Familia

La familia, amor actualizado de Dios

Si tuviéramos que visibilizar el amor de Dios y admirar su belleza no hay otro lugar más privilegiado que la familia, es decir, el amor de un hombre y una mujer que están rodeados de su prole. A medida que se pierde el sentido de Dios, se pierde también el sentido de la familia y hoy lo vemos con las ideologías perniciosas sobre el “género”. No es cuestión de rango menor lo que ocurre a nuestro alrededor, es un momento muy grave que existe en nuestra sociedad. Y lo que más me preocupa es el sometimiento o la cruda esclavitud de quienes piensan que esto es un tiempo de progreso y que la libertad de expresión ha de respetarse. La peor mentira es la existencial que se cubre de progresismo y de poner los pies en el momento histórico que nos toca vivir. Se ha perdido el sentido crítico porque “todo vale” con tal de que no me tachen de “tabernario” o que mis votos no me los arrebate otro. Una sociedad que pierda la belleza de la familia, tal y como en la naturaleza está inscrita, es una sociedad a la deriva y a la destrucción. Si el cuerpo físicamente se sostiene es porque sus células están sanas. Lo mismo sucede en la sociedad con la célula familiar, si se cuida y apoya, la sociedad se ennoblece, se humaniza y se regenera.

Nos podemos preguntar: ¿Cuál es la misión de la familia? En tres verbos lo podemos sintetizar: REVELAR, CUSTODIAR Y COMUNICAR. La familia tiene el don de revelar que el amor es la esencia de la misma y nadie lo revela tanto como ella y es la de proclamar que Dios es Amor. Tal es así que Jesucristo nació en una familia, la Familia de Nazaret. Y en ella confluyen varios factores, pero el más importante es la conexión que se da entre la Sagrada Familia y Dios que es Familia (Padre, Hijo y Espíritu Santo). La familia es imagen de la Trinidad, nos aseguran los textos y reflexiones de la teología basados en la Sagrada Escritura. Por eso bien se puede decir que la familia es “el hoy actualizado del Amor de Dios”. Y esto no es poesía o filosofía desenraizada de la realidad. ¡Es la realidad más contundente que puede darse! Ver a unos padres rodeados de sus hijos es de una belleza sin igual.

Por otra parte, el principio y fin de la familia es custodiar, puesto que es el medio querido por Dios para que el ser humano colabore en su decreto creador y salvador. La prole es la razón más afectiva y efectiva de que los padres son con-creadores. En esta alianza de amor se hace vivo y presente lo que Jesús dijo: “donde dos o más están unidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mt 18, 20). Por lo tanto es un sacramento que tiene la doble finalidad de amar y con-crear. La complementariedad no es igualitarismo tal y como ciertas corrientes ideológicas quieren imponer. Somos diferentes pero complementarios. En la pintura de un cuadro hay armonía porque se da la complementariedad y cada parte es tan importante como la otra; sería un caos pensar que todo es igual; perdería su belleza. La familia custodia esta armonía que es lo más hermoso.

La familia tiene un don especial para comunicar y sólo el verdadero amor estabiliza y comunica un estilo de vida que es insustituible. Cuando somos pequeños nos alimentamos de esa experiencia amorosa de los padres y de los hermanos. Nadie puede sustituir este amor. A veces las instituciones sociales tienen el peligro de querer suplantar a los padres y esto es un grave error. La educación se fragua en la familia y si ésta falla también la educación se fragmenta y se desmorona. La comunicación no está en anunciar noticias sino en ser la mejor noticia y ésta es la familia. Tal vez nos hemos acostumbrado a vivir con la mirada puesta en cosas que son accidentales: la superficialidad de mirar la realidad con los ojos del materialismo, la falacia o engaño de creer que “pasárselo bien” es vivir la fiesta con un disfrute que aporta desilusión al final, la búsqueda de tener un buen puesto de trabajo para gastar mucho más, de mirar los acontecimientos dolorosos con el desapego de quien piensa que “eso no me afecta a mí”, de aparcar lo espiritual o transcendente como si fuera un estorbo para la vida y como un obstáculo pare ser libre.

La familia viviendo los valores fundamentales y esenciales comunica un estado de bienestar gozoso en todos los ámbitos del ser humano. Es más, si una familia quiere vivir unida, no hay mejor alimento que la oración que es la puesta a punto del quehacer diario y que dignifica todos los comportamientos positivos que en ella se dan y supera las dificultades con valentía. La familia que medita y vive la Palabra de Dios y se acerca a las fuentes del Amor de Dios que son los sacramentos, encuentra un camino de perfección y realización de su propio plan de vida. Ayudemos a la familia e invitemos con insistencia a las instituciones que favorezcan a la familia. Sin la familia la sociedad pierde el rumbo y va a la deriva.