FIESTA DE LA NATIVIDAD DE NUESTRA SEÑORA (Privilegio de la Unión de los Burgos) 08-09-2011

1.- El nacimiento de Pamplona como ciudad tuvo lugar en el año 74 o 75 antes de Jesucristo, cuando fue fundada por el general romano Pompeyo, que le dio el nombre de Pompaelo. En época romana, Pompaelo (la ciudad de Pompeyo), era una ciudad importante y grande. Estaba situada donde hoy está la zona de la Navarrería, en el casco antiguo. Los arqueólogos han encontrado y siguen encontrando en su subsuelo cantidad de restos de esa época: casas, templos, termas, mosaicos, murallas…

            En la alta edad media el imperio romano cayó y en los siguientes siglos Pamplona perdió su esplendor, convirtiéndose en un pequeño poblado de agricultores situado en torno a una iglesia, la que más tarde se convertirá en Catedral. Aquí nació, en el siglo IX, el Reino de Navarra, con el nombre de Reino de Pamplona.

             En el siglo XI el Camino de Santiago trajo a Pamplona mucha gente proveniente de Francia, principalmente artesanos y vendedores, que aportaron mucha riqueza. Aunque se quedaron a vivir en Pamplona, no se mezclaron con la gente autóctona, sino que se instalaron junto a la ciudad de los Burgos diferenciados: El Burgo de San Cernin y la Población de San Nicolás. Así Pamplona estuvo dividida en tres poblaciones: La Navarrería (la ciudad de los navarros), el Burgo de San Cernin y la Población de San Nicolás. Las tres estaban separadas entre sí por murallas, pues eran enemigas unas de otras. Durante la Edad Media fueron continuos los enfrentamientos y las guerras entre ellos.

              El día 8 de septiembre del año 1423, con el Privilegio de la Unión,  el rey navarro Carlos III unió los tres Burgos, convirtiendo a Pamplona en una única ciudad. Hoy hace 588 años que se dio este hecho importante. Desaparecieron los enfrentamientos entre los tres Burgos y las murallas que les dividían también fueron desapareciendo, manteniendo sólo las que rodeaban la ciudad.

              2.- Hasta aquí una pequeña reseña histórica de lo que hoy celebramos: El Privilegio de la Unión. Pero hago una reflexión y es la siguiente: sólo el amor, la verdad y la unidad serán factores imprescindibles para lograr la auténtica paz, la estabilidad personal, la unión familiar y el progreso social. Las desavenencias, las divisiones, los conflictos han dado como resultado las crisis de todo tipo, los malestares y la destrucción de lo más noble que hay en el ser humano: la paz y la fraternidad. “Sabemos que, a los que aman a Dios, todo les sirve para el bien” (Rom 8,28). Cuando me vienen a visitar los misioneros siempre me recuerdo de esta frase de San Pablo. Los misioneros viven en ambientes duros y difíciles y sin embargo ellos no quieren ser más que unos servidores del evangelio y dan y se dan en lo pequeño y poco de cada día. Su labor es la de llevar la caridad como esencia del progreso humanizador.

              ¿No es cierto que tal vez estemos, en occidente, demasiado  preocupados de tener y de poseer y buscar los propios intereses y menos de vivir unidos en caridad para que todo se haga más llevadero y los problemas los afrontemos en común? La caridad en la verdad es la principal fuerza impulsora para el verdadero desarrollo de toda la persona y de la humanidad entera. “Sólo con la caridad, iluminada por la razón y por la fe, es posible conseguir objetivos de desarrollo con un valor humano y humanizador” (Benedicto XVI, Audiencia General, 8 de julio 2009). Se ama al prójimo tanto más eficazmente cuánto más se trabaja por la justicia y por el bien común.

              Hoy celebramos el Privilegio de la Unión; al final venció la racionalidad y el sentido común puesto que las divisiones e incluso las reyertas y las violencias no aportaban más que destrucción y muerte. Pero la justicia y el bien común llegaron a crear un ambiente de unidad que pacificó a la sociedad.

              3.- Hoy celebramos la fiesta de la Natividad de nuestra Señora y aquí en Pamplona, en la Catedral, se la recuerda como Santa María la Real que tanta raigambre, en la devoción popular, ha tenido siempre. Ella al pronunciar el magnificat, cuando visitó a su prima Isabel, anuncia que Dios “dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes… a los ricos los despide vacíos” (Lc 1, 51-53). Dios aprecia en María la humildad, más que cualquier otra cosa. Esta perspectiva que nos indica la Sagrada Escritura choca fuertemente hoy con la cultura y la sensibilidad del hombre contemporáneo.

             Decía el Papa Benedicto XVI en Montorso (Italia) con motivo del Ágora de los jóvenes italianos en el año 2007: “Al humilde se le considera un abandonista, un derrotado, uno que no tiene nada que decir al mundo. Y, en cambio, este es el camino real, y no sólo porque la humildad es una gran virtud humana, sino, en primer lugar, porque constituye el modo de actuar de Dios mismo… no sigáis el camino del orgullo, sino el de la humildad. Id contra corriente: no escuchéis las voces interesadas y persuasivas que hoy, desde muchas partes, proponen modelos de vida marcados por la arrogancia y la violencia, por la prepotencia y el éxito a toda costa, por el aparecer y el tener, en detrimento del ser”.

             El camino de la humildad no es un camino de renuncia, sino de valentía. No es el resultado de una derrota, sino de una victoria del amor sobre el egoísmo y de la gracia sobre el pecado.

            La motivación fundamental de todos los creyentes en Cristo no es el éxito, sino el bien, un bien que es tanto más auténtico cuanto más se comparte, y que no existe principalmente en el poder o en el tener, sino en el ser. Así se edifica la ciudad de Dios con el género humano, una ciudad que crece desde la tierra y a la vez desciende del cielo, porque se desarrolla con el encuentro y la colaboración entre los hombres y Dios (cf Ap 21,2-3).

            3.- La experiencia de la JMJ, tanto en Navarra como en Madrid, ha sido un “soplo del Espíritu”, así se lo expresé, en la despedida del aeropuerto de Barajas, al Papa Benedicto XVI. Estoy seguro que para muchos jóvenes ha sido una gran inyección de esperanza, de ilusión y de compromiso de mayor entrega a los demás. Todos deseamos una sociedad más justa, más solidaria y siempre buscando el bien común y esto nace de lo más hondo de nuestra nobleza humana. Los navarros siempre se han caracterizado, y ahí tenemos muchos ejemplos de ciudadanos ilustres y santos, por la nobleza del corazón.

            Ruego a María que nos ayude a ser consecuentes con las enseñanzas de su Hijo Jesucristo que nos ha mostrado su Vida de gracia y alegría, nos ha marcado un Camino de perfección en el amor y nos ha iluminado con su Verdad. Os ruego, Virgen María, por esta ciudad de Pamplona para que busque siempre veredas de justicia, de paz, de solidaridad y  no se canse de que el bien común impere antes que los intereses personales o ideológicos.

             ¡¡¡ Ruega por nosotros Santa Madre de Dios bajo la advocación de Santa María la Real y haznos dóciles para seguir las enseñanzas de tu Hijo Jesucristo !!!