Carta Arzobispo

Los tres grados del sacramento del Orden

No muchos conocen bien que, aunque el sacerdocio de Cristo es único, se manifiesta en tres ministerios sagrados distintos. “El ministerio eclesiástico, instituido por Dios, está ejercido en diversos órdenes que ya desde antiguo reciben los nombres de obispos, presbíteros y diáconos” (LG 28). La vida, la tradición y el magisterio de la Iglesia, ya desde los tiempos de San Ignacio de Antioquia /siglo I/, discípulo de San Pablo, establece estos tres grados. El Concilio Vaticano II al revisar todos los sacramentos ratifica esta organización jerárquica de la Iglesia “en la que no todos los miembros desempeñan la misma función “(Rom 12,4).

La liturgia de las ordenaciones manifiesta perfectamente esta realidad. Existe un ritual para la ordenación de los obispos, presbíteros y diáconos. La liturgia es expresión de la fe católica, la teología, la tradición y el magisterio de la Iglesia. En todos los casos el rito esencial de ordenación consiste en la imposición de las manos. Así, como el bautismo y la confirmación, el orden sacerdotal “imprime carácter”, es decir, concede el don del Espíritu Santo, que es marca o señal espiritual de una persona que ha sido consagrada de una vez para siempre. Para realizar dicho ministerio se unge con el “crisma”.

1.- El rito de Consagración de Obispos recuerda en qué consiste el ministerio de obispo cuando le exhorta con las palabras: “Recuerda…” que en la Iglesia a ti confiada has de ser “fiel dispensador, moderador y custodio de los sacramentos de Cristo”, gobernando a su familia como el Buen Pastor. La oración de consagración dice: “Infunde ahora sobre este elegido la fuerza que de ti procede: el espíritu de gobierno que diste a tu amado Hijo, y Él, a su vez, comunicó a los santos apóstoles…” “…ejercite ante ti el sumo sacerdocio”.

Entre los diversos ministerios que existen en la Iglesia, ocupa el primer lugar el ministerio de los obispos son que, a través de una sucesión que se remonta hasta el principio, “son los transmisores de la semilla apostólica” (LG 20). Son por tanto sucesores de los apóstoles. Tienen la plenitud del sacerdocio en el primer grado. Son dispensadores de la gracia en los sacramentos y sobre todo en la Eucaristía, en el cuidado pastoral y litúrgico de la Iglesia y maestros del pueblo para garantizar y defender la recta doctrina.

2.- En el rito de ordenación de los presbíteros se definen como colaboradores del obispo, participando del ministerio sacerdotal en segundo grado. Son ministros de la Palabra, administradores de los sacramentos y guías del Pueblo de Dios. Así reza el obispo en la ordenación del presbítero: “Te pedimos, Padre todopoderoso, que confieras a este siervo tuyo la dignidad del presbiterado; renueva en su corazón el Espíritu de santidad; reciba de ti el segundo grado del ministerio sacerdotal y sea, con su conducta, ejemplo de vida”

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3.- El ministerio del Diaconado se ha actualizado de modo especial siguiendo el mandato del Concilio Vaticano II:”Restáurese el orden del diaconado”. Ya en los Hechos de los Apóstoles aparece la designación de siete diáconos para ayudar a los apóstoles en la caridad para administrar los bienes en el “servicio cotidiano”(Hch 6, 1), “con sobriedad y misericordia” (San Policarpo Ad Filipenses, V.2). Con la imposición de las manos por el obispo los diáconos se encuadran dentro del ministerio del orden (AG 16), se incorporan al estado clerical y se incardinan en una diócesis en obediencia al obispo.
El diaconado permanente puede ser conferido a hombres casados y constituye un enriquecimiento importante para la misión de la Iglesia. Se llama permanente porque siempre serán diáconos sin posibilidad de acceder al ministerio presbiteral y antes de acceder o ser ordenados diáconos pueden casarse. Pero han de vivir su matrimonio durante unos años antes de recibir el sacramento del orden como diáconos.