EL SENTIDO DEL AYUNO 01-03-2009

            Tal vez uno de los momentos más importantes en la experiencia de la vida es la de saber administrarla con sentido armónico y en ocasiones esto supone sacrificarse de cosas, de estilos de actuar, de modos de regir las propias costumbres y de entrega generosa a los demás. La austeridad tiene sus raíces en la sobriedad y en la privación de algo que nos ayuda a crecer tanto humana como espiritualmente. Lo podemos comprobar en la misma sociedad cuando los caprichos afloran, por ejemplo en un niño, y no se pone remedio para conducir su modo de actuar inmediatamente su comportamiento de desboca como el potro que no tiene ni ley ni norma. Tal vez sea uno de los comportamientos que hoy hay que cuidar para orientar la vida con sentido maduro y de mayor seguridad.

 

           La Iglesia nos invita durante la Cuaresma a vivir el ayuno que según la Palabra de Dios y la tradición cristiana sirve de gran ayuda para evitar el pecado y todo lo que induce a él. Jesucristo también ayunó y nos mostró con este gesto que la experiencia humana necesita purificarse de muchas cosas que le pueden desviar de la voluntad de Dios. El verdadero ayuno conduce al cumplimiento de la voluntad de Dios y a dejarse impregnar por el designio que él tiene sobre cada uno de los seres humanos.

 

            ¿Cómo podemos ayunar durante esta Cuaresma? Si por amor a Dios nos sacrificamos de cosas, es decir, nos privamos de caprichos tanto en el comer como en el vestir, y lo que esta privación comporta económicamente después lo entregamos para solidarizarnos con los pobres, estamos haciendo un verdadero ayuno. Podemos discernir cómo van nuestras formas de actuar que suelen estar viciadas por la comodidad, por la falta de responsabilidad en el trabajo, por la crítica negativa, por palabras inútiles y superficiales… Si estamos dispuestos a cambiar se realizará un verdadero ayuno. Observemos cómo regimos nuestras costumbres y si van de acuerdo con el Evangelio y las enseñanzas de la Iglesia. Hay comportamientos que necesariamente deben cambiar pues se desvían del verdadero camino de la fe y son contrarios a la moral cristiana. Si con nobleza de corazón salimos de estos errores, estamos haciendo un verdadero ayuno. Y no olvidemos que el ayuno que agrada a Dios es la caridad: La entrega generosa a los demás. El amor al hermano y la dedicación a los que están necesitados tienen un gran valor. El ayuno tiene su inicio y su fin en el amor a Dios y al hermano.

 

            Ayunar por ayunar no tiene sentido, sería deshumanizante e inhumano. El ayuno tiene sentido cuando lo hacemos por amor y poniendo en el centro del mismo la gloria de Dios. Si una buena madre de familia, si un buen misionero, si un buen empresario, si un buen profesional… se sacrifica y realiza su vocación por amor está dando la mayor gloria que se puede dar a Dios. El ayuno verdadero nos favorece en el camino emprendido de la santidad; vivamos así durante esta Cuaresma y sentiremos el gozo que produce la vida cristiana bien llevada.