El culto a las imágenes

Ahora que en tiempo de verano estamos celebrando muchas fiestas, hay una de las cosas que me cuestiona y es el culto que damos a las imágenes de los santos o de la Virgen. ¿No es cierto que se dan momentos que dicho culto pudiera ser excesivo y se llegue a perder el sentido auténtico del culto a Dios poniendo en primer lugar a la imagen del santo?

Las imágenes ciertamente que nunca deben sustituir el culto verdadero a Dios. Son un reflejo de lo más íntimo que nos lleva a Dios. El honor tributado a las imágenes sagradas -dice el Catecismo de la Iglesia Católica- es una veneración respetuosa, no una adoración, que sólo corresponde a Dios. Por eso existe el ‘culto de adoración’ que solo se debe a Dios y el ‘culto de veneración’ que debemos hacer a la Virgen y a los Santos
La misma teología nos enseña que el culto de la religión no se dirige a las imágenes en sí mismas como realidades, sino que las contempla bajo su aspecto propio de imágenes que nos conducen a Dios encarnado. Ahora bien, el movimiento que se dirige a la imagen en cuanto tal, no se detiene en ella, sino que tiende a la realidad de la que ella es imagen.
No debemos perder de vista que mientras estemos en este mundo lo tangible y lo simbólico no se puede desechar como, ocurrió en el siglo octavo con los iconoclastas que eran tan exagerados que no justificaban el culto a las imágenes. Tuvo que venir un Concilio (celebrado en Nicea el año 787) quien hizo presente que el culto a las imágenes debía hacerse porque a través de ellas expresamos el verdadero culto a Dios que se nos ha manifestado en Jesucristo a través de la encarnación.
A veces pueden darse situaciones curiosas y es en el momento que haya gentes que tengan tanta devoción a la imagen de su pueblo, parroquia u otro lugar de culto, que desprecien o infravaloren a la imagen del pueblo de al lado o de la ermita de la Virgen que está en otro lugar bajo distinta advocación. Cierto que eso contradice la auténtica fe cristiana. Y exige una mayor formación y aplicar una corrección, en este caso, a la hora de educar y orientar la vida de los creyentes.
De ahí que la devoción popular exige discernimiento y “puesta al día” de lo que hoy nos piden los signos de los tiempos y purificar aquello que pudiera interrumpir tal proceso. Nunca debemos aplaudir lo que nazca por puro sentimentalismo o devoción equivocada puesto que no tiene consistencia de fe. Si se cree que es más importante la veneración de tal santo que la celebración de la Eucaristía o de los Sacramentos, esto provoca una mala interpretación de lo que significa la verdadera fe. El santo o me lleva a la Eucaristía o se puede convertir en un apoyo sin contenido de fe. El culto de las imágenes sagradas está fundado en el misterio de la Encarnación del Verbo de Dios.