Confirmación 2

Los frutos de la Confirmación

La Confirmación relaciona al bautizado con el acontecimiento de Pentecostés (Hch 2). Por eso se llama Sacramento del Espíritu. El principal fruto es recibir el don del Espíritu Santo. Es la comunicación del don de la Pascua del Señor para que reciban la “promesa del Padre”. En consecuencia su incorporación y asimilación a Cristo queda confirmada y sellada por el Espíritu Santo. De este hecho viene después la pertenencia a la Iglesia, el testimonio, el apostolado, los carismas y la valentía para dar testimonio incluso hasta el martirio.

Algunos piensan que el Sacramento de la Confirmación es la opción personal de adhesión madura a Cristo que uno hace libremente. En cierto sentido tienen razón, aunque esto es un fruto de este Sacramento. Sólo Dios concede el mayor don que es el Espíritu Santo. Nadie tiene derecho o ha hecho méritos para recibirlo. Es puro regalo de la gracia. No es exacto decir: yo opto por Cristo, ya que Él es el primero que ha optado por nosotros. Él tiene la iniciativa que nosotros secundamos respondiendo positivamente a su gracia. “Vosotros no me escogisteis a mí, sino que yo os escogí a vosotros, y os designé para que vayáis y deis fruto, y que vuestro fruto permanezca” (Jn 15,16).

“Sólo Dios concede el mayor don que es el Espíritu Santo. Nadie tiene derecho o ha hecho méritos para recibirlo. Es puro regalo de la gracia. No es exacto decir: yo opto por Cristo, ya que Él es el primero que ha optado por nosotros”.Dice el Catecismo Romano que quienes sólo han recibido el bautismo son aún como niños recién nacidos, débiles y frágiles (cfr. Pe 2, 2) Quienes reciben la confirmación reciben una fuerza especial para vencer las tentaciones y a los enemigos de la fe. Su espíritu se hace valiente para confesar el nombre de nuestro Señor Jesucristo. Por eso se llama confirmación, porque reafirma y fortalece (Catecismo Romano, P. II, c. n.20). Es muy importante que los niños y jóvenes reciban este Sacramento porque además de la fortaleza se reciben los dones de: Sabiduría, fortaleza, inteligencia, consejo, ciencia, piedad y temor de Dios.

Así lo afirma el papa Francisco en su catequesis sobre el Sacramento de la Confirmación: “Cuando acogemos al Espíritu Santo en nuestros corazones, y lo dejamos actuar, Cristo se hace presente en nosotros y toma forma en nuestra vida; a través de nosotros, será Él –oigan bien esto- a través de nosotros será el mismo Cristo quien orará, perdonará, infundirá esperanza y consuelo, servirá a los hermanos, estará cerca de los necesitados y de los últimos, creará comunión y sembrará la paz. ¡Piensen en lo importante que es esto, que es a través del Espíritu Santo, que viene Cristo para hacer todo esto en medio de nosotros y para nosotros! Por esta razón, es importante que los niños y jóvenes reciban este Sacramento. El Sacramento de la Confirmación es el Pentecostés de nuestra vida” (29-Enero-2014).

Es un momento decisivo que transforma la vida y capacita para seguir a Cristo participando como adultos en la fe y en el apostolado de la Iglesia. “La venida del Espíritu, con sus dones y frutos propios, tiene como objetivo específico la formación de cristianos maduros y responsables como lo fueron, al fin, los Apóstoles a la salida del Cenáculo. Como en ellos, la madurez de los confirmados se expresa en el apostolado consciente y activo, como testimonio vigoroso del Señor resucitado y de su Evangelio” (San Juan Pablo II, Hom. 27-Mayo-1979). El don  del Espíritu exige el compromiso de llevar una vida propia del cristiano practicando la religión en las celebraciones litúrgicas y viviendo según los principios de Jesús de lucha por la verdad, la justicia, la paz, la caridad, la ayuda a los necesitados y el amor misericordioso.

Perseverar en los compromisos resulta difícil para los confirmados. Aislados y solos fácilmente se desaniman. La base de la perseverancia es la conversión personal y profunda a Jesucristo. Por eso como fruto del Sacramento de la Confirmación los servicios diocesanos  ofrecen el acompañamiento necesario por medio de la integración en grupos de catequesis y de pastoral juvenil.