Cristo Resucitado transforma la vida

Estamos en el tiempo pascual y acabamos de celebrar la Semana Santa en la que hemos recordado los acontecimientos de la vida de Jesucristo que son únicos e irrepetibles. La experiencia cristiana no es un modo de vivir a expensas de ideas más o menos ordenadas que pueden llegar a mover el sentimiento. La experiencia cristiana es un encuentro profundo con la Persona de Jesucristo que ha padecido, ha muerto y ha resucitado. Si esto no se creyera caeríamos en una fe fraudulenta sería un fracaso y una mera forma de embadurnar la vida sin ninguna base. Tampoco la fe es una invención de unas personas o de una comunidad. La experiencia cristiana es un auténtico encuentro con la Persona de Cristo que hace posible que podamos ser testigos de lo que hemos visto y oído.

De ahí que la vida en Cristo que se nos hace palpable y visible en la Resurrección no es una teoría, ni una imaginación, sino una realidad histórica revelada por Cristo mediante su paso (pascua) que ha abierto una nueva vía entre la tierra y el cielo. «No es un mito ni un sueño, no es una visión ni una utopía, no es una fábula, sino un acontecimiento único e irrepetible» (Benedicto XVI). Los testigos de este acontecimiento los encontramos en Pedro, en Juan, en la Magdalena, en los discípulos de Emaús, en los apóstoles en el Cenáculo. Las apariciones de Jesucristo fueron reales y palpables como nos muestra cuando dice a Tomás que meta sus dedos en sus llagas y su mano en su costado. Jesucristo elogia al que crea sin ver y tanto es así que llama bienaventurado al que sin ver ha creído.

Ante la falsa experiencia de fe que muchas veces se puede presentar y que viene provocada por falsos sentimentalismos, donde a Jesucristo se le considera una imagen abstracta e incluso como si fuera alguien inventado por la comunidad, se debe reaccionar manifestando que la fe no se puede manipular ni por los tiempos ni por las culturas y menos por las ideologías imperantes en el tiempo o en los ámbitos de la sociedad. La fe es un encuentro gozoso con la Persona y vida de Jesucristo que se ha desplegado en el tiempo a través de su Palabra y los Sacramentos. Jesucristo bien que nos afirmó que siempre estaría con nosotros hasta el final de los tiempos. ¡Ahí tenemos la grandeza de creer, esperar y amar! Que este tiempo pascual vivamos unidos en el encuentro con el Resucitado así como lo hicieron los discípulos y apóstoles. Que esta alegría llene nuestras vidas de amor y paz.

 

+ Francisco Pérez González,

Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela