Iniciación Cristiana

El bautismo, un nuevo nacimiento (II)

Estos son símbolos muy usados en el Nuevo Testamento para referirse al bautismo que es “tomar un baño sumergiéndose en las aguas”. Lo expresa la última súplica de la bendición del agua bautismal: “Te pedimos, Señor, que el poder del Espíritu Santo, por tu Hijo, descienda sobre el agua de esta fuente para que los sepultados con Cristo en su muerte, por el bautismo, resuciten con Él a la vida”. Así pues, el bautismo es sumergirse en la muerte de Cristo para salir renacidos a la vida de la Resurrección.

Bautizarse es recibir y aceptar una misión y un destino. San Pablo lo expresa de forma potente en su carta a los Romanos. Fuimos bautizados participando en la muerte de Cristo para que resucitemos como Él a una nueva vida. El símbolo del injerto lo dice mejor aún: “Injertados con Él en su muerte también lo seremos en su Resurrección” (Rm 6, 1-12).

La definición del Bautismo, que nace de la Escritura y de la Teología, no es sólo un enunciado de un texto, sino la base de una concreción pastoral muy importante. Especialmente en Pascua hay una recomendación litúrgica para iniciar la Eucaristía con un rito que suple al acto penitencial. Es el que antiguamente se llamaba “asperges” (aspersión). El sacerdote recuerda, usando el agua bendecida para los bautizos en Pascua, cómo hemos sido bautizados, y atraviesa el templo rociando a todos.

Manifiesta la necesidad que tenemos todos de purificarnos para celebrar bien la Eucaristía. Recuerda que somos cristianos porque hemos sido bautizados y estamos reunidos en el templo con los demás bautizados para rezar, escuchar la Palabra y comulgar. Le pedimos a Dios que nos inunde con su gracia como el día de nuestro bautismo. En bastantes lugares la aspersión se hace con frecuencia, muchos domingos del año.

Otro gesto bautismal es tomar agua bendita al entrar en el templo. No es tanto un signo penitencial, sino el recuerdo de que somos bautizados. El agua bendita se usa para bendecir las casas cristianas para que en ellas haya una señal de la protección de Dios. En otros muchos momentos se usa el agua bendita, pero finalmente en la celebración de las exequias cristianas.
Es muy significativo, donde aún se puedan realizar los funerales de cuerpo presente, asperjar el túmulo, al recibirlo en la puerta de la iglesia y después al final del oficio sagrado en la despedida, usando el agua y el incienso con las convenientes y muy necesarias moniciones explicativas para que se capte el significado. Así como un bautizando entró en la Iglesia, traído de niño por sus padres, y pasó por las aguas bautismales, así la Iglesia Madre lo despide con amor para que pase a la resurrección y a la vida. El agua, un elemento fundamental para el ser humano, universal y sencillo, es expresión y realización de la salvación cristiana.