Pasión

Seminario Diocesano: “Pasión por el Evangelio”

Metidos de lleno en este camino de la Cuaresma y con la mirada puesta en el horizonte de la Pascua, la solemnidad de San José atrae una vez más nuestra atención sobre la realidad del Seminario y de las vocaciones al sacerdocio.

El lema de la campaña del Día del Seminario de este año “Pasión por el Evangelio” viene acompañado por un sugerente cartel que evoca los hermosos días que pudimos pasar con Benedicto XVI en la Jornada Mundial de la Juventud de Madrid 2011. En esta instantánea fotográfica un grupo de jóvenes españoles toman en brazos y levantan la cruz de la JMJ para pasársela a los jóvenes brasileños, anfitriones de las próximas Jornadas Mundiales, que acogerá la ciudad de Río de Janeiro en julio de 2013.

 

La cruz se convierte así en el testigo que jóvenes de toda raza, lengua, pueblo y nación se van pasando a lo largo de una carrera que toca todos los rincones de la tierra y afecta a todas las generaciones. Esa cruz de Jesucristo es, sin duda, el gran acontecimiento de la historia, cuya onda expansiva nos alcanza inexorablemente planteándonos la pregunta esencial de nuestra vida: ¿quién es este Jesús? ¿qué tiene que ver con mi vida, con mi felicidad, con el bien de la humanidad, con los gozos y las esperanzas, las alegrías y los sufrimientos más profundos de los hombres?

 

En el itinerario cuaresmal que estamos viviendo, mirar a esa cruz que los jóvenes de la JMJ alzan sin complejos en medio de todas las naciones de la Tierra supone contemplar con profunda gratitud la entrega del Señor por nosotros los hombres y por nuestra salvación como señal de la genuina “Pasión por el Evangelio”. Y supone también contemplar unidos en Jesús el amor al Padre, a su voluntad, y el amor apasionado a los hombres como dos caras de una misma moneda. Esa pasión por la salvación de la humanidad que anida en el Corazón humano del Dios hecho hombre es la misma pasión que le empuja a la entrega en la cruz y la misma que le impulsa a fundar la Iglesia y en ella el sacerdocio.

 

En efecto, los sacerdotes hemos nacido de la pasión de Jesús por llevar adelante su obra salvadora, de su pasión por abrir los ojos de los hombres a la Verdad y por ensanchar los corazones de los hombres en el Amor definitivo. Él quiere seguir llegando a los niños y los jóvenes, a los ancianos y los enfermos, a las familias y a los que están solos, a los pobres y a las víctimas de las ideologías que han emborronado los caminos de la vida en tantos hermanos nuestros. Hoy más que nunca necesitamos que brille el ministerio sacerdotal, que brille el Amor del Buen Pastor, en medio de nuestros ambientes; necesitamos que el tesoro del Evangelio fecunde los extensos campos de la familia y la educación, la economía y la política, el verdadero desarrollo y la defensa de la dignidad de las personas, las relaciones entre los pueblos… También en nuestra Navarra se palpa la necesidad urgente de esta nueva evangelización, que nos devolverá la alegría y la esperanza.

 

Para trabajar por el auténtico progreso, para avanzar en la mejor dirección, apoyemos al Seminario y a las vocaciones a través de nuestra cercanía y afecto, nuestra oración perseverante y nuestra colaboración. Y a los jóvenes que buscáis sinceramente acertar en la vida, os recuerdo aquellas conmovedoras palabras del Papa en la pasada JMJ: “¡No os conforméis con menos que la Verdad y el Amor: no os conforméis con menos que Jesucristo!”. Recordad: No tengáis miedo; fiaos de Él y no quedaréis decepcionados…