La superstición, desviación del sentimiento religioso

Leyendo el Catecismo de la Iglesia Católica he visto que habla con mucha claridad de lo que es la superstición y sus consecuencias nocivas. ¿Podría explicarnos un poco más lo que esto significa y si tenemos peligro de caer los creyentes en Navarra en esta desviación?

La definición de superstición, que se encuentra en cualquiera de los diccionarios de la lengua española, significa: desviación del sentimiento religioso que nos hace creer en cosas extrañas a la fe y contrarias a la razón. Y se puede caer en este peligro cuando dando culto a Dios se atribuye una importancia, de algún modo, mágica a ciertas prácticas. Por ejemplo, cuando se busca la eficacia a la sola materialidad de las oraciones o de los signos sacramentales y se prescinde de la disposición interior que esto exige. Así nos exhorta la Palabra de Dios: tener cuidado de no apoyaros en lo externo y olvidéis el dar más importancia a lo que se alberga en nuestro interior (cfr. Mt 23,16-22).

El encuentro con Dios y las devociones de modo especial, si no estamos atentos, pueden producir una desviación a la que se llama: magia. Y esta consiste en realizar y promover prácticas mediante las cuales se pretende domesticar potencias ocultas para ponerlas a su servicio y obtener un poder sobrenatural sobre el humano. Y esto aunque sea para obtener salud es gravemente contrario a la virtud de la auténtica vivencia cristiana.

De ahí la vigilancia que hemos de tener los creyentes para no caer en falsas devociones. A veces se observa, por ejemplo, que en torno a un Santuario se encuentra una estela (una piedra que hace referencia a un monumento antiguo) y puesto que alguien dice que quien lo toca con la mano queda su enfermedad curada, se cae en la ingenuidad de ir a tocar dicha piedra, convencido que esto se cumplirá. También se han puesto de moda los amuletos y la lectura de las manos, la cartomancia y los adivinos; proliferan en las cadenas de televisión y en los medios de comunicación. Además se vanaglorian, en sus manifestaciones, que son creyentes. Nada más contrario a la auténtica religión.

La devoción auténtica es la prontitud con que uno está dispuesto a hacer la voluntad de Dios y más allá de lo que pueda ocurrir pone la confianza en el Señor que nos ayuda a superar todas las situaciones, aún las dolorosas, por las que podamos pasar. La sabiduría popular tiene también su respuesta al afirmar: “A Dios rogando y con el mazo dando”. No son buenos consejeros los puros sentimientos y la búsqueda de soluciones fáciles, es necesario utilizar todas las facultades que tenemos y no reducir nuestra vida a puros espejismos fantásticos.

El cristiano verdadero busca a Dios en todo y no desvía su atención haciéndose su “dios” a medida. La revelación del verdadero Dios viene desvelada en Jesucristo que se ha encarnado y nos ha manifestado su pensamiento en el evangelio y ha dejado como intérprete de su mensaje a la Iglesia. Ella tiene la responsabilidad de servir y poner en el justo y recto camino a los creyentes.

A pesar de nuestros defectos la Iglesia sigue haciéndose presente en el mundo a través de los siglos y sus orientaciones tienen una sabiduría que viene asistida por el Espíritu Santo.