Ayudar Al Prójimo

Cinco columnas de la nueva evangelización

Tal vez no somos lo suficientemente conscientes del gran tesoro que tenemos en la Iglesia como constructora y promotora de humanidad. Los ojos de muchos la achacan que sólo se fija en lo espiritual y que se desmarca de lo temporal. Y no es cierto. La Iglesia tiene una maestría especial para llevar con su enseñanza al ser humano por caminos de realización hacia la madurez personal y comunitaria. Aún más podemos decir y es que la pedagogía de la Iglesia mantiene los principios fundamentales de los valores que son esenciales en la vida de la persona. Estos valores se convierten en virtudes que tienen como método ejercitar el hábito hacia el bien, todo lo contrario de los vicios que lo ejercen hacia el mal. Me siento muy arropado y atraído por la pedagogía, como si de una madre se tratara, al constatar los consejos y el cuidado de la Iglesia que me acerca a Dios y a la humanidad.

En este proceso de ser portadores y testigos del evangelio hay unos modos de vivir que hacen posible que se refleje el amor de Jesucristo en medio de nosotros porque “donde hay dos o más reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mt 18,20). La evangelización que hoy nos demanda la sociedad está enmarcada en el estilo de vida que nos enseña el mismo Cristo con su ejemplo y entrega. Este es el único motivo que ha de primar en los testigos del evangelio. Pero para evangelizar se requieren unos principios fundamentales que son cinco: ORAR, VIVIR LA FRATERNIDAD, FORMARSE, SERVIR AL PRÓJIMO Y ANUNCIAR LA PALABRA DE DIOS. Es el ropaje, más aún, es el estilo de vida del cristiano que se fía y confía en el único Maestro que nos ha comunicado, como buen pedagogo, que el único camino del testigo es la santidad como belleza de la caridad.

La oración. En el proceso espiritual se requiere antes de cualquier cosa acurrucarnos en Dios como el niño en el pecho de su padre o madre. Mal podríamos anunciar el amor si no estamos al calor del amor de Dios. Los santos dicen que de nada sirve anunciar al Amado si no hemos estado con el Amado. Y es cierto. El anuncio no se hace completo si antes no se ha experimentado lo que se va a anunciar. Además la oración se requiere para ir creciendo en bondad y belleza cristiana. Un evangelizador solo se sostiene en la fuente de la oración que es donde Dios habla y se derrama como agua viva para saciar la sed personal y ayudar a saciar la sed de los demás. La oración se sustenta en la Palabra de Dios y en la vida de la gracia que tiene su fuente en los sacramentos. El Concilio Vaticano II nos hablaba de la caridad pastoral, en ningún momento nos habla del método de la pastoral sino que nos pone como comienzo y fin de la pastoral: la caridad. La oración nos ayuda a vivir en la fuente misma de la caridad puesto que Dios es Caridad, es Amor.

Vivir la fraternidad. Desde las primeras comunidades cristianas ya se sabía que una oración auténtica se demuestra cuando se ama al hermano o se tiene entrañas de misericordia hacia el que ha ofendido. No por menos Jesucristo dicta: “En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si os tenéis amor unos a otros” (Jn 13, 35). El mismo San Agustín hace un discurso claro y contundente cuando dice: “Todos pueden signarse con la señal de la cruz de Cristo; todos pueden responder amén; todos pueden cantar aleluya; todos pueden hacerse bautizar, entrar en las iglesias, construir los muros de las basílicas. Pero los hijos de Dios no se distinguen de los hijos del diablo sino por la caridad. Los que practican la caridad son nacidos de Dios; los que no la practican no son nacidos de Dios. ¡Señal importante, diferencia esencial! Ten lo que quieras, si te falta esto sólo, todo lo demás no sirve para nada; y si te falta todo y no tienes más que esto, ¡Has cumplido la ley!” (In Epistolam Ioannis ad Parthos 5,7). Uno de los grandes peligros que pueden acechar al que evangeliza es buscar en las palabras el método de la evangelización. Son más los gestos de caridad que evangelizan hasta el fondo que las palabras simplemente que pueden ser como fuegos de artificio y nada más. El testimonio auténtico arrastra, las palabras solo y exclusivamente retardan. Palabras y testimonio han de vivir unidas para que se visibilice al único protagonista: Jesucristo.