Soy una joven que desearía entregarme a los demás y mi vocación no es ni la vida matrimonial, ni ser religiosa, ni ser simplemente una seglar. De alguna forma querría consagrarme a Dios pero sin pertenecer a ninguna estructura o institución religiosa. ¿Qué podría decirme a este respecto?

En el mes de junio de 1996 se celebró en Roma un congreso internacional con más de un millar de mujeres seglares de Vida Consagrada. Eran de todo el mundo y su pretensión fue la celebrar los veinticinco años de su fundación como “Vírgenes consagradas en medio del mundo” y digo fundación porque hace esos años se promulgó un Decreto desde el Vaticano en el que se aprobaba dicha vocación en la vida de la Iglesia. No es que sea una novedad, desde los primeros tiempos de las comunidades cristianas fue un hecho que mujeres atraídas por un seguimiento más totalitario a Jesucristo hacían esta opción de vida entregada y generosa.
No son religiosas, ni pertenecen a ningún instituto secular. Dependen del Obispo de la Diócesis con el que mantienen reuniones periódicas y las envía a trabajar en labores apostólicas. Ellas viven en sus casas o con la familia o solas y se sustentan con el trabajo que realizan. Hay diversidad de trabajos a los que se dedican: funcionarias del estado en diversos cargos, empleadas de hogar, de laboratorios, empresarias, profesoras, trabajadoras en fábricas, médicos y otras ocupaciones.
Como puede comprobar es una forma de vivir el seguimiento a Jesucristo y hoy tiene una gran importancia testificarlo desde estas u otras opciones para manifestar que él es nuestro verdadero Maestro que nos conduce por el camino verdadero de la auténtica dignidad humana. Ante el alejamiento social de lo que signifique lo religioso o lo cristiano Dios va regalando a la humanidad “pequeñas luces” que son reclamos que ayudan a volver, un poco más, al interior del alma y a reconocer que el ser humano está llamado a cosas grandes y a reconocerse como hijo de Dios.
Ante una sociedad que se ve tentada de vivir superficialmente, es decir, que no sabe adentrarse en la riqueza de su vida interior; una sociedad que está tocada, muchas veces, por un ambiente erotizado por la publicidad y por la filosofía del placer necesita testimonios de personas que se organizan la vida con seriedad y con planteamientos que testimonian la finalidad a la que todo ser humano está llamado: la dignidad humana. Si quiere “darse a Dios y a los demás” y con los matices que me expresa en su pregunta tal vez este puede ser el camino de su vida. En nuestra Diócesis hay un número pequeño de vírgenes consagradas que con su estilo de vida manifiestan una opción sincera al seguimiento de Jesucristo. El Vicario Episcopal de la Vida Consagrada tiene la encomienda, por parte del arzobispo, de seguir su proceso y su formación.

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