ENSEÑAR AL QUE NO SABE 27-09-2009

                 Según el Catecismo de la Iglesia Católica las ‘obras de misericordia’ son catorce, siete espirituales y siete corporales. La primera de las espirituales es ‘enseñar al que no sabe’. En estos momentos que aún se sigue debatiendo y se discute si en la escuela se debe dar clase de religión creo que todos hemos de apostar por la formación integral de la persona que se basa en el trípode de la formación humana, intelectual y religiosa o espiritual. Si a una mesa se la quita alguna de sus patas, esa mesa se cae. Lo mismo podemos decir, usando esta comparación tan común, respecto a la clase de religión, es decir que si a una formación integral de la persona se le priva de cualquier punto esencial del trípode, el ser humano se deprecia y se recorta.

                  Por derecho los padres tienen la obligación de formar a sus hijos. Además la Constitución Española afirma que los poderes públicos garantizarán el derecho que asiste a los padres para que sus hijos reciban la formación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones ( Cap. 2, Secc. 1, Art. 27 & 3). Es importante que se tenga presente este derecho que cobija la posibilidad de formar a los niños y jóvenes no sólo en los valores propios de lo que es la cívica convivencia o la educación en valores sino también en las razones últimas de la realidad humana que está cuestionada en la intimidad e interioridad de la persona. La fe y el sentido religioso no es algo yuxtapuesto al ser humano sino que es la esencia fundamental de la realización espiritual de la persona.

                   La enseñanza por lo tanto ha de hacer posible que la persona se desarrolle humana, intelectual y espiritualmente. En lo humano favoreciendo el crecer de las actitudes que valoran y maduran las relaciones con los demás, desde la intelectualidad se ha de promover lo científico, técnico y filosófico que hace posible que  la mente y  la inteligencia se desarrollen armónicamente y espiritualmente se ha de entrar en la fe que promueve y despeja los interrogantes más sagrados que se hacen presentes en la profunda intimidad del ser humano. No cabe duda que todo esto supone una disposición fundamental por aquellos que tienen el deber de custodiar a la sociedad pero también es cierto que requiere una posición clara y decidida por parte de los padres que han de formar a sus hijos. Nos jugamos la madurez integral de la persona.

                    La formación religiosa es tan fundamental como las demás. De ahí que pidamos los cristianos seriedad respecto a la clase de religión. No se puede quedar como si de una asignatura de segunda o tercera clase se tratase. Las claves de una verdadera democracia se forjan en el discernimiento claro y fiable de una formación integral de la persona. A los alumnos conviene que se les presente, sin afán de partido, aquello que les va a favorecer en su vida y en la maduración de su personalidad. Enseñar al que no sabe es servicio concreto al hombre.