Benedicto XVI, el Papa sabio

PAPAEl día 11 de febrero todos nos sentimos sorprendidos cuando las agencias de noticias nos anunciaban que el Papa Benedicto XVI se retiraba. Lo comunicó en el Consistorio que había convocado ese mismo día y delante de todos los Cardenales. Los comentarios, inmediatamente, eran como flechas veloces que no paraban de surcar los medios de comunicación durante toda la jornada. Parecía imposible que un Papa pudiera renunciar a ser Papa. Él mismo así lo explicaba: “Después de haber examinado ante Dios reiteradamente mi conciencia, he llegado a la certeza de que, por la edad avanzada, ya no tengo fuerzas para ejercer adecuadamente el ministerio petrino”.

 El papa Benedicto XVI ha desarrollado en su ministerio, ante todo, el mandato de Jesucristo: “Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia”
Deseo que, durante estos meses, recemos y oremos todos los diocesanos de Navarra, por el Papa Benedicto XVI y por el nuevo Papa que el Espíritu Santo nos regalará en fechas próximas. Me uno a todos los agradecimientos que estamos manifestando al Papa Benedicto XVI. Creo que bien le podemos llamar el “Papa Sabio” puesto que no sólo tiene una inteligencia preclara sino también un corazón ardoroso y humilde. Su amor a Cristo y a su esposa la Iglesia es bien conocido. Sabe compaginar el estudio y la contemplación. Valga para él lo que tantas veces hemos oído y que siempre se ha recordado en referencia a los verdaderos discípulos de Cristo: Contemplata, aliis tradere (lo que has contemplado, transmítelo a los demás).

Ésta es la personalidad de Benedicto XVI, que con su lucidez de mente y con el fuego de un corazón ardiente ha sabido mostrarnos lo que es la fe para los cristiano-católicos, sin dejar de dialogar con las otras denominaciones cristianas, otras religiones e incluso con aquellos que tienen otras convicciones diferentes o son indiferentes. Es normal que quiera retirarse y desde otro ámbito quiera servir “de todo corazón a la Santa Iglesia de Dios con una vida dedicada a la plegaria”.

El papa Benedicto XVI ha desarrollado en su ministerio, ante todo, el mandato de Jesucristo: “Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia”. Era curioso, cómo siempre que he hablado con él, mi saludo favorito ha sido esta frase evangélica. La última vez que lo visité fue el día 30 de enero, de este año. Al saludarnos se acordó de Pamplona y su sonrisa fue expresión de un gran cariño hacia esta tierra de Navarra. Su sencillez y lucidez mental siempre me fascinaron. Bien podemos decir que se ha entregado totalmente a la Iglesia y a la humanidad. Ahora lo seguirá haciendo pero de otra forma.

No ha tomado su decisión para descansar simplemente, sino por coherencia, por verse impedido para llevar el ministerio que Jesucristo le había confiado puesto que se ha de llevar “con vigor tanto del cuerpo como del espíritu”. Ha visto y ve la incapacidad para ejercer bien su servicio a la Iglesia. Ha seguido lo que muy bien exhorta la Sagrada Escritura: “Dios nunca usa más allá de nuestras fuerzas”. No nos pide más de lo que podamos hacer. Ante sus fuerzas débiles decide renunciar para que otro Papa pueda seguir sirviendo a la Iglesia en estos momentos importantes y delicados de la historia.

El mismo Código de Derecho Canónico (en el canon 332, 2), da esta posibilidad al Papa: de poder renunciar. Siempre y cuando lo haga con libertad y manifestándolo formalmente, como lo ha hecho ante los Cardenales en Consistorio. Su mensaje ha sido claro, sencillo y profundo.

Doy gracias a Dios por los ocho años en los que ha conducido a esta Madre, la Iglesia, y siempre fiándose del Señor ha sabido llevar la barca por caminos, a veces tortuosos y difíciles, por los senderos de la fe, de la esperanza y del amor. ¡Muchas gracias Benedicto XVI por tu entrega generosa! ¡Muchas gracias porque nos has enseñado a amar con más firmeza, intensidad y ardor a Cristo y a su Iglesia!