Javieradas 2014

Setenta y cinco años de las Javieradas

Los años corren a pasos agigantados, no pasan en balde, y así ha sucedido con las famosas Javieradas que nacieron como un “peregrinaje” a Javier (Navarra) para rogar a San Francisco de Javier que protegiera y amparara a los navarros en el proceso de su vida de fe, esperanza y caridad. Fue el 10 de marzo del año 1940 cuando el Obispo D. Marcelino Olaechea creó el nombre y convocó la primera Javierada. Según la historia de la Iglesia en Navarra, estas marchas a Javier tienen sus raíces más profundas con motivo de la canonización de San Francisco de Javier en el año 1622 por el papa Gregorio XV; fue entonces cuando se le proclamó también patrono de Navarra. Larga fue la tradición con motivo de la “Novena de la Gracia” desde el año 1633 donde se rogaba al Santo la fortaleza para vivir la fe cristiana.

Ante la peste que se había superado en Navarra, cuentan las crónicas que la Diputación de Navarra convocó una peregrinación al Castillo de Javier, en el año 1886, para dar gracias al Santo por haber librado de tal peste a los navarros. Posteriormente la Iglesia lo nombró patrono de las Misiones, con carácter mundial, en el año 1927. Los santos nos ayudan, con su ejemplo de vida, a crecer y madurar como creyentes en Jesucristo y a plantearnos que nuestra vida sólo tiene sentido si amamos a Dios, cumplimos sus mandamientos y buscamos por doquier lazos de fraternidad y paz con el género humano. Las Javieradas han servido, durante tantos años, como un imán donde muchos, que se han acercado a ellas, han encontrado una razón para responder a la misma pregunta del Evangelio que sintió San Francisco de Javier: “¿De qué le sirve al hombre ganar todo el mundo y perder su alma?”. Este principio evangélico estimuló su vida interior. El celo por las almas fue en él una apasionada impaciencia.

Los santos nos ayudan, con su ejemplo de vida, a crecer y madurar como creyentes en Jesucristo y a plantearnos que nuestra vida sólo tiene sentido si amamos a Dios.Este año tiene un motivo de júbilo particular al celebrar el LXXV aniversario de las Javieradas. El papa Francisco nos ha concedido una gracia particular: Año Jubilar Javeriano. Desde el 3 de diciembre de 2014 al 3 de diciembre de 2015 se conmemora dicho evento que coincide, tanto al inicio como al final, con la fiesta del santo patrón de Navarra. Se nos invita a ser misioneros, es decir, a no cansarnos de anunciar el Evangelio y para ello recrear momentos de diálogo y de gestos concretos de caridad hacia todas las personas. ¡Todos somos candidatos a la santidad! Y ésta se vive desde una profunda relación con Jesucristo que nos invita permanentemente a la conversión. Nadie puede decir que es perfecto y por ello necesitamos cambiar el corazón que se apega a muchas cosas que nos quieren separar de Dios.

El Año Jubilar nos abre caminos y lenguajes nuevos ante la mirada permanente de Jesús. El Año Jubilar nos ofrece, también, la posibilidad de ganar la indulgencia plenaria, mostrando la comunión tanto con nosotros mismos como con los que han partido a las manos de Dios. Se trata de una comunión de los que aún vivimos en esta tierra con los que están en el Purgatorio y con los que viven ya, para siempre, en el Cielo. ¿Qué es la indulgencia? Todo pecado alberga dos penas: la pena eterna y la pena temporal. Pensemos, por ejemplo, en un clavo que se ha sacar de la pared; tiene dos momentos: ‘desgarrar el clavo’ y ‘reparar la secuela’. En primer lugar, se ha salido de la pena eterna puesto que el pecado ha quedado perdonado por el sacramento de la Penitencia y después, se debe reparar la pena temporal, bien en este mundo o bien en el Purgatorio. La indulgencia plenaria puede servirnos a nosotros mismos. Pero también, en comunión con los que están en el Purgatorio, nosotros podemos ayudarles a reparar la secuela temporal depositando, en su haber, la gracia de la indulgencia plenaria. Es una inversión que les hacemos a su favor por amor y solidaridad.

¿Cómo se puede ganar esta indulgencia plenaria? La Iglesia, como Madre y Maestra, nos indica el camino a seguir: Confesión sacramental personal, recibir la Sagrada Comunión Eucarística y rezar por el Papa. Y no perdamos de vista la solidaridad con los más pobres. Desde siglos se propone esta forma de vida que ayuda a estar más en la comunión con nuestros hermanos que han partido para la vida eterna. Muchas veces no se ha aprovechado lo suficiente y, por dejadez o por ignorancia, se ha perdido este don tan importante. ¡Aprovechemos estos momentos de gracia y de solidaridad fraterna!

La celebración de las bodas de diamante de las Javieradas es una buena ocasión, como nos dijo el papa San Juan Pablo II, para avivar nuestra experiencia de creyentes: “Insertados como estáis en el Cuerpo Místico de Cristo no os podéis sentir indiferentes ante la salvación del género humano. Creer en Cristo es creer en su programa de vida para nosotros. Amar a Cristo es amar a los que Él ama y como Él los ama. Sólo Cristo tiene palabras de vida eterna. Y no hay otro nombre en el que los hombres y pueblos se puedan salvar” (Homilía en la Celebración de la Palabra, Javier, 6 de noviembre de 1982). Las marchas hacia Javier son una oportunidad para peregrinar juntos como hijos de Dios: pequeños, jóvenes, padres, abuelos, enfermos, grupos apostólicos… Nos une una misma fe y, al unísono con San Francisco de Javier despejando divisiones y fronteras, deseamos avivar la frescura del Evangelio. Como nos ha dicho el papa Francisco en su mensaje con motivo del LXXV aniversario de las Javieradas: “Que esta peregrinación siga siendo una ocasión privilegiada para reavivar en quienes la realizan su firme voluntad de recorrer el camino de la vida de la mano de Jesús, sin mediocridades ni complejos, imitando así a San Francisco de Javier, que de la amistad con Cristo sacó fuerzas para servir a todos con amor incondicional” (Mensaje para las Javeriadas en su LXXV aniversario, 29 de enero de 2015). Las Javieradas se convierten, cada año, en la manifestación religiosa y popular más importante de Navarra. Tienen un carácter festivo, cuaresmal, familiar, juvenil y misionero. Como en una gran familia, el castillo y casa natal de Javier abre sus puertas a todos. Siempre hay una acogida fraterna, una oración a los pies del santo y una motivación más profunda para crecer en fraternidad.

Agradecemos la labor de toda la organización, fuerzas de seguridad del Estado y servicios de sanidad, colaboradores y voluntarios que hacen posible que lleguen a buen término todas las personas que peregrinan. Recuerdo con gratitud a la Compañía de Jesús y el Ayuntamiento de Javier por su ilusión y trabajo en las Javieradas y a lo largo de todo el año. Nos unimos en este Año de la Vida Consagrada al año Jubilar de Santa Teresa de Jesús, de San Juan Bosco y Santa María Mola para que seamos “amigos fuertes de Dios”. Ruego a San Francisco Javier y Santa María la gracia jubilar de  anunciar la alegría del evangelio siempre y por todas partes.