LA UNIDAD ES FUENTE DE CONVERSIÓN 25-01-2009

        El domingo pasado comenzábamos la Semana de oración por la Unidad de los Cristianos y el día 25 se concluye este tiempo de plegaria y ofertas espirituales para rogar a Dios que nos conceda cuánto antes la comunión total. Sabemos que no es fácil y que los condicionantes históricos pesan mucho. No obstante a pesar de nuestras debilidades y dificultades se ha de trabajar para que llegue este deseo de Jesucristo: “Como tú, Padre, estás en mí y yo en ti, que también ellos estén en nosotros. De este modo el mundo creerá que tú me has enviado” (Jn 17, 21). La conversión a Cristo, que es el signo visible de la unidad con el Padre en el Espíritu, pasa por la unidad entre nosotros como él nos pide. Aún más él mismo nos advierte de que si no estamos unidos entre nosotros la fe se debilitará y muchos dejarán de creer. La fe por tanto exige, como en una tierra esponjosa, dejar que caiga la semilla del amor y de la unidad que producirá frutos de conversión. Creer en Cristo exige unidad entre todos y así el mundo volverá a la fe.

         Nos lamentamos de que las situaciones sociales son difíciles y que incluso se ha perdido socialmente la fe. ¿No será que una de las causas de tal pérdida es la falta de unidad entre los cristianos? Ya nos advertía el Concilio Vaticano II que muchos permanecen en la nebulosidad del ateismo por la falta de testimonio de los creyentes. Cuando el gran poeta místico R. Tagore, de procedencia india, vino a Europa para conocer la experiencia de los cristianos puesto que el Evangelio le había fascinado se sintió defraudado al observar que los creyentes se adaptaban a la mentalidad del mundo y fallaban en su arrojo evangélico; no dio el paso a la conversión por la falta de testimonios auténticos. Esto nos debe interpelar permanentemente. En las primeras comunidades cristianas tanto el amor, la unidad y la fraternidad hacían milagros pues muchos paganos se convertían a la fe en Cristo y la razón que daban era: “Mirad cómo se aman”.

        La conversión tiene como una de las fuentes a la unidad que es la expresión del amor entre hermanos. La unidad no contradice la diversidad sino que la hermosea así como un cuadro se hace bello si en él confluyen muchos colores armonizados. La riqueza de la unidad son los matices que en ella se expresan y que nunca la restan, al contrario, la hacen más auténtica. Ya es tradicional en la espiritualidad cristiana reflejar que en las cosas necesarias siempre ha de haber unidad, en las discutibles que cada uno se exprese libremente y que en todo momento exista la caridad. Estamos en unos tiempos donde se ha de procurar llevar este espíritu de unidad y no podemos caer en la tentación de vivir a expensas de ideologías que rompen tal comunión. La unidad auténtica es la forma mejor de predicar que Dios ama y nos ama. ¡Cuándo llegará esta unidad tan ansiada por Cristo! Roguemos durante este tiempo para que se haga palpable la unidad y pongamos, cada uno, nuestro “granito de arena” a fin de que sea cumplido el deseo de Cristo.