LA TRANSMISIÓN DE LA FE 18-10-2009

             Con gozo y alegría se va celebrando en todas las Parroquias y en la Diócesis el envío de catequistas y profesores de religión y todo porque si hay algo que merece la pena dar a la humanidad contemporánea es el evangelio de Jesucristo. El gran reto que hoy se nos pide a los cristianos es el de transmitir con fidelidad y esperanza la vida que hemos recibido gratuitamente y es la fe en Jesucristo nuestro Salvador. Se ha de romper con ese cristianismo acobardado y sin incidencia personal o social. La labor de todos los creyentes es asumir la gracia amorosa de Dios y hacerla viva entre nosotros. La ilusión del seguidor de Cristo no ha de disminuir y menos perder la esperanza. A veces podemos desmotivarnos al comprobar que hoy la gente no se adhiere, como antes, a la vida cristiana. Es momento de mayor entrega y de mayor espíritu cristiano. Más testigos hemos de ser. Ante tanta sequía, mayor raudal de agua.

             Hace pocos días el Papa Benedicto XVI, en una misa multitudinaria, decía que hemos de elevar el mundo hacia Dios y transformarlo desde dentro y nos recordaba la necesidad de no dejarnos atemorizar ante una cultura materialista, que amenaza con disolver la identidad más genuina de los discípulos de Cristo. Transmitir la fe no deja tiempo para el sesteo, es una labor diaria y de entrega total. Los grandes santos han sido siempre personas que han hecho de su vida una permanente búsqueda para llevar a cabo grandes ideales o, mejor dicho, el gran Ideal que es Dios y su voluntad. Hubieran sido unos mediocres si se hubieran dejado conducir por lo fácil y lo cómodo y nunca hubieran llegado a ser santos. La fe escuece la médula del alma que enardece el corazón y la vida.

             Nuestra Diócesis de Pamplona y Tudela tiene cientos de catequistas y de profesores de religión católica y agentes de pastoral. Es un número considerable pero esto nos exige a todos mayor responsabilidad a la hora de anunciar la fe en Jesucristo, sin miedos y sin traumas. Los que hemos recibido el don o carisma de ser mensajeros del evangelio hemos de profundizar en una mayor intimidad con Jesucristo al que deseamos anunciar no sólo de palabra sino también con el testimonio. La caridad es la reina de las virtudes y ésta sólo resplandecerá en nosotros y en nuestras comunidades cristianas si vivimos con frescura la unidad y la presencia del Señor en nosotros y entre nosotros y si amamos con pasión a la Iglesia que como Madre y Maestra nos enseña, ampara y cobija.

             Invito a todos para que este año de gracia y de oración por los sacerdotes además de ahondar en el conocimiento de la Palabra de Dios con la oración, el estudio y la aplicación y profundización del Catecismo de la Iglesia Católica, nos adentremos mucho más en la vida de los sacramentos: del Perdón y de la Eucaristía. Un catequista, profesor de religión o agente de pastoral que no se acerca asiduamente a las “fuentes del amor de Dios” que son los sacramentos no es garantía seguro de testimonio cristiano. El testimonio o nace de Cristo o de lo contrario es un testimonio desnaturalizado, no tiene fuste y es pura falsedad.