LA EUCARISTÍA, ESPERANZA PARA EL POBRE 01-06-2008

El domingo pasado celebramos con gran gozo la fiesta del Corpus Christi y ya tenemos en Pamplona una Capilla (la Basílica Menor de San Ignacio) dedicada a la Adoración Eucarística Perpetua. Día y noche estará abierta para que todos los que lo deseen puedan tener la posibilidad de adorar al Señor que, como él nos dijo, estará presente entre nosotros hasta el final de los tiempos. No hay duda que este acontecimiento divino se perpetúa desde que Cristo resucitó y nos da la garantía de que nunca más estaremos huérfanos. La experiencia nos demuestra que el ser humano padece muchas enfermedades pero una que le es característica es la de la orfandad; sus síntomas se muestran en el sentimiento profundo de la soledad, del desamparo y de los dramas interiores que se padecen con amargura y desesperación en muchos casos. Todos estamos apresados por dolores y sufrimientos que nos afligen. Y ante tales momentos necesitamos una mano amiga que nos consuele y nos aliente.

La adoración a Dios es una manifestación de confianza y de reconocimiento, la primera porque Dios nunca defrauda y la segunda porque nadie nos ama tanto como él. Muchos navarros y emigrantes de distintos países del mundo, que viven entre nosotros, han dado parte de su tiempo para dedicar una hora semanal a encontrarse cara a cara con Cristo Eucaristía. Felicito tal generosidad y ruego que el Señor nos conceda la gracia de convertirnos cada día más a él. Pero no olvidemos que este amor de Dios que recibiremos abundantemente debemos darlo a raudales a aquellos que están sufriendo y padecen la pobreza en diversas facetas. Pensemos en los enfermos, en los encarcelados, en los que padecen el hambre, en los que están abandonados y en tantas formas de pobreza que hoy existen. Ellos han de percibir que Cristo Eucaristía les da esperanza porque los que vivimos unidos en adoración no podemos dividir el amor a Dios del amor al prójimo pues de lo contrario la adoración sería falsa si no atendemos a los que sufren la pobreza en sus múltiples manifestaciones.

No hay mayor amor que la entrega generosa por los que sufren y padecen. Los santos han dado prioridad al Amor poniendo como punto de mira los dos amores: amor al Dios vivo y verdadero y amor a los pobres. Quien adora ama y quien ama sirve. Pues de nada nos valdría amar a Dios a quien no vemos si no amamos al hermano a quien vemos como nos subraya la Palabra de Dios. Por lo tanto en este tiempo de gracia que será con creces la Adoración Eucarística Perpetua nos impulsará a tener muy presente a los pobres y ésta será la garantía de una verdadera adoración. Como decía Benedicto XVI “no es la ciencia la que redime al hombre, éste sólo puede ser redimido por el amor”. En el centro de la ciudad siempre habrá un Amigo que nos espera, un Amigo que nos consuela y nos alivia, un Amigo que nos invita a vivir coherentemente con el Evangelio y las enseñanzas de la Iglesia, un Amigo que nos comprende y que nos apoya con su misericordia y un Amigo que nos da el abrazo de su amor.