Bautismo

Personas que intervienen en el Bautismo

Lo primero que salta a la vista son las personas que intervienen en la celebración del bautismo: el ministro del sacramento, los padres, padrinos, neófitos, parientes y la comunidad cristiana. Cada uno tiene su función específica para la que deben estar preparados espiritualmente. Sólo con fe puede cada uno vivir y cumplir su cometido con responsabilidad y en todo su calado espiritual.

La Iglesia quiere celebrar todos los sacramentos de la mejor forma posible, de modo que sean bien preparados, celebrados y consigan los fines que se proponen. Por eso tiene esmero en todo lo que se refiere al bautismo, dada la importancia fundamental y trascendental que tiene. No sólo cuida de que la celebración sea válida y lícita, sino que sean vividos como acontecimientos de salvación, y con una “participación consciente, activa y fructuosa”. (cf SC 11)

Los padres de los que se van a bautizar son citados por el ritual en primer lugar. En definitiva ellos, primordialmente, tienen la responsabilidad de educar en la fe a sus hijos.Nuestro directorio diocesano de los sacramentos de la iniciación cristiana dice: “Las celebraciones estarán bien preparadas, dentro del respeto a las normas aprovechando las posibilidades que ofrecen los Rituales, favoreciendo la participación cuidada y ordenada de los fieles, con espíritu religioso y gozoso. Así expresarán su condición de signos de salvación” (cf pág. 29).

La situación de quienes piden el bautismo para sus hijos es hoy muy diversa. Hay quienes lo hacen con una buena formación cristiana, con una participación viva en la comunidad y con una garantía de que sus sucesores serán creyentes y practicantes cristianos. Otros están en diversos niveles de vida cristiana de fe más o menos débil o alejada. La celebración del bautismo es una buena ocasión para realizar con todos, una muy necesaria nueva evangelización.

Los padres de los que se van a bautizar son citados por el ritual en primer lugar. En definitiva ellos, primordialmente, tienen la responsabilidad de educar en la fe a sus hijos. Ya desde los cursos prematrimoniales tienen una preparación remota. Especialmente a ellos, pero también a los padrinos, se les ofrecen tres catequesis prebautismales, que han arraigado en la práctica pastoral de las parroquias y que se realizan ya en todas partes. Es necesario que participen fielmente porque es un mínimo de preparación. Es conveniente que estas catequesis se completen en la catequesis de adultos, que sean más numerosas y más profundas, misioneras y de maduración en la fe, de modo que todos tengan conciencia plena de lo que realizan y a lo que se comprometen.

Responden las catequesis a la necesidad de explicar qué es la fe, cómo educar a los hijos en la familia cristiana iniciándolos en la práctica religiosa y cómo celebrar los ritos bautismales. Se trata de recuperar el fervor de la fe en todos, sea cual sea su nivel. Si piden el bautismo para los hijos es porque les ha movido la fe que tienen y quieren transmitirla, sabiendo que es algo bueno para los suyos. Hay que recuperar la función auténtica de los padrinos, eligiéndolos con responsabilidad de forma que sean maduros en la fe y puedan ayudar a los padres en su transmisión y perseverancia con su palabra y ejemplo. Y ciertamente nadie puede ser si no está bautizado y confirmado sacramentalmente.
El diálogo personal de los catequistas del “curso prebautismal” y del párroco, que normalmente es el ministro del sacramento, son fundamentales para crear una relación más estrecha, para instruir en los contenidos de la celebración y animar a la práctica religiosa. Todas las personas que participan en el bautismo forman la comunidad cristiana, que es protagonista, testigo, cobijo, ayuda y ejemplo de quienes la componen.