PEREGRINOS HACIA LA LUZ 14-02-2010

 El Año Santo Compostelano, el segundo del Tercer Milenio, tras el celebrado el año 2004 comporta un año de gracia del Señor que supone cada Jubileo, en el que el peregrino de todas las épocas, y en especial el hombre de hoy, encuentra al final del Camino lo que más necesita: el don total de la misericordia de Dios, el encuentro con Cristo que cancela todos nuestros pecados. Este es el foco irresistible de atracción del Camino en el año Jubilar.  No por menos el lema del Año Santo es: “Peregrinos hacia la Luz”. Esa luz es Jesucristo que ilumina la experiencia de todo aquel que desea seguirle. Tras la puerta del perdón y el abrazo al Apóstol, los peregrinos salen transfigurados por el pórtico de la Gloria que es como el anticipo de la puerta del Cielo, de la vida plenamente bienaventurada.

Por la puerta abierta del Camino de Santiago entraron en España santos, sabios, artistas, nobles y plebeyos, caballeros y mendigos. El flujo de los peregrinos atrajo la presencia de las órdenes militares, de los monjes cluniacenses y el románico, el Cister y el gótico, los hospicios, albergues, puentes, las donaciones y privilegios de los reyes, los intereses de los mercaderes; de manera que la realidad religiosa del Camino fue semilla de civilización y de cultura, haciendo crecer a sus orillas ciudades florecientes y monumentos admirables. Muchos santos recorrieron el Camino: San Francisco de Asís, Santa Isabel de Portugal, Santa Brígida de Suecia y otros muchos. Figuras ejemplares de caridad como Santo Domingo de la Calzada o San Juan de Ortega donde los peregrinos encontraban asistencia y cobijo.

La religión auténticamente vivida, es siempre fuente de cultura, porque ilumina interiormente la mente de los creyentes, sitúa la vida en el contexto de la realidad, aclara y pone nombre a los misterios de la vida, inspira y moviliza la creatividad del hombre, propone escalas de valores y formas de comportamiento. La fe cristiana no solamente está en las raíces de Europa, sino que forma parte de su presente y de su futuro. Europa tendrá que volver a reconocerse cristiana o irá perdiendo, poco a poco, su propia identidad y sus adquisiciones más altas. Juan Pablo II el año 1982 dijo en Santiago de Compostela: “Europa vuelve a encontrarte. Sé tú misma. Descubre tus orígenes. Aviva tus raíces. Revive aquellos valores auténticos que hicieron gloriosa tu historia y benéfica tu presencia en los demás continentes…Tú puedes ser todavía faro de civilización y estímulo de progreso para el mundo.”

     La realidad actual del Camino de Santiago manifiesta muchas cosas que no siempre tenemos suficientemente en cuenta. Los miles de peregrinos que actualmente recorren el Camino, la mayoría de ellos con intenciones religiosas más o menos explícitas, demuestran de manera incuestionable que el hombre moderno, el hombre europeo, el hombre racional y técnico de nuestro tiempo, sigue siendo un ser religioso, dotado de una dimensión de interioridad, que necesita horas de soledad y de silencio para descubrirse a sí mismo, que siente la necesidad de encontrarse con un Dios real, infinito y cercano al mismo tiempo, amorosamente emparentado con nosotros. Si alguien pretendiera recuperar el Camino, reduciéndolo a una realidad cultural de interés económico, desconociendo o ladeando su sustancia religiosa, demostraría una visión muy corta de la historia y de la naturaleza humanas.