Derecho a la salud en la madre

El lema que ha escogido Manos Unidas para la campaña de este año 2008 es muy importante y muy sugerente: ‘Madres sanas, derecho y esperanza’. Por una parte conviene recordar que la misión que ejerce la madre dentro de la familia y en medio de la sociedad es de un valor incalculable y por otra el derecho a ser considerada y ayudada en todos los ámbitos de su vida es un deber que compete a las Instituciones y en definitiva a toda sociedad. Ante tantas agresiones que puedan darse, respecto a la mujer, la Iglesia agradece a las madres su labor y su tiempo de gestación como un momento muy importante en el ámbito familiar y social. Juan Pablo II afirmó que “la maternidad conlleva una comunión especial con el misterio de la vida que madura en el seno de la mujer” (cfr. Mulieris Dignitatem, nº 18) y por ello conviene estar atentos para cuidar lo mejor posible la salud de aquella que tiene como vocación específica, fruto de la unión del esposo y la esposa, el cuidado de la futura criatura.

Si bien es cierto que se debe atender con primor la salud de la madre otro de los motivos que impulsan a ello es que “la madre admira este misterio y con intuición singular ‘comprende’ lo que lleva en su interior” (ibidem, nº 18). Y es por ello que se ha de atender como primario y más importante la atención a la que como templo sagrado contiene una vida en proceso que es persona que ya forma parte de la familia y de la comunidad humana. La madre acepta y ama al hijo que lleva en su seno como una persona más. Este reconocimiento hace posible que el ser humano crezca en la dignidad propia a la que está llamado.

Cuando las relaciones humanas crecen y progresan no se ha de olvidar la grandeza a la que estamos llamados y es que somos hijos de Dios que nos ha creado por amor y al amor nos llama. El amor verdadero se ejerce con la fuerza propia de si mismo por eso la madre en el contacto con el nuevo ser humano que va tejiéndose en su interior crea en ella una nueva actitud no sólo hacia el propio hijo, sino hacia el ser humano en general y esto es lo que caracteriza “profundamente toda la personalidad de la mujer” (ibidem, nº 18).

Creo que el lema de Manos Unidas puede, además de sugerente, ser una manifestación de sentido humano para profundizar y advertir que la madre necesita todos los cuidados para que su salud sea garantizada y esto es muy obvio puesto que en la madre la humanidad se lo juega todo. Por ello se ha de tener presente que ‘madres sanas es un derecho y una esperanza’.

+ Francisco Pérez González,

Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela