EL ESPÍRITU SANTO HABITA ENTRE NOSOTROS 11-05-2008

En la experiencia cristiana sabemos que hay una razón fundamental que nos hace sentir la fuerza del amor y es el Espíritu Santo que como fuego incendia nuestras vidas. Sabemos que la vida nos depara momentos especiales de encuentro profundo con el amor de Dios y estos instantes vienen señalados en ambientes, en circunstancias, en grupos, en comunidades y en personas concretas con las que se comparte la fe de Jesucristo en su Iglesia. La morada del Espíritu Santo es cada persona humana y el ámbito especial donde él se nos manifiesta es la Iglesia. Le pedimos que llene el corazón de todos y encienda con su fuego de amor a la sociedad. Cuando los discípulos estaban esperando que el Espíritu se manifestara estaban ocultos en una casa y tenían miedo de mostrar a la sociedad lo que habían aprendido y escuchado. Fue tal la fuerza del día de Pentecostés que todos estaban iluminados y abriendo las puertas anunciaron que la fe en Cristo y en su evangelio era lo mejor que había sucedido al género humano.

Hoy en la Iglesia también gozamos de un nuevo Pentecostés. Nunca nos ha dejado solos ni nos ha abandonado a la suerte de los vaivenes de la sociedad. Muchos han descubierto en el ámbito familiar que siendo “el sagrario social” no pueden desistir de vivir una fe brillante y gozosa y por ello se empeñan en seguir siendo lugar de amor, de vida, de esperanza y de profunda educación cristiana. La familia es el lugar donde Dios se recrea y con-crea puesto que en ella se hace patente y presente el halo del Espíritu. Pero también la fuerza del Espíritu se manifiesta en tantas personas entregadas y generosas que están, como sacerdotes, consagrados,  catequistas y educadores en la fe, dando su tiempo y sus energías para que niños, jóvenes y adultos descubran el amor de Dios. Y si a esto añadimos los distintos carismas que han surgido y siguen mostrando la presencia del Espíritu podremos decir que ciertamente él habita en medio de nosotros.

Los carismas que son gracias que Dios concede a personas concretas y que tales gracias no se encierran en sí misma sino que, poniéndose “encima del celemín” iluminan y favorecen a todos, nos hacen revivir la misma experiencia de Pentecostés. Muchos son los Movimientos, las Asociaciones y los miembros de Nuevas Comunidades Eclesiales que han surgido últimamente. Son manifestaciones y frutos que produce el Espíritu Santo en medio de su Iglesia y al servicio de una sociedad que está sedienta de Dios. Por ello hoy hemos de estar felices, como los apóstoles el día de la venida del Espíritu Santo, para mostrar que nada nos ha de turbar y menos desesperanzar puesto que la Iglesia está viva, dinámica, gozosa y entregada para que todo el género humano descubra que Cristo es la Luz del mundo.