Sobre la Iglesia y el aborto

Pregunta: Es algo que me preocupa y me atormenta ¿qué nos puede decir ante lo que está sucediendo en ciertas Clínicas Abortivas respecto al “aborto por decapitación”?

La Iglesia ha estado siempre en contra del aborto y esto por una sola razón: nadie tiene derecho a usurpar el lugar que sólo corresponde a Dios que es el Dueño de la vida. Pero aún más el hombre se dignifica en tanto en cuanto respeta el quinto mandamiento que es el de no matar. Aun cuando sea un embrión, ahí está ya plasmada la imagen de Dios y nadie puede arrogarse la facultad de romper tal imagen pues inmediatamente interrumpe un proyecto que sólo a Dios le corresponde. El hombre no puede ponerse por encima de Dios: ha de obedecer sus leyes y cumplir su voluntad y esto por pura dignidad. Lo más innoble y antirreligioso que existe es el aborto.
Ahora bien hablando del caso de estas Clínicas recuerdo lo que decía una enfermera llamada Brenda Pralt Shafer, con trece años de experiencia y que se consideraba “muy pro aborto” hasta que le tocó participar en uno de estos abortos por decapitación. Ella misma cuenta que asistiendo a una mujer embarazada de seis meses el latido de corazón del niño resultaba claro en la pantalla. El doctor sacó el cuerpo y los brazos de la criatura; todo excepto la cabecita. Su cuerpo se movía, mantenía las manos cerradas y sacudía los pies. El doctor introdujo las tijeras en la nuca de la criatura, cuyos brazos se extendieron de repente en una reacción de susto como la de un chiquillo que siente que se va a caer. El doctor abrió las tijeras, introdujo el tubo de succión y aspiró la masa encefálica. El cuerpo yacía completamente quieto. Pero sigue diciendo esta enfermera que nunca más volvió a la Clínica porque todavía recuerda la cara de aquel niño. “Era el rostro más perfecto y más angelical que he visto en mi vida”. Brenda llevará siempre ese recuerdo.
Se suele afirmar que una imagen vale más que mil palabras. No se pueden añadir más reflexiones ante la evidencia de una realidad tan cruel. Es urgente que se recupere el sentido moral y ético ante situaciones que fomentan la falta de dignidad humana. Nadie tiene en sus manos cambiar los designios de Dios y Dios nos ha dado la vida para que la sepamos administrar con elegancia y sin romper el hilo que la sostiene. Defender la vida es esencial y fundamento del mensaje evangélico. Por ello la Iglesia aplaudirá a quien defienda la vida y condenará lo que vaya en contra de la vida misma. La conciencia no se somete a los fáciles manejos de las antropologías recortadas e interesadas, la conciencia verdadera y auténtica defiende la vida y la protege. Apoyemos la “cultura de la vida” en nombre de la humanidad y en nombre de Dios.