En el Corazón de Jesucristo nos realizamos y confiamos

Muchas veces me he preguntado si llegamos totalmente a ser conscientes de la vida que tenemos ahora en nuestras manos. La vida tiene un tiempo que finaliza con la muerte y tiene una continuidad en la eternidad. Habitualmente deberíamos preguntarnos de donde venimos y hacia donde vamos. Algunos piensan que el hombre de hoy tiene suficientes recursos para valerse por si mismo y no necesita ni siquiera de Dios. Con orgullosa y soberbia audacia proclama que ya Dios no es necesario al hombre y que tal vez en otras épocas se podría recurrir a él, ahora no.

Este estilo de pensar y actuar lleva a un callejón sin salida. Entonces, ¿quien puede dar razón de los frutos tan amargos que producen en la sociedad el materialismo y el hedonismo? La autosatisfacción como realización del individuo y el placer como criterio de las propias opciones ¿hacen al hombre feliz? Las consecuencias de una cultura egoísta o la cultura de la muerte no esta dando buenos resultados y basta que miremos un poco a nuestro alrededor. La vida tiene sentido cuando se la da razones sobrenaturales, es decir, cuando la ponemos cara a cara con la finalidad que ella tiene. ¡Estamos llamados para vivir la plenitud de amor y felicidad que anida en nuestro espíritu! Y esto sólo se cumple en el encuentro con Jesucristo: manifestado en su amor lleno de ternura que se hace presente en su corazón de carne. En lo más profundo del ser humano existe el deseo de paz, alegría y felicidad.
Jesucristo es necesario hoy como siempre, porque el ser humano se lo merece y no se le puede engañar con falsos paraísos a los que lleva la droga, la corrupción, la promiscuidad y las falsas libertades. Jesucristo es necesario porque el hombre tiene razones suficientes para sentirse amado y salvado. Jesucristo es necesario porque sólo Él da la vida en plenitud. Jesucristo Es necesario siempre.

Gastar bien la vida es de sabios. Malgastarla es de ignorantes. La plena realización del hombre está en Jesucristo que nos ha prometido la Vida Eterna. La mayor frustración es la ausencia de Él y de su amor. La meta no es esta vida que tiene un fin, sino en la que está más allá de la muerte: el Paraíso. Si hemos sido responsables y fieles a la gracia de Dios participaremos de su plena alegría; pero, si por el contrario no hemos correspondido seremos desgraciados eternamente.

Es conveniente y necesario que nos preguntemos: ¿cómo va mi vida de cara a Dios? ¿Busco estar unido con Él y con su voluntad? Si somos sinceros descubriremos que aún nos queda mucho trecho para dar total sentido a nuestra existencia. Desde un amor que se ha entregado por nosotros y nos ha salvado podemos entender que la vida adquiere el sentido auténtico. Jesucristo nos espera y nos ampara. Por ello, durante este mes de junio, deseamos realizar la consagración al Sagrado Corazón de toda la Diócesis. Si Cristo ha entregado por amor su vida para salvarnos ¿cómo no voy a reconocer que le debo corresponder manifestando mi amor? Unámonos para dar razón de nuestra fe en el Amor de Dios y como signo de amor, a los que sufren, promovamos la Casa de Acogida para jóvenes que estando embarazadas optan por la vida y con valentía hacen posible que la vida siga hacia adelante en el ser humano que tienen en sus entrañas. ¡Sagrado Corazón de Jesús en vos confío!