Los jóvenes en torno a la Iglesia

Pregunta: Soy un joven universitario y veo que la Iglesia está como alejada de lo que nosotros jóvenes pensamos. La veo como poco metida en las realidades humanas. Parece que se escapa en el momento que le toca involucrarse. Dígame algo que me ayude a comprenderla mejor.

Respuesta: Te agradezco que te hayas dirigido a mí y deseo que de esta relación podamos mantener una amistad. Observo que estás preocupado y quieres ser sincero contigo mismo y estás buscando dar respuesta a tantas preguntas que se te presentan en el camino de tu formación.
Quiero serte sincero y responder a los interrogantes que te haces. Lo primero de todo decirte que Iglesia es una familia de creyentes en Jesucristo y que ha sido fundada por el mismo Cristo. “No soy yo, es Cristo quien vive en mí”, decía San Pablo. Y Cristo ha querido que la única ley que debe hacerse viva entre sus discípulos es la de la caridad; les dice: “Amaos como yo os he amado”. Y en ese amor se distinguirá a un verdadero discípulo de Jesucristo del que no lo es.
La Iglesia, joven amigo, no es una institución o empresa humana, es decir no la funda ninguna mente humana, si bien Jesucristo se la ha confiado a seres humanos que son pecadores y frágiles. Cuando llama a sus apóstoles sabe que se la confía a personas limitadas y débiles. ¿Recuerdas cuando Pedro niega a Jesús? Por eso la garantía de la Iglesia no somos sus miembros pues sabemos de las fragilidades que nos invaden. La santidad de la Iglesia es verdadera porque la garantiza Jesucristo el único Santo y Perfecto.
Me dices que la Iglesia no se implica. Te digo que se implica mucho, basta que pienses en los misioneros que están trabajando en el Tercer Mundo; los centros de marginados que están atendidos por religiosos; muchos voluntarios que atienden a enfermos y a personas necesitadas, además la cantidad de ‘campañas’ como por ejemplo la de Cáritas, Manos Unidas u Obras Misionales Pontificias y así podría enumerarte muchas más. Hay muchos cristianos que se implican en favor de los pobres, de la sociedad, pero lo que pasa es que generalmente no se les ve tanto como a otros que están más en candelero. ¡Nunca te fíes por las apariencias!
Y ahora quiero darte un consejo: tal vez estás metido en algún grupo de compromiso en favor de los demás, sigue adelante, pero si no lo estás te invito que te lances a trabajar por los necesitados. Constatarás enseguida que es más gozoso dar que recibir. Y si eres católico no olvides el compromiso de rezar, de participar en los sacramentos y de ser testigo de lo que vives. Todo esto te llevará a ver las cosas de otra forma.
También me hablas que la Iglesia está alejada de tu forma de pensar y vivir. Pero yo te pregunto si no será al revés que eres tú el que está alejado de la forma de pensar y vivir del Evangelio y éste te señala una forma de vida que no concuerda con una mentalidad de una sociedad que valora otras cosas o aparentes valores muy distintos a la mente de Jesucristo y de su Iglesia. Si te has fijado los que más critican a la Iglesia son los que no participan para nada de su vivencia y algunos osan decir: “soy católico pero no practicante”. Es una contradicción pues nadie puede dar lo que no tiene. Busca, desde la humildad, amar a Cristo y su Iglesia (no tu iglesia, hecha a tu imagen) y encontrarás la respuesta.