DOMUND 2012. LA MISION ES ANUNCIAR A JESUCRISTO (Misioneros de la Fe) 21-10-2012

         En la Iglesia celebramos la jornada mundial por las misiones que siempre coincide en domingo, de ahí que se llame esté día: DOMUND (=Domingo mundial). Es un domingo que tiene una significación especial puesto que la Iglesia la fundó Jesucristo para que transmitiera su mensaje de amor y de esperanza por todo el mundo. Les dice a los apóstoles que vayan por todas partes llevando el evangelio que es la mejor NOTICIA que se puede anunciar.

        El Papa Benedicto XVI nos recuerda, en este “Año de la Fe”, que estamos llamados a hacer resplandecer la Palabra de la Verdad. No hay palabra más auténtica y veraz que la evangélica. Sólo Dios puede hablar desde la Verdad y con Verdad. El beato Juan Pablo II nos decía que “no podemos permanecer tranquilos, pensando en los millones de hermanos y hermanas, redimidos también por la Sangre de Cristo, que viven sin conocer el amor de Dios” (RM, 86).

        Los cristianos no podemos abandonar ni dejar de transmitir este tesoro aún en medio de las dificultades que encontremos en el camino o en los caminos de nuestra vida. El hombre tiene sed de infinito y hambre de Dios. Basta mirar los rostros de tantas personas que nos rodean y podremos constatar la gran sequedad que se percibe: falta de amor, de felicidad, de ardor humano y de esperanza. No nos podemos quedar con los brazos cruzados como si nada ocurriera. Con urgencia y presteza hemos de llevar la fe en Jesucristo. ¡Muchos nos esperan!

       Quiero dedicar un agradecimiento especial a los misioneros que, saliendo de su propia tierra la de Navarra, han surcado los mares y corrido los caminos del mundo, para anunciar a Jesucristo. A ellos no les agrada que les adulemos por su entrega, más bien desean que estemos a su lado orando y rezando por su labor apostólica. Es muy común, cuando vienen de vacaciones, el deseo de volver cuánto antes a los lugares dónde están evangelizando. Les llega a molestar si se les propone comenzar ya su tiempo de descanso entre nosostros, después de tantos años de generosa labor pastoral; un descanso por otra parte bien merecido. Su único deseo es ofrecer su vida, hasta el final, con aquellos que están acompañando y con los que han confraternizado durante muchos años.

       Agradezco también a todos los navarros por su colaboración económica en esta Jornada del DOMUND. La población de Navarra, es una de las regiones, que más colabora por sus misioneros y para sus misioneros. Es un gran signo de su identidad, es decir, de lo que caracteriza a esta tierra tan maravillosa.

     Desde muy pequeño me sentí atraído por San Francisco de Javier; sentí un atractivo espiritual y humano de este gran santo. Me impresionaban sus viajes por Asia y, a pesar de las dificultades, siempre las superaba “confiando en Dios”. Me ardía el corazón cuando leía, en su biografía, que dedicaba horas y horas para atraer a tantas personas a la conversión y a la gracia de Dios y cómo gran número de personas se sentían atraídas por Jesucristo. Los bautizos eran numerosos y los conversos eran multitud. Tal vez su ejemplo me ayudó después para disponerme en la vocación hacia el sacerdocio. Las vidas de los santos eran mis lecturas preferidas.

      Mi gran ilusión, durante un tiempo, fue la de estudiar medicina. Un día, en momentos nada fáciles en la adolescencia, el director espiritual me dijo: “Está bien que tengas ese gran deseo, pero para los cuerpos hay ya muchos médicos, no así para las almas”. En mi interior sentí una luz que me hizo saltar de gozo. A muchos jóvenes se lo he dicho con franqueza: “El camino de mi fe lo debo a la elección que un día hice por Jesucristo”. Esa luz la percibí de modo especial, años atrás, el día de mi primera Comunión. El Amigo más importante de mi vida nunca me ha fallado y siempre me ha fortalecido y consolado. Es el único sustento de mi fe que es como una luz que despeja todas las tinieblas. Comprendí lo que dice Cristo “Yo soy la Luz del mundo”.

      En este “Año de la Fe” quiero vivir, junto con todos vosotros, aquello que nos dice el Papa Benedicto XVI: “El encuentro con Cristo como Persona viva, que colma la sed del corazón, no puede dejar de llevar al deseo de compartir con otros el gozo de esta presencia y de hacerla conocer, para que todos la puedan experimentar” (Mensaje del Domund, 2012). Todos somos, desde el día de nuestro bautismo, misioneros de la fe.