Homilía de Mons. Francisco Pérez en la segunda javierada

Habéis venido hasta aquí como buenos peregrinos con la actitud decidida de “caminantes ante la vida”, de estar “en camino hacia el Señor”, “en camino con el Señor”, especialmente este año que ansiamos vivir “arraigados y edificados en Cristo; firmes en la fe, como Francisco Javier”, que así reza el lema de las javieradas de este año.
Al comenzar me gustaría felicitaros a todos, uno por uno, a los niños, a los jóvenes, a los más mayores y, con especial afecto, a los que habéis venido en familia. De modo especial a los enfermos que nos seguís por la Radio o por la TV. A los navarros y a los que os habéis acercado desde otras ciudades y pueblos. Sed todos bienvenidos y, con las palabras de San Pablo que hemos escuchado sentíos felices porque “por la obediencia de uno solo, Jesucristo, todos habéis sido constituidos justos” (Rm 5,19).

1. La tentación de nuestros primeros padres que hemos escuchado en la primera lectura y las tentaciones de Jesús, recordadas en el Evangelio, ponen ante nuestros ojos la tentación permanente de posponer a Dios y dejarlo en segundo plano. En efecto, la tentación se presenta con visos de aparente sentido común y de aparente prudencia: después de cuarenta días sin comer, es lógico satisfacer el hambre. Y el diablo no le incita a grandes manjares que podría parecer un exceso; simplemente le propone comer pan, el alimento más básico. Pero encierra una enorme trampa: convertir las piedras en pan, sin contar con Dios. Por eso la respuesta de Jesús va a lo nuclear de la tentación: “No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”. Contar con Dios es contar con su voluntad. Quien hace la voluntad de Dios no sólo le agrada sino que le glorifica.
La tentación por conseguir nuestras metas, también las legítimas, al margen de Dios sigue siendo actual. Sufrimos una severa crisis de fe en Dios como creador y dueño de la vida. De ahí que se pretenda ausentarlo y marginarlo como si fuera alguien ajeno a la vida, a la realidad económica y a la realidad social. Trabajamos, nos afanamos y vivimos como si Dios se hiciera el intruso, como alguien que nada tiene que ver en nuestra existencia. Se llega hasta pensar que Dios ya no sólo no existe sino que quien tenga fe en él es un hereje social: debe ser expulsado de la sociedad. Pensemos lo que está sucediendo, con el martirio de cristianos, en ciertos países de Medio y extremo Oriente. Queridos peregrinos no queremos ni podemos dejarnos engañar: estamos aquí porque, al estilo de San Francisco de Javier, queremos gritar al mundo que Dios existe, que es nuestro Creador, que nos ama a cada uno con amor de Padre, que cuida de nosotros mientras estamos en este mundo y nos espera después con los brazos abiertos.

2. La primera tentación ponía una cláusula condicional: “Si eres hijo de Dios…”, la misma que repetirán los que se burlaron de Jesús en la Cruz: “Si eres hijo de Dios, baja de la cruz”. La misma probablemente que escucharemos en amargo sarcasmo ante el dolor del inocente: Si Dios es amor, ¿por qué deja que haya sufrimiento? Nos cuesta entender que Cristo no ha bajado de la Cruz sino que ha transformado el dolor en amor y el sufrimiento en gracia.Y se aplica a la Iglesia y a los cristianos: Si sois tan buenos, por qué en vez de rezar no os dedicáis a solucionar los problemas. No quiero hacer aquí una apología del esfuerzo que hace la Iglesia para paliar en cuanto es posible las angustias de tantos que están sufriendo la miseria, que no tienen trabajo ni ven un futuro halagüeño. Ni pretendo estimular vuestra generosidad que siempre es mucha para colaborar con Cáritas y con tantas otras instituciones eclesiales de caridad. ¡Ya lo hacéis! Sólo quiero reivindicar una jerarquía de valores: primero Dios que es quien nos proporciona los medios materiales. Más aún, cuando reconocemos a Dios, somos capaces de buscar, con ahínco, la solución de tantas dificultades que nos angustian. No olvidemos que el mismo Jesús que rechazó como una tentación hacer un milagro para alimentarse, fue el que unos meses más tarde llevó a cabo la multiplicación de los panes y peces. Pero en este caso los que tenían hambre habían venido a escuchar la palabra de Dios. Más aún, el mismo Jesús nos enseñó una maravillosa oración que tantas veces repetimos, el Padre Nuestro, en el que pedimos insistentemente: “Danos hoy nuestro pan de cada día”. De las tentaciones de Jesús aprendemos que no podemos apartar a Dios de nuestra sociedad, ni de nuestras vidas. Al contrario, “bien sabe vuestro Padre Celestial que tenéis necesidad de todo eso”, decía Jesús. Por todo ello, la palabra de Dios que escuchamos, la oración que practicamos, la fe que profesamos nos impulsa con mayor ardor a participar de las angustias de nuestros hermanos y a esforzarnos por encontrar la mejor solución posible.

