Epifanía

Homilía Solemnidad de la Epifanía del Señor

1.- No cabe duda que este día tiene una significación especial dentro del tiempo de Navidad. Ahí vemos a unos Magos que buscan la razón fundamental de su vida. Se acercan a Belén y a pesar que el Rey Herodes no se hace cómplice con ellos sino que más bien les advierte y despista, ellos siguen adelante sin complejos y sin temores. “Los magos expresan el retrato del hombre creyente, del hombre que tiene nostalgia de Dios; del que añora su casa, la patria celeste. Reflejan la imagen de todos los hombres que en su vida no han dejado que se les anestesie el corazón. La santa nostalgia de Dios brota en el corazón creyente pues sabe que el Evangelio no es un acontecimiento del pasado sino del presente. La santa nostalgia de Dios nos permite tener los ojos abiertos frente a todos los intentos reductivos y empobrecedores de la vida. La santa nostalgia de Dios es la memoria del creyente que se rebela frente a tantos profetas de desventura. Esa nostalgia es la que mantiene viva la esperanza de la comunidad creyente la cual, semana a semana, implora diciendo: ‘Ven, Señor Jesús’” (Papa Francisco, 6 de enero 2017).

El mismo Isaías como hemos escuchado nos advierte: “Las tinieblas cubren la tierra, la oscuridad los pueblos, pero sobre ti amanecerá el Señor, su gloria aparecerá sobre ti; y caminarán los pueblos a tu luz; los reyes al resplandor de tu aurora” (Is 60, 1-6). Es la certeza mayor que hemos escuchado y que lo confirma la Palabra de Dios. Los movimientos internos del espíritu que todos poseemos van dando razones que nuestros raciocinios no logran comprender. Es la experiencia de los que sufren la oscuridad de la fe. Así lo expresa en un hermoso libro titulado “Nostalgia de Dios” el autor poeta holandés Pieter Van der Meer. Pasó muchos años negando a Dios y en la búsqueda por hallarlo dice: “Anhelo más, quiero insistir más, mi alma no se siente satisfecha con la mera apariencia, por muy deslumbrante que ésta sea. Mi espíritu tiene hambre de la verdad, hambre de algo que no sé qué nombre darle pero que pueda saciarle por completo… Dios, de un modo u otro, en el inmenso abismo de los mundos, en otro mundo, existe”. Las tinieblas que se ciernen en la mente humana no son definitivas sino son el paso a la mañana donde amanecerá el Señor. Así les ocurrió a los Reyes magos que sorprendidos al desaparecer la estrella poco a poco “se pusieron en camino, y de pronto la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el Niño” (Mt 2, 9-10).

2.- La experiencia de Dios no es cuestión de dar vueltas a las ideas; es un encuentro fortuito e inesperado que cambia todo el ritmo de nuestra vida. En lo más profundo de nuestro ser se debaten dos tendencias o la aprobación de nuestros propios criterios o la adoración al misterio presente en un Niño como lo descubrieron los Reyes Magos y esto porque Dios únicamente existe en la imaginación de los soñadores y de los sencillos de espíritu. Esto nos hace recordar la afirmación de Cristo: “En verdad os digo: si no os convertís y os hacéis como los niños, no entraréis en el Reino de los Cielos. Pues todo el que se humille como este niño, ese es el mayor en el Reino de los Cielos…” (Mt 18, 3-4). No cabe duda que la puerta más diáfana para encontrarse con Dios es la humildad puesto que sólo se le reconoce y ama desde ella. La sabiduría más auténtica nace de esta experiencia y como ya dice nuestro refranero: “Sólo sé que no sé nada”. Fue el filósofo Sócrates quien acuñó esta frase en momentos nada fáciles para él y según la cual él siempre se presenta como un sabio ignorante que pregunta a los demás sobre lo que saben, para así mostrarles que en realidad tienen un conocimiento técnico sobre las cosas, pero que desconocen lo verdaderamente importante: la sabiduría del cómo vivir.

3.- El ser humano sigue teniendo nostalgia de Dios y por mucho que quiera imponerse con sus ideas oclusivas y convertidas en ideologías adorables encuentra un punto en el que ha de doblegarse para dar paso a lo auténtico y verdadero. “Si me preguntáis qué es lo más esencial en la religión y en los discípulos de Jesucristo, os responderé: lo primero la humildad, los segundo la humildad y lo tercero la humildad” (San Agustín, Epistolae 118, 22). La mente clara y el corazón ardiente nacen de una experiencia abierta capaz de contemplar el misterio que está presente en nuestra vida. Sólo un Niño que es Dios puede dar respuestas auténticas a la gran pregunta que muchos se hacen: ¿Existe Dios? Los sencillos y humildes de corazón lo descubren y lo adoran como hicieron los Reyes Magos. Herodes que está sentado en el poder y que quiere que nadie le destrone se convierte en un señor para sí mismo y busca las maneras para hacer desaparecer al que auténticamente es Rey. Esta enseñanza ha de ayudarnos para contemplar, en el quehacer de cada día, cuál debe ser la clave fundamental que nos motiva: La humildad. Con la humildad se nos abre la puerta para encontrarnos – con el don más precioso- con un Dios que nos ama y apuesta por nosotros.

4.- Junto con la Sagrada Familia, los Reyes Magos y los asistentes en Belén podemos hacer esta plegaria: Jesús, quiero a lo largo de este año seguir tu estrella, quiero dejarme iluminar por tu luz. Haz conmigo el camino y enséñame lo que necesito para poder amarte, adorarte y servir a tu misión de salvación. Que yo pueda ser también compañero de camino para mis hermanos que a la luz de la estrella lleguemos a ser “fraternidades vivas” que te busquen cada vez más y ayúdanos a caminar unidos en el nuevo Plan de Pastoral que hemos emprendido. Te ofrecemos nuestro oro para que tú reines en nuestros corazones, el incienso para que no nos cansemos de glorificarte y la mirra para que dignifiquemos, con tu gracia, las realidades humanas. Amén.