Responsabilidad personal en la vivencia de la fe

Soy una persona que se ha enfriado cristiana y espiritualmente. Me cuesta creer todo lo que dicen los sacerdotes, es muy difícil seguir lo que nos comunican en sus homilías. Además les veo preocupados en hacer cosas pero poco dedicados a la gente. Si alguien quiere hablar con un sacerdote, generalmente siempre tiene prisa. ¿Podría explicarme todo esto? ¿Qué puedo hacer yo para no perder lo poco que tengo de fe?

El ambiente social no es favorable a lo religioso como era en otros momentos. Con esto no quiero decir que antes era mejor y ahora peor. Simplemente constato un dato. Además creo que debe desaparecer un cristianismo débil y de apoyos ideológicos. Ser cristiano hoy y siempre ha supuesto una entrega convencida y generosa. No basta con decir: Soy cristiano y los demás tienen la culpa de mi poca fe. Eso es como decir: Trabajo menos porque los demás no desarrollan bien su trabajo. Cada uno personalmente tiene su responsabilidad. Vivir como cristiano no es fácil. Cuando uno quiere conseguir algo grande, sabe que esto supone trabajo, esfuerzo y entrega. Las homilías son una explicación de la palabra de Dios aplicada a nuestra vida concreta de hoy. Otra cosa es si las proclamamos bien o no y aquí, ciertamente, hemos de trabajar constantemente los sacerdotes para prepararlas bien. La Palabra de Dios sigue teniendo actualidad, porque son palabras claves a la hora de madurar y regenerar al ser humano. Por eso ante la Palabra de Dios o se la acepta con todas las consecuencias o se buscan caminos de huida. El primer paso es poner cada uno lo que nos corresponde y trabajando siempre con ilusión en la labor que nos toca realizar y esto no exento de poner nuestros oídos para saber escuchar. Me dice que los sacerdotes hacen cosas pero no se dedican a la gente. Si por un momento dejáramos de estar en las parroquias los más de cuatrocientos sacerdotes de la Diócesis de Pamplona-Tudela, vería Ud. el vacío que se sentiría. Hay trabajos que se ven y otros que no se ven; estos segundos le toca, muchas veces, realizar al sacerdote. Estamos tan metidos en el quehacer diario que también nos afecta a los sacerdotes: el mal del ‘stress’ o de las prisas. Y sucede que a la hora de hablar personalmente con el sacerdote estoy seguro que todos están dispuestos; si hay alguna excepción esto no confirma la regla general y que sean todos así. Para mi es un orgullo ver a sacerdotes, y son muchos, que están en pueblos o ciudades por verdadera vocación y entrega generosa. Y, no cabe duda, que están allí abiertos a la atención de la gente. Su presencia es muy importante. La fe, me comenta, que se ha enfriado un poco en su vida. Le animo para que, con esos rescoldos de fe, sople un poco y la llama volverá a arder. Nada se consigue si no se ponen los medios. La fe no se puede vivir individualmente, ha de ser en Comunidad y en comunión con la Iglesia. En la Iglesia hay muchos espacios para poder revitalizar la fe: la Parroquia, los distintos ambientes cristianos de grupos o movimientos, la vida sacramental. No viva de tópicos y apoye con todas sus fuerzas aquello que aprendió de pequeño. La fe es arriesgarse en la propia vida y es búsqueda. No nos podemos parar ninguno de nosotros si queremos conseguir el objetivo: revitalizar permanentemente la fe.