3. La segunda tentación parece más intelectual, casi es una discusión entre sabios. El diablo le recuerda una cita de la Biblia, el salmo 91, aplicada al Mesías: “El Señor ha dado órdenes a sus ángeles y te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras”. Por tanto, le dice, tírate de aquí abajo, es decir, lánzate al vacío con la única confianza en Dios. Parece razonable, ¿verdad? Y yo me pregunto: ¿hay actualmente alguna tentación semejante, que proponga un planteamiento, digamos, razonable? Pienso que la familia está padeciendo desde muchísimos ángulos ataques de todo tipo, con frecuencia presentados como razonables. Se repite que es parte de una sociedad moderna la obligación de que no se someta a los esposos a una convivencia, dicen, imposible de resistir. Y se promulgan leyes profundamente injustas, pero revestidas de ropaje vacío de sentido racional pero que se llegan hacer normales, facilitando la caída en el vacío existencial puesto que se buscan subterfugios inconsistentes para acallar la conciencia: el derecho de la madre a abortar, realizar separaciones matrimoniales cuánto más rápidas mejor, el derecho a interrumpir la vida cuando uno lo desee. Y de nuevo se oye la respuesta de Jesús: “No tentarás al Señor tú Dios”. Quien tienta a Dios o le hace un pulso, al final siempre sale perdiendo, en cambio quien es dócil a su mandato de amor será feliz y habrá ganado el ciento por uno.
La educación es otro blanco fácil de atacar y que los padres cristianos habéis de defender con tesón. Dejadme recordar a este respecto unas palabras que pronunció el próximo Beato Juan Pablo II en esta misma plaza el 9 de noviembre de 1968: “La familia cristiana, que actúa ya como misionera al presentar sus hijos a la Iglesia para el bautismo, debe continuar el ministerio de evangelización y de catequesis, educándolos desde su más tierna edad en la conciencia misionera y el espíritu de cooperación eclesial (…). ¡Familias cristianas!: confrontaos con el modelo de la Sagrada Familia, que favoreció con delicado esmero la gradual manifestación de la misión redentora, misionera podemos decir, de Jesús”. Y poco después animaba a los presentes: “Miraos también en la acción edificante de los padres de Javier, que hicieron de su hogar una ‘Iglesia doméstica’ ejemplar. (…). Siguiendo el ejemplo de la familia de Javier, las familias de esta Iglesia de San Fermín han sido fecundo semillero de vocaciones sacerdotales, religiosas y misioneras. ¡Queridas familias de Navarra: debéis recobrar y conservar celosamente tan excelso patrimonio de virtud y servicio a la Iglesia y a la humanidad!”.
4. No quiero terminar sin hacer mención del acontecimiento importantísimo que vamos a vivir este año en España. Me refiero a la Jornada Mundial de la Juventud, de la que uno de los patronos es San Francisco de Javier. Sabéis que aquí mismo, a los pies del Castillo, tendremos una magna concentración el sábado 13 de agosto con los jóvenes que vengan a nuestra Diócesis desde los diferentes lugares de Alemania, de Europa, de China, de Islandia, de Brasil, de Kenia y de otros muchos lugares del mundo. Con mucha ilusión estamos preparando esas fechas y con mucha esperanza, porque estamos seguros de que el Señor nos bendecirá con muchas gracias para todos. Pido vuestra oración, vuestra colaboración y vuestro compromiso con esta tarea que están moviendo e impulsando el equipo de la JMJ en Navarra y en todas las Diócesis de España.

No puedo pasar por alto al gran grupo de amigos que celebran el 40 aniversario de su Asociación y son los miembros de ASPACE. Ellos mismos dicen que la “Javierada es un símbolo y signo de itinerario vital de las personas con discapacidad”. Les felicitamos y deseamos que vivan la fraternidad expresión viva del amor que Dios nos regala. A los pies de la Virgen ponemos todas estas ilusiones, todos estos ideales para que Ella los presente ante su Hijo y ante el trono de Dios.