Este modo de pensar se ha inoculado, como si de un virus se tratara, en el pensamiento de muchos contemporáneos e incluso creyentes. Se oye decir: “Soy cristiano pero no practico, lo importante es ser buena persona”, o “para qué confesarme si no tengo pecados…”. De hecho ha bajado la cuota y el valor en sí del sacramento de la confesión y una de las razones puede ser ésta. El pecado es algo que no tiene nada que ver con la vida de los que dicen vivir como modernos. Sin embargo, lo moderno no debe contradecir la fidelidad a Jesucristo. Lo moderno es vivir en gracia de Dios, porque lo auténticamente moderno es el amor de Dios en nuestras vidas y en nuestra sociedad. Lo moderno es poner el alma y la vida a punto para que si, en cualquier momento Dios nos llama, tengamos nuestras cuentas en positivo y no en números rojos. Y lo moderno es vivir la libertad responsable sabiendo que el bien se ha de aceptar y al mal se ha de rechazar.

¡Cuánta soberbia encubierta y solapada bajo la cual está la hipocresía, la mentira y el engaño! ¡Cuánta soberbia solapada de los que piensan que la vida es posible aunque se traicione a Dios y se desprecie al hombre! Sólo quien mira cara a cara al rostro de Dios y pone como indicadores de su camino los mandamientos, podrá desenmascarar a esta soberbia encubierta, y entonces vivirá la lealtad y fidelidad humana y cristiana con gallardía y con heroica alegría. La soberbia es la ceguera espiritual que no deja ver con nitidez y claridad aquello que nos hace mirar lo más auténtico de nuestra vida. El corazón siempre está inquieto hasta que no descanse en Dios. La humildad es la puerta abierta para encontrarnos con Cristo que ha venido a curar nuestro egoísmo y a llenarnos de su gracia. Os deseo un feliz año 2008 y que la búsqueda de la santidad sea nuestra única meta.